Ensayo
La enseñanza de la historia a través el libro de texto
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hace 5 añosen
Las sociedades no pueden satisfacer la necesidad de reconstruir su pasado con sólo los libros y artículos de historia universal, nacional y regional… ”No puede vivir -según las palabras del doctor José Gaos- sin ir estructurando o reconstruyendo desde sus sucesivos presentes con vistas a los respectivos futuros”.
Dr. Luis González y González
Pueblo en Vilo
Los referentes históricos nos indican que hubo buena organización educativa en el territorio prehispánico de nuestro país y, entre las enseñanzas, sin importar el lugar que se ocupara en la pirámide social, se inculcaban valores morales y sentido de pertenencia en cada grupo cultural. Consideraron, como hasta ahora en nuestro país, que el dominio del pasado resultaba imprescindible para gobernar sobre el presente. Por eso la veneración a sus dioses y antepasados.
Como es obvio, los conquistadores hispanos tuvieron sus propias visiones para que las políticas educativas fuesen acordes con sus intereses de dominación. Los frailes se encargaron de realizar esa labor determinante; se ubicaron después de la violenta conquista por todo el territorio de lo que hoy es México, enseñaban con la palabra y el ejemplo. En tiempo breve cristianizaron a los indígenas. Según Enrique Krauze: “La nueva religión y la actitud de los clérigos fue paliando espiritualmente el trauma de la derrota y su orfandad”.
Siglos después, el entonces Ministro de Instrucción Pública porfiriano, Justo Sierra Méndez, hizo notar que permanecían las enseñanzas de aquellos misioneros, expresó: “Si como el misionero fue un maestro de escuela, el maestro de escuela puede ser un misionero”.
Aquel sentido misional muy exitoso en el siglo XVI, lo intentó copiar la Revolución Mexicana en el siglo XX para la redención intelectual a través de la educación. Esa era la idea del fundador de la Secretaría de Educación Pública, José Vasconcelos, quien años más tarde expresaría con convicción, que para hacer resurgir a México y lograr la unidad nacional era necesario deshacerse de las mentiras de la historia oficial “escrita por los beneficiarios de la traición y que funcionó como estandarte, principalmente de los regímenes emanados de la revolución”.
Evidentemente la historia oficial (Historia de Bronce) es el relato de los hechos del pasado desde la perspectiva y, según la conveniencia de quienes detentan el poder. Por eso han surgido intensos y numerosos debates, cuasi religiosos y hasta fundamentalistas, en torno a los libros de texto para la enseñanza de la historia. Tal vez porque se considera a esta asignatura escolar como la formadora de un programa nacionalista al exaltar los valores patrios.
El activista académico, estudioso y gran conocedor del campo educativo, entonces subsecretario de educación pública, Gilberto Guevara Niebla, (1992-1993) llegó a expresar: “Cada vez que sale un nuevo libro de historia para la escuela primaria, este país se divide”. Transitamos ahora en ese proceso, cuando por las instrucciones presidenciales se ha ordenado modificar los libros de texto gratuitos y además en forma exprés. Inició el 7 de febrero del año en curso de acuerdo con un comunicado de la oficialidad. Ya para el 22 de marzo abrieron los talleres de capacitación y se espera la culminación de todo el proceso para el 31 de mayo. Al parecer, en esta ocasión se ha cuidado no hacer tanta alharaca con la participación social para evitar más polarizaciones o para que cuando aparezcan nos digan: “consummatum est”.

Todo indica que es una propuesta muy difícil de aterrizar en ese perentorio tiempo, según confirmaron especialistas en esas actividades a través de PROCESO. (No. 2319. 11 de abril de 2021)
Es de considerar para la enseñanza de la historia en particular, que existe un problema cultural heredado desde la incipiente colonización, porque al auxiliarse el maestro con los libros de texto, relaciona las formas con el catecismo. Entonces subsiste la creencia muy generalizada, y no del todo equivocada, que los libros oficiales de la historia nacional son una especie de cartillas de adoctrinamiento.
El método adecuado para la enseñanza de un dogma es a través de preguntas y respuestas que deben aprenderse rigurosamente y sin cuestionamientos. Los discípulos tienen la función casi única de actuar como receptores de los conceptos y repetirlos hasta que en ellos se hagan un tanto incuestionables. Se aplica para las enseñanzas religiosas, cierto, pero también ha servido para adoctrinar en los postulados marxistas y como dijo el propio Vasconcelos, lo encontramos en la difusión que hicieron los vencedores de la Revolución Mexicana. Para todos esos casos no falta el auxilio de emotivos himnos y poemas o escenificaciones, también tomados de la catequesis, verbigracia, las Pastorelas.
Pero la Historia, así con mayúscula, la científica, requiere de otros métodos para su enseñanza, que sean con la finalidad de hacer surgir hombres libres, reflexivos para su toma de decisiones y poder forjar una mejor nación. ¿O es que para vivir en democracia se deben continuar con las prácticas educativas coloniales? ¿O es que se deben reproducir ciudadanos a través de las identidades y los valores que profesan quienes se ha apoderado del Estado, como en la antigua Esparta?
El Uso Político de la Historia en la Formación Escolar
Son las perspectivas dominantes acerca de la génesis de cada pueblo, la motivación y justificación que tienen sus habitantes para pertenecer a un grupo. La historia les advierte un “pasado común”. Las leyendas y tradiciones contribuyen a conformar su cultura. Así se propicia la construcción de la identidad social con el desarrollo de su afinidad regionalista, como su “matria”, antes de hacerla patria.
Para fundamentar su posición, los grupos dominantes arreglan su pasado, lo hacen célebre; expulsan a sus antiguos adversarios, los deshonran, escrutan y crean una nueva historia en la que llenan de honores a sus antepasados por más nimias que hubiesen sido sus aportaciones, (sucede aún en la vida de las familias en ascenso social). La pretensión es dar homogeneidad a los pueblos a través de la ideología de los personajes dominantes. Es una aplicación política con el uso de la historia. Es una trampa muy usada por los grupos gobernantes de todos los tiempos y espacios. El método predominante de los empoderados ha sido la arenga, según el historiador iraní Edén Naby. Se trata de un procedimiento aberrante con la finalidad de promover causas que tienen la intención de control ideológico. El predicador como el político resultan buenos oradores. Desde esta perspectiva consideran que el maestro debe conducirse igual porque es parte del engranaje del sistema para ideologizar a sus discípulos.
En la Historia de México se observan momentos muy maquillados que la oficialidad evita discutir abiertamente. Urge una revisión más transparente con debates bien evidenciados, pues no se trata de un dogma y urge la crítica abierta para aproximarnos a la autenticidad de los hechos que se estudian en nuestras escuelas. Debe utilizarse para una adecuada enseñanza de la historia, la investigación y el debate de las ideas.
Fuera de los círculos académicos, los debates más participativos e intensos de la sociedad en cuestiones de la historia nacional, han sido en cuanto a los libros de texto para su enseñanza. Durante el porfiriato se hizo hincapié en la importancia de esa asignatura como un elemento para la unión de todos los mexicanos.
Se registra entonces una célebre controversia entre Guillermo Prieto y Enrique Rébsamen, la cual se produjo por no coincidir en cuanto sus apreciaciones a sendos libros de su autoría. El primero con Lecciones de Historia Patria (1886) y el segundo con la Guía Metodológica para la Enseñanza de la Historia (1890).
Rébsamen fustigó el libro de Prieto porque transgredía la idea de unidad nacional, además, de que se hablara de política durante las clases, porque ésta era coercitiva, amoral y propiciaba la malicia en la manera de obrar. Apelaba a que el sentimiento patriótico debía desarrollarse con ejemplos de las virtudes cívicas. Prieto respondió con vehemencia al afirmar que para la enseñanza de la historia no bastaba con el relato de los hechos, que era pertinente analizar la políti0ca y también los asuntos relacionados con lo religioso.
Confrontaciones por los Libros de Historia en el Siglo XX
Aunque hubo inquietudes por las publicaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en los años 20 del siglo pasado, éstas fueron con respecto a la edición de los Clásicos para Niños, y se situó el debate entre los empresarios de las casas editoras con las autoridades educativas. Hubo planteamientos notorios en cuanto al escepticismo acerca de las capacidades de los infantes para comprender los contenidos recopilados por grandes escritores, a partir de las obras clásicas de la Literatura mundial.
En 1959 sí surgió una muy fuerte polémica por la creación de los libros de texto gratuitos, no tanto por su gratuidad, sino por su atribuida ideologización a los niños. Fundamentalmente fue contra los libros de historia, por las diversas perspectivas acerca de su función formativa.
“Todos nuestros problemas desembocan o se relacionan en uno solo: el de la educación… ningún avance económico, ninguna mejoría social son posibles sin la educación popular”. Dijo Echeverría en su campaña presidencial. En 1972, siendo ya titular del ejecutivo, aparecieron los nuevos libros de texto, hubo protestas cuando surgió el libro de historia; muy dura fue la crítica de la intelectualidad al hacer notar que eran una verdadera provocación y que ocasionaría pugnas entre el gobierno y algunos sectores. Se optó por eliminar temas como el asalto al cuartel Moncada en Cuba, el conflicto Palestino-Israelí, las intenciones del Papa Juan XXIII con su Concilio Vaticano y de John F. Kennedy con La Alianza para el Progreso.
Aunque en ese periodo desapareció la historia como asignatura, ésta se incorporó al estudio de las ciencias sociales de una manera holística y se pretendía que los nuevos textos, según la pretensión oficial, “facilitaran el fomento de un pensamiento científico contemporáneo; que los alumnos se convirtieran en personas que razonen y comprendan la esencia de los conceptos contenidos en los textos”.
El año 1992 fue el escenario de una nueva polémica de la sociedad mexicana respecto a la enseñanza de la historia con sus libros de texto. Fue la más grande por el desarrollo de las tecnologías de la información, mayor apertura de los medios de comunicación y avances en la participación social.
Reapareció la enseñanza de la historia como asignatura para 4° y 5° grados de la educación primaria, durante el salinismo. Se justificó porque a decir genérico del magisterio e intelectuales, los anteriores programas y textos no contenían una estructura adecuada para su enseñanza, además de que sus contenidos eran una visión extemporánea, con metodología del Materialismo Histórico que no concordaba con la pluralidad de la época después de la Guerra Fría.
Los trabajos de esos nuevos textos para la enseñanza de la historia fueron coordinados por los historiadores Enrique Florescano y Héctor Aguilar Camín, con la intervención de numerosos especialistas del ramo y de la psicopedagogía. Fueron objeto de acerbas críticas tras su presentación. Se omitieron los textos de hechos míticos, aquellos que carecían de comprobación histórica, aunque permanecían en el sentir popular, como fue el caso del Pípila.
Debido a la diversidad de opiniones y exigencias del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), se propuso un debate nacional, “abierto y plural”: una consulta nacional con participaciones por escrito.
Realmente el debate fue con ponencias muy pobres en lo general. La crítica casi exclusivamente se relacionaba con la carga curricular o repetición de contenidos. Sin embargo, fue poco el cuestionamiento en cuanto a la historia y su enseñanza.

Se argumentó que aquellos auxiliares didácticos promovían un excesivo memorismo, aunque las informaciones de los libros en cuestión se desarrollaban en unos cuantos párrafos para propiciar precisamente la interacción entre los docentes y los alumnos de una manera más reflexiva y dinámica.
En el sexenio actual, que encabeza el presidente López Obrador, se pretende el rediseño los libros de texto gratuitos, pero lo inédito es la pretensión de realizarlo en tan solo dos meses, según un cronograma diseñado ex profeso. Se nos anticipa que se basarán en un modelo dialógico con las referencias del filósofo y teórico del lenguaje, el soviético Mijaíl Baltín (1895-1975).
Los nuevos materiales se utilizarán a partir del curso escolar 2021-2022 y se espera tenerlos listos pata el 31 de mayo del año en curso. Se rediseñarán 16 libros de texto y dos cuadernos de trabajo. Será con base en los principios generales que norma, la Nueva Escuela Mexicana.
Como una manera de aclarar mejor la intencionalidad de los textos de historia para la enseñanza, recurrimos a la publicación del Dr. Eduardo Weiss (UPN) en “Los Valores Nacionales en los Libros de Texto de Ciencias Sociales de 1930 a 1980”, donde al analizar los diversos enfoques políticos, cita que la escuela fue socialista durante el periodo cardenista y que el propósito de los libros de textos era para tener un uso similar al del catecismo católico. En los años sesenta los textos ya tenían el propósito de unidad nacional y amor, era uno de los periodos de Torres Bodet encabezando la SEP. Con el sexenio de Luis Echeverría se incluyen conceptos relacionados con el Materialismo Histórico en la búsqueda de actitudes interpretativas hacia las grandes transformaciones económicas.
Añadimos al trabajo del Dr. Weiss, que en el salinismo la nueva carga de los contenidos fue con la tendencia ideológica neoliberal en sus perspectivas para comprender el pasado; y ahora con La Nueva Escuela Mexicana, así eufemísticamente llamada, esperamos conocer pronto los contenidos de los textos en proceso de elaboración, para poder opinar con elementos y no tendencias o conjeturas.
Nuevos Textos: Necesarios Debates
El caso es que las doctrinas liberales y las sociales, en eterna pugna, incluso en los contenidos de los libros de texto, no han logrado acabar con la lacerante miseria que durante siglos se ha padecido en todo el mundo, Otro elemento fundamental debe ser no atentar contra ese derecho inalienable en el ser humano: la libertad. Hoy, los retos giran en torno al fortalecimiento del nacionalismo en nuestro país, son ante el embate de un mundo globalizado con el que es imprescindible convivir pero sin perder nuestra identidad, promover la libertad con auténtica justicia social, lo que parece bastante difícil y, además, otro desafío es que la propia humanidad se ha convertido en “homo videns”, como llamó Giovanni Sartori a la formación que surge a través de los medios de comunicación masiva, los que con coloridos materiales audiovisuales y el uso de altas tecnologías para su diseño, absorben el intereses desde la niñez. Hoy, esos medios realizan la función formativa de los niños desde las primeras etapas de su desarrollo, sustituyendo a las madres o las antiguas nanas, incluso al magisterio.
Lo fundamental en las polémicas descritas en este ensayo, es que han sido cada vez más intensas. Se percibe, entonces, una incipiente y paulatina salida del letargo y estancamiento social, por eso es importante con los nuevos libros que se programan ahora, se propicie debatir las contradicciones en los argumentos que se esgriman y así posibilitar la llegada de una mejor forma de comprender e interpretar nuestra historia. Estos nuevos materiales escolares deben enfrentar los actuales desafíos de la sociedad mexicana, mismos que gracias a la educación, con todos los defectos muy señalados, ha contribuido a que seamos más exigentes y plurales, ávidos de una participación transparente para hallar la verdad de nuestros orígenes. El nuevo nacionalismo mexicano debe promover causas comunes para combatir el dañino clasismo por cualquiera de las vías que se promueva, debe tener como ideal lograr una sana convivencia. Un grave error sería seguir utilizando los libros de historia para catequizar con una visión que polarice más a la sociedad. Se ocasionaría un grave anacronismo, al ultrajar un pilar fundamental de la educación actual: Aprender a Convivir.
Ante la polémica que pueda surgir en cuanto a los nuevos libros de texto, no soslayar que es el docente un protagonista fundamental en el proceso educativo, él con su propio método puede contribuir a transformar o conservar el anquilosamiento social al enseñar la historia nacional. Los libros de texto son tan solo auxiliares didácticos. 26 de abril de 2021
Cronista Oficial de Espita
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