Arte y ciencia
Gentrificación, otredad y la lucha por la identidad local
Publicado
hace 7 añosen
Por
César Benítez
El tema de la Gentrificación es un tópico particularmente interesante, pues implica toda una serie de situaciones y movimientos que definen o van dando forma a nuevas dinámicas sociales, económicas, culturales y otras tantas más.
Anteriormente se había expuesto como se vinculan los procesos de gentrificación de los barrios tradicionales de la ciudad con la explotación y comercialización del turismo en Mérida, de manera que ahora queremos analizar aspectos más culturales y sociológicos de la concepción de la gentrificación y “la otredad”, entendiendo por esto último a aquel proceso social en el cual una persona, grupo o colectivo no reconoce como propio o igual a otra(s) persona(s) o grupos, la distinción se va marcando por las diferencias que van desde las físicas: edad, origen étnico, sexo, hasta ideológicas y/o culturales. Esto último, como menciona María Estela Raffino, NO tiene un sentido discriminativo (NO necesariamente), sino que supone un proceso de apropiación de nuestra propia identidad con respecto a los demás, es decir QUIENE SOMO EN FUNCIÓN DE LOS DEMAS.
Ahora bien, ya se había mencionado que en el centro histórico, así como en sus principales barrios, se ha estado dando un fenómeno urbano en el cual las casas y edificios han sido cedidas a nuevos dueños o propietarios, los cuales les han dado una nueva imagen y naturaleza urbano-arquitectónico, lo cual viene modificar la vida cotidiana de los habitantes originales de dichas zonas, pues cada vez es más marcada la presencia de caras nuevas, de nuevos espacios y actividades que anteriormente no se daban y que todo lo anterior representaba una “lucha” constante y permanente entre los habitantes tradiciones de las zonas y los nuevos miembros de estas comunidades.
Tomemos por ejemplo de lo anterior el mercado del barrio de Santa Ana, espacio en el cual los productos que ahí se venden no están enfocados en el consumo local, sino que tienen todo un perfil turístico, comenzando por el tipo de productos, así como por los precios, pues lo que un local puede gastar en un desayuno o cena en cualquiera de los puestos puede ascender a lo que se consuma en un restaurante formal (dependiendo del perfil de estos últimos, pues Mérida igualmente tiene restaurantes para todo público y bolsillo). Otro aspecto serían los productos: desde ropa, zapatos, artesanías de manufactura industrial, hasta miel, salsas y otros productos gastronómicos comercializados por empresas ya establecidas, que muy poco tienen que ver con apoyar a los productores locales o campesinos.
Dentro de estos mismos ritmos hay que hacer un parada obligada para analizar dos situaciones que han cobrado fuerza desde hace un par de años, y nos referimos a “cobrar fuerza” con la dimensión e importancia que han alcanzado dentro de las vidas de los habitantes de diferentes zonas de la ciudad y nos referimos primeramente a los “tianguis”, generalmente instalados en parques de colonias populares y fraccionamientos de las ciudades y en los cuales se puede encontrar “de todo”, desde ropa de segunda mano, artículos para el hogar, cocinas improvisadas para desayunar, almorzar o cenar, plantas y objetos para coleccionistas, etc. Todo lo anterior a precios que varían, pero en su mayoría accesibles, dentro de un ambiente bastante relajado y en su estricto sentido “popular”. Por otro lado, hoy por hoy están proliferando los “mercados orgánicos” o “mercados millennials” los cuales tampoco tiene una estructura física como tal, sino que se van organizando y estableciendo en diferentes puntos de la ciudad (mayormente del centro hacia el norte) y en los cuales se ofertan productos orgánicos, veganos, artesanales o que venden la idea de ser producción y manufactura libre de la industrialización y mucho más aún, libre de las grandes empresa transnacionales.
En recientes días leí un artículo que hablaba de como los mercados de productos veganos se han convertido en un espacio para cierta (emergente) elite de personas que pueden adquirir dichos productos principalmente por los costos de los productos. El artículo no pudo ser más acertado en cuento aborda al tema de nuevos imaginarios de identidad consumista, y es que en estos proliferantes mercados orgánicos, veganos etc. lo que realmente se vende es el STATUS, ya sea por el poder adquisitivo o por la “superioridad moral” que representa “ir contra el sistema” sin entender (o quizás sí) de que están inmerso dentro del CAPITALISMO VERDE y que su accione, poco ayudan realmente a la sustentabilidad ambiental y ecológica del planeta. Seamos francos y honestos: mucha de la gente que participa en estos mercados orgánicos lo hacen por moda, no porque necesariamente estén comprometidos con cuidar o preservar el medio ambiente, sino por lucir, precisamente, esa superioridad moral.
Por otro lado, los mercados tradicionales, los bazares y tianguis, no depende su identidad de vender ningún status, simplemente son un espacio de intercambio de bienes, de ideas y en general de interacción social. Si realizamos un análisis muy simplista entre lo que se vende entre uno y otro podemos inferir que quizá sea mucho más “ecofrendly” lo que los bazares populares venden, pues son productos de segunda mano que pueden volverse a usar, a comparación de artículos de reciente fabricación, cuya elaboración, guste o no ya dejaron una huella de carbono en mayor o menor medida. Además, al llevarse a cabo dentro de espacios como los parques de la colonia, refuerzan el sentido de pertenencia de la propia comunidad ya que, si bien llega gente de otras colonias inmediatas o cercanas, son los vecinos que hospedan al tianguis los que participan y obtiene ciertos beneficios del mismo.
Este conflicto silencioso entre grupos sociales, es lo que va constituyendo la dinámica de la identidad-otredad, dentro de una Mérida que va mercantilizando cada vez más todo aquello que pueda ser vendible y comprable, pues como se mencionó en un artículo anterior a este, la venta de terrenos y casas en el centro histórico, ofrece la posibilidad a los nuevos habitantes, de vivir la experiencia “folclórica” de un vecindario popular de una ciudad pintoresca de México. Hoy día la voracidad de los nuevos habitantes de los barrios tradiciones han hecho lucir a los vecinos originales, como extraños en sus propios vecindarios. Hoy día los nuevos vecinos se han apropiado de una buena parte de la identidad original de los barrios tradicionales, y no para adaptarse a ella necesariamente, sino para matizarla de acuerdo a SU propia identidad.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
