Arte y ciencia
La casamata de Mérida
Publicado
hace 6 añosen
La arquitectura militar realizada durante la época colonial en Yucatán es uno de los aspectos de la historia regional, y al mismo tiempo uno de los temas de la historia del arte yucateco, acerca de los cuales se conservan pocos vestigios materiales, entre los que podemos mencionar: el fortín de Sisal, o las trincheras costeras, ocultas por la vegetación en diversos puntos del campo cercano a la costa, como en los montes de Ixil.
En Mérida se observan también algunos ejemplos de este tipo de arquitectura, de la que desafortunadamente se han perdido ejemplos valiosísimos, que de haberse conservado nos estarían mostrando una ciudad majestuosa, señorial.
Las brevísimas muestras meridanas quedan, y son las siguientes:
1) Los tres arcos (Dragones, del Puente y San Juan) referentes del frustrado plan de amurallar a esta ciudad a fines del siglo XVII, por el temor de imprevistos ataques piratas a esta capital, cosa que finalmente nunca sucedió.
2) Un eventual puesto de vigía, construido probablemente entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, ubicado en los jardines del Centro Cultural “Unas letras”, sobre la calle 64 número 560 entre 71 y 73, coordinado por la escritora Eugenia Montalván.
3) La Casamata, un Polvorín de la época colonial, ubicada en la colonia Esperanza que actualmente aloja un Centro Cultural del Ayuntamiento de Mérida que el martes 25 a las 7 P.M fue reinaugurado.
La Enciclopedia Yucatanense, en su volumen IV señala –con base en los datos de un “Informe rendido por la Oficina de Hacienda en Mérida, el 25 de enero de 1875. Archivo de la Dirección de Bienes Nacionales de la Secretaría de Hacienda”–, que originalmente fueron tres esas construcciones, en las que se almacenaba principalmente pólvora, y que hasta la segunda mitad del siglo XIX aún existían, si bien ya en desuso y abandonadas, y si bien esa publicación no lo indica, es posible suponer con base en las fotografías que en ella aparecen, que en la primera mitad del siglo XX, ya sólo quedaban dos casamatas. Actualmente sólo hay una, ubicada en la calle 12 con 63 D, colonia Esperanza.
La referida Enciclopedia Yucatanense expresa: “CASAMATAS DE MÉRIDA. – A poco más de dos kilómetros al Oriente de la ciudad, existen tres pequeños edificios de mampostería construidos por el Gobierno de la Colonia, denominados ‘casamatas’, destinados para depósito de pólvora. Abandonados desde 1869, durante el Gobierno de D. Manuel Cirerol, se encuentran en la actualidad bastante destruidos, conservándose en pie gracias a la solidez de su construcción.
“Levantados a corta distancia unos de otros, dos de ellos, que eran utilizados únicamente para guardar la pólvora, constan de una sola pieza abovedada, circundados por un muro de dos metros de altura, y el tercero, utilizado como cuartel, se compone de dos piezas techadas con madera. Las puertas de estos edificios han desaparecido, así como también muchas de las losas de sus pisos.”
Las casamatas, eran depósitos de pólvora y armamento, que en la época colonial se construían alejadas de las ciudades en previsión de algún accidente que produjera una explosión de ese recinto, buscando reducir así el eventual daño a la población y al aspecto material de la ciudad.
En Mérida, cuando esos edificios dejaron de emplearse para su función original, y fueron abandonados, la construcción militar sobreviviente, que es la que actualmente vemos, y que la gente denominó popularmente como El Polvorín, fue destinado a diversos usos.
En ese sentido, a mediados del siglo XX, era utilizada como capilla y fue el primer adoratorio de la imagen del Niño de Atocha, culto que se fue desarrollando con el paso de los años hasta dar origen a la actual parroquia del Niño de Atocha, localizada en la colonia Cortés Sarmiento, en esa zona oriente de Mérida. Algunos vecinos de esa colonia refieren haberse casado en El Polvorín, cuando comenzaba a popularizarse la devoción a la imagen del Niño de Atocha.

En los últimos años del siglo XX, El Polvorín o La Casamata, como ya comenzaba a ser nombrada, funcionaba como un Centro Cultural dependiente del Ayuntamiento de Mérida.
Aquí surgió un hecho curioso, Casamata comenzó a escribirse en forma separada, y con mayúsculas las dos palabras: Casa Mata, como si fuera una vivienda así denominada, dejando de lado la grafía original con la que se nombra esa construcción militar: Casamata.
Hoy en día, la Casamata (escribámoslo con mayúscula, pero juntas las dos palabras, como es lo correcto, realzando al mismo tiempo la nueva función que cumple esa construcción colonial), desde el silencio que guardan sus piedras, despierta en nosotros la evocación de tiempos remotos, épocas que no vivimos, pero que podemos intuir a través de la fortaleza de sus muros que se elevan en el tiempo, y abre sus puertas, como lo ha hecho desde finales del siglo pasado, a los visitantes que desean asomarse a algunas partes del universo de la cultura.
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
