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Arte y ciencia

La vida después del hogar

Penélope Orozco Ortega

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El reloj marcaba las 11 pasado meridiano y lo que debía ser para *Marta la mayor de las alegrías, se había convertido en la mayor de las cargas. Sería madre por vez primera y la culpa por aquel descuido de adolescentes continuaba atormentándola. La insolvencia financiera respaldaba su decisión: el recién nacido estaría mejor en otras manos.

Dos semanas después de dar a luz, Marta dejó a su hijo en Peralta No.17, sitio donde radica el hogar para niños sin amparo filial de la provincia de Holguín, en Cuba. Pese a que los encargados del centro siguen llamándolo niño, *Mateo lleva 36 años en esta institución. Llegó en 1984 y hoy, cuando su edad roza los 40, todavía aspira a que el gobierno local cumpla con su función y le asigne una vivienda. La mirada alegre que filtran sus gafas de patas negras sólo pierde brillo cuando recuerda a la familia que no conoce y que aun así siente haber perdido.

Esta situación no resulta extraña para María Caridad García Véliz, metodóloga nacional de Educación Especial, quien como responsable de estas instituciones a nivel de país, afirma que cuando cumplen los 16 años, la dirección del hogar emite una carta al Gobierno municipal correspondiente y en esta se especifica la situación del muchacho. “Este órgano tiene la obligación de ubicar en una casa a los jóvenes que no cuentan con un núcleo familiar”.

Por su parte, María Figueroa Wilson, metodóloga provincial de Educación, aclara: Cuando el joven cuenta con alguien que los acoja una vez alcancen la mayoría de edad, deja de ser responsabilidad de los gobiernos municipales”.

Niños antes que nada

La actividad frenética en la casa de acogida no cesa. En una sala, varios niños interpretan una obra de teatro. En otra habitación, atienden un taller de educación en valores. Y en el patio, decoran puertas, paredes y postes con guirnaldas y globos para celebrar las 15 primaveras de Pupilla*. Los infantes corretean alegres de un lado para otro en el albergue, un refugio de menores en el corazón de la ciudad más poblada y desigual de la isla, La Habana.

Hace unos pocos años estos niños no se conocían de nada y ahora comparten espacio con una organización envidiable. El interior del hogar está impoluto, con muebles color canela de los que pueblan los salones de media Cuba. Sobre la mesa de centro un tablero de parchís, por lo visto capaz de competir con los Smartphones en esta casa y al fondo una pantalla de televisión encendida. Las imágenes pasan de unos dibujos animados a varias tandas de música, los chicos no parecen prestarle demasiada atención.

“Yo sí tengo una familia, está aquí, es esta”, nos dice Maro* en el único momento en que logra sentarse a charlar, poco antes de salir disparado, cual cohete sin retorno, para continuar jugando con los otros niños, su familia en Presencia de Lenin.

Mientras sus propias familias ejercen como puertas de entrada, los hogares para niños sin amparo filial se convierten en destino final para muchos menores que, por diferentes razones, han quedado desamparados.

Donde hay mucho de amparo y de familia

Mirka * busca hoy el barrio en el que empezó a caminar veintiún años atrás. Le han dicho que dando sus primeros paso casi se electrocuta, que en un charco de agua con cables caídos su abuelo de tobillos hinchados y mirada ausente dejó su vida para salvarla. Le han dicho que vivió la muerte muy de cerca y demasiado pronto. Le han dicho que enfermó, que en los diecinueve días que pasó junto a sus padres biológicos tuvo fiebre, vómitos y deshidratación. Que esquivó la muerte, de nuevo, por muy poco y sin merecerlo.

Ella no lo recuerda. La última vez que estuvo allí tenía apenas un año. Toda esa biografía temprana la ha construido a partir de la transmisión oral. Ha ido tomando versiones, reconstruyendo su vida, conociendo lo que fue y entendiendo el cómo y el porqué de su llegada. El centro para niños sin amparo filial de La Lisa es ahora el único lugar que reconoce como hogar. Artemisa, su ciudad natal, no entra para ella en el territorio de la memoria, sino en el de las ensoñaciones, en el de las vibraciones lejanas.

A sus veintidós años Mirka* emana una desconcertante seriedad. Ni siquiera sus gestos tardo-adolescentes pueden eclipsar su aura flemática, su amable hieratismo, su temprana madurez. Cuesta descifrarla, esconde sus emociones con una extraña energía. Sin embargo, hoy no puede. La coraza no funciona. Mirka* está nerviosa. Nos contará su historia y despertará de nuevo esa sensación dormida en el fondo de su ser, para cumplir su voluntad, ser la voz de muchos otros como ella, de muchos otros que también encontraron hogar y familia en un centro para niños sin amparo filial.

Mueve compulsivamente la pierna derecha. Se muerde los labios. Parece estar a punto de romper a llorar. Tiene el estómago revuelto. Sabe que una historia como la suya nadie la espera. Al escuchar sus palabras me di cuenta de que lo verdaderamente interesante no era mirar hacia atrás, sino hacia delante. Ella podía contar otra historia, no la de aquella sucesión de hechos desafortunados que la llevaron hasta su hogar de hoy, sino todo lo que había aprendido y logrado gracias a las almas generosas que la acogieron en ese centro.

Mirka* alumna aventajada, ambiciosa, soñadora. La mayoría de los jóvenes del centro de acogida no acabarían yendo a la Universidad. Pero Mirka* lo tenía claro. ¡Hasta la Universidad no pondría frenos!

Fue una frase premonitoria. Era una promesa que debía cumplir. Dos días después de superar la nota de corte para entrar a la carrera que quería, se encontró con su profesora guía del preuniversitario en una guagua rumbo a La Catedral. La maestra parecía no recordarla, pero se mostró feliz al saber que Mirka* estudiaría Derecho en La Universidad de La Habana.

Entrar, mejor que salir

Cuando los niños llegan a nuestros centros, se adaptan al punto de no querer irse. En las casas cuna están creadas todas las condiciones para que continúen su vida, opten por una carrera o se vinculen al trabajo, en dependencia de sus aspiraciones y capacidades.

En el libro Más que un hogar, una familia, publicado en 2018, la psicóloga Irelys Serrano Acosta aborda las consecuencias que puede traer para estos jóvenes un cambio tan brusco como el egreso. “Cuando se acerca el momento de abandonar el hogar, algunos se sienten cómodos, otros comienzan a andar cabizbajos, pues saben que pueden repetirse escenarios del pasado”, refrenda el texto.

Una de las inquietudes más voraces María Caridad Véliz es la desactualización de las resoluciones y decretos leyes referentes a los centros para niños sin amparo. Estos emanan de la década de los ochenta y requieren actualización. A la vez, acota que la mayoría de los infantes que ingresan son hijos de padres reclusos con condenas largas. Dicha condición no está reflejada en ningún decreto sobre el tema debido a la antigüedad de dichas leyes.

Esta es una de las principales causas de la afluencia de jóvenes en los hogares y, por ende, de la acumulación de trámites para las viviendas de los egresados. Por tal razón, considera necesario que estos preceptos sean actualizados.

Llenar las ausencias

Las direcciones municipales de Educación son las encargadas del abastecimiento de estas instituciones. De acuerdo con el decreto Ley No 76 de la Gaceta Oficial de la República, aprobado en 1984, los niños reciben mensualmente un estipendio en CUP (moneda nacional).  Al año, a cada uno le son asignados 150 CUC para adquirir ropa o productos de aseo.

Los gobiernos municipales laboran bajo una presión constante, pues las cifras de desamparo fluctúan. Mientras el número de ingresos crece los egresos se mantienen quietos. Los centros colapsan, pero en nuestro sistema social ningún menor quedará desamparado.

La ciudad de los parques posee la situación más crítica del país. La problemática se le escapa de las manos al régimen local. De las 498 personas que conviven hoy en estos hogares de la isla, 223 superan la edad adulta. Una situación similar ocurre en la Habana donde desde 2013 no se destina una vivienda a un egresado de las casas de amparo. En los casos previos a ese año, se priorizaron los adultos con discapacidad física o mental.

Historias de vida, Disandra e Isel

En la sala de Medicina General del Hospital Docente Celestino Hernández Robau, de Villa Clara, los pacientes agradecen la atención de una enfermera. Disandra aprendió a volcar la fuerza de carácter hacia el cuidado del prójimo. A los 25 años le procura a su hijo el amor negado a ella misma por su madre.

Salí del hogar con 21 años y junto a mi niña comencé a labrar un futuro como madre soltera. El gobierno de Santa Clara me dio una vivienda con las suficientes condiciones para llevar una vida digna”, relata.

Por otro lado, Isel agradece a Mami Olga, quien fuera su madre sustituta, por la dedicación y la entrega en el cuidado. Aunque su estadía en el centro fue bastante larga, actualmente trabaja como instructora de arte en la escuela primaria Hurtado de Mendoza, de Santa Clara.

“No me gustaba vivir rodeada de gente, quería ser independiente, pero prefería tener comida, una cama y agua tibia. A pesar de cargar a mis espaldas un peso sobrecogedor, opté por olvidar los pesares y educar a mi hija de 4 años en el hogar mientras esperaba la vivienda.”, rememora la educadora.

Jackson el contador

Jackson Acosta Mora y su hermana Idenia llegaron a uno de los hogares de niños sin amparo de Santa Clara cuando tenían seis años. Él cursó la primaria, la secundaria, estudió para ir a la universidad y tuvo las mismas oportunidades de cualquier adolescente en Cuba.

En el 2000, Jackson y su hermana recibieron una casa con condiciones mínimas. “Esa parte sí fue más traumática, pues cuando uno está dentro del hogar vive en una burbuja y no en la realidad de Cuba. La salida al mundo real fue lo más difícil”, recuerda el joven.

Mientras la hermana abandonó el país, Jackson se graduó de Contabilidad y Finanzas en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Ahora trabaja en el sector del turismo, está casado y se encarga de cuidar a su hijo.

Aunque los casos de Jackson, Disandra, Isel y Mirka* no son únicos, el futuro de los jóvenes sin amparo no siempre resulta grato. La disponibilidad de una casa propia para cada egresado debiera estar entre las prioridades de los gobiernos municipales. Mientras esta problemática no mejore, el número de adultos que residen en hogares para menores seguirá en aumento.

*Los nombres han sido cambiados a petición de las fuentes para proteger sus identidades.

Publicado en Alma Mater

http://www.almamater.cu/

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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