Arte y ciencia
WILBERTH MÉZQUITA, ACTOR, CANTANTE… ¡TODO UN SEÑOR!
Publicado
hace 6 añosen
¿A dónde van los amigos que se van,
Cuando abandonan el nido a dónde van?
¿Cuándo será, cuánto tiempo pasará?
¿Para volvernos a encontrar?
Sergio Esquivel
En 1972, empecé a concurrir a las alegres reuniones de modelistas que se efectuaban en casa del popular Jorge “Charro” Fernández Tappan, memorable musicólogo y cronista de cine; ahí la camaradería menudeaba con gracia sin igual, y la rememoración de mil y un vivencias de las ricas adolescencias de los que ahí concurrían; era tema central de las animadas tertulias que, casi por reglamento, terminaban con la salida del sol de la mañana siguiente, como había sido siempre en la vida de los contertulios, desde muchos años atrás, desde los tiempos de su secundaria en la Escuela Modelo. Ahí, empecé a intimar con Roldán Peniche, Álvaro “Tusy” Sánchez, los Drs. Rafael Cobos y el “Pirata” Vázquez, y los hermanos Wilberth y José Enrique “Cuco” Mézquita Canto. Entre los temas más gozados por los concurrentes, estaba la memoria de los fines de semana pasados en el Puerto de Progreso, en la casa de la familia Mézquita Canto, en el rumbo conocido como Yaxactún. Como buenos adolescentes aguerridos, la tropa se ponía en camino a la playa desde los viernes en la noche, y se corrían toda clase de aventuras, asistencia a bailes y, desde luego, noches rociadas con algunas bebidas espirituosas. El domingo, se incorporaban Doña Elia y Don Panchito, padres de los hermanos Mézquita, que llegaban al rescate de la tropa, y se comía ampliamente, y se acompañaba la alegría con una botella de Ron Oro, que era la costumbre de la época. Desde esos memorables tiempos, nació mi entrañable amistad con Wilberth Mézquita.
Wilberth Mézquita, era un hombre polifacético, sus aficiones le llevaron siempre por el camino de la cultura y las artes. De este campo, el teatro fue su amor más profundo y duradero. En la vida de Wilberth, el teatro marcó un camino lleno de éxitos que fueron muy sonados en las diferentes etapas en las que caminó por él. En 1978, participa con la Compañía de Teatro del Estado, en la puesta de “Henequén”, de Leopoldo Peniche Vallado, que se presentó con gran éxito en el desaparecido Cine Maya, dirigida por el Profr. Luis A. Pérez Sabido. Al año siguiente, en el Ágora de FONAPAS, hoy Casa de la Cultura del Mayab, protagoniza “Panorama desde el Puente”, de Artur Miller, siempre bajo la dirección de Pérez Sabido. En 1980, bajo la dirección de Erick Renato Aguilar, obtiene uno de sus más celebrados éxitos teatrales, al encarnar al Comandante Metcalf, en “La Ratonera” (o Tres Ratones Ciegos) de Agatha Christie, donde compartió el protagónico con otro desaparecido y llorado actor, Roberto Sánchez Campos, que caracterizó al sargento Toby Trotter, el joven desequilibrado y torvo asesino de la historia.

En 1997, tuvo una histórica participación, pues combinaba actuación y canto, al ser llevada a escena la comedia musical “El Hombre de la Mancha”, en la que desempeñó precisamente el papel de Don Quijote, desempeño que alternaba con Francisco Sobero Garavito, nuestro llorado y recordado “Tanicho”. En este montaje, la profunda voz de barítono de Wilberth, puso un gran brillo al célebre personaje del Caballero de la Triste Figura. Con gran nostalgia lo recordamos ataviado con su armadura, con lanza y adarga, y con una identidad en el papel, muy difícil de igualar en alguna puesta futura. Su figura como Don Quijote, está grabada en los anales del Teatro Peón Contreras. Creo que su última actuación fue en noviembre 2013, en el Centro Cultural “Olimpo”, compartiendo escena con “Tanicho”, en una sensible obra sobre la tercera edad, “Aeroplanos”, de Carlos Gorostiza, y bajo la dirección de Pablo Herrero. Memorable puesta en escena, en la que las actuaciones de Wilberth y Tanicho dieron cátedra de dominio de la escena y una profunda forma de asumir sus personajes. Por una contingencia inesperada, Tanicho no pudo asistir a una función, y su papel fue magistralmente asumido por José Ramón Enríquez, que no desmereció un ápice en la tremenda calidad de este montaje inolvidable.
Otra faceta brillante en su camino, fue su desempeño como cantante, faceta que también me tocó compartir desde sus inicios. En 1973, constituimos la Asociación Artística “Gustavo Río”, cuyo fin era promover la música y el canto. Las juntas de directiva, que además eran ensayos, se hacían en casa de Doña Lupita Peraza de Núñez, a quien llamábamos cariñosamente Chichí Lupita. Jorge “Charro” Fernández, era integrante de la directiva, y llegó una noche a casa de Chichí Lupita acompañado por Wilberth. Al terminar el acompañamiento de un cantante, Chichí Lupita descubrió a Wilberth, se levantó del piano y lo saludó afectuosamente: “Wilberth, qué gusto – le dijo – cuanto tiempo sin verte”. Y le recordó los lejanos tiempos del Colegio de Consuelo Zavala, en el que su madre y sus tías habían dejado profunda huella como maestras. “Pero si tú cantas muy bien. Me acuerdo tus actuaciones en los festivales del colegio. Ven, vamos a recordar algunas cosas”, y diciendo y haciendo, lo hizo pasar junto al piano y lo hizo cantar “El Organillero”, preciosa canción de Agustín Lara. Todo mundo se quedó admirado ante la hermosa voz de barítono de Wilberth, y desde ese momento, Anselmo Castillo Ojeda, “Chelmi”, lo incluyó en el elenco de los festivales del Teatro Ferrocarrilero. En esas memorables jornadas, Wilberth cantó arias y romanzas para barítono, como las de personajes como Juan el Indiano, de la zarzuela Los Gavilanes, o Vidal Hernando, de Luisa Fernanda, pero su gran creación fue siempre “El Organillero”.

El 8 de marzo de 1976, murió el gran pianista Conrado Peniche Sierra, en su natal Espita se programó un gran homenaje para efectuarse en el mes de mayo, organizado por la centenaria sociedad “Progreso y Recreo”. Para cubrir la parte artística del homenaje se convocó a la Asociación Gustavo Río, y para tal fin, Chelmi alquiló un autobús y convocó a todo el elenco de la agrupación para cubrir el programa. Un sábado por la mañana, nos reunimos en casa de Chichí Lupita, de donde saldría el autobús, y con un amplio elenco nos pusimos en camino a la villa de Espita. Fuimos recibidos muy atentamente en el local de Progreso y Recreo, donde se nos ofreció un espléndido almuerzo. En la noche, el homenaje congregó a toda la población de Espita, que abarrotó el local de la sociedad. Terminado el programa, el autobús puso marcha para regresar a Mérida. Estábamos entre los pueblos de Cansahcab y Suma, cuando de pronto, el autobús corcoveó un par de veces, tosió después y ya no avanzó ni un centímetro más en la carretera. Por falta de previsión del conductor no había reabastecido de combustible su unidad, nos habíamos quedado sin gasolina en medio de la noche en la carretera. Felipe Serrano, Wilberth Mézquita y yo, nos pusimos a pedir aventón en la carretera, un alma compasiva se detuvo y nos llevó a Motul, ahí conseguimos unos bidones, los llenamos de combustible y tomamos un taxi que nos regresara al autobús, no sin antes concertar en el parque de Motul a una vendedora de comida para que no cerrara el negocio y esperara la llegada del autobús, pues todo el elenco ya venía con hambre. Con la gasolina de los bidones, llegamos a Motul y todo mundo se bajó a comer. Esa fue una memorable anécdota vivida con Wilberth Mézquita.
Las inquietudes de Wilberth, le llevaron a incursionar también en la poesía y la composición, y con ello en la trova yucateca. En los tiempos de la secundaria en la Escuela Modelo, formó un dueto con Manuel Medina Hadad, hermano de María y Cacho. En 1956, escribe el poema “Mujer y Ave”, que Pastor Cervera musicaliza como clave-bolero y que en 1998 obtiene el primer lugar en el Concurso de la Trova Yucateca, convocado por la Dirección de Culturas Populares. En 1967, escribe con muy buenas hechuras unos poemas que todavía forman parte del repertorio de varios declamadores yucatecos. Fue un hombre con una activa vida social, lo que lo lleva a ser presidente de la Casa de España en Mérida, miembro distinguido del Club de Leones de Mérida, de la Asociación Gustavo Río y de la Liga de Acción Social. Fue también un yucateco de profunda entraña, vistió siempre con impecable guayabera y conservo siempre la sana y elegante costumbre de ceñir su cabeza con un blanco sombrero de jipi japa.
Wilberth y yo, tuvimos una estrecha y activa convivencia de casi cincuenta años ininterrumpidos. Ahora, se nos ha adelantado en el camino. Ya no tendremos más su presencia física, pero sus vivencias quedan aquí con nosotros para siempre. Querido Wilberth, tu voz, con el acompañamiento al piano de Chichí Lupita, nos queda resonando en el tiempo y el espacio. Hoy te decimos: “Ya se va el organillero, nadie sabe dónde va, dónde guarda su canción. Pobrecito organillero, si el manubrio se cansó… ¡Dale vuelta al corazón!”.
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
