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Arte y ciencia

Salvador Rodríguez Losa, cimiento de la historia antropológica

Carlos Evia Cervantes

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Hay maestros que llegan a ser buenos amigos de sus alumnos y, por otra parte, hay personas que son verdaderos maestros de sus amigos. Salvador Rodríguez Losa lograba ambas situaciones de manera cabal y profunda.

Aquellos que tuvimos la fortuna de conocer y convivir con Salvador, quien fuera director de la Facultad de Ciencias Antropológicas, guardamos en nuestra memoria su recuerdo en forma especial. Las remembranzas que se hacen de su persona, han reforzado el entrañable afecto que en vida le tuvimos.

Para muchos, él fue un gran maestro, por sus amplios conocimientos en diversos temas académicos y por la manera tan amena de enseñar a sus alumnos. Pero no sólo fue un destacado docente por las dos razones anteriores, sino estimulaba a sus alumnos para que investigaran y se preocuparan por aprender por su propia iniciativa.

Algunos funcionarios de otras facultades de la Universidad Autónoma de Yucatán decían que Salvador más que director era un gurú de su centro educativo. Esto se debía a que mucha gente se acercaba a pedirle consejo. Salvador no asumía una actitud de superioridad por esto, sino que, de manera velada, proponía soluciones a los problemas personales que sus solicitantes le planteaban con un método muy propio y original: les contaba sus experiencias de vida y las decisiones que tomó en casos similares.

Sin reservas, platicaba las dificultades que tuvo para cursar la carrera de Antropología y Arqueología, los problemas de los primeros días de esa Escuela, hoy Facultad, y las cosas a las que tuvo que renunciar por seguir su vocación.

Con inteligente sensibilidad apoyó a muchos de sus alumnos y conocidos en puestos de trabajo en escuelas e instituciones de gobierno. A pesar de su mayor edad con respecto a la de los estudiantes supo entender y resolver los conflictos que los jóvenes le presentaban cotidianamente en Antropología.

Su trato fue siempre amable para con todos, amigos y desconocidos. Pero supo hablar y actuar con firmeza cuando la situación lo requirió. Resolvió los más increíbles problemas con la ayuda de su natural inteligencia y con la experiencia que la vida le dio.

Salvador contaba anécdotas, bromas y toda clase de relatos que fueron el condimento de las reuniones de café, de restaurantes y bares. Aplicaba los refranes en las situaciones justas. Los maestros visitantes que llegaban de otras universidades a la Facultad, eran atendidos por Salvador y sus más cercanos colaboradores. Eduardo Corona, Carlos Serrano, Andrés Medina, Andrés Fábregas y otros muchos, gozaron de las aventuras que permitieron el tiempo libre y la amistad de Salvador en su plenitud. Cada uno de aquellos visitantes recuerda los episodios alegres que le tocó vivir junto a él.

Una vez le pregunté cómo era posible que no se enojara con ciertas personas que transitoriamente lo atacaron personal y políticamente. Les contestaba con diplomacia y tranquilidad; además les procuraba favores y atendía sus solicitudes. Su respuesta fue la siguiente “Es natural que haya gente conflictiva y traigan sus frustraciones aquí. Pero no me molesta que me ataquen. Si no tuviéramos enemigos, Carlos, empezaríamos a pelear entre nosotros mismos”. De hecho, sus ocasionales antagonistas llegaron a apreciarlo e incluso admirarlo.

En cierta ocasión hubo un fuerte conflicto entre maestros. Al terminar la reunión del Consejo Técnico, nos quedamos a deshoras a imprimir un documento en el mimeógrafo (antigua máquina impresora) y yo le pregunté muy preocupado ¿Salvador, qué va a pasar si no se resuelve este problema? Me contestó sonriendo: “Mi estimado amigo, después de la crisis viene el auge, nada permanece para siempre y es parte de la dialéctica”. Hoy día, cada vez que tengo un problema serio, me acuerdo de sus palabras y me reconfortan.

La extraordinaria simpatía que despertaba Salvador en quienes lo conocían hacía pensar que cada uno de nosotros era su mejor amigo o al menos, uno de los más cercanos. Así que muchos nos sentíamos los mejores amigos de Salvador, pero su bondad era tan grande que a lo mejor si era cierto.

Cuando la Universidad Autónoma de Yucatán formalizó los periodos de duración del cargo de director, él organizó su salida y dejó a su sucesor el camino libre para la toma de decisiones. Con toda  sencillez me confió que se alejaba de la Facultad para que no se vaya a malinterpretar su presencia en la misma.

En esos momentos redimensioné la grandeza y la humildad de Salvador, pues no le tuvo el menor apego al poder del cargo. Supo buscar otros horizontes y dar paso a los cambios naturales de la institución. Nos dolió más a muchos de nosotros el hecho de que él dejara de ser director que al mismo Salvador.

En el año 2015, Edgar Santiago Pacheco, Carlos Magaña Toledano y Jorge Luis Rodríguez Basora publicaron una excelente obra biográfica titulada Salvador Rodríguez Losa. 1935-2002. Historia y Antropología contemporánea en Yucatán, que da cuenta de la producción académica de Salvador. Si bien el libro condensa lo principal de su trayectoria y por supuesto, cumple su cometido, tiene además un atributo extra: constituye un estímulo a la memoria de sus amigos, alumnos y familiares que seguro les traerá cientos de recuerdos de este inolvidable hombre.

Gracias al libro citado, las nuevas generaciones sabrán de un gran personaje que condujo magistralmente la hoy Facultad de Ciencias Antropológicas, que supo desarrollar su potencial académico y que conservó la humildad aun en los tiempos en que personas e instituciones lo colmaban de elogios y distinciones.

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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