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Editorial

Comienza la batalla electoral por Mérida

Mario Alejandro Valdez

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La pandemia de COVID-19 continúa imparable en el mundo entero, incluyendo por supuesto México y Yucatán, pero eso no puede impedir que la vida continúe. En este sentido, a poco más de seis meses de las elecciones concurrentes del próximo 6 de junio de 2021, la batalla electoral por la ciudad de Mérida, la joya de la corona del Estado de Yucatán, ha comenzado. Si bien desde hace varias semanas se han destapado las principales candidaturas en el partido blanquiazul, que sigue siendo amplio favorito para refrendar el apoyo de los meridanos, un vigoroso pronunciamiento de varias agrupaciones políticas, algunas de ellas cercanas al gobernador Mauricio Vila, está introduciendo ruido en el proceso, de tal modo que lo que parecía bola cantada -un nuevo triunfo de Acción Nacional en la capital estatal- podría quedar en veremos.

El pronunciamiento se refiere al complejo tema de la paridad de género en materia electoral. De acuerdo con los grupos mencionados, cuyo pronunciamiento fue dado a conocer en rueda de prensa electrónica en días pasados, para garantizar la paridad en el ejercicio gubernamental se requiere que los 15 municipios más grandes del Estado sean gobernados por mujeres, es decir, que los partidos políticos que pretendan participar en la justa comicial de junio se verían obligados a presentar a mujeres como candidatas, de tal modo que, independientemente del partido que obtuviera el triunfo, una mujer encabezaría los próximos cabildos de dichos municipios, que son Kanasín, Valladolid, Tizimín, Progreso, Umán, Tekax, Ticul, Chemax, Motul, Hunucmá, Oxkutzcab, Izamal, Peto, Maxcanú y, por supuesto, Mérida.

En tiempos en los que estamos luchando por la igualdad en general en todos los ámbitos sociales, así como por la erradicación de la violencia hacia las mujeres, la iniciativa aparentemente es favorable, pero, analizando las posibles consecuencias del hecho, ¿realmente semejante acotación necesariamente se reflejará en un avance? Nuestra ciudad ya ha sido gobernada por mujeres previamente, con resultados divergentes. Precisamente por el PAN, la presidencia municipal de Mérida ha sido ocupada, en dos ocasiones, por Ana Rosa Payán Cervera, quien hasta la fecha cuenta con el respeto y la admiración de la mayoría de los meridanos; en tanto que por el PRI la alcaldía capitalina fue desempeñada, de 2010 a 2012, por Angélica Araujo, quien tuvo una actuación tan desastrosa que su partido no ha vuelto a ganar una sola elección en esta jurisdicción.

Se especula que en realidad el llamado acuerdo paritario tiene como objetivo fundamental sacar de la carrera por la candidatura al más aventajado de los contendientes: el actual alcalde Renán Barrera Concha, quien, de acuerdo con la percepción generalizada, cuenta con el apoyo de la mayoría de los panistas meridanos, así como con el respaldo de un trabajo que ha resultado satisfactorio para los ciudadanos del municipio. Renán, por supuesto, no ha realizado ninguna declaración tras la publicidad de la propuesta, toda vez que de hacerlo sería de inmediato blanco de todo género de críticas y acusado de violencia política hacia la mujer.

La posible beneficiaria de la propuesta sería la diputada Cecilia Patrón Laviada, persona muy cercana al gobernador Vila, pero que no cuenta con plena aceptación entre el panismo tradicional y mucho menos entre la ciudadanía meridana. Recuérdese que en la pasada elección de 2018, Patrón Laviada perdió sorpresivamente su distrito a manos del profesor Roger Aguilar Salazar, político de izquierda muy distinguido y apreciado, pero que, dadas las precarias condiciones de su salud-falleció justo después de confirmarse su inesperado triunfo-prácticamente se vio imposibilitado de hacer campaña. Si bien Roger era, sin lugar a dudas, un mejor candidato que Cecilia, debemos de reconocer que muchos meridanos del Tercer Distrito, desconocedores de la brillante trayectoria del veterano luchador social, en realidad votaron en contra de la panista, en buena medida por el desprestigio que acompaña a su apellido después de la pésima gestión gubernamental de su hermano Patricio.

Si el acuerdo va, y se saca de la boleta electoral al alcalde Barrera Concha, el PAN podría estar cavando su tumba en la capital del Estado y, por ende, dejando el terreno abonado para despedirse del Palacio de Gobierno en 2024. Más grave aún, perder Mérida por culpa de una candidatura impopular podría representar un desastre para el gobernador en la composición del Poder Legislativo, el cual, ante el catastrófico derrumbe que se augura al PRI, estaría quedando más que puesto para la alianza MORENA-Partido Verde. Por lo pronto, los grupos que impulsan el acuerdo paritario, entre los que destacan líderes políticos de varios partidos y distinguidas académicas de la UADY, han manejado una retórica muy vigorosa y han asegurado mediáticamente que la propuesta es un hecho. ¿Será? Lo cierto es que la batalla por Mérida ha iniciado, y los primeros golpes están siendo dirigidos contra el popular alcalde en funciones.

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Editorial

Fuego amigo contra Vila ¿Con qué objetivos?

Mario Alejandro Valdez

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El caso de la renuncia-destitución del Fiscal General del Estado, Lic. Wilberth Cetina Arjona, va quedando viejo, sin embargo, los medios que encabezaron su linchamiento y presionaron para su separación del cargo, han seguido ventilando las supuestas anomalías que motivaron su salida del gabinete estatal, mismas que, por cierto, no han dado origen a una sola denuncia real. La situación parece encaminada a contaminar la elección del nuevo Fiscal, para la que se integró una terna de la que forman parte los abogados yucatecos Patricia Gamboa Wong, Juan Manuel León León y Adrián Anguiano Aguilar. De la revisión de sus trayectorias se desprende que el que tiene mayor calificación para el cargo es el abogado León, en tanto que quien pareciera tener menores posibilidades, dada su clara filiación panista, es la abogada Gamboa Wong, sobre quien incluso ya se han pronunciado claramente de manera negativa líderes de la comunidad de la diversidad sexual y agrupaciones feministas, debido a que la profesional, que tiene una Maestría en Ciencias de la Familia por la Universidad del Mayab, se ha expresado en reiteradas ocasiones contra los derechos humanos de  dicha comunidad y los derechos sexuales de las mujeres.

Sin duda, los señalamientos vertidos por medios afines al panismo contra el Fiscal renunciante son claros y graves. Sin embargo, la gran mayoría de los testimonios en los que se basan las publicaciones fueron obtenidos de manera notoriamente ilegal, y con toda certeza proceden de personas del entorno cercano del cesado funcionario, y muy probablemente de su mismo equipo de trabajo. En otras palabras, las filtraciones vinieron desde adentro, y se dieron a conocer exclusivamente con el objetivo de causar escándalo, debido a que, por sus características, no pueden ser utilizadas para proceder legalmente contra Cetina Arjona.

¿Por qué medios ligados con el conservadurismo han montado esta ofensiva contra Mauricio Vila Dosal? El asunto resulta realmente complejo, pero amerita la exposición de algunas hipótesis explicativas:

  1. Los grupos conservadores del Estado están disgustados con la gestión de Vila debido a que no está respondiendo a sus intereses. El gobernador ha mantenido un perfil moderado en términos políticos, de un modo muy inteligente ha procurado mantenerse fuera del ring al que se han subido otros gobernadores de derecha para boicotear la labor del gobierno federal, mantiene en su equipo de trabajo a algunos funcionarios -especialmente a las secretarias de Fomento Turístico y de la Mujer- con perfiles progresistas, y no ha caído en el juego de represiones generalizadas y ataque a los derechos humanos, como hemos visto en otros mandatarios conservadores, como Enrique Alfaro de Jalisco y Jaime Rodríguez de Nuevo León. Ante ello, el panismo tradicional y sus medios afines ataca al gobernante para recordarle sus orígenes y las causas que se espera defienda. El ataque a Cetina Arjona es incidental: debido a la debilidad, errores y oscuros vínculos del abogado, se convirtió en el “chivo expiatorio” perfecto para enviarle el mensaje al gobernador.
  2. La campaña la inició y continúa un medio en particular: el Diario de Yucatán, periódico comprometido con la derecha desde sus orígenes y antecedentes. Pero, recordemos, su fundador, don Carlos Ricardo Menéndez González, DE NINGUNA MANERA era un hombre reaccionario. Todo lo contrario: procedía de una familia de liberales y patriotas cubanos que tuvieron que exiliarse de la isla por la persecución que contra ellos se desencadenó. Pero don Carlos desde su juventud se alió con los intereses conservadores por un cálculo meramente estratégico, relacionado con el financiamiento de su empresa editorial. Don Carlos fue, sin duda, un gran periodista, PERO TAMBIÉN UN AMBICIOSO CAPITALISTA, que privilegió la obtención de recursos económicos a cualquier otra consideración. Desde esa lógica, los ataques contra el cesado Fiscal, así como contra otros funcionarios, y en particular contra la ya mencionada secretaria de Fomento Turístico, obedecen a una estrategia editorial en busca de una relación comercial más vigorosa y productiva con el gobierno del Estado y/o con los grupos empresariales vinculados con el Jefe del Ejecutivo local.
  3. Otra posibilidad podría centrarse realmente en el abogado Cetina Arjona. Recordemos que llegó al puesto con el apoyo DE LAS DOS BANCADAS PRINCIPALES (PRI y PAN) del Poder Legislativo yucateco, y que obtuvo dicho apoyo PRECISAMENTE por carecer de claros vínculos con alguno de estos dos partidos. O tal vez, expresándolo más claramente, CON VÍNCULOS CON PERSONAS LIGADAS A AMBOS PARTIDOS. Sin embargo de lo anterior, la conducta del Fiscal cesante no satisfizo a los grupos de poder que lo seleccionaron y sugirieron al gobernador -se sabe que tampoco era cercano a Vila-, al no poder controlar las manifestaciones de grupos rivales, no garantizar el beneficio de los grupos que lo propusieron y, además, entrar en conflicto con funcionarios de trayectoria, experiencia y probados resultados. Designado para cuidar los intereses de los grupos poderosos que lo apadrinaron, su incapacidad para lograr dicho objetivo originó la campaña y, ulteriormente, su cese. Esta es, por supuesto, la hipótesis más preocupante, y está en sintonía con la descomposición del clima de seguridad que vemos avanza a pasos agigantados en la capital y las principales ciudades del Estado.

En días pasados, grupos feministas que generalmente respaldan las iniciativas y la figura del gobernador Vila arremetieron contra una supuesta reestructuración de la unidad encargada de la investigación de feminicidios y violencia de género en la Fiscalía, reestructuración supuestamente ordenada por el encargado de despacho. Tras algunos días de alharaca al respecto, ha trascendido que el dicho es falso, por lo que podemos deducir se trató de una provocación para mantener artificialmente la polémica sobre una institución que, por lo delicado de su ámbito, siempre está al filo de la navaja. Pareciera confirmarse entonces que no se trata sólo de una campaña mediática contra un funcionario corrupto y falto de ética, sino algo mucho más profundo y grave. Por lo pronto, la próxima semana el Congreso deberá designar al nuevo Fiscal, por lo no será sorprendente que sigamos escuchando escándalos sobre el particular.

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A propósito de…

Un auténtico lujo en tiempos de COVID

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la forma en que algunas experiencias transforman nuestra percepción  de la vida, me encuentro con una reflexión bajo el título ¿Qué es un lujo? y refiere las características que tradicionalmente debe reunir algo para considerarse dentro de esa clasificación, lo caro, lo sofisticado, lo suntuoso, es  decir, lo inaccesible para la mayoría. Inevitablemente, vienen imágenes de joyas, automóviles ostentosos, enormes residencias, viajes en primera clase, clubes sociales exclusivos, alimentos  que muy pocos pueden consumir, sueños para muchos, realidades para muy pocos.

En los tiempos que corren, sin embargo, hay un sinfín de cosas que siempre han estado a nuestra disposición y de las cuales hoy solamente tenemos una suerte de recuerdo nostálgico, una reunión con la familia, por ejemplo. El acto repetido de abrir la puerta a los invitados  y recibir a cada uno con un abrazo especial: el que nos transmite la energía de los jóvenes, que con su presencia renuevan hasta el aire del lugar; el de los hermanos con quienes el acercamiento implica el intercambio de códigos que sólo con ellos compartimos, de lenguajes que inventamos  juntos y nos sirven para testimoniarnos mutuamente, para recordar quiénes fuimos y quiénes somos.

El abrazo de nuestros mayores porque de ese contacto quisiéramos absorber  la paciencia, la capacidad de extraer la esencia de los momentos, de la historia, de los recuerdos y desechar el lastre, la capacidad de “separar el grano de la paja” para guardar solamente lo valioso, lo importante, lo que constituye un auténtico lujo.

El de los primos con quienes, hace mucho tiempo, construimos una complicidad indestructible y una colección de anécdotas que no se deslavan con el paso de los años, sino, por el contrario, reviven y se fortalecen con cada evocación, en cada conversación, cuando las palabras y los gestos traen de regreso a esos niños, esos adolescentes que alguna vez fuimos. O, de dónde venimos, cuando nos convertimos en antropólogos de nuestra historia e intentamos unir piezas del rompecabezas familiar, para intuir verdades a partir de retazos porque quienes podrían dar explicaciones ya no están.

El abrazo distinto, único, característico de cada amigo, de cada amiga. El de la compañera de clase de la secundaria, cuyo acercamiento es suficiente para recrear la sensación de la falda escocesa, las calcetas azul marino, los mocasines, el suéter de punto y la felicidad del encuentro cada mañana en el patio de la escuela. El de la amiga de la madurez que nos reconforta y a quien reconfortamos frente a las preocupaciones por los hijos adultos y los padres ancianos.

La reflexión que provocó la redacción de este texto se refiere, por supuesto, a la realidad impuesta por la presencia de la COVID en el mundo, a la pandemia, a las restricciones para reunirnos y acercarnos. “Lujo es estar sanos y no pisar el hospital”, señala.

Ese es un lujo indudable, pero lo son también la posibilidad de salir a la calle con la cara al aire y respirar libremente, respirar, respirar…sin temor a la cercanía del vecino, del marchante del mercado, del despachador del queso, sin escudriñar la seguridad aparente del cubrebocas del encargado de la farmacia, sin sentirnos con el derecho o incluso la obligación de instruir a los demás respecto a la forma de  embozarse correctamente, ya que en todos constituimos un peligro potencial.

Yo, que no siento especial atracción por las joyas, ni por los restaurantes caros, ni la ropa de diseñador, debo confesar mi debilidad por una marca de automóvil en especial. Nunca he tenido uno de esos vehículos y lo más probable es que jamás lo tenga. Sin embargo, mantengo una broma al respecto con mi sobrino, desde que estudiaba su carrera universitaria: “Ya recíbete para que empieces a ahorrar y me compres mi carro”. El me aseguró que cuando “fuera rico” me lo regalaría.

En estos días,  cuando tan pocas veces nos hemos encontrado y siempre a dos metros de distancia, no tardaría ni un segundo en aceptar si a cambio del coche me ofreciera un abrazo. ¡Ese sí sería un lujo genuino!

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La política en Yucatán

Introspección histórica: La Iglesia Católica y la Revolución Mexicana (IV)

Mario Alejandro Valdez

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Para temblor de las jerarquías católicas, Plutarco Elías Calles ganó las elecciones las elecciones de julio de 1924, y tomó posesión de su cargo el primero de diciembre del mismo año. La ofensiva vino casi de inmediato: apenas tres meses después de la investidura del nuevo mandatario, el Patriarca José Joaquín Pérez-un antiguo sacerdote que había abandonado la Iglesia Católica al menos en dos ocasiones anteriores-proclamó la fundación de la Iglesia Católica Mexicana, acto que de inmediato recibió el apoyo de grupos de obreros enardecidos, miembros de la oficialista Confederación Revolucionaria de Obreros de México (CROM), que actuaban bajo la dirección de Luis Napoleón Morones, uno de los callistas más fieles. Los obreros tomaron por la fuerza el templo de la Soledad, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y se lo entregaron al Patriarca Pérez. El conflicto religioso acababa de comenzar.

A lo largo de 1925, los conflictos menudearon, sobre todo en el Valle Central y los Estados del Golfo de México. La Iglesia respondió fundando la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa, un órgano conformado por laicos, con el objetivo supuesto de contrarrestar la propaganda gubernamental anti-católica, pero que en realidad, desde aquellos meses, comenzó a preparar un levantamiento. Calles pareciera querer guerra, y varios jerarcas comenzaron a planear una respuesta contundente. El conflicto continuó escalando, y llegó a su clímax en el verano de 1926, cuando entró en vigor la llamada “Ley Calles”, por la que las infracciones en materia religiosa se convirtieron en delitos graves, sin derecho a fianza. La jerarquía respondió ordenando el cierre de templos, el gobierno regresó el golpe decretando la confiscación de los mismos. Sólo unos pocos días después las acciones armadas se iniciaron en Jalisco, sede tanto de una fuerte devoción popular como de grupos conservadores muy poderosos y contrarios a la Revolución Mexicana.

¿Qué pasaba mientras tanto en Yucatán? Sorprendentemente nada, o muy poco mejor dicho. Tras el asesinato del socialista Felipe Carrillo Puerto, su período de gobierno fue concluido por el militante católico José Maria Iturralde, un hombre que conjugaba su liderazgo popular con su éxito económico y su ideología religiosa. El arzobispo Martín Trischler y Córdova, quien era su amigo personal, respiró aliviado ante su toma de posesión, y no tuvo mayores dificultades en los meses en los que el llamado “Gran Kanxoc” ocupó el Poder Ejecutivo del Estado. Posteriormente las cosas fueron a mejor, pues el nuevo gobernador, electo para un período de cuatro años, fue Álvaro Torre Díaz, otro miembro nominal del Partido Socialista del Sureste que militaba activamente entre la feligresía católica y que, además, tenía muy buenas relaciones con los hacendados henequeneros, quienes por su parte tenían firmes ligas con el jerarca principal de la Iglesia yucateca.

Si bien los templos fueron cerrados formalmente el primero de agosto, la entrega fue pacífica, los funcionarios gubernamentales se mostraron con sorprendente cortesía, en tanto que curas y militantes hicieron ostentación de su odio a Calles, pero sin ofender al complaciente gobernador. Y así marcharon las cosas por casi un año, hasta que las presiones del gobierno federal obligaron a la Policía Municipal de Mérida a detener y deportar al belicoso Arzobispo y a varios de sus principales colaboradores. Hasta antes de este hecho, el culto se realizaba en casas particulares sin ninguna novedad, pero el nuevo orden de cosas finalmente se impuso, seguramente con gran congoja del médico Torre Díaz.

Pero ¿Por qué el anticlerical Calles escogió como gobernador de Yucatán al profundamente católico Torre Díaz? Y ya en el cargo ¿Por qué no lo destituyó ante su tibieza en la campaña anti-católica? Para respondernos a esta pregunta debemos acudir al contexto económico internacional: el henequén yucateco, si bien ya no producía las cantidades multimillonarias de las épocas de Olegario Molina y de Salvador Alvarado, seguía siendo una industria muy redituable, y le aportaba dólares constantes y sonantes al gobierno callista, algo especialmente importante en la coyuntura de la crisis económica internacional del capitalismo, que ya se avizoraba en aquel tiempo y terminaría estallando en el otoño de 1929. Torre Díaz mantenía aplacados a sus amigos henequeneros, éstos a su vez pagaban puntualmente sus impuestos, y el gobierno federal tenía recursos suficientes para comprar armas para abastecer a su Ejército en aguda lucha contra los cristeros. Los hacendados eran muy católicos, pero estaban más encariñados con su dinero que con cualquier otra cosa; Calles era muy anti-católico, pero necesitaba esos recursos por encima de cualquier otra cosa. Y así en Yucatán la Cristiada se mantuvo tibia, sin acciones bélicas por parte de los católicos, ni persecuciones incesantes por parte del gobierno.

Después de mucha sangre llegaron los arreglos. Ya con Calles fuera del poder formal-aunque siendo aún el poder tras el trono, posición que mantuvo hasta el advenimiento de Lázaro Cárdenas a la presidencia, en diciembre de 1934-llegaron los acuerdos. La jerarquía católica dejó colgados a los cristeros, y el gobierno devolvió los templos en el verano de aquel crítico 1929. Ni tardo ni perezoso, Torre Díaz invitó a Trischler a regresar a su diócesis, y tampoco el poblano se hizo mucho de rogar. Mientras en gran parte del país se habían producido hondas heridas que tardarían décadas en sanar, en Yucatán la convivencia Iglesia-Estado se reanudó de inmediato. Y así continúo por muchos años más, generalmente de manera hipócrita y soterrada, como veremos en la siguiente introspección.

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