Conecta con nosotros

Editorial

¿Felices? Satisfechos con lo que hacemos

José Miguel García Vales

Publicado

en

El Índice de Bienestar Autorreportado, elaborado por el INEGI, aporta nuevas cifras para medir la satisfacción de los mexicanos con aspectos de su vida privada y la pública. Para julio del 2019 la satisfacción con la vida es de 8.3. En enero pasado era de 8.4 y se tuvo la misma calificación  en julio de 2018  de 8.3.

Este instrumento de medición del INEGI es del que se basa el Presidente Andrés Manuel López Obrador para afirmar que los mexicanos están felices Como lo comentamos hace una semana en Informe Fracto, el Índice de Bienestar Autorreportado, es parte de los esfuerzos de medición para trascender el “simple” ‘dato económico que proporciona el PIB. En la última década existe una tendencia mundial a este tipo de mediciones. No sólo importa el crecimiento económico, sino que tanta satisfacción se siente.

Si bien este índice se realiza desde 2014, no había tenido tanta relevancia hasta que sirvió de justificación para el discurso presidencial. El reporte publicado en febrero, la base del comentario del presidente, indicaba la calificación más alta desde que se aplica la encuesta, un 8.4. El punto más bajó ha sido prácticamente todo 2014 y enero de 2017, el mismo mes de la toma de protesta de Trump (¿y la percepción de posible efectos negativos económicos, migratorios o sociales para México?)

Llama la atención la similitud de este indicador con el de la satisfacción del consumidor, en el que se observa un importante descenso en el mismo enero de 2017 y el mayor ascenso entre diciembre de 2018 y enero de 2019, que coincide con el ascenso a la presidencia de López Obrador. Sin embargo, desde esa fecha ambos indicadores, confianza del consumidor y Bienestar Autorreportado, han descendido.

Ahora bien, el Indicador de Bienestar Autorreportado es producto de lineamientos de la OCDE, a partir de los cuales se realiza una encuesta a 2,236 viviendas en los 32 estados, para medir la satisfacción en ámbitos de la vida privada y pública. En términos generales, el INEGI señala que se califica más alto los aspectos relacionados con la vida privada (ej. Relaciones personales u ocupación) y con calificaciones más bajas los de la vida pública (ej.Seguridad).

Como se observa en la tabla, las calificaciones en cada una de las 12 dimensiones que mide, las calificaciones son prácticamente iguales que hace un año, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Si esta encuesta sirve también para evaluar la acción gubernamental, tendría que provocar una reflexión sobre la percepción de la seguridad ciudadana. No sólo porque es la peor calificada, sino porque es la única dimensión que disminuye con respecto al año pasado, de una calificación de 5.4 a una de 5.3.

Finalmente, el INEGi también mide el estado anímico de los encuestados. Para ello, pide que los entrevistados califiquen entre 1 y 10 su estado de ánimo positivo o negativo. El balance general, es que predominan los sentimientos positivos, con un promedio de 6.3. Con el agravante de que es ligeramente menor a la misma fecha que el año pasado con una calificación de 6.4

Al final, el resultado sobre la satisfacción es muy parecido a años anteriores. Sin impacto que presumir de la actual administración. Al contrario, dimensiones como seguridad, que depende de la actuación de los gobiernos, genera más preocupación entre los mexicanos. Estamos satisfechos con lo que hacemos, no con lo que las autoridades hacen por nosotros. Y así no se puede estar tan feliz.

Editorial

El impuesto de seguridad ¿una rectificación tardía?

Mario Alejandro Valdez

Publicado

en

Lo advertimos hace un par de semanas, pero la realidad se ha precipitado de un modo mucho más ágil de lo esperado. El alud de impuestos impulsado por el gobernador Mauricio Vila, en acuerdo con diputados de su partido y de la oposición, germinó en una masiva protesta mediática, sobre todo a través de la red social Facebook, que sigue liderando el mercado comunicativo. Ante la amenaza de vigorosas movilizaciones, y el dictamen jurídico contrario de varios constitucionalistas, que señalaron la improcedencia del impuesto al ser materia federal, Vila reculó hace apenas unas horas, por la mañana del miércoles 15, aunque de forma opaca e incompleta.

Aquella mañana, apenas amaneció, se comenzó a filtrar, ambiguamente que, ante la imposibilidad de cobrar el mentado impuesto por el recibo de la CFE, Vila había decidido anularlo. Como la justificación era improcedente y absurda, en rueda de prensa, el gobernador en persona anunció la medida, aunque nuevamente sin aclarar los mecanismos. Finalmente, el jueves se difundió que sería por decreto, por el cual, sin facultades para derogar la disposición del Congreso del Estado, el Jefe del Ejecutivo optó por eximir su pago, pero sin reconocer públicamente que se trató de  un error político y una burrada jurídica, que con casi toda seguridad le iba a reventar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. De esta manera, Vila se quedó sin los miles de millones de pesos que pretendían recaudar, y, lo que es peor, sin la última oportunidad de recuperar al menos parcialmente su prestigio.

¿Qué habrá podido más para que nuestro joven gobernador cometiera este nuevo y doloroso yerro? ¿Su orgullo, que le impidió reconocer que se equivocó, o su terquedad, que le hace negar el fracaso de la visión neoliberal? De cualquier modo, pudo haber salvado la cara con una conferencia de prensa melancólica, en la que se enjugara las lágrimas y pidiera disculpas. No lo hizo, y ello le representará cargar con la penitencia.

Malos modos de rectificar y, pensamos, tardíos. Surgió ya la convocatoria a la primera mega-marcha de protesta en su contra, y dos importantes gremios –los profesores y los trabajadores de la salud- han confirmado su presencia. Para colmo -¿habrá sido casual? nos advierte el radar conspiranoico-justo minutos después de terminada la conferencia de Vila, estalló un nuevo escándalo, pues cientos, tal vez miles de profesores de educación básica no recibieron su pago quincenal, lo que fue arreglado en horas de la tarde, pero después de otro mar de protestas mediáticas y sin fin de mentadas para nuestro otrora popular gobernante. Otro escándalo más, que aún no ha llegado plenamente a los medios, se gesta, pues a muchos funcionarios que no pertenecen al PAN, pero que se mantienen en sus cargos, se les disminuyeron sensiblemente sus ingresos, sin que hasta ahora hayan recibido la menor explicación. Antes, en los últimos días de diciembre, la guillotina volvió a funcionar contra los NO panistas, cercenando muchas cabezas muy valiosas, sin la  menor consideración.

No dudamos, sin embargo, que los operadores panistas estén negociando a marchas forzadas, en un intento desesperado por desbarrancar la mega-marcha de protesta, convocada para este domingo. También es cierto que algunos de los líderes de los gremios que se han mostrado más activos, ya en otras ocasiones han pasado de las amenazas al silencio, sin que se sepa exactamente porque. Pero también es indudable que, al menos a nivel mediático, miles ya comprometieron su asistencia, en tanto que en las plataformas virtuales ya ha surgido el movimiento “renuncia Vila”, algo que nos parece desaforado, pero que da cuenta del sentir de un importante sector popular, que está, por cierto, fuera de los partidos políticos.

¿Logrará el anuncio de Vila y las negociaciones de sus partidarios minimizar el movimiento de protesta? ¿Será que la bola de nieve ya se puso en marcha, y no se detendrá tan fácilmente? Los signos son confusos, y las movilizaciones en los frágiles tiempos del internet, absolutamente impredecibles. Poco vivirá quien no lo vea; entre tanto, las expectativas se van cumpliendo, con mucho más vigor y dinamismo del previsto.

Continuar Leyendo

A propósito de…

Vivir en el horror

Cristina Martin Urzaiz

Publicado

en

A propósito de los hechos ocurridos en una escuela primaria de Torreón Coahuila el viernes pasado y que no es necesario volver a narrar, porque seguramente para este momento todo México los conoce y reproducir los detalles resulta morboso y dañino para la salud emocional, tengo tantas interrogantes, tantas inquietudes, tantos cuestionamientos, que esta columna será una larga lista de preguntas.

¿Hasta qué punto nuestra sociedad, nuestro país, están irremediablemente heridos, al punto de que un niño siente que su única salida es matar y morir, lastimar y lastimarse, aniquilar y aniquilarse?, ¿Por qué estamos reproduciendo lo peor de los Estados Unidos y prácticamente nada de sus virtudes, desde que inició la llamada integración económica de América del Norte en 1994?

Al parecer todos somos especialistas en cualquier materia. ¿Por qué nos sentimos capacitados para dar nuestro diagnóstico respecto a un asunto tan delicado, empezando por las autoridades como el gobernador de ese estado Miguel Ángel Riquelme, quien cometió la pifia de dar a conocer la identidad de los menores afectados y luego, desenfadadamente adjudicó los hechos a la práctica de un video juego?

Pero, no solamente él. Por todos lados hay comentarios, opiniones, señalamientos y hasta una suerte de juicios sumarios en contra del niño, a quien incluso se le calificó de “homicida” en algunas publicaciones, que podrían considerarse serias, culpando a los familiares de quienes desconocemos todo, señalando responsabilidades de la institución educativa. ¿Por qué los seres humanos somos tan rápidos para condenarnos unos a otros?

¿Con qué autoridad, con qué elementos sentenciamos? ¿Quién se considera  un padre o una madre perfectos que nunca han cometido un error en la crianza de sus hijos al punto de enjuiciar a otros que se encuentran en medio de una tragedia? ¿Qué familia es irreprochable, impoluta, como para señalar a los demás  con dedo flamígero?

Como sociedad, ¿no nos correspondería preguntarnos en qué clase de país vivimos donde un niño de primaria tiene posibilidad de obtener no una sino dos armas? ¿Quién se las proporcionó, de dónde obtuvo los conocimientos para utilizarlas? ¿Cómo le fue posible sacarlas de su casa y portarlas en la mochila, para luego introducirlas a la escuela?

Se recrimina a la escuela por no tener los controles necesarios y a los padres de familia de ese colegio, de quienes se asegura que se negaron al establecimiento del programa “mochila segura”, cuya aplicación es una violación a los derechos de los menores. ¿Qué clase de comunidades hemos construido en las que es necesario registrar las  pertenencias de  los alumnos de primaria? ¿Qué sigue, que cacheen a los alumnos, que se instalen detectores de metales en las puertas de los jardines de niños?

También se adjudica la responsabilidad al montaje de la “guerra” contra el narcotráfico que encubría  un turbio negocio organizado y manejado desde la cúpula del poder y que sumió a todos los mexicanos chicos y grandes en un ambiente de violencia cotidiana y permitió la entrada de miles de armas de todo tipo al país.

¿Y qué decir de los cárteles que pusieron a los  alumnos de un jardín de niños en situación de tener que resguardarse debajo de las mesas del salón de clases, mientras se escuchaban las balaceras a pocos metros o a observar cuerpos colgando de los puentes en las mañanas cuando se dirigían a la escuela o enterarse, continuamente, de secuestros en contra de familiares y amigos?

Todas las preguntas, críticas, teorías, recriminaciones, juicios, sentencias, que se han emitido, me hacen reflexionar que un niño a quien las circunstancias llevan a actuar violenta y destructivamente es una de las víctimas más visibles de la tragedia nacional que enfrentamos cotidianamente.

Continuarán los análisis de los especialistas, se sucederán los testimonios, se multiplicarán las teorías, se propagará todo tipo de especulaciones, tal vez se den a conocer los resultados de las investigaciones, ¿no obstante, hasta cuándo seguiremos condenados a vivir en el horror?

Continuar Leyendo

Editorial

La política en Yucatán

Mario Alejandro Valdez

Publicado

en

Introspección histórica: los orígenes mayas

Igual que los hombres de Francisco de Montejo hace casi 500 años, en la actualidad nos asombramos y maravillamos ante la espectacular y artística arquitectura de los mayas. Ciudades como Chichén-Itzá, Uxmal, Ek Balam y otras muchas, nos siguen provocando enorme admiración y muchas preguntas, lo mismo que la precisión calendárica, la numerología o la complejidad de la escritura. Pero, como aquellos españoles de hace cinco siglos, el influjo de la cultura occidental nos lleva a disociar estas magníficas realizaciones materiales de la gente de carne y hueso que las creó y utilizó, y cuando pensamos en política creemos encontrar sus orígenes en aquellos europeos conquistadores y el sistema que construyeron antaño, casi considerando que lo trasplantaron desde su país de origen. En el imaginario que la Historia Oficial nos ha creado ordinariamente, los españoles llegaron para gobernar y enriquecerse, y los mayas sobrevivientes a la conquista sólo languidecieron en la más ruin miseria y la más salvaje opresión. Incluso científicos actuales, de origen maya, reivindican dicho pensamiento, pensando así hacer justicia a sus antepasados.

Pero la realidad profunda, procedente de múltiples y serias investigaciones durante los últimos 50 años, nos refleja cosas muy diferentes. Es cierto que los españoles llegaron a Yucatán, como al resto de América –las Indias le llamaban- para gobernar y enriquecerse, pero aquello no fue coser y cantar. La conquista de Yucatán fue una de las más penosas y difíciles de todo el continente, y aún así, quedó inconclusa durante los tiempos coloniales. De hecho, hasta los inicios del siglo XX, prácticamente un tercio del territorio peninsular –la célebre “montaña”, primero, la región cruzo’ob posteriormente- se mantuvo ajeno al dominio español. Y aún en los espacios conquistados, los invasores europeos fueron obligados a negociar, a transigir, a pactar, para poder hacer viable su empresa de conquista.

Caracterizada por tierras infértiles para sus cultivos, en ausencia de minas y otros recursos, los españoles sólo podían obtener riquezas del trabajo indígena. ¿Hubo entonces explotación? Por supuesto. ¿Muchos españoles se enriquecieron? Claro que sí. ¿Despojaron a los mayas totalmente de sus recursos y su autonomía? Ahí es donde entra la discusión, y las mayores evidencias indican que, siendo la mano de obra indígena la única fuente de riqueza en la provincia, los españoles, una ínfima minoría de la población hasta principios del siglo XIX, se cuidaron mucho de sobrepasar los límites, e incluso castigaron a quienes se “pasaban de la raya”. No lo hacían, generalmente, por sentimientos humanitarios; evitaban, podría decirse, “matar a la gallina de los huevos de oro”. Sólo cuando, poco antes de la Independencia, comenzaron a florecer el comercio, la ganadería y los cultivos comerciales, como el azúcar, el conflicto entre mayas y españoles se agudizó, las negociaciones se rompieron, y nuestro pueblo originario vio amenazada su sobrevivencia. Y entonces fue que llegó la Guerra de Castas, pero esa es otra historia.

Es cierto que Yucatán surge como una entidad político-geográfica al establecerse la Colonia, pero también es cierto que la Colonia yucateca tuvo características muy singulares, permeadas en gran medida por ese pacto fáctico que surgió en el siglo XVI: para obtener riquezas y poder gobernar, los españoles tuvieron que ceder a los mayas una parte del poder y de los recursos. No fue, por supuesto, una negociación justa: los europeos cedían, pero se quedaban  con la mayor parte del pastel. Del otro lado, tampoco había mucha equidad: el pacto lo negociaron las élites mayas, los líderes, descendientes a su vez de la antigua nobleza prehispánica. El centro de la negociación fue, precisamente, el batab, traducido por los hispanos al término caribeño de cacique, pero que en realidad era un personaje de gran historia y raigambre en estas tierras.

Aún es mucho más lo que ignoramos que lo que sabemos de ese gran pasado maya, pero de las pocas cosas que tenemos muy claras es que el batab, el líder de una comunidad de decenas de familias, fue el personaje clave, la columna vertebral de la política en los tiempos antiguos. El poder del Halach Uinic –comparable al de un gobernador español- se fundaba en la legitimidad del batab, el dirigente que era el responsable de la cotidianidad de las familias y de las personas. Un batab despótico o desobligado era inmediatamente destituido y reemplazado por su comunidad; un Halach Uinic que no respetase a sus batabo’ob (plural de batab) tenía también los días contados. Si bien los mayas no conocieron ni practicaron el concepto de democracia, sin duda que su ejercicio político era, y con mucho, más participativo, justo y equitativo que el que caracterizaba a los europeos, que en tiempos coloniales vivían bajo la monarquía absoluta y el poder de los nobles y los clérigos.

Al asentarse la Colonia en nuestras tierras, los españoles, como ya se dijo, tuvieron que negociar, y precisamente fue el batab protagonista esencial de dicha negociación. Los criollos que aquí nacieron así lo comprendieron y practicaron, siendo relativamente pocos los conflictos surgidos sobre todo después del siglo XVI. Los problemas mayores se presentaron cuando algún gobernador demasiado ambicioso o demasiado estúpido, como, por ejemplo, Rodrigo Flores de Aldana, forzaba las cosas y rompía el pacto, pero eso orillaba de inmediato el surgimiento de un alud de críticas y actos violentos de resistencia. Pero dejemos los episodios coloniales para nuestra próxima introspección histórica.  

También te puede interesar: La política en Yucatán – Introspección histórica

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS