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Editorial

La popularidad de AMLO

Mario Alejandro Valdez

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A principios de esta semana, la prestigiada consultoría estadounidense Morning Consult dio a conocer que nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador, es el líder más popular del planeta, superando al primer ministro de la India Narendra Modi. Ambos gobernantes han aparecido como los números uno y dos de popularidad mundial a todo lo largo del año, seguidos muy cercanamente del primer ministro italiano Mario Drahgi, quedando a muy respetable distancia la alemana Angela Merkel y el estadounidense Joe Biden. En el otro extremo, según las mediciones de esta empresa, se encuentran el brasileño Jair Bolsonaro, el español Pedro Sánchez, el francés Emmanuel Macron y el japonés Yoshihide Suga, los mandatarios más impopulares al momento.

Entre tanto, en nuestro querido México, la derecha y los medios de comunicación a su servicio, continúan su rabiosa campaña contra el presidente, utilizando en ocasiones temas polémicos, en ocasiones errores reales y en ocasiones auténticas estupideces. El presidente, por su parte, sigue campante, marcando agenda con su mañanera y ahora con la tranquilidad de que su partido mantiene la mayoría en la Cámara de Diputados y ahora además gobierna 18 de los 32 Estados de la República.

¿Cómo explicar este fenómeno en medio de la pandemia más grave en un siglo, que a su vez ha desencadenado la crisis económica más pronunciada de la historia reciente de México? ¿Cómo frente a la oposición de gran parte de los medios de comunicación y a pesar de que se mantiene contra él una rabiosa campaña negra? Nuestras hipótesis son las siguientes:

  1. AMLO es un auténtico fenómeno de comunicación. Incluso sus opiniones más polémicas motivan aceptación generalizada entre sus partidarios, que continúan siendo la mayoría del pueblo mexicano. Su lenguaje sencillo, así como el identificar a un amplio sector de la oligarquía como la mafia del poder, objetivando así al enemigo -generalmente con razón-, le han permitido mantenerse en el ánimo popular, y continúan concitándole admiración y aprobación. Su vida sencilla, austera, transparente, tan contrastante con la de la mayoría de los políticos mexicanos, si bien es objeto de burla por parte de sus rivales y de los medios, le generan confianza y lealtad entre una ciudadanía harta de los ridículos excesos de los gobernantes del pasado.
  2. La pandemia ha sido un tremendo terremoto universal, pero AMLO ha encabezado una gestión que ha sabido responder con notable eficiencia al abrumador reto. En términos absolutos, México es cuarto mundial de muertes a nivel planetario, pero no se han visto en nuestro país las desbordantes escenas de Europa Occidental en la primavera de 2020 y de la India a principios de este 2021. El golpe ha sido duro, y a estas alturas todas y todos los mexicanos hemos perdido a uno o varios seres muy queridos, pero también la vacunación avanza a ritmo acelerado, permitiéndonos la esperanza y cierto optimismo para el futuro inmediato. El presidente ha instruido y encabezado la respuesta, y las oportunistas y en ocasiones irracionales críticas sobre su conducta individual no han logrado disminuir la sensación de su presencia detrás de las acciones para enfrentar la trágica pandemia.
  3. El tercer factor es, en nuestra consideración, el más importante: AMLO es un líder popular, construido desde abajo, desde tierra y a lo largo de muchísimos años de lucha. Es además un hombre auténtico, de orígenes humildes, que mantiene el perfil sencillo y la apertura a la comunicación a pesar de su investidura. Millones lo hemos acompañado desde la resistencia al fraude en 2006, y hemos continuado encontrando razones para mantener nuestro apoyo tras la campaña de 2012 y ahora en la hora del triunfo y la responsabilidad de gobierno. Paradójicamente, sólo le han retirado su apoyo un pequeño sector de una izquierda radicalizada e intelectualizada, sectaria, aislada y que está terminando por hacerle el juego a la derecha. Pero su liderazgo real, su figura honesta y transparente lo mantienen en la cima del poder.

Pese a pendientes e insuficiencias, pese al demoledor efecto de la pandemia, todo parece indicar que AMLO afrontará en muy buenas condiciones la segunda parte de su gobierno. Para la izquierda y el movimiento progresista en general son buenas noticias, aunque el optimismo no debe frenar la vigilia, pues la derecha, dueña de formidables recursos, se mantiene en amenazante expectativa.

Editorial

La clara voz de México retumbó en Chapultepec

Mario Alejandro Valdez

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En la inauguración de la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada en el Castillo de Chapultepec este sábado 24 de julio -238 aniversario del natalicio de Simón Bolívar-, el presidente Andrés Manuel López Obrador pronunció uno de sus discursos más enérgicos en materia de relaciones internacionales, destacando el papel de Cuba como un puntal de resistencia ante el permanente embate del imperialismo.

Sin ambages, López Obrador señaló el intervencionismo norteamericano, denunciando que “Washington nunca ha dejado de realizar operaciones abiertas o encubiertas contra los países independientes situados al sur del Río Bravo”. En este contexto, el Presidente destacó que “por su lucha en defensa de la soberanía de su país, el pueblo de Cuba merece el premio de la dignidad y esa isla merece ser considerada como la nueva Numancia por su ejemplo de resistencia”, así como “patrimonio de la humanidad”.

La declaración, que ya fue saludada con beneplácito en la Isla de la Dignidad, es crucial, sobre todo por producirse en momentos en los que la agresión imperialista se ha agudizado, aprovechando con criminal cinismo el embate de la pandemia de COVID-19, que ha provocado muchísimos enfermos y decenas de muertes, y ha puesto en tensión al sistema gubernamental cubano. Mientras que cuando otros países, inclusive México, recibieron de Cuba solidaridad, personal sanitario e insumos para enfrentar las condiciones más críticas de la pandemia, ahora que la patria de Martí ha pasado horas amargas, el imperialismo se ha lanzado contra ese heroico pueblo, intentando provocar un baño de sangre y dañar el régimen revolucionario. Con los medios de comunicación como caja de resonancia del imperio, algunos líderes del mundo le están haciendo el juego a Washington. Por ello, la voz de México, en boca de su Presidente, ha resonado con enorme oportunidad, pertinencia y valentía.

Como hemos señalado en anteriores colaboraciones, en la situación cubana ya se ve la luz al final del túnel. La campaña de vacunación avanza a pasos agigantados, y muy pronto quedará cubierta toda la población vulnerable, y en unas cuantas semanas el país en su conjunto. Ello permitirá, seguramente, reducir la tensión a la que está sometido el sistema de salud de Cuba -uno de los más desarrollados de América Latina- y, sobre todo, poner fin a la tragedia que están viviendo las familias cubanas, que también esta vinculada a los efectos del criminal bloqueo que la isla sufre desde hace más de seis décadas.

Ya las medidas de emergencia han dado frutos positivos, y las agudas carencias de hace unos días se van resolviendo poco a poco. Ya el pico de la ola pandémica se va estabilizando, y pronto decrecerá. En esta coyuntura, las palabras del presidente mexicano llegan con gran oportunidad, y ponen en claro lo que se está jugando: por un lado un imperio mezquino, asesino, acostumbrado a manipular y destruir a su conveniencia; por otro, un pueblo lleno de dignidad, con muchas carencias, es cierto, pero también con una tradición libertaria y progresista que se remonta mucho más allá de la Revolución Cubana, pero que encontró en ella su cauce y su destino. El admirado pueblo cubano es, sin duda, patrimonio de la humanidad, y Andrés Manuel López Obrador es un gran estadista, conocedor del valor de la palabra y de la grandeza de la solidaridad.

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Editorial

La tercera ola y el regreso a clases

Mario Alejandro Valdez

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Justo por la tarde de este jueves, la Secretaría de Salud anunció que en el país hay más de cien mil casos activos de COVID-19, la mayor cifra desde enero pasado. La emblemática cantidad da cuenta de que estamos iniciando el ascenso de la tercera ola de la pandemia que llegó a México en el ya lejano febrero de 2020. La situación no es sorprendente: lo mismo está ocurriendo en toda América, en tanto que Europa está siendo atacada por una cuarta ola. Lo previsible es que los contagios y las muertes, acelerados además por efecto de la variante Delta -no más grave, pero sí más contagiosa-, que ya es la dominante en el mundo entero. Como han advertido las autoridades sanitarias de todo el mundo, la población vulnerable ahora es la que no ha recibido la vacuna, que en México son fundamentalmente los jóvenes menores de 30 años.

En este contexto, el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha mostrado muy insistente en señalar que el próximo ciclo escolar, que inicia el 30 de agosto siguiente, deberá ser en modalidad presencial. Estas declaraciones han sido avaladas por las autoridades educativas federales y estatales, y han causado preocupación en agrupaciones de padres de familia, así como reacciones en los sectores sanitarios no oficiales. Por su parte, las autoridades federales y estatales de salud se han mostrado discretas, y se concentran en atender el semáforo de riesgos para la apertura de actividades. El punto es que, a un mes del proyectado arranque del ciclo 2021-2022, aún no se tiene la certeza de cómo se desarrollarán los procesos educativos en los distintos niveles escolares en nuestro país.

Sin duda, uno de los más graves y perturbadores efectos de la pandemia se localiza en la educación. Esto es una realidad en el mundo entero, pues ni siquiera los países más desarrollados tienen sistemas integrales que permitan la impartición de clases en línea, sobre todo en educación básica. Además, ya se ha señalado que las consecuencias del encierro son mucho más graves en la población infantil y juvenil que en la de edad adulta. México, con décadas de rezago educativo, agravado por la política neoliberal, una reforma regresiva en la formación de docentes y una reforma administrativa que afectó -y continúa afectando- los derechos laborales, las expectativas y la calidad de vida de profesoras y profesores, ha resentido un golpe demoledor con la emergencia sanitaria. En los niveles de preescolar, primaria y secundaria, este año y medio ha sido prácticamente perdido en la enorme mayoría de las comunidades educativas, en las que toda la interacción entre docentes y alumnos se limita, en la generalidad de los casos, a realizar actividades que se envían por redes sociales. Los primeros estudios sobre esta situación están arrojando resultados pavorosos, perceptibles ya en las generaciones que avanzan de manera inercial hacia el bachillerato y la educación superior.

Ante esta situación, es del todo entendible la insistencia del presidente en retornar a clases presenciales. Además, es la tendencia en todo el mundo, por lo que quienes descalifican a AMLO por sus dichos y lo tildan de ocurrente, en realidad sólo demuestran ignorancia o intenciones manipuladoras. Pero también es cierto que para el 30 de agosto, la hora H del ciclo escolar 2021-2022, la tercera ola pandémica estará, de manera inevitable, justo en su cresta. Para esa fecha, se prevé haber concluido con la vacunación de toda la población mayor de 30 años, pero aún no haber comenzado, o si acaso estar en los primeros momentos, de la inmunización de los jóvenes de 18 a 29 años. El proceso se espera llegue a la población adolescente -de 12 a 17 años- hasta fin del 2021.

¿Cómo resolver este intríngulis? Nos parece que se presentan dos opciones viables y favorables: iniciar el curso en línea, con actividades presenciales reguladas y eventuales -asesorías escalonadas semanales, por ejemplo-, lo que marcaría un hito sin dejar de lado la extrema prevención necesaria a la coyuntura pandémica; o atrasar el arranque del curso hasta el otoño o incluso el invierno. Lo que es indudable es que, como señala AMLO, el regreso a clases presenciales es urgente, pero también es imprescindible que este retorno no esté “amarrado” a fechas fatales, sino a las condiciones que está marcando una pandemia cuyo comportamiento ha sido extremadamente exótico, considerando los parámetros de la epidemiología histórica e universal.

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A propósito de…

El negocio de las redes sociales o morir por un like

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de los peligros de las, cada día más populares redes sociales, encontramos la amplia tendencia, por parte de los llamados influencers, de realizar actividades riesgosas con la finalidad de conseguir más seguidores, más aceptación, más pulgares arriba, al punto de que más de 250 personas murieron desde 2011 mientras se tomaban una selfie para publicar en alguna plataforma digital.

Hace algunos días, el nombre de Sofía Cheung se viralizó a nivel mundial: la joven de 32 años de Hong Kong que tenía la costumbre de fotografiarse en situaciones de peligro, con el fondo de bellos paisajes naturales para publicar las imágenes en Instagram. Hace algunos días, intentó hacerlo desde lo alto de una cascada en un parque de ese país de nombre Ha Pak Lai, en la localidad de Yuen, pero resbaló, cayó desde gran altura y murió. A pesar de que la acompañaban algunos amigos y llamaron a urgencias, nada pudo hacerse para salvarla.

No ha sido la única persona que fallece buscando multiplicar el número de seguidores o el nivel de aprobación de sus contenidos. La competencia de popularidad virtual es cruenta y, al parecer, no da tregua.

Aunque la batalla no radica exclusivamente en el deseo de aprobación, sino en la ganancia económica y la obtención de patrocinios. Sé de una instragramer que acudía a múltiples eventos culturales en Los Ángeles, California, pero no para disfrutar del concierto o de la exposición, sino para fotografiarse bebiendo una marca de agua que le pagaba en función de los “me gusta” obtenidos.

El de las redes sociales se ha convertido en un gran negocio. La generalización de su uso las convierte en un medio de comercialización más efectivo que, en otro tiempo, la televisión, cuya audiencia disminuye constantemente, mientras que los youtubers, twiteros, instangramers, tiktokeros, etcétera, etcétera suman popularidad y ganancias económicas. 

El mayor influencer del mundo, con 300 millones de seguidores en Instagram es el futbolista portugués Cristiano Ronaldo, jugador del equipo italiano Juventus, lo cual es explicable por su participación en un deporte con tantos aficionados en el mundo. Hace poco tiempo, un desdén suyo hacia una botella de refresco provocó una pérdida de 4 mil millones de dólares a la empresa fabricante, entre otras cosas, porque sus seguidores compartieron y compartieron y volvieron a compartir la acción de su ídolo.

Es decir, los riesgos a, los que se exponen quienes difunden contenidos o imágenes en las plataformas digitales, en espera de multiplicar las reacciones favorables,  no siempre tienen que ver con carencias emocionales, deseos de aprobación, vocación aventurera, o lo que se ha dado en llamar adicción a la adrenalina, sino con intereses económicos.

En Instagram, por ejemplo, los anunciantes clasifican en 5 niveles a los influencers, el más bajo corresponde a quienes cuentan con entre mil y 5 mil seguidores y pueden ganar entre 10 y 100 dólares por publicación patrocinada. El peldaño más alto lo ocupan quienes cuentan con más de un millón de seguidores y pueden obtener hasta 10 mil dólares por contenido publicitario. En You Tube, con los mismos parámetros de popularidad, las tarifas van de 20 a más de 20 mil dólares.

 En un apartado especial se encuentran los famosos, personalidades del espectáculo, socialités internacionales o deportistas profesionales quienes pueden recibir más de 500 mil dólares por mención de un producto.

La política no está exenta del mercado de las redes sociales. Hace un par de días el Instituto Federal Electoral acordó multar y sancionar a la agrupación llamada Partido Verde Ecologista de México, por la violación a la veda electoral en los pasados comicios, cuando distribuyó un millón de dólares entre 98 influencers para que transmitieran mensajes a su favor en tiempos no permitidos.

En el mismo tenor, el INE notificó al gobernador electo de Nuevo León, Samuel García acerca de una multa por 55 millones de pesos por no reportar como gastos  la campaña en plataformas digitales que realizó su esposa, Mariana Rodríguez Cantú.

En junio de 2017 Pedro Ruiz, residente de Minnesota, Estados Unidos, murió mientras grababa un vídeo. Trataba de demostrar que un libro de muchas páginas colocado en su pecho, como escudo, era suficiente para detener la bala de una pistola disparada por su esposa. Su intención, según informó la mujer, era multiplicar el número de suscriptores en su sitio de You Tube. Ignoro si de todas formas lo compartió.

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