Las
elecciones ya pasaron y poco a se disuelve la efervescencia del proceso
electoral y en Yucatán los votos favorecieron a los postulados por Acción
Nacional, mientras que el PRI vio una de sus peores campañas con derrotas
abrumadoras y todo ello enmarcado por un incremento en los contagios por el
COVID-19.
La
euforia o decepción de los resultados electorales fue superada a escasos cuatro
días después de las elecciones, con nuevas restricciones, un nuevo impuesto por
realizar reuniones y cierre de negocios, buscando encontrar culpables por el
avance de la pandemia en Yucatán.
Todo
ese entusiasmo de candidatos y seguidores queda en el pasado, ahora veremos
meses difíciles para muchas familias yucatecas, pues de un plumazo aumentó el
número de desempleados. ¿Afectará esto a las elecciones siguientes de 2024? No,
para nada, faltan tres años y no importa lo que ocurra ahora porque en tres
años todo se habrá olvidado.
Lo
que ocurra en este y el próximo año no tendrá mucho impacto electoral, la
memoria a corto plazo lo borrará y entonces veremos en la carrera por la
gobernatura y el Senado de la República a los mismos nombres, pero con
escenografías diferentes, con sonrisas aún más ensayadas y, lo peor, con
seguidores que van a creer y volverán a confiar.
Pero
quizá no olviden aquellos que perdieron a familiares, amigos por el COVID-19, o
se quedaron sin bienes materiales, o quienes debieron abandonar estudios porque
su familia ya no podía costearlo. De esos ciudadanos, muchos no van a olvidar,
pero también para eso hay solución: encontrar culpables, o cambiarse de
camisetas, de colores y banderas de partido. Eso les funcionó muchos y
perjudicó a otros.
Estas
elecciones mostraron muchas cosas, se pueden dar muchas lecturas, pero hay un
aspecto en particular que no se debe perder de vista: el PAN se fortaleció con
la división del PRI, pues muchos inconformes abanderaron las campañas de otros
partidos.
Otro
aspecto que quedó en evidencia es que Yucatán sigue siendo bipartidista, pero
con un cambio de colores. Ya no es PAN y PRI, ahora vimos cómo se convirtió en
Acción Nacional y Morena, con un tricolor desmadejado, sin rumbo y sin saber a
ciencia cierta qué hacer para recomponerse.
Pero
por encima de todo, antes de pensar en reconstruir un partido, sea cual sea, lo
más importante es enfocarse en reconstruir el estado, con una auténtica
política de Estado, con una auténtica poliarquía (que busque y encuentre un auténtico
equilibrio de Poderes), únicamente así se podrán reducir los índices de
pobreza, desempleo, inseguridad y depresión que tanto afligen a los yucatecos.
¿Será
posible que las autoridades que tomarán posesión en septiembre próximo generen
cambios positivos? Difícil, pero los ciudadanos aún tenemos esperanza. Ojalá
que la segunda mitad de este sexenio no se convierta en una pesadilla.
Hasta
la próxima…