Desde la década
de los ochenta, del siglo pasado, se incrementó la migración hacia Yucatán;
personas provenientes de otras partes del país encontraron en Mérida un nuevo
sitio para vivir y eso trajo una variedad de costumbres, maneras de hablar,
conductas y gastronomía, entre otras cosas.
Pero esta no era
la primera migración que ocurría. Ya en el siglo XIX y principios del siglo XX
había ocurrido, por ejemplo, cubanos, chinos, coreanos, libaneses, quienes
fueron integrándose a la sociedad yucateca, enriqueciéndose mutuamente,
haciéndose aún más característico el castellano que se habla en Yucatán, que en
sí mismo tiene una cadencia y ritmo heredado del maya.
Las migraciones
desde mediados de los ochenta trajeron cambios culinarios, antes de eso era muy
raro que se celebrara la Noche Mexicana en estas tierras, o que se comiera
pozole, pues aquí ese término es para una bebida, o se pidieran sopes,
garnachas, tlacoyos o nopalitos, eso eran comidas de las que se escuchaba
hablar en la televisión.
Pero ha habido
cambios y poco a poco se escuchan otros términos, lo cual no es extraño, pero
lo que a muchos yucatecos nos puede llegar a incomodar es el afán de que nos
pretendan corregir en cómo nombramos algunas cosas con las que hemos crecido y
pretenden enseñarnos que están mal dichas.
Quizá sea cosa
de la edad. Ya envejezco, pero que me disculpen aquellos que dicen que está mal
que yo llame pozole a la bebida hecha de masa de maíz, a veces acedo, con chile
o con azúcar, en vez de decirle “pozol”,
para diferenciarlo de su platillo consistente en carne de puerco en trozos con
granos de maíz. Pero no queda ahí, a los salbutes les llaman “salbute”, al caimito le dicen “cayumito”, al nance le dicen “nanchen” o “nanche”, en vez de necesitar ellos “ocupan”, en vez de jurar ellos “prometen”,
o le ponen trocitos de manzana a la cochinita pibil.
Y no es que esto
sea malo, sólo es diferente, es fruto de sus usos y costumbres, lo que incomoda
a los nacidos en estas tierras es que pretenden “enseñar” la manera correcta de decir o hacer: ¿y cuál es esa manera
correcta? ¡Exacto! Como ellos lo dicen o acostumbran (desde su perspectiva).
Nuestra
gastronomía y nuestras costumbres son muy ricas, fruto de la fusión
prehispánica y castellana, así como de los elementos que se fueron integrando
con las migraciones más recientes. Los mayas adaptaron siempre las cosas que
les pudiera ser de provecho, no sólo copiaban, ese mismo espíritu emprendedor
lo seguimos viendo y, lo más importante, existe el celo por preservarlo, aunque
muchos lo desconozcan y quieran imponer otras costumbres. Esto incluso vale en
las campañas políticas, como se ha visto campaña tras campaña.
Yucatán, es una
región muy particular, tanto en el idioma, como en las costumbres y maneras de
expresarse. Ojalá que los cambios naturales por el tiempo no ahoguen los
valores y riqueza cultural del estado.
Hasta la
próxima…