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LA VISIÓN DE CARONTE

Los ciudadanos invisibles…

Miguel II Hernández Madero

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Hablar de los Derechos de las Personas con Discapacidad es un tema complicado, porque se trata no solamente de los derechos básicos, como a la vida, formar una familia, respeto a su dignidad y demás. En Yucatán no existe un censo confiable sobre la situación. No se sabe a ciencia cierta cuántas personas con discapacidad habitan en la entidad y, sobre todo, de qué tipo es su incapacidad. Es una situación que no debe ser un destino negro, sino que deben implementarse políticas rectoras del Estado para lograr avances significativos en la integración de las personas con discapacidad a diversos campos cotidianos. Todos tienen el derecho y el anhelo de participar activamente con un trabajo decente, con preparación, acceso a servicios de salud y bienestar, pero, sobre todo, en condiciones de equidad.

 Es necesario que las personas con discapacidad puedan ejercer sus derechos civiles, políticos, laborales y sociales. En este tema no bastan las recomendaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán, pues lamentablemente existe la tendencia de invisibilizar a quienes tienen alguna discapacidad, olvidando que  no solamente tienen derechos humanos y ciudadanos sino que también, por sus condiciones especiales, también requieren consideraciones especiales para su desarrollo e inclusión en esa sociedad que no está pensada para ellos.

Las personas con discapacidad tienen los mismos derechos que todos los demás seres humanos, no hay excluyente alguno, pero en la medida que se ignore esta situación seguirá existiendo la discriminación hacia ese sector de la población, que les impide y anula el desarrollo personal y familiar, en vez de gozar de una vida plena e incluyente.

¿Quién es una persona con discapacidad? La definición más común señala que es todo ser humano que padece temporal o permanentemente una disminución en sus facultades físicas, mentales, intelectuales o sensoriales. Históricamente el ser una persona con discapacidad ha significado padecer condiciones de mayor vulnerabilidad en el mundo, al ser excluidas, con dificultades para ir a la escuela o trabajar y tener un sueldo digno. Esto se traduce en poca preparación y en una vida de pobreza e incertidumbre.

Se trata de un asunto de interés público, que afecta a toda la sociedad, no sólo a unos cuantos. La vulnerabilidad a la que están expuestos no es exclusivamente por su condición física o intelectual.  Las limitantes más lamentables están en negarles el acceso a la salud, trabajo, educación y servicios públicos.

Es tarea de la sociedad en conjunto el asegurar el pleno goce de todos los derechos humanos, con la protección más cuidadosa posible y más exigente. Hablamos con ello de respeto pleno. No olvidemos que la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que todos los humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Con miradas furtivas, de lástima o ignorando la situación, no se resuelve un problema que nos atañe a todos, porque todos desde que nacemos pertenecemos al mismo grupo: la raza humana.

Como sociedad no podemos cerrar los ojos y obstaculizar el desarrollo de ese sector vulnerable, porque es algo que nos atañe a todos y de lo cual nadie está exento. Ignorar y negar los derechos de las personas con discapacidad, sería caer en una discapacidad atroz, como lo sería la discapacidad moral.

La inclusión de las personas con discapacidad no es una dádiva. Es un derecho y todos debemos trabajar para garantizar el cumplimiento de ello. Sin embargo, también es importante brindar atención al aspecto de la capacitación, para que quienes se encuentran en esta situación, estén preparados para desempeñarse satisfactoriamente en las plazas laborales, con mejores perspectivas.

Procurar esto es dar cumplimiento a un derecho, pero también es engrandecernos todos como seres humanos. Hasta la próxima…

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LA VISIÓN DE CARONTE

En campaña… los tiempos no importan

Miguel II Hernández Madero

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La tercera ola del COVID-19 está cobrando más víctimas cada día, con un aumento de contagios significativos y un polémico horario limitante a la movilidad, cierre de fuentes de trabajo, contracción económica y un panorama cada vez más difícil, pero eso… parece que a nadie le importa.

Autoridades, lejos de asumir responsabilidades y hacer cada quien lo que les corresponde, vemos que las prioridades de muchos están enfocadas a mantener su imagen pública, pensando en un proceso electoral aún lejano (2024), mientras que el ciudadano común, quizá por fastidio o quizá por resignación, muchos acuden a lugares con concentraciones masivas o se niegan a seguir las medidas sanitarias establecidas.

Pero no importa, existen prioridades, por ejemplo, abrir las escuelas el próximo 30 de agosto, aunque en los estados donde se ha realizado, los mismos contagios han obligado a volver a cerrar. Dicho desde Palacio, es necesario que reinicien las clases, (¿?); es un tema difícil, pues al Sistema Educativo Mexicano, con evidentes rezagos hasta antes de la Contingencia Sanitaria, le ha tomado meses poder adaptarse o más bien decidirse a buscar soluciones, pero lamentablemente para todos, no las ha encontrado.

En Yucatán las escuelas públicas desde marzo de 2020 permanecen vacías, con los docentes trabajando desde casa, con jornadas de trabajo mayores a las habituales, pero ejerciéndose el presupuesto que ya está destinado para ello. ¿Se les aplica las reformas de la Ley Federal del Trabajo por teletrabajo?, no en la mayoría de los casos.

¿Y las escuelas privadas? Muchas están cerrando al disminuir su matrícula. La gente ya no tiene trabajo, no hay recursos. El Sistema Educativo está colapsando.

Pero en la educación pública en Yucatán, hay esperanza, pues se designó como nuevo titular de la Secretaría de Educación en la entidad al vallisoletano Liborio Vidal Aguilar, por su “capacidad de gestión”. Es un político con experiencia…, política, que tiene una meta bien definida y es ser Gobernador, no importa qué partido lo postule, está seguro de ganar. La titularidad de la SEGEY le proporciona la pasarela ideal para recorrer todos los municipios yucatecos, realizando una campaña de tres años. Esperemos que las gestiones en la SEGEY, en realidad se enfoquen en levantar el Sistema Educativo en Yucatán y no sólo sean acciones de campaña, a la que van a ir incorporando a un nuevo estilo de panistas, muy diferentes a aquellos de finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Aunque no todo está dicho. Falta ver qué hacen los otros aspirantes dentro del PAN, quienes también tienen reflectores y seguramente no dejarán el paso libre tan fácil.

Tres años faltan. Aún no concluyen las administraciones electas en 2018, pero ya inició la cuenta regresiva para el 2024.

Hasta la próxima…

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LA VISIÓN DE CARONTE

No pasa nada…, todo se olvida

Miguel II Hernández Madero

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Foto: Raúl Meléndez

Las elecciones ya pasaron y poco a se disuelve la efervescencia del proceso electoral y en Yucatán los votos favorecieron a los postulados por Acción Nacional, mientras que el PRI vio una de sus peores campañas con derrotas abrumadoras y todo ello enmarcado por un incremento en los contagios por el COVID-19.

La euforia o decepción de los resultados electorales fue superada a escasos cuatro días después de las elecciones, con nuevas restricciones, un nuevo impuesto por realizar reuniones y cierre de negocios, buscando encontrar culpables por el avance de la pandemia en Yucatán.

Todo ese entusiasmo de candidatos y seguidores queda en el pasado, ahora veremos meses difíciles para muchas familias yucatecas, pues de un plumazo aumentó el número de desempleados. ¿Afectará esto a las elecciones siguientes de 2024? No, para nada, faltan tres años y no importa lo que ocurra ahora porque en tres años todo se habrá olvidado.

Lo que ocurra en este y el próximo año no tendrá mucho impacto electoral, la memoria a corto plazo lo borrará y entonces veremos en la carrera por la gobernatura y el Senado de la República a los mismos nombres, pero con escenografías diferentes, con sonrisas aún más ensayadas y, lo peor, con seguidores que van a creer y volverán a confiar.

Pero quizá no olviden aquellos que perdieron a familiares, amigos por el COVID-19, o se quedaron sin bienes materiales, o quienes debieron abandonar estudios porque su familia ya no podía costearlo. De esos ciudadanos, muchos no van a olvidar, pero también para eso hay solución: encontrar culpables, o cambiarse de camisetas, de colores y banderas de partido. Eso les funcionó muchos y perjudicó a otros.

Estas elecciones mostraron muchas cosas, se pueden dar muchas lecturas, pero hay un aspecto en particular que no se debe perder de vista: el PAN se fortaleció con la división del PRI, pues muchos inconformes abanderaron las campañas de otros partidos.

Otro aspecto que quedó en evidencia es que Yucatán sigue siendo bipartidista, pero con un cambio de colores. Ya no es PAN y PRI, ahora vimos cómo se convirtió en Acción Nacional y Morena, con un tricolor desmadejado, sin rumbo y sin saber a ciencia cierta qué hacer para recomponerse.

Pero por encima de todo, antes de pensar en reconstruir un partido, sea cual sea, lo más importante es enfocarse en reconstruir el estado, con una auténtica política de Estado, con una auténtica poliarquía (que busque y encuentre un auténtico equilibrio de Poderes), únicamente así se podrán reducir los índices de pobreza, desempleo, inseguridad y depresión que tanto afligen a los yucatecos.

¿Será posible que las autoridades que tomarán posesión en septiembre próximo generen cambios positivos? Difícil, pero los ciudadanos aún tenemos esperanza. Ojalá que la segunda mitad de este sexenio no se convierta en una pesadilla.

Hasta la próxima…

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LA VISIÓN DE CARONTE

La tragicomedia de las elecciones

Miguel II Hernández Madero

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Las campañas políticas cierran con cifras alegres, discursos triunfalistas y aplausos, que distraen la atención de un país donde la muerte se pasea y el ciudadano espera en silencio y resignación frente al desinterés de la clase política que hace promesas sin saber cómo cumplirlas, pero no pasa nada: llegamos al tiempo de las elecciones.

El próximo domingo tendremos nuevamente el cumplimiento de un viejo ritual en la vida política del país. Veremos acarreos, descalificaciones de resultados, proclamaciones de triunfo y revanchismo, mucho revanchismo, como válvula de escape de viejos rencores acumulados. Pero esto no nada nuevo; en mayor o menor medida lo vemos en cada ciclo, el problema es que tenemos un proceso electoral intermedio en uno de los peores escenarios que se pudo haber imaginado, con una pandemia que sigue cobrando vidas (más de un cuarto de millón de muertes, según las cifras oficiales y una cifra de contagios al alza).

Además, las perspectivas de desempleo, persecución fiscal y caída del poder adquisitivo es una constante. El mexicano, considerado entre los pueblos más felices, está sumiéndose en la depresión y los suicidios van en aumento. Yucatán se encuentra con los índices más altos en este rubro. Al recuento de una caótica situación social, nos encontramos con violencia, inseguridad y colapso de los sistemas de salud, donde las medicinas escasean.

Sin embargo, las prioridades son otras y los decretos vienen a resolver las carencias. Ya lo vimos en Yucatán, donde por decreto se estableció que el COVID-19 tiene sus horas y días de contagio, y por lo tanto se restringió la movilidad y se aplicaron medidas cuestionables, que posiblemente se vean reflejadas en las urnas este domingo.

Y después de más un año de confinamiento, en un momento con incremento en los contagios diariamente, nuevamente por decreto llega la solución. El regreso urgente de las clases presenciales, la reincorporación de las actividades y la inobservancia de la sana distancia en los eventos políticos, pues parece que todos los candidatos se sienten inmunes al contagio y esa inmunidad la transmiten a sus simpatizantes, quienes en los cierres de campaña acudieron como si no existiese un mañana, pero lamentablemente para muchos en realidad no les quedarán muchos mañanas después de estos actos de campaña.

¿Suena lúgubre o de mal gusto? No, sólo es la descripción de lo que está ocurriendo entre el desconocimiento, la inoperancia y la falta de sentido común de muchos ciudadanos siguiendo el ejemplo de sus líderes. Parece comedia verlos tan sonrientes, pero en realidad detrás se esconde la tragedia de la que nadie habla y sobre la que tenderán un manto de silencio, culpando a otros, en vez de asumir responsabilidades y encontrar soluciones.

Vivamos este domingo el proceso electoral, pero, sobre todo, cuidémonos para vivir muchos más días y luchar por ese Yucatán ideal al que aspiramos, dentro de un México que anhelamos.

Hasta la próxima…

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