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Editorial

Las esquinas de Mérida

Indalecio Cardeña Vázquez

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Hasta hace unas décadas, las esquinas de Mérida tenían nombre y así eran conocidas. Algunos de esos nombres fueron puestos a las calles en la época colonial, otros en el siglo XIX, y unos más en la centuria pasada. La gente conocía con precisión esa nomenclatura y se orientaba  a través de ella, de manera que en vez de decir los números de un cruzamiento, se decía, por ejemplo: Andrea vive a media cuadra del Kiuikdzodz; o, en El Zepelín venden unos salbutes sabrosísimos.

Un viajero europeo, con título nobiliario de Barón, Juan Federico Maximiliano de Wladeck, visitó Mérida en 1835 y señalaba que las calles de Mérida tomaban su nombre de los diferentes accidentes naturales que llaman la atención de la gente, o por los nombres y figuras que los comerciantes ponían a sus tiendas

La calle 65 es una de las vías llena de historia en nuestra ciudad. Esta extensa arteria atraviesa gran parte de Mérida, de oriente a poniente, desde su intersección en el este con el periférico –unos tres kilómetros y medio, aproximadamente, antes de llegar a ese punto, cambia su nombre a Avenida Quetzalcóatl–, hasta su término en el oeste, en el cruzamiento con la calle 100, al inicio de la colonia Francisco I. Madero.

El cruce de la calle 65 con la 30 a fines del siglo XVIII se consideraba el límite de la ciudad en su costado oriente. Veamos los nombres de las esquinas a lo largo de la calle 65 entre la 30 y la 60, y brevemente los datos históricos de algunos de esos cruzamientos, imposible referirse a todos en este corto espacio.

-Calle 65 x 30: La cruz de Gálvez, aquí salía, o llegaba según se considere, el Camino Real de Izamal en el siglo XVIII. Un monumento con una lápida que hasta hoy existen, celebraba la construcción de ese sendero, realizado por el Gobernador Lucas de Gálvez. La lápida dice: “Estatuas la antigüedad / a los héroes erigía / y en mármoles esculpía / el busto de la verdad. / La imparcial posteridad / dirá que a Gálvez debió / Mérida, así que el la vio, / el hospicio, la alameda, / sus calles y el bien que queda / en los caminos que abrió. / Se reedificó año de 1867 por / el Gobernador que era en- / tonces y fue siempre un jus- / to apreciador de la digna / memoria del señor Gálvez. / Reconstruida por / la Junta Directiva / de / Caminos / de / 1860 / el 4 de mayo.

65 x 32: El pato. 65 x 34: La colmena. 65 x 36: El tamarindo. 65 x 38. El Chomac: 65 x 40: La estrella de oriente. 65 x 42: El monifato, en el techo de la casa que se localiza en la esquina noroeste, se encuentra una escultura de ese personaje. Eligio Ancona dice que en 1815, en una de las glorietas de la Alameda hubo una estatua de Felipe VII, y después de la Independencia esa escultura fue derribada y dañada, entonces un tendero la recogió y la puso en el techo de su tienda. La original se encuentra hoy en el Museo de la Ciudad. Una reproducción es la que se observa hoy en ese cruzamiento.

65 x 44 El toro, el Barón de Waldeck, indica que esta calle era conocida como El mamey, pero que un vendedor de licores mandó hacer en el techo de su casa la figura de un toro de gran tamaño, cambiándose con ello el nombre de la calle.  65 x 46 El elefante, siempre el Barón de Waldeck, señala que en la azotea de la casa de esa esquina, está un enorme elefante hecho de una gruesa barrica rodeada de tablas. En la segunda mitad del siglo XIX, en esa casa estuvo una próspera tienda del padre del pintor Juan Gamboa Guzmán, era la entrada y salida del camino a Izamal; el papá del artista apoyó la presencia de Maximiliano en México, y por consiguiente a la emperatriz Carlota cuando visitó Yucatán. A la caída del Imperio, el padre de Gamboa Guzmán perdió su fortuna por el rechazo económico y social que entonces sufrió. El elefante del techo de esa casa, ha sido sustituido varias veces cuando la intemperie lo destruye, aunque desde el siglo XX es elaborado con lámina, como el que actualmente subsiste. El monifato y el elefante, son quizá las dos únicas figuras que hasta ahora permanecen, dando nombre a esas esquinas.

65 x 48, El chemise. 65 x 50, El gato, en el ángulo suroeste de este cruzamiento hubo una casa colonial, actualmente achaflanada y alterada su construcción, manteniéndose únicamente parte de la fachada original, en la cual hay una portada de argamasa. En esa casa hubo una lápida dedicada al gobernador Benito Pérez Valdelomar (no confundirla con otra losa siempre para Pérez Valdelomar, pero en la siguiente cuadra, calle 67 con 50), esa inscripción pétrea hoy no existe, en ella se leía: Side astrea inchrupusce agente, / al mundo asombras Pérez generoso / y en los campos de marte venturoso / al anglo arrojas con ardor valiente. / Sientas decoraciones en tu alta frente, / con policía de un gobierno sabio, / superas al de Roma, grande Octavio / imposibles venciendo fácilmente. / Como no corren gratos y amorosos / a señalar tu inmortal memoria / en obeliscos pirámides colosos, / pues déjame aquí comparar tu historia / inscribiendo en mármoles y bronces / que todo se acabará menos tu gloria.

65 x 52, La gracia de Dios. 65 entre 54 y 56: Paseo de las Bonitas, y luego Calle Ancha del Bazar.

65 x 54: El venado, luego: Las tres caras, el Barón de Waldeck, dice que ahí hubo un venado de madera en tamaño natural. En la época colonial, en la glorieta que ahí había, se colocaban los vendedores de carne y pieles de venado, que venían de diversos pueblos.

65 x 56: El moro Muza, después: El siglo XIX. Siempre en la época colonial, en este lugar estuvo la otra glorieta del Paseo de las Bonitas, y fue conocido como Los sombreros, porque ahí llegaban los fabricantes de sombreros del Camino Real a Campeche: Bécal, Calkiní, entre otros. 65 x 58, Las dos caras. 65 x 60, La placita, y posteriormente El candado, también fue conocida como El Aladino, por un cine que ahí estuvo. Sin duda, el tema de la nomenclatura antigua de la ciudad de Mérida, resulta siempre novedoso y anima a nuevas búsquedas.

Editorial

Informe Fracto y los tiempos del porvenir

Mario Alejandro Valdez

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Hace justo dos años y un poco más, recibí atenta llamada del entrañable amigo Carlos Bojórquez Urzaiz para invitarme a colaborar en Informe Fracto, un proyecto editorial digital que coordinaba desde hacía algunos meses. Inmerso en el trabajo cotidiano y las mil vicisitudes que conforman nuestro día a día en estos tiempos, no había reparado en esta nueva apuesta mediática. Acepté gustoso la invitación, y, antes de elaborar aquella mi primera colaboración, me permití recorrer virtualmente la propuesta, que me sorprendió gratamente por su frescura, profundidad, diversidad y calidad.

Desde aquel día y hasta hoy, escribir para Informe Fracto se convirtió en un muy grato hábito, que me conducía a la reflexión sobre algún problema o situación de nuestra dinámica realidad.  Siendo la discusión histórica una de sus muchas vertientes, acordé con Carlos, desde inicios de 2020, abrir un espacio en este ámbito, proponiendo cada semana un tópico historiográfico de interés, mostrando una perspectiva distinta, una óptica novedosa en pasajes diversos de nuestro devenir. De esta manera, mi relación con Informe Fracto -dos colaboraciones semanales- se volvió un ejercicio habitual, un compromiso y un auténtico deleite para las neuronas.

Conforme el proyecto se desarrollaba, durante 2020 y el actual 2021, lo percibíamos cada vez más fuerte, cada vez más influyente y cada vez más diverso… Muchas voces se fueron sumando, convirtiendo a nuestro medio en un auténtico caleidoscopio de la sociedad yucateca y peninsular, con constantes y enriquecedoras incursiones en el paisaje nacional, el mundo caribeño y la realidad de Nuestra América. NO hubo tema tabú ni una postura única sobre los muchísimos aspectos de la realidad que en este espacio fueron analizados… Informe Fracto se convirtió rápidamente en uno de los mayores y mejores escaparates de nuestro clima social…

Esta impronta llegó, además, en una coyuntura muy especial: el advenimiento al gobierno yucateco de Mauricio Vila se caracterizó, sorprendentemente, en una importante mutación en el actuar de la prensa escrita… tarea para el futuro será analizar a fondo esta situación. Pero lo cierto es que desde fines de 2018 y hasta la actualidad, los medios escritos, y un porcentaje significativo de los electrónicos, han mantenido una actuación más bien complaciente con el Ejecutivo estatal que -se afirma entre bambalinas- dicta agendas, veta temas y matiza editoriales. El arribo de Informe Fracto sin duda quebró esa realidad, y este espacio se convirtió en el más libre, crítico y analítico de la región.

En muy poco tiempo, Informe Fracto se consolidó como líder entre los medios electrónicos, incrementando semana con semana su influencia, y enriqueciéndose a cada paso con nuevas voces, nuevos enfoques, nuevas perspectivas, con ópticas diferentes, muchas de ellas que encontraron en él cauce a su expresión y a su visión de la realidad. El largo camino recorrido en estos pocos meses seguramente llena de orgullo a sus impulsores, al gran amigo Carlos y, por supuesto, a todas y todos quienes aportamos para este exponencial crecimiento en un tiempo sorprendentemente breve.

Hoy hace Informe Fracto un alto en su camino. Confiamos en que esta pausa -que esperamos breve- de paso a un nuevo andar más vigoroso aún. Los tiempos del porvenir demandan estas presencias, estas propuestas, estos debates, estas reflexiones… De cualquier modo, la senda queda, la convocatoria permanece abierta y la respuesta obtenida es, sin duda, acicate para el quehacer. Ante la apuesta conservadora por un pensamiento único y una visión neoliberal, el humanismo progresista respondió con fortaleza. Nuestro compromiso, en el marco de esta pausa, es mantener vigorosa la respuesta y contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.

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A propósito de…

Se cierra un ciclo en Informe Fracto, otros se abrirán

Cristina Martin Urzaiz

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Cuadro de Jean-Léon Gérôme, Consummatum est 1867

 A propósito de los cierres de ciclo, hoy se publica esta columna por última vez en Informe Fracto, luego de más de dos años y medio en que nos hemos encontrado cada semana. Mi primer sentimiento es de tristeza por tener que dejar un espacio en el que pude escribir con total libertad y me dio la oportunidad de llegar a tantos lectores.

De inmediato, viene la necesidad de agradecer. El agradecimiento a Carlos Bojórquez Urzaiz quien me abrió esta oportunidad. Me dijo: “a tus textos no se les va a cambiar ni una coma” y cumplió ese compromiso a carta cabal. También debo dar las gracias, a Lilia Balam y Rocío Valencia cuya información muchas veces me dio la pauta para elegir el tema, así como a todo el equipo de Informe Fracto.  A todos los colaboradores, cuyos escritos enriquecieron mis puntos de vista y contribuyeron a afinar el enfoque.

Pero, principalmente, quiero darle las gracias a cada uno de los lectores, que ocasional o constantemente prestaron atención a mis palabras. Coincidimos en tiempos inimaginables: ¿quién iba a decir que viviríamos la experiencia de encerrarnos en nuestras casas, a piedra y lodo, ante el temor del contagio de un virus desconocido que nos regresaría a la Edad Media?, ¿Quién hubiera previsto que el cubrebocas se convertiría en parte indispensable-casi la más importante-de nuestra indumentaria cotidiana?, ¿Quién que se formarían filas de cientos de personas para recibir el antídoto inyectado?

Esta es una época fecunda en cambios y noticias. Informe Fracto ha consignado con ética, con compromiso social, con honestidad: el movimiento de las mujeres que se han hecho escuchar como nunca en este país y le han arrancado al poder reivindicaciones fundamentales, el reconocimiento del derecho humano del matrimonio igualitario prácticamente en todo el territorio, la visibilización, con respeto, sin condescendencia de las personas con discapacidad como parte imprescindible de una sociedad que se pretende incluyente.

Informe Fracto ha estado siempre atento para darle voz a esas luchas, pero también para denunciar abusos policiales, actos de injusticia, violencia contra las mujeres, hechos de discriminación. Y mantuvo la mira. Siguió los casos, acompañó a las víctimas con un muy claro compromiso social, para prevenir, en la medida de lo posible, la impunidad y el olvido.

A esa visión quise sumarme en todo momento con la mínima contribución de un texto semanal, en el que, lamentablemente, fue escaseando el humor de las primeras fechas, dada la gravedad de muchos de los temas indispensables de abordar.

Para celebrar la libertad que se me ofreció me atreví a escribir de movimientos sociales, de política, de arte, de literatura y de cine. También aproveché para compartir algunas reflexiones y experiencias personales, como mi devenir en este mundo pandémico. Tuve algunas conversaciones con artistas extraordinarias.

 Siempre encontré la recepción afectuosa y la aquiescencia de mi querido Carlos Bojórquez Urzaiz y la seguridad de que en algún lugar, en algún momento, A propósito de… hallaría a un lector que le permitiera cumplir con su vocación de encontrarse con otra mente, con otra inteligencia.

A todos muchas gracias y espero que podamos encontrarnos otra vez.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: en busca de los orígenes locales de la Revolución Mexicana (XV)

Mario Alejandro Valdez

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El lunes 6 de noviembre de 1911, Francisco Madero y José María Pino Suárez juraron ante el Congreso de la Unión como Presidente y Vicepresidente Constitucionales de los Estados Unidos Mexicanos para concluir el período 1910-1916, que había iniciado como Jefe del Ejecutivo el Gral. Porfirio Díaz. Ello significaba, de jure, la aceptación de la legalidad de la elección de Díaz y, paradójicamente, colocaba fuera de la ley al propio Madero y su convocatoria del 20 de noviembre. El conservador periódico El Imparcial leyó a la perfección los acontecimientos, y así lo editorializó al día siguiente de la ceremonia:

La Revolución deja desde ahora de ser una palabra de significación actual en la vida política de la República Mexicana. LA REVOLUCIÓN NO EXISTE YA, [el resalte en mayúsculas es nuestro] acaba de morir, acaba de extinguirse, acaba de transformarse en el gobierno constituido, y de dejar, por lo mismo, inquietudes, para entrar, consciente de sus deberes, y con la serenidad necesaria en su nueva y alta función: la de encaminar honrosa y decorosamente al país hacia un constante y definido progreso”.

El tema había sido furiosamente discutido en las negociaciones de Ciudad Juárez. Carranza y Pino Suárez encabezaron a quienes se negaban a transigir y urgían el pleno reconocimiento del Plan de San Luis; pero Francisco Madero, a través de sus familiares, logró que prevaleciera la idea de mantener el orden constitucional, aceptar la renuncia de Díaz como si hubiera sido un asunto de salud y no consecuencia de una Revolución, y permitir la vigencia de las estructuras del Antiguo Régimen. En ese contexto, uno de los Jefes más importante del Ejército Federal fue el Gral. Victoriano Huerta, sanguinario perseguidor de los mayas de la Guerra de Castas a fines del siglo XIX y principios del XX, y feroz represor de lo que los porfiristas y la gente de bien llamaban las hordas zapatistas.

Durante los quince meses del gobierno maderista, Francisco Madero fue el perene optimista, que siempre veía el lado bueno de las cosas y jamás las amenazas; en tanto que José Maria Pino Suárez fue el puntilloso analista que advertía los peligros que se cernían sobre la nueva administración. Madero era el atrevido, Pino el cauto; Madero el arrojado, Pino el prudente… Al final, como casi siempre, prevalecía la opinión de la máxima autoridad, y así pronto se materializaron las palabras que en Ciudad Juárez pronunció Carranza: “Revolución que transa es Revolución perdida”.

El gobierno de Francisco Madero terminó estrepitosa y trágicamente… El 9 de febrero de 1913, una importante sección del Ejército Federal se sublevó en su contra. Los leales obtuvieron victorias importantes, pero la fatalidad intervino, encarnándose en el Gral. Huerta, quien por herida del Gral. Lauro Villar, quedó accidentalmente al mando de la Ciudad de México. Pronto el llamado chacal consumó la traición, y tanto el Presidente como el Vicepresidente fueron tomados prisioneros. Aún en esas condiciones, Madero continuó haciendo alarde de optimismo, incapaz de reconocer la gravedad de la situación. Angustiado y sin esperanzas, Pino Suárez le escribió a su amigo Serapio Rendón Alcocer la mañana del viernes 21:

Dispensa que te escriba con lápiz, pero no he logrado que nuestros carceleros me proporcionen una pluma. Como sabes, hemos sido obligados a renunciar a nuestros respectivos cargos de Presidente y Vicepresidente de la República, pero no por eso están a salvo nuestras vidas. Creo que peligran aún más que antes. Nunca estuve de acuerdo en esas renuncias precipitadas, pero el Presidente insistió”.

Sin faltar a la lealtad al entrañable amigo y Jefe, Pino Suárez hizo constar a Rendón, entonces diputado, la ingenua actitud de Madero, y las previsibles consecuencias de la misma:

“… yo no soy tan optimista como el Presidente Madero respecto a que Huerta cumplirá su palabra de respetar nuestras vidas. ¿Por qué ese afán de confiar en alguien como Huerta? Temo lo peor, y en caso de que suceda, te ruego que hables con María, mi esposa, sobre las circunstancias trágicas de mi muerte”.

En la epístola que terminó siendo su testamento sentimental, el poeta romántico se condolió, ante su martirio, de la difícil coyuntura en la que quedaría su compañera de vida:

“La pobre quedará sola, con apenas unos cuantos pesos ahorrados, y seis hijos a los cuales criar y educar”.

Emocionado seguramente hasta las lágrimas, Pino Suárez cerró su carta con una frase lapidaria:

“… la política me endilgó un sueño que en realidad era una pesadilla”.

Unas cuantas horas después, durante la noche del sábado 22, Madero y Pino Suárez fueron ignominiosamente ejecutados a escasos metros de la Penitenciaria de Lecumberri… Serapio Rendón entregaría la emotiva correspondencia a doña María Cámara Vales, esposa de José María, y, a la vuelta de unas cuantas semanas, él mismo sería asesinado en esa horrible danza de sangre en la que se convirtió la feroz dictadura de Victoriano Huerta. Así terminó aquel hermoso proyecto revolucionario, aunque luego otros hombres y mujeres de Yucatán y de toda la Nación lo impulsaron a mejores puertos… Dieciocho meses después de los asesinatos, el revolucionario progreseño Lino Muñoz Nogueira tomaría a sangre y fuego el Puerto de Progreso, ejecutaría al Jefe Político huertista y se acercaría a la residencia de la viuda del poeta en homenaje a su martirio. Luego vendrían los tiempos de Alvarado y Carrillo Puerto, pero esos son otros temas…

Con esta introspección, la número 90 publicada de manera ininterrumpida en Informe Fracto, culminamos la primera etapa de este feliz esfuerzo. Hemos repasado, durante estos casi dos años, muchísimos episodios y procesos de la historia de nuestro querido Yucatán… muchos más se quedan en el tintero, seguramente en próximos tiempos podremos compartirlos con ustedes. Aprovecho las últimas líneas de esta final introspección -repito, final de esta primera etapa- para agradecer al gran amigo Carlos Bojórquez Urzaiz, hermano de luchas ideológicas y pesquisas históricas, por su invitación para incluir un espacio de reflexión historiográfica semanal. ¡Hasta siempre!

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