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Editorial

Plebiscito constitucional en Chile

Inti Torres Villegas

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Más allá de dichos y hechos orientados a reinstalar el orden, el gobierno de Chile no alcanzó a reaccionar durante el del estallido social iniciado en octubre de 2019. La fútil decisión gubernamental de echar para atrás el aumento en el costo del metro de Santiago, pasó inadvertida después iniciada la revuelta. La misma suerte corrió la denominada Nueva Agenda Social, presentada por el presidente Piñera como respuesta a las movilizaciones. Esta era apenas un paliativo a muchas de las demandas históricas de la sociedad en Chile, relacionadas con la modificación del sistema de pensiones, la gratuidad educativa, el mejoramiento de los servicios públicos de salud, el fin de la depredación medioambiental, el reconocimiento y la dignificación de los pueblos originarios, entre muchas otras que pueden sintetizarse en el anhelo de la modificación del modelo subsidiario impuesto durante la dictadura militar y contenida en la constitución elaborada por ese régimen en 1980.

Bajo esta premisa, comenzó a resonar un viejo anhelo muchas veces frustrado desde la vuelta de la democracia en 1990: redactar una nueva constitución nacional. Quizás a regañadientes, las fracciones de izquierda y de derecha en el Congreso comenzaron una serie de negociaciones que tuvieron su corolario el 25 de noviembre, cuando se anunció la propuesta de un plebiscito para que las y los chilenos expresaran si querían o no redactar una nueva constitución y el esquema para hacerlo. Después de semanas de negociación, se fijó celebrar el ejercicio de participación en abril del 2020, mismo que se reprogramó para el 25 de octubre de ese año, a causa de la pandemia de COVID-19. Las opciones plantean la posibilidad de aprobar o rechazar la redacción de una nueva constitución y las alternativas para hacerlo.

La posibilidad de redactar una nueva constitución para Chile, moderó temporalmente las movilizaciones masivas, pero impulsó a una serie de dinámicas autoconvocadas de dialogo, reflexión y participación ciudadana de cara al plebiscito.

Un grupo de chilenas y chilenos que nos compartieran su percepción, sus críticas ysus anhelos de cara al plebiscito a celebrarse el domingo próximo.

30 años de neoliberalismo: el legado de la dictadura pinochetista

Loreto Valenzuela, santiaguina de 34 años, señaló que el alza al precio del metro-motivación inicial para las primeras protestas en Santiago- fue en realidad parte de un aumento sistemático no sólo al transporte en la capital, sino en general al costo de vida en el país, mismo que no se condice con los salarios promedio en Chile. El país, señala Loreto, se ha caracterizado por su desigualdad. Lo anterior, coincide con el hecho de que, atendiéndose a la medición del índice GINI, en efecto el país andino es el más desigual de la región.

Mientras tanto, Carlos, sociólogo de 35 años y habitante de Concepción, reflexionó señalando que más allá de las grandes causas sociales en el país, como al gratuidad de la educación, el medioambiente y el reconocimiento a la autonomía de los pueblos originarios, entre otras que han sido abanderadas principalmente por la izquierda, el aumento en los 30 pesos en el costo del metro capitalino, fue de alguna forma el corolario simbólico de la nula capacidad de agenda que tienen las y los chilenos promedio para decidir sobre los asuntos del país.  El aumento termino de colmarle la paciencia a la clase trabajadora,  y muchos de sus miembros ni siquiera estaban politizados hasta antes del estallido. En ese sentido, él mismo tuvo una génesis ideológica, permitiendo hacerle frente a un sistema de vida que, tanto en el ámbito público como en el privado, resultaba una experiencia cotidiana humillante para las personas.

Este descontento venía acumulándose desde hace años a partir del desvanecimiento de lo que define como el Sueño Americano a la chilena, que implica la promesa de un estatus de vida que es inalcanzable para la gran mayoría de habitantes quienes, a pesar de trabajar intensamente no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas, sin recurrir al endeudamiento personal.

De la calle a las asambleas: reencontrarse y participar

Carlos añade que el estallido de 2019 interpeló el concepto chileno de vivir en colectivo. Muchos espacios, barrios, edificios residenciales, vecindades, se rencontraron, no sólo compartiendo espacios de resguardo durante el toque de queda, sino también en la organización de reuniones informativas. En muchos sectores sociales del país, acostumbrados a cultivar principalmente su vida privada y familiar, se puso de manifiesto la necesidad de compartir más.

Muchell, activista y educadora popular de 29 años, coincide en el diagnóstico, señalando que una de las muchas consecuencias de la dictadura militar era la innegable descomposición del tejido social en Chile, cuya ciudadanía se percibía de manera individualista. Antes del estallido social, la gran mayoría de las personas vivía vidas indignas, sumidas en un ciclo de trabajo precarizado, consumismo y endeudamiento. Atendiendo a lo anterior, lo generado en las movilizaciones, en las asambleas -territoriales, barriales y temáticas-, ha significado un proceso de dignificación colectiva y de transformación. Lo interesante es que no fue privativo de las personas que participaron activamente de las acciones del estallido social, sino que se volvió parte de la cotidianidad del país. Los mercados, el transporte público y los bares se convirtieron en escenario de análisis sobre la realidad que había vivido el país desde la vuelta a la democracia.

Muchell destaca las diferencias entre mujeres y hombres a la hora de hacer política. Para ejemplificarlo, señala que casi el 90% de las personas encargadas de desarrollar la lógica de las asambleas era mujeres, en tanto los hombres seguían proponiendo esquemas verticales de organización.

Estas expresiones de hacer política desde el cuidado individual y comunitario, dieron paso a diversas estrategias de respuesta popular a la pandemia. Si bien en el país existe una larga tradición en la organización de ollas comunes (comedores comunitarios) y brigadas populares formadas para diversos propósitos, éstas adquirieron una nueva dimensión a partir de dos grandes postulados del estallido social: dignidad y solidaridad.

Por su parte Pablo y Fernanda, residentes de Cañete, destacan como efecto indirecto de esta nueva forma de hacer política es el rencuentro con otras actividades que hasta octubre del año pasado no formaban parte de su cotidianidad. Fernanda, comenzó a interesarse por el diseño gráfico y es ahora la encargada de este rubro de la Coordinadora Provincial Nahuelbuta. Mientras Pablo volvió a una cabina de radio y conduce semanalmente un espacio de dialogo y entrevistas orientadas al tema constituyente.

Plebiscito constitucional: La cautela del paso a paso

Con un optimismo realista, definen Fernanda y Pablo sus expectativas respecto a una nueva constitución, siendo recelosos del futuro actuar de la clase política chilena. Sin embargo mantienen  confianza en las y los chilenos que posibilitaron a través del estallido la oportunidad de redactar una nueva constitución para el país.

Por su parte, Loreto espera que una nueva constitución modifique el modelo social, político y económico impuesto en dictadura y dejar atrás,  el legado de la misma. Para hacerlo, será necesaria la convención constituyente, ya que de alguna forma podría darle participación a la ciudadanía en la toma de decisiones y la elaboración de las leyes, lo cual nunca ha ocurrido..

Mientras tanto, desde Concepción, Carlos define sus expectativas como modestas, entendiendo la complejidad que proceso reviste. Sin dejar de mencionar temas como la protección del medio ambiente, la autonomía de los pueblos originarios y la reformulación de los sistemas de educación y salud, plantea que el principal cambio sería transformar el principio subsidiario del Estado para dar paso a uno de corte social que garantice los derechos de todas y todos. Sin embargo, concluye, que no hay pecado en pedir y que ninguna causa debe ser desestimada en el largo camino constituyente. El desafío es mantener la dignidad.

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Editorial

Comienza la batalla electoral por Mérida

Mario Alejandro Valdez

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La pandemia de COVID-19 continúa imparable en el mundo entero, incluyendo por supuesto México y Yucatán, pero eso no puede impedir que la vida continúe. En este sentido, a poco más de seis meses de las elecciones concurrentes del próximo 6 de junio de 2021, la batalla electoral por la ciudad de Mérida, la joya de la corona del Estado de Yucatán, ha comenzado. Si bien desde hace varias semanas se han destapado las principales candidaturas en el partido blanquiazul, que sigue siendo amplio favorito para refrendar el apoyo de los meridanos, un vigoroso pronunciamiento de varias agrupaciones políticas, algunas de ellas cercanas al gobernador Mauricio Vila, está introduciendo ruido en el proceso, de tal modo que lo que parecía bola cantada -un nuevo triunfo de Acción Nacional en la capital estatal- podría quedar en veremos.

El pronunciamiento se refiere al complejo tema de la paridad de género en materia electoral. De acuerdo con los grupos mencionados, cuyo pronunciamiento fue dado a conocer en rueda de prensa electrónica en días pasados, para garantizar la paridad en el ejercicio gubernamental se requiere que los 15 municipios más grandes del Estado sean gobernados por mujeres, es decir, que los partidos políticos que pretendan participar en la justa comicial de junio se verían obligados a presentar a mujeres como candidatas, de tal modo que, independientemente del partido que obtuviera el triunfo, una mujer encabezaría los próximos cabildos de dichos municipios, que son Kanasín, Valladolid, Tizimín, Progreso, Umán, Tekax, Ticul, Chemax, Motul, Hunucmá, Oxkutzcab, Izamal, Peto, Maxcanú y, por supuesto, Mérida.

En tiempos en los que estamos luchando por la igualdad en general en todos los ámbitos sociales, así como por la erradicación de la violencia hacia las mujeres, la iniciativa aparentemente es favorable, pero, analizando las posibles consecuencias del hecho, ¿realmente semejante acotación necesariamente se reflejará en un avance? Nuestra ciudad ya ha sido gobernada por mujeres previamente, con resultados divergentes. Precisamente por el PAN, la presidencia municipal de Mérida ha sido ocupada, en dos ocasiones, por Ana Rosa Payán Cervera, quien hasta la fecha cuenta con el respeto y la admiración de la mayoría de los meridanos; en tanto que por el PRI la alcaldía capitalina fue desempeñada, de 2010 a 2012, por Angélica Araujo, quien tuvo una actuación tan desastrosa que su partido no ha vuelto a ganar una sola elección en esta jurisdicción.

Se especula que en realidad el llamado acuerdo paritario tiene como objetivo fundamental sacar de la carrera por la candidatura al más aventajado de los contendientes: el actual alcalde Renán Barrera Concha, quien, de acuerdo con la percepción generalizada, cuenta con el apoyo de la mayoría de los panistas meridanos, así como con el respaldo de un trabajo que ha resultado satisfactorio para los ciudadanos del municipio. Renán, por supuesto, no ha realizado ninguna declaración tras la publicidad de la propuesta, toda vez que de hacerlo sería de inmediato blanco de todo género de críticas y acusado de violencia política hacia la mujer.

La posible beneficiaria de la propuesta sería la diputada Cecilia Patrón Laviada, persona muy cercana al gobernador Vila, pero que no cuenta con plena aceptación entre el panismo tradicional y mucho menos entre la ciudadanía meridana. Recuérdese que en la pasada elección de 2018, Patrón Laviada perdió sorpresivamente su distrito a manos del profesor Roger Aguilar Salazar, político de izquierda muy distinguido y apreciado, pero que, dadas las precarias condiciones de su salud-falleció justo después de confirmarse su inesperado triunfo-prácticamente se vio imposibilitado de hacer campaña. Si bien Roger era, sin lugar a dudas, un mejor candidato que Cecilia, debemos de reconocer que muchos meridanos del Tercer Distrito, desconocedores de la brillante trayectoria del veterano luchador social, en realidad votaron en contra de la panista, en buena medida por el desprestigio que acompaña a su apellido después de la pésima gestión gubernamental de su hermano Patricio.

Si el acuerdo va, y se saca de la boleta electoral al alcalde Barrera Concha, el PAN podría estar cavando su tumba en la capital del Estado y, por ende, dejando el terreno abonado para despedirse del Palacio de Gobierno en 2024. Más grave aún, perder Mérida por culpa de una candidatura impopular podría representar un desastre para el gobernador en la composición del Poder Legislativo, el cual, ante el catastrófico derrumbe que se augura al PRI, estaría quedando más que puesto para la alianza MORENA-Partido Verde. Por lo pronto, los grupos que impulsan el acuerdo paritario, entre los que destacan líderes políticos de varios partidos y distinguidas académicas de la UADY, han manejado una retórica muy vigorosa y han asegurado mediáticamente que la propuesta es un hecho. ¿Será? Lo cierto es que la batalla por Mérida ha iniciado, y los primeros golpes están siendo dirigidos contra el popular alcalde en funciones.

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La política en Yucatán

Introspección histórica: La Iglesia Católica y la Revolución Mexicana (III)

Mario Alejandro Valdez

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En mayo de 1919, el arzobispo Martín Trischler y Córdova regresó a Yucatán. El retorno causó regocijo entre los católicos militantes y recelo entre los socialistas y revolucionarios en general. Como comentamos en la pasada introspección, asumió formalmente el compromiso de abstenerse de intervenir en política, pero no lo cumplió ni un segundo. Trischler llegó en una grave coyuntura, en la que se enfrentaban violentamente los miembros del Partido Liberal, vinculado a los hacendados henequeneros y que también contaba con el apoyo del presidente Carranza, y del Partido Socialista de Yucatán, liderado por Felipe Carrillo Puerto. El rompimiento de la victoriosa coalición revolucionaria de 1917 era un hecho, y Carranza había quedado en el ala derecha del proceso. Carrillo Puerto, entre tanto, se alió a la facción sonorense, que encabezaban Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

Trischler, por supuesto, apostó por los liberales, que en el otoño de aquel año de 1919 pasaron a una agresiva ofensiva con todo el apoyo del Ejército Federal. Cientos de socialistas fueron pasados por las armas, lo que incluyó el asesinato de ancianos, mujeres y niños. Oficialmente la Iglesia se limitó a guardar silencio, pero los curas de pueblo apoyaron sin restricciones a los perpetradores de los brutales crímenes, justificando su postura con el hecho de que las víctimas eran “enemigos de Dios”. Yucatán se tiñó de sangre, y Carrillo Puerto y los principales líderes se vieron obligados a huir para salvar la vida. Toda la plana mayor de los victoriosos liberales, en la que destacaban Víctor Manzanilla Montoré y Pedro Sánchez Cuevas, eran católicos destacados.

Pero en realidad la Iglesia se volvió a equivocar al tomar el partido de Carranza y el ala conservadora de la Revolución. Los sonorenses armaron una enorme alianza que incluyó a comunistas, socialistas y revolucionarios moderados, y Carranza y sus incondicionales fueron barridos estrepitosamente. En mayo de 1920, sin ningún apoyo significativo, pero negándose a renunciar, el antiguo Primer Jefe fue ejecutado en el pueblecillo de Tlaxcalantongo, y sus rivales se hicieron del poder. Carrillo Puerto y el resto de los socialistas retornaron a Yucatán al mes siguente, y volvieron a ofrecer el olivo de la paz a Trischler, quien volvió a aceptarlo hipócritamente.

Aunque Felipe tomó posesión de la gubernatura formalmente hasta febrero de 1922, lo cierto es que desde ese mes de junio de 1920 se convirtió en la autoridad en Yucatán, y comenzó a impulsar una ambiciosa agenda de transformación política, que incluía una profunda reforma agraria, la revitalización de la cultura maya, la absoluta liberación de las mujeres y la construcción de una educación de gran avanzada. Todo ello contrariaba puntualmente los intereses del arzobispo, quien participó, de modo soterrado pero inequívoco, en una agresiva campaña de golpeteo, para la que se usó de manera primordial las páginas de la Revista de Yucatán, el cotidiano de Carlos Ricardo Menéndez González.

Con particular frenesí, los católicos conservadores enfrentaron las expresiones del feminismo socialista, que eran dirigidas por Elvia, hermana menor del líder motuleño. Elvia no sólo era la cabeza del feminismo yucateco, sino una de las activistas más radicales del mundo entero. Sin ningún temor, adelantándose varias décadas a su tiempo, Elvia hizo abiertamente proselitismo por el control de la natalidad, el amor libre y la plena participación política de la mujer, tres aspectos inaceptables para el clero. Trischler instruyó entonces a Rafael de Zayas Enríquez, uno de sus hombres de paja a emprender una campaña sistemática contra estas propuestas  desde la Revista de Yucatán. Cada artículo de Elvia y de sus compañeras publicado en Tierra y en Rebeldías era contestado por un alud de tinta pergeñada por el antiguo porfirista veracruzano avecindado en Yucatán. Haciendo uso de su elegante prosa, Zayas velaba lo que en realidad eran una serie de insultos y descalificaciones contra Elvia, el feminismo, el socialismo y la Revolución Mexicana en general. Pero lo cierto es que, con lentitud pero perseverancia, el pensamiento liberador iba expandiéndose en el Estado ante la preocupada mirada de Trischler, sus sacerdotes y sus aliados.

En noviembre de 1923 comenzaron las conspiraciones para un nuevo golpe contra el socialismo. Los moderados dentro de la coalición sonorense comenzaron a moverse en oposición a Plutarco Elías Calles, el candidato de los radicales, y a quien en particular la Iglesia tenía gran temor dada su conocida obra iconoclasta como gobernador de Sonora. Trischler volvió a instruir a sus párrocos y curas en general para que apoyaran las movilizaciones opositoras y denunciaran al gobierno ateo de Felipe Carrillo. Cuando la traición se consumó y Felipe fue fusilado, el arzobispo no dijo esta boca es mía, pero en los hechos apoyó a los asesinos e impulsó la participación de connotados católicos en el gobierno usurpador, justificando así el proditorio crimen del 3 de enero de 1924, como igual hizo Carlos Ricardo Menéndez González en su célebre editorial del día siguiente.

Pero al final resultó otro error de cálculo de Trischler. Cien días después del asesinato de Felipe, la usurpación huía de cualquier modo a Centroamérica, y el Gral. obregonista Eugenio Martínez restableció a los socialistas en el poder. La Revista de Yucatán sufrió el asalto de una enardecida multitud y tuvo que cerrar para siempre, y aunque el vallisoletano José María Iturralde Traconis -quien sustituyó a Carrillo Puerto- se entrevistó personalmente con el prelado yucateco para garantizarle el libre ejercicio del culto católico, Plutarco Elías Calles llegó a la presidencia de la república en diciembre de 1924 con toda la determinación de recordarle a la Iglesia que los pecados contra el poder se pagan en la Tierra y con altos intereses.

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LA VISIÓN DE CARONTE

¿Cuál rumbo siguen?

Miguel II Hernández Madero

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Fotos: Informe Fracto

No dependemos de la inmensidad del mundo; la inmensidad del mundo depende de nosotros. Arthur Schopenhauer

Las condiciones en Yucatán requieren acciones para atender a quienes por alguna u otra razón están en vulnerabilidad, desventaja o presentan problemas para satisfacer las necesidades básicas como miembros de una sociedad. Pero esto parece no ser prioridad para quienes están al frente de la Administración Pública, ni para los Legisladores.

La contingencia sanitaria no es la raíz del problema, al menos no en la sociedad mexicana. Simplemente vino a complicar las cosas, en un país con desempleo, cierre de programas sociales, violencia, y falta de rumbo político. Pero se debe reconocer algo…, el COVID-19 dio la excusa perfecta para justificar acciones impopulares.

Sumémosle los fenómenos naturales, que azotan regiones sin posibilidad de apoyo de autoridad alguna, pero eso sí, brindando la oportunidad perfecta de pasarela para los aspirantes a la próxima contienda electoral.

Desde fuera se puede hablar del tema con cierto aire de frialdad, pero la realidad rebasa expectativas, con situaciones complejas que surgen cada día y para afrontarlas es necesaria la participación de todos los sectores e instancias involucradas.

Lo queramos o no, el tema nos atañe a todos. Ningún individuo vive totalmente aislado  y tarde o temprano la misma sociedad reclama a sus integrantes la inacción o el rechazo. Las autoridades, de todos los niveles, deben entender que no basta hablar de lo que ocurre, sino que es necesario abordar la situación desde diversos campos, con la visión de distintas especialidades para desentrañarla y entenderla en su complejidad.

 Foto: Informe Fracto

Muchas veces se asocia el apoyo social con la filantropía o la caridad, pero en realidad debemos asumirla en la justa dimensión como función obligatoria y moral, contemplada en el espíritu de las leyes para un mejor funcionamiento de la sociedad.

Recordemos que la sociedad está integrada por personas, por seres humanos con los mismos derechos desde el nacimiento y atender a quienes forman parte de la población vulnerable es simplemente asumir la responsabilidad y cumplirla en beneficio de todos.

Día a día hay acciones enfocadas a  atender a quienes menos tienen, pero muchas veces se hacen siguiendo las costumbres, por inercia o a golpe de buena voluntad. Eso no es suficiente. La buena voluntad no basta si se realizan acciones dispersas o sin la debida preparación. Es necesario clarificar cómo se deben realizar esas acciones, establecer protocolos y certificar que quienes emprenden ese compromiso social, tengan la debida preparación para ser competentes, eficientes y eficaces.

El recorrer las zonas afectadas sin tener propuestas de solución, viables, sólo es promover la imagen, pero eso no está funcionando. Recordemos que hasta principios de año era común ver que publicaran encuestas con resultados alegres, pero la realidad está desnudando la mascarada.

La sociedad no es estática y sí avanza a un ritmo vertiginoso. Pretender  aplicar acciones surgidas en el pasado es condenarse al rezago sin poder dar respuestas a las demandas de los grupos en situación vulnerable. Es primordial responder adecuadamente y cumplirle a la sociedad. Ojalá que la simulación termine, que los ciudadanos tomen conciencia de que en sus manos tienen el poder del cambio. Yucatán, y México en general, merece algo mucho mejor que la simple simulación.

Hasta la próxima…

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