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Editorial

Trump, amenaza de la barbarie

Mario Alejandro Valdez

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Poco a poco se van desgranando los resultados electorales de la jornada del martes en los Estados Unidos. Conforme van fluyendo, la victoria del demócrata Joe Biden se va consolidando, al punto que, al escribir estas líneas, se encuentra a las puertas de asegurarse los votos electorales precisos para declararse ganador. Pero también conforme pasan los minutos, las horas y los días, la amenaza de Trump se va fortaleciendo, y ha quedado más que claro que no reconocerá el resultado, descalificado de antemano por él y por sus partidarios–hasta ahora no por todo el conservador Partido Republicano, sino exclusivamente por sus incondicionales y sus bases fanatizadas-, para lo cual ha lanzado una dura campaña basada en dos estrategias: una cortina de humo legal, con cientos de demandas quejándose por nimiedades, vaguedades y fantasías; y un poderoso llamado a la agitación, que hasta ahora ha tenido una respuesta tibia en la mayor parte del vecino país, aunque con manifestaciones altamente preocupantes, como las reuniones de gente armada que están ocurriendo, sin una consecuente respuesta policial, en Arizona.

Desde hace meses hemos venido advirtiendo de esta polarización, que está afectando lo mismo a toda Europa que a Nuestra América, y, por supuesto, al Imperio en crisis severa. Lo hemos señalado para los casos de Brasil, Chile y Bolivia, donde la ultraderecha en el poder ha protagonizado represiones salvajes y constantes violaciones al marco jurídico, así como una temible regresión en el tema de los derechos humanos. Lo hemos señalado también para el caso de movimientos como Vox en España, el Frente Nacional en Francia y Vlaams Belang en Bélgica, que esgrimen como bandera fundamental el cierre de fronteras y la expulsión sin cortapisas de todos los migrantes, además de otras lindezas en materia de género y derechos sexuales. Ahora Trump está haciendo un llamado a sus partidarios a “defender el voto” con las armas en la mano, lo que en realidad se constituye en lo contrario: tratar de aplastar, a través de intimidaciones y actos violentos, la expresa voluntad de la mayoría, que ha votado no tanto por Biden como contra el demencial extremismo de Trump.

¿Qué es lo que sigue en este proceso? Por lo pronto, hay tres situaciones preocupantes: en muchas ciudades norteamericanas, cientos de miles de personas han tomado las calles para exigir que se cuenten todos los votos, saliendo al paso a las demandas de Trump y su equipo por detener el conteo. En varios casos se han reportado acciones agresivas de las policías locales y la Guardia Nacional contra esas multitudes pacíficas, y ya se han llevado a cabo cientos de detenciones. Por lo contrario, las manifestaciones armadas que llevan a cabo cientos de exaltados partidarios de Trump no sólo han sido permitidas, pese a los riesgos que entrañan, sino que incluso han sido protegidas por los cuerpos de seguridad. Ello revela una connivencia entre policías y extremistas de derecha que ya se había observado en las protestas raciales de los pasados meses. Un tercer aspecto a observar es la reacción de la estructura del Partido Republicano, que se ha mantenido relativamente al margen de las posiciones incendiarias de Trump, pero tampoco las ha descalificado contundentemente. Tal vez sea un comportamiento estratégico en lo que se definen los cuatro o cinco Estados que aún están muy reñidos, pero tal vez algunos políticos estén siendo seducidos por la tentación de un Golpe de Estado, algo que han hecho los norteamericanos en cientos de ocasiones fuera de su país, pero que hasta ahora no se han atrevido a realizar de manera interna. Lo más lejos que se ha llegado en este tema fueron aquellas maniobras de los hermanos Busch y la Suprema Corte, que permitieron a los republicanos obtener el poder en el 2000. En aquella ocasión, se trató de un sólo Estado–Florida-, y la diferencia al final fue de unos pocos cientos de votos, por lo que ha quedado como una anécdota interesante, pero no un fraude o un Golpe de Estado. Ahora, en 2020, Trump está intentando detener los conteos en tres Estados en los que ulteriormente perderá, afirmando además que hay un enorme fraude en otros tantos, que ya han sido claramente adjudicados a su rival. En el voto popular, la diferencia a favor de Biden es de más de cuatro millones de sufragios, y la tendencia es a aumentar. ¿Por qué ante tantas evidencias no hace el Partido Republicano un posicionamiento más claro ante las insensateces de Trump?

A veces se nos olvida que la Inquisición fue más cruel y represiva en el curso del Renacimiento, cuando los cimientos del mundo Medieval se venían abajo, y los conservadores quemaban sus últimos cartuchos literalmente quemando a sus enemigos. A veces se nos olvida que durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, cuando los líderes de Los Aliados esperaban que Hitler se derrumbaría rápidamente, la terrible contraofensiva de las Ardenas mató más soldados norteamericanos que ninguna otra batalla en la historia, y los misiles V-1 y V-2, invisibles para los radares británicos, provocaron más muertes en Londres que los bombardeos de la Luftwaffe cuando los nazis estaban en su apogeo. El demente Trump parece dispuesto a hundir más a su país con tal de mantenerse en el poder, y lo cierto es que sus partidarios, aunque minoritarios, son millones, y lo consideran el “Mesías ante el Comunismo”. El Imperio sigue en crisis terminal, pero esperemos que NO desemboque en una catástrofe humanitaria.

La política en Yucatán

Introspección histórica: en busca de los orígenes locales de la Revolución Mexicana (VI)

Mario Alejandro Valdez

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A partir de 1888, cuando impuso la reelección presidencial indefinida, Porfirio Díaz buscó la estabilización política de las diversas regiones del país. De esa manera, los primeros “imperios” regionales surgieron en Nuevo León, donde Bernardo Reyes gobernó 21 años; Sonora, donde Ramón Corral gobernó 15 años, hasta que don Porfirio se lo llevó a la capital; Estado de México, gobernado por José Vicente Villada durante 15 años, hasta su muerte; Michoacán y Veracruz, gobernados durante 20 años por Aristeo Mercado y Teodoro Dehesa, respectivamente, hasta la caída de la dictadura.

La política del “divide y vencerás”, que tan buenos frutos rindió al déspota oaxaqueño en sus primeros años de gobierno, fue paulatinamente abandonada, y, en la medida en la que las condiciones lo iban permitiendo, el poder político fue concentrándose en un sólo grupo, incluso en una sóla persona. La tendencia se expandió imparable por todo el país, y llegó al lejano Yucatán a principios de 1905.

Con la plena autorización del dictador, Olegario Molina inició sus trabajos reeleccionistas desde principios de aquel año, sin apartarse, por supuesto, de su cargo. La propaganda y reuniones de los molinistas cobraron impulso para el mes de marzo, exactamente ocho meses antes de la elección gubernamental, programada para el domingo 5 de noviembre.

Asimismo, sin percatarse de los cambios en el juego político que beneficiaban la reelección de Molina y el establecimiento de un centro único del poder en torno a su persona, los cantonistas también comenzaron sus movilizaciones desde los primeros días de 1905. El viejo Pancho Cantón ya rebasaba para aquel entonces los 70 años y cargaba desde hacía más de un lustro con las secuelas de un derrame cerebral. Con todo, sus numerosos  partidarios lo empujaron a buscar su propia reelección y así evitar la molinista en aquella coyuntura. Cantón guardó silencio y se mantuvo en la relativa oscuridad de su casona vallisoletana–con ocasionales estancias en su céntrica residencia meridana, que aprovechaba para supervisar la construcción de su Palacio en Paseo Montejo-mientras su sobrino Delio Moreno Cantón y Alfonso Cámara y Cámara actuaban en su nombre en pequeñas reuniones en las principales poblaciones del Estado, así como a través de publicaciones periódicas.

Las actividades antirreeleccionistas comenzaron a subir de tono en el mes de mayo con la fundación de la Convención Liberal Antireeleccionista, presidida por Cámara y Manuel Meneses, y en cuya directiva no figuraban ni Cantón ni Moreno. Esto nos lleva a considerar, primero, que ya don Porfirio había dado su anuencia a los trabajos políticos contrarios a Olegario Molina, pero que la ambigüedad e incluso tibieza del permiso porfirista impedían aún el lanzamiento de un candidato, y que, por tanto, aún se mantenían vigentes las posibilidades de don Pancho Cantón y de su sobrino.

Meneses, un abogado meridano de renombre, impulsó, junto con el también abogado y periodista Tirso Pérez Ponce –hermano de Tomás, quien como ya hemos visto se encontraba en prisión por la publicación de la carta de Antonio Canché en la que denunció la esclavitud en la Hacienda “Xcumpich”- el movimiento antireeleccionista hacia nuevos horizontes. En junio de 1905, al tiempo en que la correspondencia yucateca favorable y contraria al gobernador Molina inundaba la secretaría de Porfirio Díaz, con informes contradictorios, Meneses y Pérez Ponce recorrían los barrios obreros de Mérida y Progreso reclutando adeptos a la causa opositora. La respuesta obrera fue inmediata, y la capacidad de movilización del cantonismo creció de un modo asombroso e inesperado. En modestas casas de los suburbios de San Cristóbal, San Juan y Santiago, Meneses, un abogado de clase media que se identificaba plenamente con los valores de la sociedad capitalista, se vio avasallado por las denuncias y demandas de cientos de trabajadores de fábricas, servicios públicos y comercios. Sin percibirlo, el cantonismo se había convertido en un ruidoso vehículo de la expresión del descontento obrero de aquel Yucatán que nacía al capitalismo industrial.

Los agentes de la policía “secreta” consiguieron infiltrarse en el movimiento y dieron puntual información al gobernador Molina de aquel giro de la campaña política. Los informes volaron, por supuesto, hasta el despacho presidencial, y don Porfirio tomó entonces su decisión: Olegario sería candidato único, y el movimiento antirreeleccionista se disolvería de inmediato.

El jueves 10 de agosto se realizó la ceremonia de entronización reeleccionista. Todos los empleados públicos y miles de peones henequeneros fueron reunidos en el flamante Circo Teatro Yucateco para vitorear al ungido. Don Pancho Cantón dio la orden de desactivar los trabajos anti-molinistas, aceptando el veredicto del dictador.

Pero el fuego atizado por Meneses y Tirso Pérez Ponce, apenas había empezado a arder, y decenas de líderes espontáneos y cientos de obreros de Mérida y Progreso decidieron que no habían iniciado sus movilizaciones para luego aplacarse sin más por órdenes de un viejo militar al que ni siquiera conocían de vista. A contracorriente de las instrucciones cantonistas, el movimiento continuó durante aquellos calurosos días del verano de 1905. La primera batalla entre el pueblo revolucionario y la todopoderosa oligarquía molinista estaba a punto de iniciar.

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El pasado nos alcanzó

Consulta, democracia y demagogia

Ricardo Maldonado Arroyo-

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La necesidad de transitar de la democracia representativa a la democracia participativa, ha propiciado el surgimiento de diferentes mecanismos que otorgan mayor injerencia a la ciudadanía en la toma de decisiones: consejo consultivo, consulta popular, encuesta, foro, iniciativa ciudadana, jurado ciudadano, presupuesto participativo, referéndum, por mencionar los más conocidos. La consulta popular convocada por el gobierno federal para el próximo 1 de agosto pretende ser uno más de estos mecanismos, toda vez que invoca el consentimiento de la ciudadanía para enjuiciar a los ex presidentes de la República.

Sin dudar del buen ánimo de quienes acudan a votar, considero preocupante que el ímpetu democrático se canalice a ejercicios de autocomplacencia gubernamental. En una experiencia previa de 2018, López Obrador convocó a un par de consultas relacionadas con programas y acciones que son emblema del gobierno actual: el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya, el Corredor Interoceánico, la refinería Dos Bocas, Sembrando Vida, Jóvenes Construyendo el Futuro, becas Benito Juárez, pensión universal para adultos mayores y personas con discapacidad. Si bien era un planteamiento propositivo, existía un sesgo de origen: la convocatoria se efectuó a través de la Fundación Arturo Rosenblueth, la estructura de Morena y sus allegados. Como era de esperarse, todos los puntos enumerados recibieron porcentajes de aprobación que rondaban el 90%, con la participación de alrededor de un millón de personas. En aquella ocasión el INE no se involucró porque fueron consultas efectuadas antes de que López Obrador asumiera la Presidencia.

Consultar a la ciudadanía es un propósito deseable, pero se vuelve estéril al perder de vista su finalidad. ¿Fueron las anteriores o será la presente consulta decisivas en la toma de decisiones? ¿O una forma de buscar eco entre la población de lo que ya está decidido? Respecto a su propósito, el artículo 35 de la Constitución señala que son objeto de consulta popular los temas de “trascendencia nacional” y no podrán serlo los derechos humanos ni las garantías para su protección, los principios consagrados en el artículo 40 de la misma, la permanencia o continuidad en el cargo de los servidores públicos electos, la materia electoral, el sistema financiero, el Presupuesto de Egresos de la Federación, las obras de infraestructura en ejecución, la seguridad nacional y la organización, funcionamiento y disciplina de la Fuerza Armada.

Aunque la consulta popular del 1 de agosto alude a un tema de interés nacional, existen varias razones para desestimarla. Antes que nada, el resultado es predecible. Difícilmente alguien lamentará que enjuicien a los pillos que tuvimos por presidentes, acción que ya es de suyo legítima si la Fiscalía cuenta con evidencia de delitos. Además, la pregunta es vaga. Al no poder someter al voto popular el ejercicio de acción penal, la Suprema Corte tuvo que reelaborar la pregunta dejándola tan abierta que bien podría aprovecharse para juzgar a Antonio López de Santa Anna, Victoriano Huerta o Gustavo Díaz Ordaz. Los resultados tampoco son vinculantes para el Poder Judicial, no tendrá efecto jurídico alguno sobre los delitos que pudieran o no imputarse a los ex presidentes. Nuevamente, esto sólo puede suceder mediante debido proceso. Por tanto, la consulta se reduce a un ejercicio meramente simbólico, con el que se brinda a los votantes la sensación de que la justicia está en sus manos.

Entonces, ¿para qué realizarla? Consultar por consultar es un recurso demagógico que fortalece el entramado de poder dando la impresión de que hay una voluntad colectiva que apunta en la misma dirección. La de 2018, más que inclinar la balanza de las decisiones, buscaba legitimar acciones de gobierno que otras consultas (por ejemplo, las hechas en comunidades mayas) han puesto en tela de duda. La de 2021 parece que no será distinta, salvo que se espera un mayor número de votantes debido a que se pondrá a funcionar el complejo aparato del INE.

No, no es el INE el que desalienta la participación en la consulta, es la misma desconfianza en un proceso cuyo resultado ya se puede anticipar. El 1 de agosto en la tarde el presidente de la República ofrecerá un mensaje a la nación felicitándola por su destacada participación y agradeciendo que comparta su buen juicio. Su imagen, robustecida por el respaldo de los resultados de la votación, brillará mediáticamente, mientras los procesos contra los ex presidentes continuarán aguardando mejor momento.

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Editorial

La clara voz de México retumbó en Chapultepec

Mario Alejandro Valdez

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En la inauguración de la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada en el Castillo de Chapultepec este sábado 24 de julio -238 aniversario del natalicio de Simón Bolívar-, el presidente Andrés Manuel López Obrador pronunció uno de sus discursos más enérgicos en materia de relaciones internacionales, destacando el papel de Cuba como un puntal de resistencia ante el permanente embate del imperialismo.

Sin ambages, López Obrador señaló el intervencionismo norteamericano, denunciando que “Washington nunca ha dejado de realizar operaciones abiertas o encubiertas contra los países independientes situados al sur del Río Bravo”. En este contexto, el Presidente destacó que “por su lucha en defensa de la soberanía de su país, el pueblo de Cuba merece el premio de la dignidad y esa isla merece ser considerada como la nueva Numancia por su ejemplo de resistencia”, así como “patrimonio de la humanidad”.

La declaración, que ya fue saludada con beneplácito en la Isla de la Dignidad, es crucial, sobre todo por producirse en momentos en los que la agresión imperialista se ha agudizado, aprovechando con criminal cinismo el embate de la pandemia de COVID-19, que ha provocado muchísimos enfermos y decenas de muertes, y ha puesto en tensión al sistema gubernamental cubano. Mientras que cuando otros países, inclusive México, recibieron de Cuba solidaridad, personal sanitario e insumos para enfrentar las condiciones más críticas de la pandemia, ahora que la patria de Martí ha pasado horas amargas, el imperialismo se ha lanzado contra ese heroico pueblo, intentando provocar un baño de sangre y dañar el régimen revolucionario. Con los medios de comunicación como caja de resonancia del imperio, algunos líderes del mundo le están haciendo el juego a Washington. Por ello, la voz de México, en boca de su Presidente, ha resonado con enorme oportunidad, pertinencia y valentía.

Como hemos señalado en anteriores colaboraciones, en la situación cubana ya se ve la luz al final del túnel. La campaña de vacunación avanza a pasos agigantados, y muy pronto quedará cubierta toda la población vulnerable, y en unas cuantas semanas el país en su conjunto. Ello permitirá, seguramente, reducir la tensión a la que está sometido el sistema de salud de Cuba -uno de los más desarrollados de América Latina- y, sobre todo, poner fin a la tragedia que están viviendo las familias cubanas, que también esta vinculada a los efectos del criminal bloqueo que la isla sufre desde hace más de seis décadas.

Ya las medidas de emergencia han dado frutos positivos, y las agudas carencias de hace unos días se van resolviendo poco a poco. Ya el pico de la ola pandémica se va estabilizando, y pronto decrecerá. En esta coyuntura, las palabras del presidente mexicano llegan con gran oportunidad, y ponen en claro lo que se está jugando: por un lado un imperio mezquino, asesino, acostumbrado a manipular y destruir a su conveniencia; por otro, un pueblo lleno de dignidad, con muchas carencias, es cierto, pero también con una tradición libertaria y progresista que se remonta mucho más allá de la Revolución Cubana, pero que encontró en ella su cauce y su destino. El admirado pueblo cubano es, sin duda, patrimonio de la humanidad, y Andrés Manuel López Obrador es un gran estadista, conocedor del valor de la palabra y de la grandeza de la solidaridad.

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