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Estilo de vida

¿Por qué son importantes los buenos hábitos alimenticios durante la pandemia?

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Imagen: lacuinatradicion.es

La nutrióloga Norma Pazos Pereira recordó que las personas con desnutrición presentan sistemas inmunes débiles, lo cual aumenta el riesgo de desarrollo de enfermedades.

Mérida, Yucatán, 17 de noviembre del 2020.- Una nutrición adecuada es esencial ante cualquier enfermedad, incluida la COVID-19, porque se sabe que las personas con desnutrición presentan sistemas inmunes más débiles, lo cual aumenta el riesgo de desarrollo de distintos padecimientos, afirmó la nutrióloga Norma Pazos Pereira.  

Las prácticas alimentarias, dijo, también cambiaron durante el confinamiento, afectaron el peso, y la composición corporal, lo que tendría relación estrecha con factores como la economía, trabajo, situaciones familiares o hasta algún tipo de violencia al interior del sitio de confinamiento.   

La especialista en nutrición impartió la conferencia “Vida Saludable también en tiempos de pandemia”, en el marco de la XIV Feria de la Salud de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), donde comentó que el estado de ánimo también tiene que ver con la alimentación; al tiempo que los malos hábitos alimentarios han provocado enfermedades crónicas.   

“Aumentó el sedentarismo, cambiaron los hábitos de sueño, las preocupaciones, la incertidumbre, el estrés y la ansiedad hizo que cambiaran esos hábitos, que también afectan o influyen en lo que comemos”, apuntó.   

Pazos Pereira resaltó el tema de la salud mental, porque está relacionada con los hábitos de alimentación y viceversa.  

“Hay estudios que dicen que las personas con sobrepeso u obesidad tienen alta presencia de depresión, por lo mismo del confinamiento están aumentando los casos de depresión y ansiedad que hacen que algunas personas encuentren refugio en la comida”, dijo.   

Ante estos distintos escenarios, la nutrióloga brindó algunos consejos para llevar tanto una mejor vida saludable como mental, entre ellos subrayó el mantener una rutina de horarios con las comidas.  

“En aquellos momentos entre horas en los que apetece comer algo se puede recurrir a alimentos como fruta, frutos secos crudos o tostados sin sal, un yogur natural”, recomendó.   

Sugirió, además, mantener una hidratación correcta, acordarnos de beber agua, que sea nuestra bebida de elección y tomar infusiones, que podemos aromatizar con limón o menta.   

Otro consejo fue realizar actividad física dentro de casa, si no se está habituado a practicar ejercicio físico, se puede aprovechar la oportunidad de moverse con las tareas domésticas como limpieza del hogar, poner en orden las cosas, mover muebles o limpiar cristales.   

Actualmente, destacó que es muy frecuente la modalidad de teletrabajo, por lo que es importante no descuidar la forma física, levantarse al menos cada hora, estirarse o caminar unos pasos y llevar a cabo una “pausa saludable” para cada dos horas levantarse, dar un paseo, estirar los brazos, el cuello con suavidad, tomar una bebida como agua, té o café y comer una fruta.   

“Si bien es cierto que la pandemia del coronavirus llegó a sacudirnos, también ha provocado mayor conciencia en los seres humanos de cuidar nuestro cuerpo, pues no hay que olvidar que somos lo que comemos, no todo lo que hacemos en nuestra alimentación está mal, hay cosas que hacemos muy bien y hay que fortalecerlas y adquirir responsabilidad en lo que nos toca, reconciliarnos con nosotros y con lo que comemos”, concluyó. 

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Estilo de vida

Las formas de balón, Maradona 1960-2020

Edgar A. Santiago Pacheco

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No es posible escribir sobre el triste fallecimiento de Diego Armando Maradona, sin la emoción que inspira el que fuere admiración, ternura, rabia, congoja y cualquier otro sentimiento propio de nuestra naturaleza humana. El 25 de noviembre es ya una fecha que tendrá un significado diferente para el mundo del deporte y para el mundo a secas. Muchas plumas se remojarán en la tinta para abordar las facetas de este humilde hijo de Argentina, cuyo apellido, de origen gallego, llevaba amarrado la bendición divina, pues es una apócope de Mar a Dona, Mar de la virgen, y con esa protección en el pecho recorrió triunfante el mundo. Escaló las alturas del balompié a punta de patadas en un sentido propio y figurado, pues sus luchas públicas contra el orden establecido, lo ponían en la eterna contradicción de ser parte de él, de vivir con sus prebendas y placeres, pero nunca ser su cómplice.

Maradona, el Pelusa, surgido del barrio marginal de Fiorito, se prestó a numerosos conciertos con el poder, vivía del reconocimiento público de poderosos, pero aquí otra contradicción, era la voz de los pobres, del pueblo, era la aspiración lograda de triunfar sin el empuje del dinero, del poder familiar, o de los influjos políticos, era el producto de la pureza del deporte y de algo que Dios depositó en él, esa habilidad, atributos físicos y pasión, que honró y compartió con todos sin distingos de clase o etnia. En la práctica de un deporte, el pagó  el reconocimiento mundial y el amor irrestricto de un pueblo. Su grandeza jamás estará en discusión. 

Llevó en sus hombros la carga de un país, cuyos políticos y hombres de negocio la han saqueado y ofendido, pero él, sólo él, los llevó a ganar una guerra deportiva ante los odiados ingleses en el mundial de México de 1986, ayudado por la “mano de dios”, como genialmente lo llamó, le dio razón a un país entero para enfrentar y superar la dolorosa ofensa de una de las naciones más poderosas y agresivas del mundo, aceptó la carga, la responsabilidad, y en el camino los costos de ese sacrificio.

A sus 60 años decidió dejar de jugar, aceptó pasar a formar parte del panteón de los eternos, a mirar desde arriba el juego más lindo del mundo, a gritar animando a su equipo, el pueblo argentino. Pues no nos equivoquemos, la muerte no vino por él y lo obligó a dejar este mundo. A Maradona no se le obligaba a nada. La muerte en su egoísmo decidió que necesitaba al mejor jugador para su equipo, y Maradona aceptó el trato y acordó los términos, y la palabra hay que honrarla siempre.

A mi mente viene ahora esa imagen juvenil de un humilde chico que decía “sueño con estar en la selección y ganar un mundial”, eso fue lo mínimo que hizo, pues la pelota tiene muchas formas de cumplir los sueños. Los de él seguirán cumpliéndose cada vez que la pelota gire en un campo lodoso, polvoso, pedregoso, pateada por niños y jóvenes que busquen en el futbol llegar a ser como “el Diego”, que entiendan que el “balón no se mancha”. Y nuestros errores, son eso, nuestros, no del futbol.                

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El falso sentimiento de ser antisistema

Orlando J. Casares Contreras

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Tienes voz porque sabes hablar, pero eso no garantiza que estés en lo correcto, una frase de hace muchos ayeres con que los que abuelos solían  dar por terminadas las discusiones con sus hijos, nietos y familiares más cercanos. Quizás una variante en nuestros tiempos de opiniones en redes sociales pueda ser: Tienes un teclado y conexión a internet para opinar, pero eso no te hace estar en lo correcto. Y es que dicho reajuste se construye debido a la enorme pandemia de desinformación que se padece en las redes y parece cada vez más distante la aparición de una vacuna contra la misma.

La desinformación se puede presentar de muchas maneras y estar movida por diferentes intereses, desde el descrédito político, académico, económico y social, hasta otras formas de abusar autoritariamente de quienes debieron asumir con la responsabilidad la conducción de las cosas. A eso se añade que en una época de gran avance digital, se “democratizó” con voz a una enorme cantidad de personas de escaza educación cuyo atraso se traduce en lo que hoy se conoce como analfabetismo funcional, una fórmula perfecta para la propagación de la desinformación.

Estos factores se conjugan en algo que la gente asume, a veces sin darse cuenta, que es el desafío a las instituciones tradicionales que asumieron alguna autoridad en sus temas. Y de hecho aunque la crítica siempre es necesaria, también se requiere de una enorme responsabilidad individual y colectiva para poder discernir entre las razones que nos llevan a formular cuestionamientos.

Esto ha hecho que si discernimiento haya gente poniendo en duda todo el avance de la medicina,  y con ello vemos la aparición de productos milagro que no hacen más que exprimir el bolsillo de quienes los consumen, sumándole los daños que generan y, paradójicamente, haciendo ganar dinero a quien promovió una campaña de desprestigio con esas compañías que sólo quieren aprovecharse de la gente al enfermarla (en referencia a las farmacéuticas, como afirman los antivacunas). Claro, han existido abusos en materia económica, pero a pesar de su poder económico los productos curativos  están sometidos a regulaciones estrictas que si bien son perfectibles,  cuando menos existen y no así entre quienes promueven los productos milagro con la leyenda de que el consumo es responsabilidad tanto de quién lo recomienda como de quién lo consume.

Otro ejemplo se extiende con la aparición de personal que en apariencia son capaces de asesorar tu vida para que se convierta en una trayectoria de éxito, no sin antes hacer una irresponsable intervención desmoralizadora, irrumpiendo en la salud mental de sus socios y dejando, en algunos casos, graves secuelas mentales. Estamos hablando de la aparición del negocio de los coaching, que inicialmente surgieron como acompañamiento a empresas pero que se extendieron a la vida personal, dejando de lado a toda la gama de profesionales en salud mental que con sus aciertos y desaciertos tienen mayor formación académica y regulaciones en su ejercicio profesional que la improvisada organización sectaria de los coaches.

La situación inunda también el ámbito de la alimentación, donde enormes empresas hacen lucro con el desconocimiento de la población en el tema, como aquellas que derivan de las ventas fraudulentas con el esquema Ponzi, también llamadas ventas piramidales, multifactoriales, multiniveles o cualquier otro sinónimo. Siempre con las características generales de promesas de ganancias a corto plazo, aumento en la salud, dirigido a cualquier persona, capacitación mínima y sin regulación, carente de cualquier registro ante autoridades tributarias y que al final, únicamente benefician al que se encuentre en la cima de la pirámide. Esto deja también de lado el trabajo de profesionales de la salud alimentaria y con la misma cantidad de secuelas que agravan a largo plazo, la salud de los que se involucran en las mismas.

Ejemplos existen al por mayor y cada día aparecen más, dando constancia de esta falsa sensación y sentimiento de ser un antisistema, de ser alguien capaz de darle la vuelta a una regulación que en apariencia limita el potencial económico, social, de salud, cultural y de cualquier otra esfera de la vida. Algo que valdría la pena reflexionar es el papel de las regulaciones existentes, que fungen como argumento de los antisistemas, pero que todas maneras deben estar en constante revisión. Sin embargo, éstas han demostrado ser hasta ahora el mayor y mejor contrapeso efectivo contra abusos de grandes corporativos.

Hoy más que nunca urge el fomentar el pensamiento crítico pero de una forma adecuada, responsable y madura. Dicha tarea es extensa y requiere de la enorme capacidad para cuestionarse hasta lo que uno ha normalizado de toda una vida, que va desde uno mismo hasta el resto de la sociedad. Se requiere conocer fuentes de información adecuadas, fuentes que puedan ser validadas con evidencias claras que vayan más allá de la capacidad de argumentación de quién las emite. El espejismo de encontrarse con alguna información que se adecúe a nuestra forma de pensar, puede ser el más convincente pero también el más peligroso señuelo al momento de tomar una decisión.

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Paradigmas sobre el turismo: algunas reflexiones contemporáneas

César Benítez

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Sin duda alguna la industria turística ha sido una de las más afectadas desde que la pandemia del COVID19 inicio a finales el 2019. A nivel mundial esta actividad disminuyó a niveles tan drásticos  que en algunos países prácticamente se nulifico por pocos meses. Sea por las medidas sanitarias y de control, o por el mismo miedo de los viajeros, el caso es que tanto aerolíneas, agencias de viajes, hoteles, restaurantes, bares y demás prestadores de servicios, se vieron hondamente afectados por el impacto de la pandemia sobre la actividades turística y de viaje.

En recientes fechas hemos visto que poco a poco, de manera gradual, estas actividades han comenzado a levantarse tímidamente a lo largo del mundo y entre los diferentes países y ciudades gracias a algunos “valientes” viajeros que han aprovechado las promociones de aerolíneas y agencias de viaje. Ahora bien, sería interesante acercarse a estos turistas de pandemia para preguntarles si la experiencia del viaje ha sido lo que ellos habían imaginado, pues hay que tomar en cuenta que muchos sitios de interés se mantiene aún cerrados, o con acceso restringido, algunas actividades lúdicas no están disponibles en todas las ciudades (hasta hace unas semanas la venta de alcohol en nuestra ciudad había sido una las cuales los restauranteros se quejaban) y en general, el ambiente es pesado y abrumador. Quizás no es realmente para un viaje “de placer” en el estricto sentido.

Para hablar de turismo como fenómeno sociocultural y económico, podríamos remontarnos a la época antigua, desde los grandes conquistadores como Alejandro Magno, Julio César o Las Cruzadas, pues la expansión de los territorios incluía la movilidad de pueblos y sociedades de un lugar a otro, muchas veces por cuestiones de resguardar la integridad, comerciar, posicionamiento y empoderamiento político o simplemente para “conocer” los nuevos territorios adheridos. (Tenemos que dejar en claro que lo mencionado anteriormente debe ser tomando como un antecedente general y no como el fenómeno moderno que conocemos como turismo).

Con el paso del tiempo, la revolución industrial y el desarrollo del ferrocarril como medio de transporte, así como de otros factores comerciales y económicos, ya se podía vislumbrar un turismo más recreativo a finales del Siglo XIX y principios del XX. De acuerdo a John Urry, fue en Francia donde comenzó el fenómeno del desplazamiento masificado de ciertos grupos sociales de una ciudad a otra con fines meramente recreativos y/o lúdicos. Sin embargo esta génesis del turismo se vio truncado considerablemente durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

El mismo John Urry identifica que a partir de 1945 comienza de nuevo un el movimiento y paradigma turístico, en el cual la estabilización de la economía, el desarrollo tecnológico, la proyección a través de la televisión y otros medios, detonaron el gusto e interés de la sociedad por los viajes, por conocer otros lugares, culturas y sociedad, convirtiéndose en una verdadera industria que comenzó a generar derrama económica para los países receptores de viajeros, siendo necesario invertir en la imagen y promoción de las ciudad, con la finalidad de atraer mas gente.

Entre la primera y la segunda década del Siglo XXI se fueron dando nuevos matices en el fenómeno turístico, pues la llegada y popularización de redes sociales fue un nuevo catalizador para que más gente decidiera emprender la aventura de viajar y conocer.  Intervinieron redes sociales como Flickr, Facebook, Youtube, Instagram, etc. ya que se volvió común ver fotos y videos de gente que viajaba o visitaba otros países generando expectativa e interés entre las demás personas que podían ver los álbumes o leer las reseñas de estas personas. Otro aspecto para considerar es la de la “facilidad” para comprar viajes o paquetes con tarjetas bancarias a través de pagos mensuales, amortizando con esto la carga económica para los viajeros podían costear “tours” por continentes como Europa o Asia y pagando en diferentes periodos de tiempo el costo de dicho viaje.

Curiosamente, junto al avance del turismo comercial y voraz del Siglo XXI, aparece una modalidad de turismo más “alternativo,” aquel que le apuesta a cuestiones mas intimas, a viajes con conciencia social y medio ambiental así como de recreación y aprendizaje. Se trata pues del turismo que no le apuesta a la masificación, sino a la experiencia personal e individual, teniendo como eje la atención por los diversos problemas sociales, económicos y culturales que se están dando por todos los continentes. Este turismo más “orgánico” ha ganando popularidad entre grupos ambientalistas, así como en otros núcleos que buscan generar conciencia contra la depredación cultural que conlleva el turismo tradicional.

Ya en pleno 2020, la pandemia vino a poner en jaque a la industria turística, en cualquiera de sus modalidades, y como se menciono al inicio, dejó demostrada la fragilidad ante este tipo de situación, pues turismo va ligado completamente y de manera inherente a viajar y desplazarse, actividad que hoy día sigue muy limitado. De toda crisis se debe aprender y generarse algo nuevo, algo que permita subsistir a la sociedad y que habilite sus diversas actividades para permitir que sigan manteniéndose activas o al menos vigentes.

¿Acaso los grandes empresarios de la industria turística internacional deberían replantear sus estructuras y generar nuevas modalidades que permitan blindarse frente a futuras crisis mundiales? Nosotros como consumidores, como viajeros, y como sociedad, ¿cómo debemos cambiar o modificar los hábitos, gustos e intereses turísticos? Cómo realmente nos hemos planteados los pros y contras de un turismo voraz y masificado como el que actualmente participamos eventualmente? ¿Qué papel jugamos dentro de todo esto y cual es nuestra responsabilidad como sujetos sociales y económicos? ¿Es necesario que regulemos nuestras “necesidades” consumistas y falsos imaginarios de realización personal vinculados con el hecho de conocer otras culturas?

Sin duda alguna el fenómeno del turismo da para profundizar mucho más en diferentes aristas, sin embargo eso ya se atendería a otros artículos enfocados en seguir enfilándonos en esta actividad.

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