Estilo de vida
Se venden la Luna y el Sol
Publicado
hace 5 añosen
Calígula no estaba loco: sólo quería la Luna. Frente a ese deseo todo empequeñecía: el amor no era nada ante la luz plata de la noche. ¿Pero por qué la Luna? “Es una de las cosas que no tengo”, explicaba el emperador en la obra de teatro de Albert Camus, de 1944. Frente al hastío de lo terrenal, de lo trillado, sólo le quedaba el cielo. Siglo y medio antes, William Blake retrató ese mismo anhelo en un grabado cargado de inocencia. En él vemos a un niño subido en una larguísima escalera que apuntaba hacia la Luna. Debajo, estas palabras: “¡Yo quiero! ¡Yo quiero”.
Como la Luna, esta historia tiene dos caras: la realidad y el deseo, el sueño y la estafa. Y debajo del maquillaje, la ambición sin límites. La necesidad de poseer lo que nunca antes nadie había poseído.
Todo empieza, por ejemplo, en Chile. En septiembre de 1954 Jenaro Gajardo Vera quería entrar en un club social de Talca. Le cierran la puerta, pero él se inventa su ventana. Es entonces cuando el bueno de Jenaro, abogado y poeta, decide registrar la Luna a su nombre. Lo hace ante notario ese mismo mes y se convierte, así, en ilustre lunático.
Finalmente, lo admiten en el dichoso club. Y no sólo eso: termina acaparando una gran fama en todo el país, incluso después de su muerte, en 1998. Hace sólo seis años, el gobierno chileno usó su figura en un anuncio televisivo para animar a los emprendedores. Sin embargo, Jenaro nunca quiso hacer negocio con la Luna. Otros sí.
Es 1980 y Dennis Hope está esperando en un semáforo en rojo. Acaba de divorciarse y no tiene trabajo. Mira al cielo y descubre que esa noche había Luna llena. Ahí nace la loca idea. Su gran pensamiento no es nuevo, pero sí más ambicioso que ninguno: registrar la Luna y todos los planetas del sistema solar, con sus satélites correspondientes, a su nombre. Se ampara en que el Tratado sobre el Espacio Exterior de 1967 prohíbe a los países apropiarse del espacio ultraterrestre, pero no a los individuos. Así lo argumenta en la oficina de registro del condado de San Francisco. No sabemos qué cara le pusieron, pero se fue de ahí con unos papeles.

Esto es lo que cuenta su hijo, Christopher Lamar, quien es el consejero delegado y portavoz de la Embajada Lunar, empresa fundada por su padre en 1980 que vende terrenos de todos los planetas y satélites del sistema solar (menos de la Tierra, claro).
Además de lo anterior, Hope creó el “Gobierno Galáctico“, del cual es el presidente, claro, con la intención de proteger los intereses de sus clientes. Es por ello que tienen armada su propia constitución (desde 2004) y también cuentan con su propia moneda y bandera. Creen vehementemente que si los avances tecnológicos siguen como hasta ahora será posible comenzar a colonizar la Luna en 2020. Su proyecto incluye un plan para construir una inmensa pirámide en donde se alojarán unas 70,000 personas. Contarán con hospitales, restaurantes y áreas para la ganadería y la agricultura.
Suena a broma, pero han ganado mucho dinero. “Llevamos casi 40 años de ventas ininterrumpidas”, presume. Según sus datos, seis millones de personas ya han comprado tierras fuera de la Tierra. Dicen los rumores que tienen clientes famosísimos. En 2008 se llegó a afirmar que el multimillonario ruso Roman Abramóvich, dueño del Chelsea, le había regalado 100 acres de Luna a su novia. También se incluyeron en esas listas nunca confirmadas nombres como el de John Travolta o Tom Cruise. Por desgracia, Lamar aún no suelta prenda.
Con cada capítulo de la historia de Hope parece que estamos leyendo una historia de ciencia ficción, ni más ni menos. A la fecha, su negocio ha vendido a 6, 011,311 clientes, acumulado ventas millonarias y hasta con temporadas altas de ventas. Con el fin de regalar algo único, tener un gran tema de conversación o un gran gesto romántico, Navidad y San Valentín han convertido a Venus en lo más codiciado por esas fechas.
Con los años los precios han subido, aunque todavía no son astronómicos. Las opciones de compra van desde 1 acre por 24 dólares -poco más de 4000 metros- a 20 acres. Por 2,50 dólares más se puede agregar el nombre al título de propiedad. El comprador recibe el certificado, un mapa fotográfico del terreno y cuando estás por pagar, Lunar Embassy te tienta con el pasaporte extraterrestre por 21,99 dólares más.
Lamar considera que lo mejor de la Luna es que “es muy acogedora”. Allí tiene una propiedad del tamaño de una ciudad. En Marte, lo mismo. Además, se considera el “legítimo heredero” de los terrenos que aún no han vendido en la Luna y en el resto de los planetas.
Pero, finalmente chocamos contra la dura legalidad. Lamar no duda en que conseguiremos habitar la Luna, aunque no sabe cuándo. El plan, su plan, es que en ese momento la Embajada Lunar cobre todo su sentido.
Las fuentes jurídicas consultadas por Alma Mater desmontan este discurso en pocas palabras. La propiedad no tiene ningún valor si no tienes acceso a eso que supuestamente posees. Una cosa es declarar la soberanía de un lugar, y otra bien distinta es ejercerla. Alguien puede decir que Kim Kardshian es su novia, pero de ahí a que de verdad lo sea hay un buen trecho. Concretamente, el que separa la realidad del deseo.
“Dime qué quieres Mery, ¿quieres la Luna? Si la quieres la atraparé con un lazo y la traeré hasta aquí. Sería una gran idea, te daré la Luna, Mery”, decía James Stewart en la película “Qué bello es vivir” sin saber que estaba atentando directamente contra el Tratado de las Naciones Unidas sobre el Espacio Exterior. Porque, y sin dudar de las buenas intenciones de miles de enamorados, nuestro satélite no puede ser propiedad de nadie.
Es una estafa, la Luna y los demás cuerpos celestes no son susceptibles de apropiación. Lo dice el artículo 2 del tratado espacial de 1967. Sin embargo, los sueños, como los deseos, van por libre. Y los de Jenaro Gajardo Vera, Dennis Hope y Christopher Lamar no hacen más que confirmar la teoría de Ariosto, que en su “Orlando furioso” dejó escrito, con guasa, que la Luna era el lugar al que iban a parar todas las locuras cometidas en la Tierra. Pero un vistazo a las noticias nos constata que las ocurrencias de los lunáticos no sólo van a parar allí. A veces, prefieren ambientes más cálidos.
La dueña del Sol es gallega. Ángeles Durán, una mujer de Vigo, Galicia, supo de Hope y lo que él llamó vacío legal del Tratado Espacial y allá fue ella: a por el Sol. Durán formalizó sus intenciones ante un notario que no pudo contener la risa. El acta de manifestaciones recogía esta hilarante declaración: “Soy propietaria del Sol, estrella de tipo espectral G2, que se encuentra en el centro del sistema solar, situada a una distancia media de la Tierra de aproximadamente 149.600.000 kilómetros”. Tal vez esa sea sólo otra de las distancias exactas que existen para medir la separación que hay entre la realidad y el deseo: una brecha que da para mucho.

Tanto la luna como el Sol han fascinado al hombre desde los albores de la historia como símbolo de poder, amor, tiempo y prosperidad. Pero por el momento son como el mar: cualquiera puede usarlo y nadie puede ser el propietario.
Publicado en la Revista Alma Mater https://medium.com/revista-alma-mater
Estilo de vida
¿Cómo se reflejan las emociones en el cuerpo?
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 29, 2021
Las emociones son reacciones conductuales, fisiológicas y subjetivas, activadas por una información proveniente del mundo externo y/o interno del individuo.
Estas reacciones pueden ser de rechazo, si vivimos esos estímulos como peligrosos o displacenteros, o bien de atracción, si los vivenciamos como atractivos o placenteros. Podríamos decir que son un sistema de señales que nos impulsan a realizar cambios para emprender alguna acción.
La función fundamental que se les atribuye es la de supervivencia, ya que nos empujan a evitar o luchar contra situaciones nocivas (predadores, comida en mal estado, agresiones) o aproximarnos a estímulos placenteros (agua, actividad sexual, refugio).
Fisiología de las emociones
Las emociones ponen en alerta a todo el organismo para que funcione como un todo y pueda responder a los retos de la vida activando múltiples respuestas cardiovasculares, esqueletos musculares, neuroendocrinas y del sistema nervioso autónomo.
Según Damasio (1994, 1999, 2000), la ocurrencia de un proceso emocional se inicia, bien con la percepción de un objeto o situación, bien con el recuerdo de ese objeto o situación; en ambos casos, el resultado es la activación de los núcleos del tronco encéfalo, el hipotálamo y la amígdala. Luego, estas estructuras liberan hormonas de varios tipos en la corriente sanguínea, que se dirigen, por una parte, hacia diversas zonas del propio cuerpo, y por otra parte, hacia distintas zonas cerebrales.
Al mismo tiempo, estas estructuras envían, de modo simultáneo, señales electroquímicas mediante neurotransmisores, por una parte, hacia las glándulas adrenales, que liberarán hormonas con repercusión posterior en el cerebro, y, por otra parte, hacia otras regiones cerebrales, tales como la corteza, el tálamo, y los ganglios basales, con lo cual se modificará el estado cognitivo y la forma de procesar la información.
No es de extrañar, por tanto, que cuando experimentamos una emoción, se evidencien diferentes cambios corporales, teniendo en cuenta que algunos de estos cambios son comunes a varias emociones diferentes.
Así, por ejemplo, ante una situación de peligro que active la respuesta de huida, el corazón late rápida y fuertemente para bombear más sangre al cerebro y los músculos, la respiración se acelera para aumentar la oxigenación, las pupilas se dilatan para aumentar el campo visual, los intestinos se vacían (diarreas o vómitos) para hacernos más ligeros a la hora de correr o movernos.
Si la respuesta activada es de lucha, se liberan sustancias que ayudan a coagular la sangre más fácilmente por si se producen heridas, los músculos se tensan para entrar en acción, lo que puede dar lugar a temblores y contracturas.
El mapa corporal de las emociones
El cuerpo es un mapa que nos apoya a saber qué estamos sintiendo. Seguro que te ha pasado alguna vez, que has notado un nudo en la garganta cuando había algo que no estabas diciendo a tu pareja. O por ejemplo, has notado un dolor de estómago, al sentir miedo a enfrentarte a un examen. Estas son señales que te da el cuerpo para que expreses tus emociones.
En un reciente estudio finlandés, (Nummenmaa, Glerean, Hari y Hietanen, 2013) pidieron a 701 participantes de diversas nacionalidades que señalaran en un dibujo de una figura humana las zonas del cuerpo que se activaban al sentir determinado estado emocional y en otra figura, las zonas en que sentían menos activación, mediante un código de colores (colores cálidos = activación, fríos = desactivación). Para ello les presentaron palabras, historias, películas y expresiones faciales que representaban 6 emociones básicas o primarias (enojo, miedo, asco, felicidad, tristeza y sorpresa) y 7 secundarias o complejas (recogidas en la imagen inferior).
Los resultados obtenidos en este experimento confirmaron que somos capaces de ubicar en diferentes áreas de la anatomía corporal las variaciones en el estado emocional, independientemente de la nacionalidad del sujeto.
Con los resultados obtenidos, se elaboró el siguiente “Mapa corporal de emociones” publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences:

La mayoría de las emociones básicas, están asociadas con sensaciones de alta actividad en la zona alta del pecho, que corresponde a cambios en la respiración y ritmo cardiaco.
De igual modo, casi todas las emociones generaron cambios en el área de la cabeza, lo que sugiere la importancia de la zona de la cara (activación de la musculatura facial, cambios en la sonrisa, lacrimación, o la temperatura de la piel).
Las sensaciones en el aparato digestivo y alrededor de la garganta estaban presentes en el asco. En contraste con las demás emociones, la felicidad activa prácticamente todo el cuerpo, dando la sensación de “plenitud”. En contrapartida, en la depresión el cuerpo parece desactivado y sugiere un “vacío” que se concentra en el tórax.
En el amor y el enojo se ven reflejadas las extremidades, tal vez porque en ese momento se está listo para abrazar o golpear. En la ansiedad, la energía está concentrada desde el tronco hasta la cabeza, mientras que las extremidades permanecen inactivas.
Los autores del estudio sugieren que la evidencia del papel que juega el cuerpo en el proceso emocional, nos puede ayudar a entender los cambios en los estados de ánimo, así como servirnos de biomarcadores de los trastornos emocionales.
El cuerpo y las emociones van de la mano, cuando uno habla el otro reacciona. Existen numerosas investigaciones científicas que avalan la influencia de las emociones en el dolor y el cuerpo físico y cómo estas se relacionan constantemente. De hecho, se ha demostrado que se activan varias áreas del cerebro cuando experimentamos un dolor físico y un dolor emocional.
Por ejemplo, si no gestionas un enfado o el estrés de tu trabajo, esto puede generarte, a veces, una contractura o tensión en la mandíbula. Son emociones no expresadas, que se quedan incrustadas en tu cuerpo, esperando que las dejes salir. Como no pueden manifestarse, van a intentar expresarse de algún modo, y terminan haciéndolo en forma de tensiones o malestares físicos.
Tu cuerpo es sabio y sabe lo que requieres
Si gestionamos nuestras emociones de una forma sana, podremos escuchar y entender el mensaje que nos envía nuestro cuerpo. Identificaremos las emociones asociadas a los síntomas físicos, y aprenderemos a gestionar estas emociones para que no se conviertan en dolores físicos insoportables.
Piensa que tu cuerpo te apoya a conocerte mejor si aprendes a interpretar sus mensajes emocionales ocultos y le das lo que necesita (descanso, atención, deportes, entre otras actividades).
Solo queda abrir la mirada a tu parte física para que esta sea una parte importante de tu vida. Tu cuerpo es sabio y sabe lo que requieres. Si cuidas a tu cuerpo también cuidas a tus emociones. Recuerda que con tu cuerpo vas a convivir toda la vida, por tanto, vale la oportunidad prestarle más atención y cuidado. Así, no solo fortalecerás tu inteligencia emocional, sino también tu consciencia corporal.
Estilo de vida
Cuando las personas hablan de lo mucho que trabajan
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 21, 2021
¿Qué hacer con personas que constantemente hablan de lo mucho trabaja? Todos conocemos a varias personas que hablan con frecuencia de lo mucho que trabaja. Ahora, ¿qué decirles? Si esa persona somos nosotros, ¿cómo puede este hábito condicionar nuestras relaciones?
Dentro de los discursos de auto ensalzamiento, muy positivos en momentos determinados para la autoestima, destacan los de aquellas personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan. Parecen vivir por y para el sacrificio.
Es natural que en el discurso se cuelen nuestras preocupaciones y el trabajo suele ser un contexto proclive a generarlas. Sin embargo, más allá de algo que podamos compartir con otras personas, pocas veces lo que hacemos en el trabajo es de interés para otros.
Si antes de llegar a casa, en la última conversación del día, otra amiga te habla de la responsabilidad tan grande que tiene y de lo difícil que es cumplir con las responsabilidades asociadas a su puesto, es normal que sientas que la información que está compartiendo te aburre. De manera especial, cuando habla de lo mucho que trabajan como una muestra de virtud y sacrificio.
Una necesidad de comunicación e información
Normalmente, como apuntábamos, las preocupaciones suelen encontrar huecos en nuestro discurso de la misma forma que los suelen encontrar en nuestro diálogo interno.Las personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan tienen, por norma, tres motivaciones: comentar con otros lo que no se atreven a decir a sus superiores, validar con los demás sus emociones frente a lo que ocurre u obtener información, Hy hablar con los demás ante el miedo de hablar con un jefe.
Normalmente, las motivaciones de nuestros quehaceres siguen el curso de un rio sencillo. Si alguien no para de hablar de lo mucho que trabaja, mostrándose preocupado por su situación, quizás sea porque en realidad necesita hablar con su jefe. Si ya lo han hecho, quizás necesite hablar con un sindicato para revisar sus condiciones laborales. Asímismo, esta persona puede estar pidiendo ayuda frente a una serie de demandas que no se ve capaz de cubrir de manera autónoma con los recursos de los que dispone. Puede que en estos casos se requiere hablar con un profesional.
Un medio de validación ante los demás
El trabajo es una de las vías que utilizamos con más frecuencia para validar nuestras capacidades. En la medida en que una persona esté más o menos condicionada por la sociedad y por su educación, el trabajo habla de la persona como ser productivo, aunque lo productivo no sea útil ni para ti ni para nadie.
Se equipará el hacer, con el ser y valer. El trabajo proyecta en el escenario social una imagen mejor de nosotros. Cuanto mejor salario tengas y más merecido esté, serás más respetado.
Por ello, personas que tienen la opinión de los demás muy en cuenta y que han asimilado completamente, sin matices, el modelo de meritocracia; creen que decir que trabajan mucho les valida ante la sociedad.
La necesidad de compararse con los demás
A veces realizamos una actividad laboral y no sabemos si la empresa cumple los convenios laborales, el derecho a vacaciones u otras cuestiones que a todo trabajador incumbe. Debido a ello, muchas personas buscan la información que les falta en la comparación con los demás. Aunque la jornada laboral sea de ocho horas, quedan muchos cabos sueltos por resolver desde la perspectiva de un trabajador si las cosas no se tienen claras.
Por otra parte, es posible que la necesidad de estar constantemente comunicando que haría las cosas de manera distinta a como lo hacen los demás. Es una manera de sentirse importante, aunque en el fondo sabe que es una manera para quitar las frustraciones escondidas.
Cuando más que comunicarse, tienen la necesidad de agitar su ego
En no pocas ocasiones, hay personas que sólo hablan de lo mucho que trabajan no como una forma de validarse, sino de intentar mostrar una especie de superioridad social. En este sentido, estamos en todo nuestro derecho de redirigir su discurso o de explicitar nuestra hipótesis sobre lo que está sucediendo. Pensemos que el otro o nosotros, puede hacerlo sin ser consciente de su motivación.
Para concluir, una persona que constantemente dice lo mucho que trabaja puede llegar a ser tan molesta como aquella que fija el discurso de manera constante en sus logros y posesiones. Cargar de esta manera los diálogos suele debilitar los vínculos, ya que es muy difícil que el yo receptor encuentre un espacio en ese diálogo.
Por tanto, si te encuentras realmente saturado por este tipo de conversaciones, es la hora de comenzar a reconducirlas, cambiarlas o expresar a la otra persona, de forma directa y lo más asertivamente posible. Cuando es el momento de “tiempo libre”, lo más sano es sano desconectar tanto de las obligaciones laborales de los demás como de las del día a día.
Estilo de vida
Cuando un pensamiento se convierte en obsesión
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 15, 2021
La preocupación obsesiva rara vez apoya. De hecho, lo que se suele lograr es elevar la ansiedad y el riesgo de agotamiento psicológico. ¿Qué se requiere para no llegar a estos extremos? ¿Cómo dejar atrás el tema para que una preocupación se convierta en una obsesión? Hay veces en las que determinadas ideas producen daños en el día a día. No podemos dejar de pensar en ciertas cosas. Les concedemos valor y presencia en la mente de manera tormentosa sin poder evitarlo, sin poder eludir ese flujo de pensamientos.
El cerebro es como una fábrica que nunca descansa y es suficiente que nos digamos “no voy a pensar en un ¨elefante rosa” para que, como bien sabemos, lo visualicemos. Entonces, ¿cómo podemos desactivar esos procesos psicológicos tan desgastantes? Existen alternativas eficaces para tranquilizar las preocupaciones patológicas.
Vivimos en una sociedad que usa la preocupación obsesiva como mecanismo de afrontamiento para toda circunstancia. Sin embargo, la alternativa no está en “preocuparse mucho”, sino en pensar de manera sana.
Alternativas para que una que un pensamiento se convierta en obsesión
Hay un proverbio sueco que dice que la preocupación tiene el poder de producir grandes sombras en objetos pequeños. Es cierto. La realidad es que tenemos derecho a preocuparnos, sin embargo, se requiere hacerlo de manera sana, es decir, orientando todo ese esfuerzo mental en solucionar aquello que nos quita la calma. Es por ello que requieres ocuparte en vez de preocuparte.
Como diría Víctor Frank, cuando nos enfrentamos a una situación adversa es responsabilidad nuestra afrontarla y transformarla. Si no es posible, el siguiente paso es aceptarla. Algo tan lógico y evidente que sólo se puede lograr mediante un enfoque tranquilo, realista y centrado. Si esto es algo que nos cuesta lo indecible conseguir se debe a varios motivos.
De acuerdo a investigaciones, como los realizados en el King’s College de Londres y la Universidad de Australia Occidental, recogen datos que apoyan la idea de que buena parte de nuestras preocupaciones se apoyan en sesgos cognitivos. Son muchas las personas que piensan que al preocuparse tienen o demuestran tener un mayor control. Si dejan de hacerlo y se relajan, temen ser sorprendidos por lo inesperado.
Es momento de cambiar esas ideas, esos sesgos. He aquí algunas alternativas para quitar una preocupación para que no se convierta en una obsesión.
1. Comprende cómo funciona el mecanismo de la preocupación
La preocupación cumple un objetivo: elevar nuestra activación para que podamos actuar ante las amenazas que nos rodean. El fin último es actuar y para ello hay que trazar soluciones. Sin embargo, las personas en lugar de actuar o aceptar una realidad concreta, magnificamos aún más las amenazas estresantes. Lo hacemos mediante la rumia, un tipo de preocupación persistente y repetitiva que, en lugar de buscar respuestas a los problemas, se hace más preguntas. La rumiación eleva las emociones de valencia negativa y el malestar. De ese modo, vamos cayendo cada vez más en los laberintos de la ansiedad.
Para impedir que una preocupación se convierta en obsesión, debemos tener presente que al alimentar la rumiación, nos mantendremos más estancados y sin posibilidades de resolver el problema. La preocupación, la rumia y la obsesión son el resultado de un circuito de retroalimentación cerebral orquestado entre la amígdala y la corteza prefrontal.
2. Acepta el pensamiento obsesivo, sin embargo, deja de seguir el juego
Debemos tenerlo claro, de poco nos van a servir frases como “ya no voy a pensar en esto” o “esta va a ser la última vez que me pare a pensar en aquello”. Porque la mente vuelve a pensar en lo mismo. Los pensamientos son automáticos y requieres comenzar a fortalecer pensamientos que nutran.
De este modo, lo más adecuado es dejarlos, aceptar que están ahí. Investigadores de la Universidad de Hamburgo indican en un estudio, que debemos ver esos pensamientos obsesivos como fenómenos mentales que van y vienen. Son como el flujo de un río que corre. Lo más importante es no darles importancia ni reforzarlos. Si están ahí, dejemos que tal y como lleguen se vayan.
3. No te juzgues, sé compasivo contigo mismo
El diálogo interno de manera negativa, que juzga y que nos critica es como el motor que alimenta la fábrica de la preocupación. No es lo adecuado. Si deseamos evitar que una preocupación se convierta en una obsesión seamos amables y compasivos con nosotros mismos. Hemos pasado por mucho en esta vida, no hay duda. Confiemos en nuestra experiencia para abordar los retos que nos vienen. En lugar de preocuparnos, ocupémonos de lo que nos inquieta emprendiendo cambios, pensando en nuevas fórmulas para resolver problemas.
4. Haz cambios en tu rutina y que vayan en contra de tu obsesión
Si temes perder el trabajo, empieza a buscar nuevas opciones laborales. Si te preocupa lo que pueda traerte el futuro, céntrate en iniciar cosas nuevas en el presente. Hacer nuevos amigos, iniciar cursos, aprender algo distinto. Todo ello es positivo. Los pequeños cambios cotidianos son nuevos estímulos para la mente, de ese modo logramos apartarla del foco de obsesión y preocupación.
5. Sal de tu universo obsesivo y expresa lo que sientes
Salir de tu mente para sumergirte en tu vida. ¿Cómo se consigue algo así? Hay puentes que conectan un escenario y otro que pueden ser realmente catárticos. El arte en todas sus formas y dimensiones resulta un mecanismo idóneo para evitar que una preocupación se convierta en obsesión. Pintar, dibujar, esculpir, tejer, coser, componer, escribir, terapia. Hay múltiples posibilidades capaces de apoyarnos a apaciguar la mente, a permitir que vaya más allá de su laberinto de preocupación para apreciar la vida. Cada persona debe encontrar su medio, su lienzo personal.
No nos olvidemos tampoco de compartir tiempo con personas que sepan escuchar. Hablar de lo que nos ocupa y dejar fuera lo que atenaza dentro, también es necesario y saludable. Deja de vivir en aislado en soledad mental donde sólo crece la angustia y conecta con lo que te rodea de manera activa y comenzar a confiar.
