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Apuntes sobre el regionalismo en Cuba

Las luchas por la independencia

René Villaboy

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La gesta cubana por la emancipación de España se inició en el extremo oriental de la Isla. Tras un intenso movimiento conspirativo que utilizó como resguardo las logias masónicas locales, se consumó el alzamiento emancipador. Desde el ingenio llamado Demajagua, el patriota  bayamés, Carlos Manuel de Céspedes, lanzó el grito de libertad o muerte y de paso movilizó a sus seguidores de otras jurisdicciones orientales, de las zonas del Camagüey y de una parte de las Villas. Pero pocos meses después los independentistas cubanos aún no lograron cohesionarse en una unidad política, simbólica y menos nacional. Dos banderas distintas se enarbolaban en los campos de Cuba Libre, y en la jerga de los insurrectos se manejaba una mezcla de denominaciones políticas propias del orden administrativo monárquico o de las difundidas y modernas estructuras republicanas. 

Por ello en abril de 1869 se realizó una reunión con propósitos de unificación, conocida como Asamblea de Guáimaro, denominada de esa manera porque el cónclave tuvo como escenario al pequeño poblado camagüeyano marcado con ese nombre. Allí se enfrentaron abiertamente los regionalismos cubanos utilizando diversos recursos de discordancia política, estratégica y sobre todo en lo referido a la estructuración del estado-nación en ciernes. Carlos Manuel de Céspedes, partidario de un mando centralizado que reuniera las prerrogativas políticas y militares, se enfrentó sin éxito a la pujante juventud camagüeyana y villareña que aspiraba a una república con todos sus poderes y estructuras, aun en medio de las difíciles condiciones de la guerra. A lo cual se sumaron otros puntos de discusión tales como la de eliminación la esclavitud, tema donde la cuestión regional también afloró. En tanto el peso numérico del trabajo esclavo era poco significativo en el centro frente a su importancia en el oriente. Y hasta la propia definición del pabellón nacional fue salpicada de la cuestión regional. La bandera adoptada como símbolo de la República de Cuba en Armas fue la que se izara por vez primera en por Narciso López en 1850 en Cárdenas, Matanzas o sea en occidente. La instauración de un estado-nacional insurgente en la Isla no logró en cambio que la principal región socioeconómica cubana, el Occidente, se incorporara a la contienda.

Por tanto, para la Revolución de Yara, fue una necesidad vital llevar allí el proyecto de república independiente que a apenas nacía. Pero la mayoría de los independentistas en sentido general- sin distinción de la clase social a la que pertenecían- tenían una mentalidad que reducía del concepto de lo “nacional”. Para muchos de ellos la madre patria no era ya España, sino el reducido terruño donde habían nacido y donde tenían sus familias y propiedades. De manera que tal fenómeno comenzó a expresarse no ya en las decisiones políticas sino sobre todo en el funcionamiento militar de la contienda.

Por solo citar algunos ejemplos podemos apuntar que enero de 1875 comenzó la Invasión a Las Villas. Máximo Gómez no pudo llevar de segundo jefe a Antonio Maceo, porque los villareños se negaron a que los dirigiera un militar de otra región. De igual manera las tropas llamadas a reforzar las acciones militares en el territorio villareño- y de paso avanzar hacia el occidente- se amotinaron en abril de ese año en Lagunas de Varona, bajo el liderazgo del tunero, Vicente García, exigiendo no solo no marchar hacia otra región sino, también la reestructuración de la vida civil y militar de la República. En 1876 el propio Gómez fue expulsado de Las Villas por los jefes regionales encabezados por el polaco Carlos Roloff, negados a una dirección que no fuese villareña. A lo cual se añade una nueva sedición en Santa Rita, el 11 de mayo de 1877, donde García se resistía otra vez a asumir la jefatura de otro territorio que no fuera su natal Las Tunas, y hasta la declaración de un “cantón independiente” en Holguín. Con todo ello fue imposible llevar a término el fin último de la revolución de 1868. El regionalismo y los abigarrados sentimientos locales junto a otros problemas debilitaron a las fuerzas mambisas y fortalecieron al colonialismo español. Por tanto, la capitulación cubana entonces llegaría más tarde o más temprano. 

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