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Madre América: Brasil-Cuba

Fidel y Frei Betto tres décadas después

René Villaboy

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Por estos días de intenso calor en La Habana y en otras provincias y municipios se llevan a cabo variadas actividades culturales como parte de la etapa estival. Entre ellas, el libro y la literatura encuentran espacio no sólo en librerías y bibliotecas sino también en plazas públicas y en los más diversos sitios dedicados a la recreación y el entretenimiento. Dentro de las ofertas literarias de este verano, una reedición cobra un lugar privilegiado en las opciones de lectura. Se trata de un libro publicado originalmente en 1985, y que ve de nuevo la luz 34 años después en un formato de suyo atractivo: Fidel y la Religión. Conversaciones con Frei Betto. La obra  que marcó toda una época, vuelve a las manos de los lectores en medio de estos meses de vacaciones, esta vez como una edición conjunta de la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado y de la Editorial de Ciencias Sociales.

El texto recoge 23 horas de entrevistas concedidas por Fidel Castro al fraile dominico brasileño Carlos Alberto Libanio Christo, conocido por todos como Frei Betto, que tuvieron lugar entre el 23 y el 26 de mayo de 1985 en las oficinas de Fidel en el Palacio de la Revolución. En momentos en que tenía su auge la teología de la liberación y el llamado socialismo real todavía consideraba la religión como el opio de los pueblos, el máximo líder del único estado marxista del hemisferio, trató profundamente el tema por primera vez.

Uno de los valores más importante de este libro radica en que la religión no es tratada sólo como fé y práctica, sino sobre todo como sistema cultural vinculado a las tradiciones y a la vida espiritual de las sociedades. En este sentido, Frei Betto indagó primeramente en la formación católica del líder cubano, y hasta en las creencias de su madre y del entorno campesino en que pasó Fidel sus primeros años de vida. Por el testimonio del propio líder se conoce sobre su estancia y formación en importantes colegios católicos, como el de Dolores en Santiago de Cuba o el prestigioso Belén de los jesuitas en La Habana. Continúa despejando la presencia de las religiones en Cuba y su relación con el proceso histórico de la Isla. Betto tampoco perdió la oportunidad de esas entrevistas para que el líder cubano le hablará de su formación ideológica y de la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista. Por ello se incorporan las valoraciones de Fidel sobre importantes sucesos y figuras de esta etapa del proceso revolucionario que tuvieron formación y creencias religiosas como Frank País, José Antonio Echeverría, y el capellán del Ejército Rebelde y luego Comandante conocido como el Padre Sardiñas. 

 Sin sombra de dudas, una parte interesante y para nada exenta de polémicas es en la que Fidel aborda las relaciones entre la Revolución Cubana y la Iglesia Católica. Desde el propio primero de enero, con las nacionalizaciones de la enseñanza, y luego tras la adopción del marxismo como ideología del proceso cubano tuvieron lugar puntos de discordancia entre la jerarquía eclesiástica y la dirección política de La Habana. Lo que generó medidas extremas que tensionaron los vínculos entre el estado revolucionario y el catolicismo local. En esta sección de la entrevista el Comandante en Jefe examina los motivos que a partir de la perspectiva de una revolución social que pretendió cambiar a Cuba desde sus propias estructuras que generaron contradicciones con un clero mayoritariamente español y franquista, y con relaciones muy fuertes con la burguesía que salió del poder.  Esta circunstancia que explica en gran medida que contra a ocurrido en América Latina, en el seno de la Iglesia Católica de la isla no se desarrollará la Teología de la Liberación.

Finalmente, otros temas no escapan en las páginas de Fidel y la religión, como una posibilidad de la visita a Cuba del papa Juan Pablo II, concretada en 1998, las relaciones entre marxismo y cristianismo, el papel de Cuba en el tercer mundo y el diferendo con los Estados Unidos. Al ser encuestado Fidel sobre si creía en la religión era el opio de los pueblos, luego de hacer un análisis histórico y político, señaló: se puede ser marxista sin dejar de ser cristiano. Fue sin dudas la gran lección ética que sobre el tema deja la lectura de este texto que al cabo de 34 años sigue siendo del interés de todos los que quieren entender a Cuba.

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