Conecta con nosotros

Madre América: Brasil

Duras críticas al gobierno de Brasil por ineficiente manejo de la crisis sanitaria que atraviesa el país

Héctor Hernández Pardo

Publicado

en

Sumario: Dice experta norteamericana que Brasil es el ejemplo de todo lo que podía salir mal en una pandemia. Estadísticas oficiales indican unos 300 mil muertos por el Covid-19. Importante encuesta señalan al presidente Bolsonaro como el principal culpable de la crisis que atraviesa el país. Según la Fundación Oswaldo Cruz, el gigante suramericano “vive el mayor colapso sanitario y hospitalario de su historia”.

Las protestas y las críticas crecen en Brasil por el ineficiente manejo por parte del gobierno de Bolsonaro de la crisis sanitaria en el país causada por la pandemia del COVID-19, que ha elevado incesantemente el número de muertos y contagios por el SARS-CoV-2 y que ha colapsado los sistemas de salud. El gigante suramericano es actualmente el epicentro global de la enfermedad.

Sólo superado por Estados Unidos, Brasil es el segundo país en el mundo más afectado en términos absolutos por la pandemia. Estadísticas oficiales indican que rebasa los 12 millones de personas contagiadas y más de 300 mil muertos. Los últimos días han batido record de fallecidos. Las Unidades de Cuidados Intensivos de la mayoría de los estados han sobrepasado su capacidad.

Una encuesta reciente dada a conocer por el Instituto Datafolja registra que más de la mitad de los brasileños califican de mala y muy mala la gestión del gobierno para frenar la pandemia y, sobre todo, por la ineficacia del presidente Jair Bolsonaro, cuya popularidad ha bajado al 20 %. Según dicho estudio la mayoría de los encuestados estiman que el gobernante es el principal culpable de la crisis que padece el país y que ha mostrado no sólo ineficiencia en el manejo de la situación, sino también falta de sensibilidad y una “imitación” vergonzosa de la manera en que lo hacía Donald Trump.

Para la Fundación Oswaldo Cruz, una prestigiosa institución científica de investigación y desarrollo en ciencias biológicas, de Rio de Janeiro, “Brasil vive el mayor colapso sanitario y hospitalario de su historia” y pidió al Gobierno ocuparse con seriedad del problema y endurecer las medidas para frenar los contagios.

Las críticas al gobierno de Bolsonaro no sólo provienen de adentro. Figuras importantes del mundo científico llaman la atención en el mismo sentido sobre lo que está sucediendo en Brasil. Así, por ejemplo, se ha pronunciado Denise Garrett, epidemióloga que trabajó durante más de 20 años en el Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) del Departamento de Salud de Estados Unidos. La doctora Garrett, que es ahora vicepresidenta del Instituto de Vacunas Sabin de Washington, crudamente afirmó en una entrevista a la BBC que “Brasil es el ejemplo de todo lo que podía salir mal en una pandemia. En ese país, sus dirigentes, además de no implementar medidas de control, minaron las medidas necesarias para evitar la diseminación de la enfermedad como la distancia social, el uso de mascarillas y otros. Como resultado se ha convertido en una amenaza global.”.

Los expertos consideran que Brasil atraviesa el peor momento de la pandemia.

Continuar Leyendo
Clic para comentar

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Madre América: Brasil

La insólita revuelta de la marinería brasileña en 1910

Sergio Guerra Vilaboy

Publicado

en

La sublevación de los marinos negros y mulatos tuvo lugar en Brasil durante la República Velha (1889-1930), una época caracterizada por las pugnas entre la reacción monárquica, los jefes militares artífices del derrocamiento del emperador Pedro II y las distintas fuerzas republicanas. Al margen de los agudos conflictos políticos estallaban por todas partes protestas campesinas y las primeras luchas obreras, que recogían las reivindicaciones del pueblo brasileño.

Pero el empobrecido sertao y los centros fabriles no fueron los únicos lugares donde se manifestó la efervescencia social durante aquella república de “café con leche”, como también se le conoció, pues el descontento alcanzó hasta las propias fuerzas armadas. Ejemplo de ello fue la singular rebelión de los marinos en la bahía de Guanabara, todos negros y mulatos, obligados a servir en la armada en condiciones de verdaderos esclavos, mediante una especie de leva que databa de la época imperial, pese a que la abominable institución había sido abolida doce años atrás. El detonante de la revolta da chivata, o revuelta del latigazo en español, fue el brutal castigo recibido por el marinero negro Marcelino Menezes, a quien se le dieron más de doscientos azotes por una indisciplina.

La noche del 22 de noviembre de 1910 los marinos se apoderaron por la fuerza de cuatro barcos de guerra surtos en la bahía de Guanabara, tras someter a la oficialidad blanca y eliminar todo conato de resistencia. Al frente del movimiento sobresalió un joven marino hijo de esclavos, nombrado Joao Candido Felisberto, al que la prensa calificó, por su habilidad al mando del moderno acorazado Minas Geraes, recién adquirido en Inglaterra, como “el almirante negro”. La poderosa flotilla, enarbolando banderas rojas, se movió por toda la bahía y amenazó con bombardear el Palacio del Catete y otras instalaciones gubernamentales en Rio de Janeiro si no eran aceptadas sus modestas demandas: eliminación de los castigos corporales, aumento de sueldo, mejor alimentación y creación de un sistema de instrucción adecuado para ellos en la armada. En su ultimátum al presidente, mariscal Hermes da Fonseca, escribieron “Los marineros, ciudadanos brasileños y republicanos, no pudiendo soportar más la esclavitud en la Marina brasileña, la protección que la Patria no nos da, rompemos el negro velo que nos cubría ante los ojos del patriótico y engañado pueblo. Estando todos los barcos en nuestro poder, manteniendo a bordo prisioneros a todos los oficiales, que han sido los causantes de que la Marina brasileña no sea tan grandiosa, mandamos este mensaje a Su Excelencia [que …] tiene plazo de doce horas para enviarnos una respuesta satisfactoria, so pena de ver a la patria aniquilada. Firmado: Los marineros”.  

El gobierno y la alta oficialidad aristocrática de la armada se sintieron humillados, pero no tenían posibilidad de atacar a los barcos rebeldes, que eran vitoreados desde la costa por la población humilde de Río de Janeiro. Sin alternativa, el 26 de noviembre el congreso amnistió a los marinos sublevados y fueron suprimidos los castigos corporales. Aplacado el movimiento, las autoridades se valieron de diferentes subterfugios legales para incumplir sus promesas y arrestar después a dos decenas de marinos.

Los rumores sobre nuevas detenciones despertaron de nuevo la intranquilidad en la armada. El 9 de diciembre los marinos se volvieron a insurreccionar, pero en esta oportunidad el movimiento fracasó y los rebeldes se rindieron bajo el fuego del ejército y una parte de la propia escuadra. Muchos participantes murieron o fueron fusilados, mientras los prisioneros eran enviados a realizar trabajos forzados en plantaciones insalubres de caucho en el Acre o en la construcción del ferrocarril Madeira-Mamoré. Por su parte, Joao Candido, fue expulsado de la marina y encerrado en abril de 1911 en una mazmorra de la IIha das Cabras. Liberado en noviembre de 1912, pasó muchas necesidades y sólo consiguió trabajo de estibador y luego vendió pescado en un mercado de Rio de Janeiro

La fecha del alzamiento naval de los marinos negros y mulatos se conmemora en Brasil, desde el 22 de noviembre de 2003, como Día de la Ciudadanía y de la Lucha contra la Discriminación. Cinco años después, el presidente Luis Inacio da Silva (Lula) inauguró en Rio de Janeiro una estatua del marino João Cândido (1880-1969), líder de la llamada “Revolta da Chibata” y promulgó una ley de amnistía póstuma para el jefe de ese movimiento y sus participantes, a pesar de la resistencia del alto mando de la armada brasileña.

Continuar Leyendo

Madre América: Brasil

La última monarquía americana

Sergio Guerra Vilaboy

Publicado

en

En la lucha por la independencia surgieron tres monarquías en América Latina.  La primera fue la de Haití, implantada por Jean Jacques Dessalines (1804) y continuada por Henri Christophe hasta su muerte en 1820, como ya referimos en Informe Fracto. Después surgieron la de Agustín de Iturbide en el antiguo Virreinato de Nueva España (1821-1823), que tuvo jurisdicción desde Texas a Panamá, y la de Maximiliano de Habsburgo en el propio México (1864-1867). A ellas hay que agregar la de Brasil, instalada por los Bragança en 1822 y que se derrumbó en 1889, la más longeva de todas las monarquías americanas.

El colapso del Imperio de Brasil comenzó la noche del 11 de noviembre de 1889, cuando los oficiales del club militar fueron incitados a la rebelión contra la Corona, por el exaltado republicano Benjamín Constant Botelho de Magalhaes, en los momentos en que el monarca Pedro II se divertía en una fastuosa fiesta en Río de Janeiro. Cuatro días después, las tropas del general Manuel Deodoro da Fonseca salían de los cuarteles, ocupaban posiciones en la capital, exigiendo la dimisión del gobierno, mientras en el ayuntamiento de la ciudad otros opositores a la monarquía proclamaban la república.

La casa de los Bragança se venía desgastando de manera acelerada desde el fin de la guerra contra Paraguay (1870), por su pasividad ante la prolongación de la esclavitud, que convirtió a Brasil en el último país americano en abolirla, y los conflictos con la Iglesia y el Vaticano, provocados por el ejercicio del patronato. A ellos se agregaron las crecientes contradicciones con el ejército, surgidas cuando los militares se negaron a perseguir cimarrones y luego rechazaron la ley de retiro (1883), lo que resquebrajó la disciplina de la institución armada y su tradicional fidelidad a la Corona. En 1887, el prestigioso general da Fonseca, comandante de Río Grande do Sul, apoyó a sus subordinados que exigían el fin de la esclavitud y defendían el derecho a opinar en la prensa. Al aumento del descontento militar también contribuyó la tradicional política monárquica de favorecer a los “coroneles” de la Guardia Nacional, todos grandes hacendados.

En ese caldeado ambiente se puso de moda la filosofía positivista, con su lema de Orden y Progreso, que era enseñada a los cadetes de la Escuela Militar por el teniente coronel Benjamín Constant, quien predicaba la necesidad de establecer en Brasil una dictadura militar republicana. También el Partido Republicano, fundado en 1870, nutrido de las capas medias urbanas, la emergente burguesía industrial y los ricos cafetaleros de Sao Paulo, era partidario de derribar la monarquía, modernizar el país, separar la Iglesia del Estado y acabar con instituciones que consideraban antidemocráticas, como el Senado Vitalicio o el Consejo de Estado.

Para aplacar a la oposición, el emperador entregó el gobierno al vizconde de Ouro Preto, portador de un programa de reformas que incluía nuevas elecciones al congreso nacional, nombramiento de un militar en la cartera de guerra y marina, autonomía provincial y municipal, libertad de cultos y la reducción de las atribuciones del Consejo de Estado. Pero estas promesas, que debían ser presentadas al parlamento el 20 de noviembre de 1889, llegaban demasiado tarde. La impopularidad del gabinete de Ouro Preto, junto con el rumor de que el general da Fonseca sería arrestado, precipitaron el desenlace. En la mañana del 15 de noviembre de 1889 este alto oficial sublevaba las tropas bajo su mando, mientras el general Floriano Peixoto, jefe de la guarnición capitalina, se negaba a reprimir el levantamiento y encarcelaba a todo el gabinete, incluyendo al propio vizconde de Ouro Preto.

Todos los intentos del emperador, que apresuradamente se presentó en Rio de Janeiro desde su residencia en Petropolis, para revertir el derrocamiento fueron inútiles. Esa misma noche del 16 de noviembre de 1889 fue obligado a abandonar el país con toda su familia. El exitoso golpe militar permitió el establecimiento de una república oligárquica –con el lema de Orden y Progreso en su bandera-, conocida como la del “café con leche”, surgida para satisfacer los intereses exclusivos de las elites cafetaleras y ganaderas de Sao Paulo y Rio Grande do Sul. La caída del imperio brasileño fue resultado de un movimiento “desde arriba”, sin participación popular, que prolongó el viejo e injusto orden económico y social.

Continuar Leyendo

Madre América: Brasil

Resistencia campesina en Canudos

Sergio Guerra Vilaboy

Publicado

en

La caída del imperio y el establecimiento de la república en Brasil (1889) no trajeron ninguna mejoría a la situación de opresión y miseria del campesinado, que representaba entonces más del 70% de la población. La extrema pobreza rural y los abusos de los coroneles, como se les llama a los terratenientes por su antiguo grado en la Guardia Nacional, era el caldo de cultivo de la explosión social en el sertao, esto es, la zona más árida y pobre del Nordeste brasileño.

En esta región la situación era mucho más grave que en el resto del Brasil, debido a la profunda crisis que afectaba a la industria azucarera y a los efectos de la sequía, que asolaba sin tregua desde fines del siglo XIX. Para escapar a las hambrunas, miles de campesinos desesperados huían hacia otras partes del país, en donde nutrían la enorme masa desempleados, o buscaban consuelo en los viejos mitos y supersticiones del sertao, lo que explica la proliferación de sectas religiosas a las que seguían millares de fanáticos sertanejos. Algunos de los que se quedaban en el devastado sertao se unían a las bandas de cangaçeiros –como las de Corisco, Volta Seca y Lampeao, el más famoso de todos-que asaltaban las fazendas y robaban en los caminos, cuando no actuaban de guardia de corps al servicio de los coroneles.

Una de las luchas campesinas más significativa fue la que se dio en Canudos (1896-1897), en el estado de Bahía. El líder del movimiento era un antiguo seminarista católico nombrado Antonio Vicente Maciel o sencillamente Antonio Conselheiro. Las dificultades económicas lo habían obligado a dejar los estudios para sacerdote y a deambular por el sertao, divulgando sus propias concepciones religiosas, derivadas del sincretismo del catolicismo con creencias de origen africano e indígena. Decidido partidario de la derrocada monarquía, Conselheiro carecía de un programa concreto como no fuera la lucha contra las medidas anticlericales del gobierno y los abusos que se cometían con los campesinos. Por esa razón se opuso a que los sertanejos pagaran impuestos a las autoridades de Massate, incidente que lo hizo refugiarse en el interior de Bahía.

La incesante persecución oficial propició que Conselheiro y cientos de sus seguidores se asentaran en Belo Monte (1893), en una vieja hacienda de Canudos arruinada desde la liberación de los esclavos. Allí pronto se congregaron varios miles de personas, procedentes de todos los rincones del sertao, atraídos por la prédica de Conselheiro. El sistema de vida comunitario igualitarista implantado en Canudos recordaba al establecido por los cimarrones en el Quilombo de Los Palmares. Como sus predecesores del siglo XVII, los seguidores de Conselheiro cultivaban la tierra y comerciaban con los poblados cercanos, protegidos por un cuerpo armado que dirigía Joao Abade, en defensa de sus derechos a la tierra y a una existencia independiente.

Para someter a Canudos, el gobierno envió una primera expedición militar de más de cien hombres, que partió de Juazeiro (Bahía) en noviembre de 1896, que fue obligada a retirarse, con más de 25 bajas, por los sertanejos armados al grito de ¡Viva Nosso Bom Jesús!  La segunda columna que marchó sobre Canudos ya fue de seis centenares de soldados y policías. En enero de 1897 estos efectivos se presentaron ante el poblado rebelde, pero rodeados por más de cuatro mil enfurecidos campesinos tuvieron que replegarse con el doble de muertos y heridos que en la intentona anterior. Dos meses después apareció en el sertao una tercera expedición punitiva de más de mil soldados y oficiales. Los éxitos militares obtenidos por los campesinos acrecentaban su confianza en los poderes sobrenaturales de Conselheiro, a quien creían inmortal. La aplastante derrota de los efectivos estaduales fue sellada con la muerte del propio comandante del contingente Moreira César.

La gravedad de la situación motivó la intervención del propio presidente de Brasil Prudente de Morais. Un verdadero ejército, integrado por más de cinco mil efectivos con apoyo artillero, bajo las órdenes de tres generales, fue despachado contra los insumisos sertanejos. Según relata el periodista Euclides da Cunha en su vivida crónica sobre la campaña, titulada Los sertones, entre junio y octubre de 1897 se produjo el despiadado asalto gubernamental contra Canudos, en el que fueron masacrados todos sus habitantes, sin respetar sexo ni edad, entre ellos el propio Conselheiro y sus principales lugartenientesEste cruel episodio de las luchas del campesinado brasileño por la tierra, es precisamente el tema que recrea la conocida novela de Mario Vargas Llosa La guerra del fin del mundo (1981).

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS