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Madre América: Cuba

Ejemplar respuesta de Cuba a los llamados de la ONU y la OMS para enfrentar la pandemia con cooperación y solidaridad

Héctor Hernández Pardo

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Sumario:

14 brigadas médicas, que llevan el nombre de Henry Reeve, están ayudando en igual número de países. Digno homenaje al joven combatiente internacionalista norteamericano Henry Reeve, que, con 19 años, se incorporó al Ejército Libertador cubano para luchar por la independencia de Cuba. Se suman a los más de 28 mil  doctores, enfermeros y técnicos de la salud que trabajan como cooperantes en 59 países del mundo. La Mayor de las Antillas tiene el impresionante indicador de 9 médicos por cada mil habitantes. La estructura y el sistema de salud pública ha permitido desarrollar un eficaz enfrentamiento al COVID-19 en el país.

Llama la atención poderosamente la respuesta cubana al llamado de cooperación internacional ante la crisis sanitaria mundial como consecuencia de la pandemia provocada por el COVID-19. La pequeña nación antillana, en menos de una semana, dio respuesta efectiva a peticiones de gobiernos de 14 países y envió ayuda médica inmediata a los mismos.

Dicha cooperación se organizó en 14 brigadas, integradas por especialistas médicos, enfermeras y técnicos, que forman parte del Contingente Internacional Henry Reeve, creado hace algunos años por Fidel Castro para socorrer a pueblos que padecieran desastres naturales o peligrosas epidemias. Hablamos de miles de hombres y mujeres, altamente calificados en el tema de la salud, que de manera voluntaria han expresado su disposición a brindar su apoyo a quienes lo necesitan en cualquier lugar del mundo.

Por cierto, el nombre del contingente rinde homenaje a Henry Reeve, un valeroso joven internacionalista norteamericano que a los diecinueve años de edad dejó Brooklyn, Estados Unidos, para unirse a la causa emancipadora cubana y convertirse en General de Brigada del Ejército Libertador. Fue un gran combatiente conocido como El Inglesito. Se le adjudica haber participado en unas 400 acciones combativas, de las que en 10 resultó herido.

El gesto solidario de Cuba es coherente, no sólo con la histórica posición del proceso revolucionario de ese país, sino también con los dramáticos llamados a la cooperación  y a la solidaridad hechos por el Secretario General de la ONU, Antonio Guterrez, y por el Director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quienes han explicado que el momento actual sólo es posible enfrentarlo con solidaridad y cooperación internacional.

Las brigadas especializadas que colaboran contra la pandemia se encuentran en países insulares del Caribe, Venezuela, Nicaragua, Andorra, Italia y en Africa. Y según informaciones oficiales, se evalúan peticiones de otros gobiernos y en dependencia de las posibilidades se darán respuestas próximamente.

Estas brigadas se han sumado al resto de los cooperantes de la Mayor de las Antillas en los países donde ya existía presencia de personal de la salud de la isla. En la actualidad, Cuba cuenta con más de 28 700 médicos, enfermeros y personal de Salud en 59 países; de estos, 31 de África, cinco de Asia y Oceanía y seis del Caribe; además, existen cuatro brigadas en el Medio Oriente, y también en Centroamérica y Sudamérica.

Según informó a la Televisión cubana la viceministro de Salud Pública, Dra. Marcia Cobas, “también nos unimos a gobiernos y autoridades sanitarias de esas naciones para capacitar al personal de los centros donde trabajan nuestros colaboradores. Más de 97 mil profesionales de esos países han recibido preparación”.

Añadió que en pos de esa capacitación, desde Cuba se enviaron materiales y protocolos para el tratamiento a la epidemia. “Todos los días estamos al tanto de nuestro personal. Haber recibido capacitación les permite estar en el frente de combate”, comentó la vicetitular.

Marcia Cobas aseguró que el aporte cubano de ahora no es nuevo y forma parte de la historia de colaboración médica de la Revolución, y lo ejemplificó con la ayuda de Cuba a otros países luego de terremotos, inundaciones o en la crisis que el virus del ébola provocó en África Occidental.

Finalmente añadió: “En toda nuestra historia de cooperación, la creación del Contingente Henry Reeve el 19 de septiembre de 2005 marca un momento significativo. Entonces hubo 10 000 médicos listos para viajar a Estados Unidos a ayudar luego del azote del huracán Katrina. Desde aquel momento, hemos organizado 28 brigadas médicas en 22 países, donde han participado más de 7 000 cubanos”.

Cuba, gracias a una temprana política de formación de personal especializado de la salud,  posee cerca de 95 mil médicos activos y más de 80 mil enfermeras, con lo que alcanza el impresionante indicador de casi 9 médicos por habitante, uno de los más altos del mundo. Esto le ha permitido organizar un eficiente sistema de salud pública que tiene su base en la atención primaria con los llamados consultorios de familia, integrados por un médico y una enfermera, que atienden directamente a los hogares por barrios.

A estos consultorios de familia, le siguen los policlínicos (estructura intermedia) y los hospitales especializados, a donde se remiten  casos graves o que requieren tratamiento especializado. Dicho sistema de salud pública ha permitido organizar un eficaz enfrentamiento al nuevo coronavirus, haciéndose pesquisages –diariamente- casa por casa, y ciudadano por ciudadano, identificándose y atendiéndose directamente a cada persona con antecedentes de enfermedades respiratorias y otros riesgos, y favoreciendo el aislamiento de casos sospechosos de estas contagiados por el COVID-19.

El ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda,  ha explicado a la prensa que “en cifras totales, Cuba tiene suficiente disponibilidad de recursos humanos como para poder ayudar a otros países. No obstante, lo estamos evaluando a punta de lápiz, a la hora de evaluar el profesional que puede salir a cumplir esa misión a otros países, siempre sin afectar el servicio a nuestra población.

Madre América: Cuba

Madden y la abolición de la esclavitud

José Antonio Quintana García

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Por sus aportes a la cultura cubana e influencia en el movimiento antiesclavista del siglo XIX sobresale el escritor, periodista, y médico Richard Robert Madden (1798-1886). Natural de Dublín era hijo de Edward Madden, comerciante de seda, y de su segunda esposa, Elizabeth Forde. Estudió la carrera de medicina enParís, Nápoles y Londres. Ya en aquella época había demostrado su inclinación por las letras, pues colaboró con el Morning Herald.

 Ejerció su profesión durante cinco años en Mayfair, Londres.En 1833 fue designado magistrado especial para Jamaica. Allí permaneció dos años y realizó una encomiable labor a favor de la emancipación de los esclavos. El gobierno inglés reconoció su trabajo y lo envió a Cuba en 1836 como juez en la Comisión Mixta de La Habana. Tenía la misión de supervisar el tratamiento que daban las autoridades españolas a los libertos negros. “Aunque católico poseía Madden la elocuencia fría de los puritanos y un sentido estrecho, pero apasionado de la justicia; estaba penetrado de que su misión era la de luchar no sólo contra la trata y la esclavitud en general, sino también por el bienestar moral y material de todos los africanos residentes en Cuba, y en particular de los emancipados…”, señala Juan Pérez de la Riva en su obra Correspondencia reservada del capitán general Don Miguel de Tacón.1834-1836.  

Madden gozaba de prestigio como literato y abolicionista cuando arribó a La Habana. Los éxitos logrados en los pleitos contra los esclavistas jamaicanos eran conocidos por la intelectualidad habanera. En Cuba desplegó una intensa actividad  más allá de los espacios burocráticos asignados. La economía de la Isla se sostenía en el trabajo esclavo, se ha calculado que entre 1790 y 1865 entraron en la Isla 467 288 africanos, a pesar de que, desde el año 1820, la trata era un comercio ilegal. 

Madden visitó ingenios azucareros, plantaciones, barracones para constatar in situ  cómo vivían los esclavos. Los horrores que observó los plasmó en informes que constituyen denuncias del oprobioso régimen y al mismo tiempo valiosos documentos históricos: “Ejemplos suficientes de  crueldad, han llegado a mi conocimiento, de la muerte de negros perpetrada con la impunidad, de hombres literalmente azotados hasta morir, de mujeres arrancadas a sus hijos y separadas de ellos, de haciendas donde no puede verse ni un negro anciano y donde las hembras no forman una tercera parte de la población esclava; más aún de haciendas donde no hay una sola hembra; de ingenios en que durante la época del corte de caña y la molienda la jornada de trabajo dura veinte horas seguidas y eso, frecuentemente, por espacio de más de seis meses al año, y raras veces o nunca durante menos de cinco meses, pues la opinión que prevalece a este respecto y que es generalmente practicada por los amos, es de que cuatro horas de sueño son suficientes para un esclavo”.

Pronto surgieron relaciones de amistad entre el irlandés y los intelectuales Domingo del Monte (1804-1853), Félix Manuel Tanco (1796-1871) y José de la Luz y Caballero (1804-1853). Los lazos con este último, notable filósofo y educador, fueron de tal magnitud que aquel fue padrino de su hijo, a quien bautizaron con el sugestivo nombre de Thomas Moro.

Cuando el médico irlandés se estableció en La Habana, Del Monte también inauguraba sus tertulias en la capital de la Isla. El cubano,  expone Urbano Martínez en Domingo del Monte y su tiempo: “…le prestó libros y documentos sobre la trata de esclavos y le contestó un extenso cuestionario, útil y rico en respuestas cargadas de estadísticas y datos históricos sobre el tráfico de negros y acerca de la vida de los esclavos en la Isla”.

A Del Monte le solicitó Madden que encargara a los participantes en las tertulias escribir obras literarias que denunciaran al régimen esclavista e ilustraran cómo pensaba la joven intelectualidad cubana. Anselmo Suárez y Romero acogió entusiasmado la idea. Con el ímpetu de sus 20 años comenzó a redactar en 1838, Francisco, primera novela cubana de costumbres antiesclavista. Madden la llevó entre su papelería, pero no pudo publicarla. Vio la luz en 1880, en Estados Unidos, cuando ya Anselmo había fallecido.

De aquella petición surgió un libro conmovedor escrito porJuan Francisco Manzano (1797-1854). Él, por su condición de esclavo, sufrió maltratos físicos y morales. Fue un caso excepcional, pues estaba dotado de un talento artístico y literario poco común en los de su clase. Aunque no asistió a la escuela estudió de manera autodidacta. Escribió algunas obras literarias, sin embargo su Autobiografía, en la que narra sus sufrimientos, le ganó un lugar privilegiado en la literatura cubana.

 Madden leyó el texto facilitado por Del Monte, comprendió que era un testimonio excepcional: la visión de la víctima. Llevó el manuscrito en su baúl, lo tradujo al inglés y publicó en Liverpool en 1840, bajo el título de Poems by a slave in the island of Cuba.Manzano obtuvo su libertad, hecho en el que también influyó el irlandés, pues se interesó con Del Monte, Alfonso y Aldama para que ellos reunieran los 850 pesos que la marquesa de Jústiz de Santa Ana pedía por el esclavo.

El Caso Amistad

El secuestro de barco La Amistad, por un grupo de esclavos, constituyó un hecho espectacular que ha despertado la inspiración de narradores y cineastas. La participación de Madden en el juicio a los secuestradores fue decisiva. Veamos, en síntesis, cómo sucedieron los acontecimientos: El 28 de junio 1839 un cargamento de 53 esclavos partió de La Habana en el barco La Amistad  rumbo a Puerto Príncipe. Durante la travesía, los esclavos bajo el liderazgo del joven Sengbe Pieh, conocido popularmente en la historia estadounidense como Joseph Cinque, se amotinaron, al capitán y al cocinero los mataron. Se hicieron cargo de la nave y trataron de navegar hacia África, pero terminaron en la costa norte de Long Island, de Nueva York, donde fueron detenidos.

Encarcelados, a los africanos se les acusó de asesinato y piratería. Comenzó el amañado proceso judicial. En la causa se presentaron varios demandantes que reivindicaron la posesión de la mercancía del barco: la Corona española, la Secretaría de Estado norteamericana, los traficantes cubanos y un grupo de abolicionistas.

En el mes de agosto la prensa norteamericana reflejaba en grandes espacios la historia de los secuestradores del Amistad y el juicio a que eran sometidos. Madden organizaba entonces su regreso a Inglaterra. Sin embargo, su amor a la libertad de los esclavos hizo que pospusiera el viaje. Embarcó de inmediato a Nueva York. Sus declaraciones en el proceso resultaron decisivas. Denunció que los acusados habían sido comprados en mercados ilegales y los documentos del negocio eran falsos. También reveló la complicidad del gobierno español, el cual recibía diez dólares por cada esclavo introducido en Cuba.  Finalmente, los amotinados fueron liberados y llevados a África.

Madden, en 1840, fue prácticamente expulsado de la Isla, sin embargo su quehacer ya había contribuido a plantar las semillas que germinaron el 10 de octubre de 1868, fecha que marca el comienzo de la primera guerra  independentista de los cubanos.

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Madre América: Cuba

La asombrosa vida del patriota cubano Joaquín Infante

Sergio Guerra Vilaboy

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En la Feria del Libro de La Habana 2020, la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) organizó una mesa panel sobre las repercusiones de las revoluciones liberales de España y Portugal en nuestro continente, a propósito de su bicentenario. En el debate un nombre salió a relucir, el del cubano Joaquín Infante, una figura olvidada de la historia, a quien dedicamos nuestra nota en Madre América.

Nacido en Bayamo (Cuba) en 1775 y doctorado en Derecho en la Universidad de La Habana, Joaquín Infante se encontraba en España al estallar la revuelta española contra los ocupantes franceses, retornando a la isla desde Cádiz en 1810. En la capital cubana se involucró en la conspiración, dirigida porRomán de la Luz y Juan Francisco Bassave, que agrupó algunos hacendados y miembros de las milicias de pardos y morenos, como el artesano José Antonio Aponte. El propósito era formar una Junta de Gobierno defensora de los derechos de Fernando VII, semejante a las del resto de Hispanoamérica. Abortado el movimiento juntista en octubre de ese año, Infante escapó a Estados Unidos y luego a Venezuela.

En Caracas revalidó su título de abogado y apoyó a la I República. Aquí elaboró el Proyecto de Constitución para la Isla de Cuba, publicado en la capital venezolana a principios de 1812. De marcado acento americanista, la primera propuesta de carta magna para su tierra natal, preservaba la esclavitud y la religión católica e incluía la abolición de diezmos, estancos, alcabalas, capellanías y mayorazgos, así como el reparto de tierras incultas. Entre mayo y junio de ese año, Infante fue Auditor de Guerra y Marina en Puerto Cabello, por recomendación del propio Francisco de Miranda, y estuvo a las órdenes del entonces coronel Simón Bolívar. Por su implacable persecución a los realistas, a los que encarcelaba en la mayor fortaleza venezolana, fue llamado “Segundo Robespierre”. Perdida la plaza por una traición, tuvo que huir en un bote junto a Bolívar, aunque tras la caída de la I República en julio de 1812 fue hecho prisionero y deportado a La Habana. Arribó a Cuba en agosto de 1813, donde fue juzgado como enemigo de la Corona y partidario, según las acusaciones en su contra, de ideas “sediciosas a las que llamaba Derechos del Hombre”.

Pese a estar encarcelado, pudo sacar en la prensa habanera sus experiencias en Venezuela. No se sabe cuándo escapó a Cartagena, donde entre 1814 y 1815 ejerció su profesión y restableció sus contactos con Bolívar. Después de la reconquista de Morillo, se refugió con patriotas neogranadinos y venezolanos en varias islas del Caribe. En 1816 se encontraba en Estados Unidos, enrolándose como Auditor de Guerra en la expedición del liberal español Francisco Javier Mina. En abril de 1817, tras breve escala en Haití, desembarcó en México, como muestra la película de Antonio Eceiza Mina, viento de libertad (1977), donde Infante es representado por el desaparecido actor cubano Sergio Corrieri. Capturado en junio por los realistas en el fuerte de Soto La Marina, donde editaba el Boletín de la División Auxiliar de la República y compuso su Canción Patriótica, sufrió prisión, con sus compañeros José Sarda, Francisco Millares y Rafael Castillo, en San Juan de Ulúa, La Habana, Cádiz y, por último, en Ceuta.

A partir de entonces la información sobre su extraordinaria actividad revolucionaria se hace más confusa. Liberado por la revolución de Riego (1820), publicó en Cádiz Solución a la cuestión de derecho sobre la emancipación de América, alegato a favor del reconocimiento de España a la independencia, reeditado en 1821 en Caracas. Durante el trienio liberal (1820- 1823) intentó volver a Cuba, pero las autoridades españolas se lo impidieron, hasta que en 1825 lo hizo en forma clandestina. Algunos historiadores lo sitúan ese mismo año en Nueva Orleans y en diciembre de 1825 en Cartagena, desde donde envió una carta a Bolívar, que el Libertador contestó en marzo de 1826. De la etapa final de la asombrosa vida de Joaquín Infante no se sabe casi nada, ni siquiera la fecha y el lugar donde murió este singular patriota de Nuestra América, que fuera considerado por las autoridades coloniales “el mayor revolucionario que puede pisar el territorio cubano”.

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Madre América: Cuba

Las nacionalizaciones cubanas de agosto de 1960

Sergio Guerra Vilaboy

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En 1960 la política agresiva de Estados Unidos hacia la Revolución Cubana se intensificó, como reconoció en su libro Seis Crisis(1962)Richard M. Nixon. Según el entonces vicepresidente del gobierno de Dwight Eisenhower, a principios de ese año, “la CIA recibió instrucciones de facilitar armas, municiones y entrenamiento a los cubanos huidos del régimen de Castro, exiliados en los Estados Unidos y otros países de la América Latina. La operación se realizaba en secreto.”

Desde ese momento subieron de tono, con la abierta complicidad de la oligarquía, la burguesía y otros sectores cubanos adinerados, las actividades subversivas promovidas con la descarnada ayuda norteamericana. La creciente hostilidad de Estados Unidos y el fariseísmo de la administración Eisenhower, fue comentado en enero de 1960 por el periódico The Washington Post, a propósito de las expropiaciones de tierras por la reforma agraria cubana aprobada el año anterior: “La política de fuerza que se ha recomendado usen los Estados Unidos contra Cuba provocaría que su población y las demás de Latinoamérica se preguntaran por qué el Departamento de Estado muestra tantas preocupaciones por los derechos de propiedad, cuando se mantuvo casi completamente en silencio frente a la cuestión de los derechos humanos durante los años de la dictadura de Batista.

El 4 de marzo de 1960 explotó en el puerto de La Habana el vapor francés La Coubre, cargado con armas y municiones adquiridas por el Gobierno Revolucionario en Bélgica, con un saldo de 75 muertos y más de 200 heridos. Este despiadado sabotaje, casi coincidió con la orden de Estados Unidos (17 de marzo) para entrenar en la América Central un contingente de exiliados cubanos para invadir la Isla.

Ante la brutal acometida norteamericana, la Revolución Cubana comenzó a acercarse a la Unión Soviética (URSS), aprovechando la presencia en La Habana, en febrero de 1960, de su viceprimer ministro Anastas Mikoyan, para inaugurar la exposición de Logros de la Ciencia y Técnica de su país, ya presentada en México y Estados Unidos. Al término de la visita se firmó el primer convenio comercial entre los dos países, que permitiría a Cuba la venta de 5 millones de toneladas de azúcar hasta 1964 y la adquisición de petróleo. Poco después fueron restablecidas las relaciones diplomáticas con la URSS y a fines de junio de 1960 Raúl Castro viajó a Moscú, donde se reunió con el principal dirigente soviético Nikita Jruschov.

El inminente conflicto directo con Estados Unidos estalló a fines de ese mismo mes, motivado por la negativa de la Standard Oil de New Jersey (Esso), Texas Company (Texaco) y la Royal Dutch Shell, de procesar en sus refinerías el petróleo soviético comprado por Cuba. El desacato de los grandes consorcios, que seguían instrucciones de Washington, llevó al Gobierno Revolucionario a expropiarlas el 28 de junio de 1960, amparado en la ley sobre minerales combustibles de 1938, que las obligaba a refinar el hidrocarburo proporcionado por el Estado cubano. En represalia, el 6 de julio el presidente Eisenhower canceló las compras de azúcar a Cuba y poco después la URSS anunciaba su disposición de adquirir también esa cantidad.

La dura respuesta cubana llegó el 6 de agosto en un acto público en el stadium de El Cerro, encabezado por el Primer Ministro Fidel Castro, en presencia de centenares de asistentes al I Congreso Latinoamericano de Juventudes, entre ellos el derrocado gobernante de Guatemala Jacobo Arbenz. Se trataba de la nacionalización de todas las grandes empresas industriales y agrarias norteamericanas -fábricas, minas, compañías de teléfonos, electricidad, ferrocarriles y otras muchas entidades-, complementadas el 17 de septiembre con la confiscación de todos sus bancos. Según el decreto de expropiación, los Estados Unidos podrían decidir sobre la compensación, pues si seguían comprando azúcar cubano el excedente por encima de tres millones de toneladas sería destinado a pagar las indemnizaciones. El propio embajador estadounidense en La Habana, Philip Bonsal, propuso aceptar el ofrecimiento, pero dos meses después fue retirado y no volvió más a la Isla.

El Gobierno Revolucionario declaró entonces, hace ahora sesenta años, una semana de festejos populares y se organizaron entierros y funerales simbólicos de las compañías norteamericanas expropiadas. Según el relato de un testigo: “En la escalinata del Capitolio Nacional se expuso los sarcófagos de las empresas yanquis nacionalizadas. El 13 de agosto, los ataúdes simbólicos fueron lanzados al mar.” Ese mismo día Fidel Castro cumplía 34 años.

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