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Madre América: Cuba

Sencillamente Martí

Raciel Guanche Ledesma

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El 19 de mayo de 1895 es una fecha que encierra un simbolismo especial para todos los cubanos. Ese día, hace exactamente 125 años y en pleno reinicio de las gestas libertarias, cae en combate el más preclaro y universal de los patriotas cubanos, José Martí. 

Fue en Dos Ríos, un pequeño lugar del oriente de la Isla, donde un vil balazo acabó con la vida del Apóstol. Serían esas jornadas de profundo dolor dentro de la manigua insurrecta que tendría a partir de ese momento en Máximo Gómez y Antonio Maceo, a sus principales líderes dentro de las luchas independentistas.

Pensaba la metrópolis española que con la muerte de Martí, Cuba no podría o la resultaría difícil proseguir las batallas, sin embargo, algo más fuerte convocó a la lucha: el deseo de un pueblo por multiplicar los ideales martianos de justicia y amor a la Patria.

Es bajo esos valores como se ha transitado en cada contienda desde finales del siglo XIX, primero contra España y luego enfrentando los inconcebibles deseos expansionistas de los Estados Unidos, los cuales aún se mantienen. Sin embargo, fue Fidel Castro quien llevó al Héroe Nacional cubano hasta el escalón más alto, cuando en 1959 triunfó la Revolución y con ella, se hace realidad cada sueño martiano.

A partir de entonces, el Apóstol sólo ha encontrado un lugar cimero en la sociedad cubana. Su imagen y ejemplo rondan sin detenimiento por calles, escuelas, instituciones y hasta en los propios hogares. Es todo un país quien venera su figura, no como la de un dios, sino como la de un hombre sencillo que vivió para ver libre su Tierra.

Pero no sólo en Cuba trasciende el infinito legado de José Martí. Por todo el mundo se empina también su figura ejemplar y no son pocos los países que estudian sus obras e ideales revolucionarios. Principalmente en América, a la que Martí le reservó un lugar constante en sus pensamientos y a la que llamó con toda vehemencia la “Patria Grande”, se le recuerda con gratitud infinita.

Y es que el Héroe Nacional cubano fue también un profundo bolivariano, admirador siempre de las gestas del sur por la independencia del poder Ibérico y un hombre que día a día se preguntaba qué más podía hacer para servir en bien a la América. 

Cuando en pleno siglo XXI el continente vuelve a sentirse intimidado por la desidia de algunos y los poderes imperiales venidos del norte, la figura y pensamiento de Martí cobra vida entre las naciones al sur del Río Bravo. “Nuestra América”, como la definiera el Apóstol, continúa luchando por la emancipación total de sus pueblos y por el reconocimiento de los derechos más elementales de igualdad que aún se debe la región más dispar del planeta.

Para Cuba, la tierra que José Martí soñó libre e independiente, la actualidad ha reservado otros matices. La plena emancipación de la Isla Caribeña no ha sido una utopía y hoy batalla certera en los frentes de resistencia para no regresar jamás a los oscuros días de sumisión colonial y neocolonial.

Un pueblo culto que desprecia lo banal, antimperialista por naturaleza y consagrado a lograr la unidad de los latinoamericanos fue todo lo que quiso ver el Héroe en Cuba. El destino no se lo permitió aquel nefasto 19 de mayo, sin embargo, los años le destinaron la vigencia de esas ideas en un pequeño pero valeroso país.

Mucho se puede hablar del Apóstol y más universal de los cubanos, del poeta extraordinario que fue y de la ternura de sus actos. Y es que el Héroe, a 125 años de su partida física, no se ha ido ni un instante de nuestro lado, se multiplica a diario cual imponente gigante que nos llama a proseguir la lucha, esa que nunca abandonó el excelso José Martí.

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Madre América: Cuba

Las nacionalizaciones cubanas de agosto de 1960

Sergio Guerra Vilaboy

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En 1960 la política agresiva de Estados Unidos hacia la Revolución Cubana se intensificó, como reconoció en su libro Seis Crisis(1962)Richard M. Nixon. Según el entonces vicepresidente del gobierno de Dwight Eisenhower, a principios de ese año, “la CIA recibió instrucciones de facilitar armas, municiones y entrenamiento a los cubanos huidos del régimen de Castro, exiliados en los Estados Unidos y otros países de la América Latina. La operación se realizaba en secreto.”

Desde ese momento subieron de tono, con la abierta complicidad de la oligarquía, la burguesía y otros sectores cubanos adinerados, las actividades subversivas promovidas con la descarnada ayuda norteamericana. La creciente hostilidad de Estados Unidos y el fariseísmo de la administración Eisenhower, fue comentado en enero de 1960 por el periódico The Washington Post, a propósito de las expropiaciones de tierras por la reforma agraria cubana aprobada el año anterior: “La política de fuerza que se ha recomendado usen los Estados Unidos contra Cuba provocaría que su población y las demás de Latinoamérica se preguntaran por qué el Departamento de Estado muestra tantas preocupaciones por los derechos de propiedad, cuando se mantuvo casi completamente en silencio frente a la cuestión de los derechos humanos durante los años de la dictadura de Batista.

El 4 de marzo de 1960 explotó en el puerto de La Habana el vapor francés La Coubre, cargado con armas y municiones adquiridas por el Gobierno Revolucionario en Bélgica, con un saldo de 75 muertos y más de 200 heridos. Este despiadado sabotaje, casi coincidió con la orden de Estados Unidos (17 de marzo) para entrenar en la América Central un contingente de exiliados cubanos para invadir la Isla.

Ante la brutal acometida norteamericana, la Revolución Cubana comenzó a acercarse a la Unión Soviética (URSS), aprovechando la presencia en La Habana, en febrero de 1960, de su viceprimer ministro Anastas Mikoyan, para inaugurar la exposición de Logros de la Ciencia y Técnica de su país, ya presentada en México y Estados Unidos. Al término de la visita se firmó el primer convenio comercial entre los dos países, que permitiría a Cuba la venta de 5 millones de toneladas de azúcar hasta 1964 y la adquisición de petróleo. Poco después fueron restablecidas las relaciones diplomáticas con la URSS y a fines de junio de 1960 Raúl Castro viajó a Moscú, donde se reunió con el principal dirigente soviético Nikita Jruschov.

El inminente conflicto directo con Estados Unidos estalló a fines de ese mismo mes, motivado por la negativa de la Standard Oil de New Jersey (Esso), Texas Company (Texaco) y la Royal Dutch Shell, de procesar en sus refinerías el petróleo soviético comprado por Cuba. El desacato de los grandes consorcios, que seguían instrucciones de Washington, llevó al Gobierno Revolucionario a expropiarlas el 28 de junio de 1960, amparado en la ley sobre minerales combustibles de 1938, que las obligaba a refinar el hidrocarburo proporcionado por el Estado cubano. En represalia, el 6 de julio el presidente Eisenhower canceló las compras de azúcar a Cuba y poco después la URSS anunciaba su disposición de adquirir también esa cantidad.

La dura respuesta cubana llegó el 6 de agosto en un acto público en el stadium de El Cerro, encabezado por el Primer Ministro Fidel Castro, en presencia de centenares de asistentes al I Congreso Latinoamericano de Juventudes, entre ellos el derrocado gobernante de Guatemala Jacobo Arbenz. Se trataba de la nacionalización de todas las grandes empresas industriales y agrarias norteamericanas -fábricas, minas, compañías de teléfonos, electricidad, ferrocarriles y otras muchas entidades-, complementadas el 17 de septiembre con la confiscación de todos sus bancos. Según el decreto de expropiación, los Estados Unidos podrían decidir sobre la compensación, pues si seguían comprando azúcar cubano el excedente por encima de tres millones de toneladas sería destinado a pagar las indemnizaciones. El propio embajador estadounidense en La Habana, Philip Bonsal, propuso aceptar el ofrecimiento, pero dos meses después fue retirado y no volvió más a la Isla.

El Gobierno Revolucionario declaró entonces, hace ahora sesenta años, una semana de festejos populares y se organizaron entierros y funerales simbólicos de las compañías norteamericanas expropiadas. Según el relato de un testigo: “En la escalinata del Capitolio Nacional se expuso los sarcófagos de las empresas yanquis nacionalizadas. El 13 de agosto, los ataúdes simbólicos fueron lanzados al mar.” Ese mismo día Fidel Castro cumplía 34 años.

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Madre América: Cuba

Cuba rumbo a una nueva normalidad

Raciel Guanche Ledesma

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Apenas una docena de casos positivos a la Covid-19 han sido confirmados en los últimos días en Cuba hasta este 26 de junio. Todos los pacientes corresponden únicamente a la provincia de La Habana, que por su complejidad como ciudad capital, ha requerido un mayor esfuerzo en la batalla sanitaria que libra el país.

Sin embargo, hace alrededor de un mes que trece de las quince provincias con que cuenta la Isla no reportan casos positivos al SarScOV-2. Esos parámetros alentadores que hoy no rebasan los 2,180 pacientes infestados y las 85 muertes son los que ponen a Cuba en una situación muy favorable rumbo a una nueva normalidad social y sanitaria, como han definido a la etapa las principales autoridades del gobierno.

Con un plan postCovid-19 bien estructurado, que dispone de tres fases fundamentales para la recuperación económica y epidemiológica de la Isla, poco a poco las rutinas en centros de trabajo, servicios públicos y transportación entran en una mejor dinámica, aunque aún esta última se mantiene con severas restricciones.

Desde el pasado 18 de junio, tras mantener indicadores de incidencia y casos activos satisfactorios, todas las provincias del país, salvo La Habana y Matanzas, entraron en la primera de las tres fases concebidas por la máxima dirección del país. En el caso específico de Matanzas, un importante polo turístico de la nación donde se enclava el prestigiado balneario de Varadero, se decidió el día 23 que también se incorporara a la recuperación progresiva.

En este ámbito de nueva normalidad se pretende que pervivan entre la población costumbres de esta etapa especial que antes no se concebían. Por ejemplo, el uso obligatorio del nasobuco o mascarilla donde existan aglomeraciones, parece una medida que invariablemente se quedará entre los cubanos o el lavado de las manos con una base clorhídrica antes de entrar a cualquier recinto, dígase restaurantes, centros de trabajos o las escuelas, que reanudarán las actividades docentes para el mes de septiembre.

Cuando ya existe una planificación de reapertura gradual en cada sector económico de la Isla, los ojos se centran en la producción agrícola y en el decisivo aporte del turismo, tanto nacional como internacional. En el caso específico de la agricultura y la producción interna de alimentos son puntos que recobran una importancia capital, si tenemos en cuenta que el comercio y la economía global se verán seriamente afectados luego de esta situación sanitaria.

Si a este difícil contexto le sumamos el Bloqueo comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba, las opciones económicas se reducen considerablemente para la Isla, por lo tanto, la creatividad y el desarrollo en la producción interna deberá aumentar en estas nuevas etapas, como ha señalado el Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

El turismo, quizás hoy el principal motor impulsor de la economía nacional, tiene planificado igualmente de forma escalonada la reapertura de los servicios. Para la segunda fase del país se estima que el turismo internacional llegue hasta la Cayería Norte de la Isla y luego, en la tercera etapa, que tenga acceso a los demás destinos, no sin antes someter a los visitantes a pruebas estrictas de controles sanitarios desde su arribo a los aeropuertos.

Lo cierto es que Cuba, despojada ya de los días más tensos por la Covid-19, comienza a dar pasos en el camino recuperativo, pero siempre velando por posibles rebrotes y haciendo igual o mayor cantidad de pruebas que meses atrás. Justo en esa vigilancia estricta parece estar el triunfo de las etapas venideras que requerirán sin dudas el distintivo compromiso y apoyo del pueblo.

Mucho queda por hacer en la heroica y ejemplar Isla del Caribe, pero la realidad demuestra que todo marcha por la ruta correcta. Los números han hablado por sí solos durante estos más de 100 días de batalla sanitaria, sin embargo, está claro que nada volverá a ser como antes y la nueva normalidad en Cuba es el ejemplo.

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Madre América: Cuba

El manejo de la pandemia en la Cuba de Fidel

Raciel Guanche Ledesma y Adianés de los Ángeles Cruz Basallo

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El irregular y traumático año 2020 llega a la mitad de su calendario, lleno de incertidumbres y retos para el planeta. En medio de una batalla sin precedentes contra el nuevo coronavirus y en la que cada nación ha intentado detener a su forma la expansión de la pandemia, son más los escépticos dentro de un escenario plagado de intereses económicos y políticos. 

Sin embargo, pese a este panorama casi absoluto, en el Caribe un pequeño país, asediado desde hace 60 años pero dueño de una sólida tradición solidaria, lleva hoy una de las voces líderes en el enfrentamiento a la Covid-19. Es Cuba y su sistema social quienes muestran en la actualidad indicadores satisfactorios que ponen a esa nación dentro de las que mejores ha manejado la difícil situación epidemiológica, aunque algunos se empeñen en ocultarlo.

Pasados los 80 días desde que el mortífero virus se introdujo en la Isla, son poco más de 2090 los casos confirmados al SARS-CoV-2. Es este un número razonable para una nación de cerca de 11 millones de habitantes que recibe generalmente un alto por ciento de visitantes foráneos.

Pero cuando se pronosticó en las jornadas iniciales el colapso total del sistema de salud cubano, no tuvieron en cuenta la capacidad de respuesta de ese pueblo que próximo a arribar a los tres meses de lucha contra el coronavirus muestra los siguientes indicadores: 1827 personas recuperadas de la enfermedad, lo que representa un 86 por ciento de los pacientes positivos, 83 muertes y no se rebasan los 190 casos activos hoy en los hospitales de este país.

Por si fueran pocas estas estadísticas, en los últimos 15 días son más las altas médicas que los ingresos. Sólo La Habana y Matanzas han mostrado una situación tensa en cuanto a nuevos casos positivos, y 11 de las 15 provincias no registran novedades con la Covid-19, algo que hace avizorar si no el final, al menos una etapa progresiva de recuperación.          

Son varios los factores que conducen a esos números positivos, desde el adecuado manejo del gobierno hasta la conciencia popular. Pero, ¿cuáles han sido en esencia los motivos que posicionan a Cuba dentro de las mejores naciones que enfrenta la pandemia?   En primer lugar habría que hablar del sistema de salud universal y gratuito de la Isla. Es este un sector muy bien estructurado y su éxito radica en la prevención temprana de las enfermedades. A pesar de que Cuba no tiene acceso a las mejores medicinas, ni posee altos recursos materiales por el bloqueo económico estadounidense, su lucha radica en detectar y actuar antes que la situación médica se agrave. Un ejemplo clave de lo anterior y que hoy se constata en el enfrentamiento a la Covid-19, son las pesquisas a la población. Es Cuba el único país que posee este esquema sanitario que hurgue desde calles, barrios o poblados y es algo que indiscutiblemente ha derivado en la reducción de casos positivos.

No se podría hablar de buenos resultados para la Isla sin mencionar el acertado manejo de la situación por las máximas autoridades gubernamentales. Con claridad y transparencia son dadas a conocer cada mañana las estadísticas que posee el país, y en una reunión diaria el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, junto al Primer Ministro, evalúan de forma exhaustiva los detalles en el combate contra la pandemia.

Un tema al que el mandatario cubano ha dado una alta prioridad ha sido al trabajo científico. Cuba cuenta con varios medicamentos que son utilizados en la actualidad para el tratamiento a la Covid-19 en el planeta. El Interferón Alfa 2b o la Biomodulina T, son ejemplos del progreso de la ciencia cubana a lo largo del proceso revolucionario y lideran hoy los fármacos de la Isla.

Varias son las personas que investigan sin descanso para obtener una vacuna viable contra el coronavirus. El primer paso parece haberse dado en un país que sufre como ningún otro el asedio de Estados Unidos. Con tecnología puramente nacional y en apenas seis semanas, Cuba logró desarrollar un sistema de diagnóstico de la Covid-19 propio, lo que pone a esta nación a la par de los países desarrollados y hace avizorar halagüeños resultados en un futuro cercano.

Sin embargo, no solo la ciencia contribuye en los resultados positivos de la Isla. Habría que hablar además del papel protagónico de los jóvenes y el pueblo en general, quienes han sido clave en los números actuales de Cuba.

Las nuevas generaciones nuevamente toman el papel de liderazgo en la primera línea de combate. Están donde más se les necesita, en un centro de aislamiento, en las labores de pesquisas o ayudando desde los barrios a las personas mayores, algo que ha sido fundamental para conservar el aislamiento social.

Asimismo, la respuesta del pueblo cubano tampoco se ha hecho esperar, pues la unidad y el compromiso son dos de los principales factores puestos en práctica en aras de mantenerse firmes en la contención de la pandemia. Un gesto de solidaridad lo constituyen las donaciones hechas por personas naturales, por empresas agrícolas o trabajadores privados a centros de aislamiento y hospitales, acciones que no esconden más ganancias que la de aportar al combate sanitario de la Isla.   

Lo cierto es que la Cuba de Fidel, sin tener que aplicar una cuarentena general en el país, está a punto de dar la estocada final a la Covid-19. Paradójicamente al país que le vaticinaron el colapso total del sistema sanitario está en pie, ayudando a otras naciones en el mundo y silenciando con su ejemplo las voces necias que aún se escuchan.

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