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Reportaje habanero

El Rincón, capital de la religión cubana

José Ignacio De Smedt

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La devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, es la de mayor profesión a lo largo y ancho de la Mayor de las Antillas, sin embargo, la figura de San Lázaro, para los católicos, o Babalú ayé, para quienes cultivan creencias sincréticas, tiene gran arraigo entre sus habitantes. Su devoción ocupa el segundo lugar en Cuba, su veneración está ligada casi siempre, a lo que llamaría Carpentier, lo real y maravilloso. Un pequeño pueblo perteneciente a la localidad de Santiago de las Vegas, ubicado en el capitalino municipio de Boyeros, acoge un hospital y una iglesia cuya historia están fuertemente ligadas a la milagrosa deidad.

Conocido desde antaño como El Rincón, el lugar es testigo de innumerables hechos relacionados con el santo. Uno de ellos, el más importante acaso, es la peregrinación de San Lázaro, acontecimiento añejo, que en la víspera del día 17 de diciembre de cada año, más de quince mil creyentes se congregan en la instalación, ocasionando el cierre oficial al tráfico automotor de las carreteras de acceso al poblado, y enormes embotellamientos en las amplias avenidas que conducen a la zona.

Historia. El Real Hospital de San lázaro, parte indisoluble del templo

Los orígenes parecen remontarse al lejano 1781, cuando terminó la construcción del Real Hospital de San Lázaro, en un humilde caserío de la Caleta Juan Guillén en la zona de extramuros de la ciudad, después de varias ubicaciones que tuvieron que ser trasladadas o fueron destruidas a causa de fenómenos naturales y la toma de La Habana por los ingleses.

La historia del Hospital y el templo erigido junto a él, van ligadas a los tiempos de la lepra, enfermedad que generaba el rechazo social de quienes la padecían, sumiendo a sus enfermos en un profundo aislamiento y anonimato.

La edificación estaba dotada de dos plantas, cuyo magnífico frente servía de frontis a la iglesia, con ubicación central. Dicho templo acogió durante años a enfermos y devotos de San Lázaro-Babalú Ayéen busca de apoyo espiritual y para cumplir sus diversas promesas.

Las incesantes quejas de los moradores de la zona, así como los problemas económicos, forzaron a los propietarios a finales de la primera década del siglo XX a buscar una nueva ubicación de sus instalaciones, preferentemente en algún lugar distante de la ciudad. Tras un duro batallar, y gracias a la Junta de Patronos y las autoridades sanitarias y de beneficencia, se aprobó su instalación en la finca Dos Hermanos, en Rincón, perteneciente a la localidad de Santiago de las Vegas. Pero ciertos retrasos en la construcción de la nueva sede, obligó el traslado temporal a un nuevo sitio, aún más alejado, lo que dio lugar a desórdenes y reticencias por parte de los pacientes.

Finalmente, el 26 de diciembre de 1916, y tras violentas escenas, fueron trasladados al lazareto de Mariel, por una corta estancia tal como se había acordado. Y en tanto las obras en Rincón avanzaban, los enfermos fueron alojados en míseras barracas donadas por el gobierno, que habían usado los españoles en el pasado como sitio de cuarentena para inmigrantes y tropas, sin que existieran las mínimas condiciones de existencia para un ser humano.

Después de dos meses de castigo, que debieron parecer una eternidad en tal inframundo, el 26 de febrero de 1917, sin medios adecuados para el transporte, en carretas, planchas y ambulancias de madera tiradas por caballos, se procedió al traslado de los leprosos a la que es hasta nuestros días, la sede del Santuario.

Después del triunfo de la Revolución, se destinaron insumos y expertos para el tratamiento de la enfermedad, y el leprosorio pasó a llamarse Hospital Especializado Dermatológico, denominación que se completó en 1989 con el nombre de Guillermo Fernández Hernández-Baquero, quien fuese su director por muchos años.

La Iglesia

Como ha sido tradicional, se levantó, a su entrada, una iglesia, bastante rústica al inicio, de madera y tejas con una sola nave central. Y no fue sino hasta unos años más tarde que se añadió el campanario. Se recoge la fecha del 17 de diciembre de 1917, como la primera peregrinación en el nuevo templo ubicado en el Rincón.

El recinto ha estado sujeto a diversos procesos reconstructivos. Actualmente la edificación se muestra con una sobria decoración. Su estructura no responde a un estilo arquitectónico, aunque algunos afirman estar inspirado en el barroco colonial. Consta de dos pequeñas naves laterales con distintas funciones. La derecha funge para el auxilio espiritual de los enfermos, mientras que la de la izquierda acoge el altar mayor y a los sacerdotes.

En el interior del inmueble son acogidos varios altares con los santos más venerados en Cuba. Aquí se encuentran el Lázaro milagroso, el de los perros, protegido por una urna de vidrio, que constituye la imagen más antigua y adorada del templo, y el San Lázaro Obispo, quien es realmente el patrón de la institución religiosa.

Mediante el curso de los  años noventa del pasado milenio, a propuesta del reverendo Ramón Suárez Polcari, en la Conferencia de Obispos Católicos celebrada en Puebla, México, le fue conferido a la institución religiosa el título de Santuario Nacional, teniéndose en cuenta la cantidad de personas que asisten al lugar tanto el día de la celebración como el resto del año, la significación del santo en la vida de los antillanos y el amplio caudal histórico oculto detrás de sus muros y fachada, reafirmándose así como patrimonio inmaterial de Cuba, y como parte de la idiosincrasia de los capitalinos.

Durante el curso de su visita por Cuba en enero de 1998, el Papa Juan Pablo II recorrió el bendito recinto, donde departió con religiosos y creyentes que allí estaban. El sitio fue galardonado en el año 2014 con el Premio Nacional de Restauración.

Una tradición centenaria

Los cubanos afirman que San Lázaro significa para los habaneros lo mismo que la Caridad del Cobre para los santiagueros. No cabe duda que el Santuario es escenario de constantes visitas durante los 365 días del año, no sólo de capitalinos, sino de moradores de toda la geografía nacional y de distintos países.  Tan es así, que muchos extranjeros, aprovechando la cercanía del Aeropuerto Internacional José Martí, y una vez que bajan del avión, no lo piensan dos veces y parten hacia el templo. La mayoría de los asistentes van a cumplir sus promesas ante el respetado orisha, o a pedir por su salud u otros motivos. Muchos exvotos se pueden apreciar en un pequeño museo aledaño a la construcción.

La costumbre del peregrinaje fue introducida en América por los colonizadores. En el caso de Cuba, el culto a San Lázaro adquirió gran popularidad y arraigo.

Fue a principios del siglo XVIII que las autoridades coloniales aprobaron la celebración de la fiesta al patrón de las enfermedades, permitiendo incluso a los enfermos participar junto a la población sana.

Las celebraciones se dividían, en aquel entonces, en religiosas y profanas. Estas últimas comenzaban en la víspera del día 17 de diciembre, donde participaban, en su mayoría creyentes de los cultos sincréticos. El objetivo era pagar promesas, ayudar a los enfermos con víveres y ropas y contribuir con la iglesia mediante donaciones monetarias.

La procesión ha llegado a nuestros días como muestra genuina de la devoción tan profunda de los fieles. La mayoría viajan en ómnibus hasta Santiago de las Vegas y de ahí parten a pie hasta la entrada del hospital-templo, a unos 4 kilómetros. Otros emprenden el camino desde lugares más distantes.

A las 12 de la noche del 16 de diciembre, la muchedumbre hace silencio ante el advenimiento del Día de San Lázaro. A esa hora se produce la misa más importante de la jornada y el resto del tiempo, los párrocos se mantienen atendiendo a los penitentes, tratando de aliviar su dolor corporal y espiritual.

Los pagadores se imponen muchas penitencias. No es nada raro ver a las personas vestidas de saco, arrastrándose descalzos por la carretera o con grandes piedras o lingotes de hierro atados en los pies, y personas que se auto flagelan.

No existen dudas sobre la trascendencia del culto y la peregrinación. Suceso religioso basado en un sentimiento de fe y no en mero fanatismo.

Leyendas

Desde aquella lejana época, en el jardincito que antecede a la iglesia, germinaron cuatro semillas procedentes de Brasil. Hoy, quienes visitan el lugar pueden apreciar en lugar de las semillas, las señoriales Trinitarias Tormentosas. El culto radica en la bendición del santo de los perros sobre los árboles. Las personas les achacan propiedades curativas para la lepra. Resaltan, además, por ofrecer paz y serenidad a los peregrinos. Sus hojas son usadas en ocasiones en la santería para hacer despojos. Otro elemento distintivo del sitio, y leyenda, es la existencia de una fuente de la cual brota el agua, que, según la creencia popular, es bendita por la deidad. Los fieles envasan el preciado líquido, y algunos incluso se lavan con ella, y la usan como un preciado tesoro.   

La historia se hace presente

La existencia del hospital e iglesia en El Rincón, constituyen una muestra viviente del pasado cubano conservado hasta nuestros días. Así sucede con la devoción a San Lázaro y su expresión a través de las visitas al Santuario Nacional. Hechos que forman parte inestimable de la cultura cubana, con gran realce dentro del panorama religioso popular de esta isla caribeña. Y es que algunos choferes llevan una estampilla en la visera del auto, para evitar accidentes. Los citadinos, en ocasiones, también llevan una en la cartera para que traiga ashe. Otros tienen una estatuilla o imagen tras la puerta para traer la paz y los cuide de las brujerías. Son todas estas cosas las que convierten la fe en el viejo Babalú como patrimonio intangible de cubanía.

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