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Arte y ciencia

Jaque mate a Martínez Campos

José Ignacio De Smedt

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Cuentan que, en las llanuras orientales de Cuba, el Capitán General Arsenio Martínez Campos tuvo que arrastrarse desesperadamente sobre el fango para poder mantenerse con vida. El 13 de julio de 1895, hace 126 años, en Peralejo se escribió una de esas páginas gloriosas que abarrotan el glosario de la historia.

La acción, encabezada por Antonio Maceo y Grajales, quien supo sobreponerse a la traición y sorpresa inicial, asestó una importante derrota al ejército español la cual acrecentó el prestigio de los mambises. Peralejo, más que una derrota en la cuenta de los ibéricos, constituyó un duro golpe político y militar para el supremo jefe vasco en Cuba, quien encontró en las sabanas orientales la catacumba de su nuevo intento de pacificar el conflicto que se libraba desde febrero de 1895, tal como lo había hecho algún tiempo atrás, en el año 1878. Desde aquel entonces, se acrecentó aún más el miedo entre los soldados españoles, quienes, en lo sucesivo, apenas saldrían de sus fortificaciones, a no ser en fuertes columnas.

Antecedentes

Pocos meses antes, España enfrentó la guerra independentista de 1895-1898, iniciada el 24 de febrero de 1895, enviando al experimentado oficial a Cuba designándolo como Capitán General. Su misión era engañar a los cubanos como en 1878 con el Pacto del Zanjón. Pero esta vez lo esperaba el fracaso, y mucho más rápido de lo previsto.

Tras su arribo a La Habana, en el mes de abril, Martínez Campos no estuvo mucho tiempo en la capital, y se movió rápido a Oriente para comandar un gran contingente compuesto por miles de hombres, perfectamente armados y pertrechados, con los que pensaba neutralizar las acciones cubanas en sus primeras semanas.

Lo esperaba en la manigua el Lugarteniente General Antonio Maceo, quien, cumpliendo con los acuerdos establecidos junto a José Martí, ya caído en combate en Dos Ríos el 19 de mayo del propio año, y Máximo Gómez, inició su campaña ofensiva en la zona oriental, como preámbulo de la futura invasión a Occidente.

La acción

Acampado el 11 de julio de 1895 en la zona de Bayamo, conoció Maceo que el general Martínez Campos preparaba en el poblado de Veguitas un convoy para dirigirlo a la capital granmense al día siguiente. De inmediato, concentró sus tropas en Vegas de Yao, con el objetivo de presentarle combate. Para lograr ese propósito contaba con más de ochocientos hombres y experimentados oficiales como Jesús Rabí, Quintín Banderas, Joaquín Tamayo y Saturnino Lora.

Los colonialistas por su parte, contaban con alrededor de 1500 efectivos, entre las columnas del Pacificador y del general Fidel de Santocildes. El día 13, en la mañana temprano, Maceo ubicó sus fuerzas, convenientemente ocultas, entre el terreno de Barrancas y el Río Mabay, teniendo a sus espaldas la sabana de Peralejo, lo que le permitía dominar todos los caminos de acceso a Bayamo y sorprender así a las columnas de los experimentados jefes europeos.

Pero el plan inicial fue un rotundo fracaso. Poco antes, dos presuntos pacíficos comerciantes, a la postre espías españoles, transitaron el emplazamiento insurrecto, inexplicablemente sin reticencia alguna, e informaron a las tropas de la posición mambisa.

Conocido este detalle, las huestes ibéricas evadieron la emboscada, y, con un movimiento envolvente, lograron avanzar hacia los puntos flacos de los cubanos, escasamente defendidos por un pequeño bosque.

Así inició el combate, violento para ambas partes, pero favoreciendo a los hispanos. Sería Maceo, con una de sus arriesgadas maniobras, quien ordenó ejecutar por parte de su caballería la legendaria carga al machete, en las sabanas de Peralejo. El Lugarteniente y los suyos hostigaron y coparon a las tropas enemigas durante seis horas, al final de las cuales, los mambises tuvieron que ver, con impotencia, como se les escapaba el Capitán español entre las manos.

Cuentan los hijos de Martínez Campos, oficiales del ejército presentes en la contienda, que tan brutal fue la embestida criolla, que para salvar a su padre de la muerte o de caer prisionero, lo acostaron en una manta sobre el fango y lo arrastraron hasta ponerlo a salvo de las cargas al machete y los ataques de la infantería.

Un baño de sangre

Los saldos de las víctimas dejan una imagen de la carnicería vivida en la llanura granmense. 132 bajas para los cubanos, entre muertos y heridos. A su vez, los españoles lamentaban la perdida de mil 150 personas, entre los que habían quedado sin vida se hallaba el general Santocildes, segundo hombre al mando de la acción.

Los lisiados ibéricos fueron trasladados a un bohío por órdenes de Maceo, quien envió una carta a Martínez Campos, informándole que podía enviar a recogerlos sin temor alguno. Sin embargo, no sucedió así. Ocho días estuvo encerrado el Capitán General en Bayamo, y no fue hasta que vino a su rescate una columna de cinco mil hombres cuando se atrevió a salir, rumbo ya a La Habana.

Relevancia

Más allá de lo que escribiera más tarde Máximo Gómez sobre el Titán de Bronce, señalando: “…una página más de gloria en su historia militar…” Peralejo significó el principio del fin para Martínez Campos en la Isla. A su vez demostró que, en la contienda organizada por Martí durante mucho tiempo, no había cabida para un nuevo Pacto del Zanjón. Cuentan incluso que, al regresar vencido a La Habana, el supremo jefe hispano en Cuba fue recibido con todos los vítores y un gran arco de triunfo de madera erigido en su honor, y en lo más alto decía: “Al héroe de Peralejo”. Sin embargo, este clima de adulación no turbó la inteligencia del dirigente, quien con toda ironía preguntó a uno de sus ayudantes que desde cuándo se dedicaban arcos a Maceo.

Hoy Peralejo no es más que un pequeño pueblo de apenas 700 habitantes perteneciente al municipio de Bayamo, en la provincia de Granma, Cuba, pero aún las sabanas naturales de la zona, recuerdan con emoción y orgullo, el haber sido protagonistas de tan excelsa acción.

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Felipe Carrillo Puerto visto por Armando Bartra

Jorge Fernández Souza

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I

En el año de la pandemia, como le llamó al 2020, Armando Bartra terminó un texto notable sobre Felipe Carrillo Puerto. Tal vez en las siguientes ediciones tenga que poner “en el primer año de la pandemia” o en “el año uno de la pandemia” y en las subsiguientes, al paso que vamos, “en el año uno del lustro de la pandemia”.

Pero más allá de la temporalidad que se le tenga que asignar a la pandemia, reclusión, confinamiento y cuidados, lo primero que hay que decir es que el Suku’un Felipe (Felipe Carrillo Puerto y la revolución maya de Yucatán) de Armando, modifica géneros, si es que no los rompe. Es un libro de historia, sin duda, pero con narración literaria; es literatura. No me parece que sea una novela histórica, porque la posible ficción está solamente en algunos también posibles diálogos y en una o dos cavilaciones. Es una biografía (sobre todo biografía política), pero es más que una biografía porque en gran medida es el estudio de una época de la historia de Yucatán y de su relación con lo que ocurre en la República Mexicana. En fin, es una obra histórica, biográfica, que, si quisiéramos encasillarla (lo que sería injusto), podríamos decir que es historia novelada o historia con rasgos novelescos.

Notable en la narración y en la estructura, el texto tiene también otra fortaleza en una erudición que se disimula en la fluidez y que en nada entorpece el gusto que provoca su lectura.

Sustentado en investigación documental rigurosa y vasta, el texto nos presenta los años de formación de Felipe Carrillo Puerto a partir del círculo familiar en Motul y a la par de los primeros amores. Ahí, en ese medio, conoce la realidad de la dura vida de los peones mayas en las haciendas henequeneras o en su entorno y, en sus iniciales actos de oposición, tiene sus primeros choques con representantes de los sectores dominantes.

Enfrentamientos, distintos trabajos, cárcel, lecturas que contribuyen a encauzarlo; el perfil que Armando nos presenta del personaje amplía la visión de quienes ya pudiéramos tener alguna idea previa e introduce didácticamente a quienes se aproximen a él por primera vez.

El autor hace la caracterización del biografiado describiendo y analizando el medio en el que crece y se desenvuelve. Son los años iniciales del siglo XX, son los tiempos finales de la gubernatura de Olegario Molina, de la oposición a la oligarquía local de los partidarios de Diego Moreno Cantón y también de la oposición de quienes con Pino Suárez se enfrentan a la oligarquía local pero al mismo tiempo al porfirismo.

Al presentar el entretejido de la vida de Carrillo Puerto con las circunstancias de los movimientos políticos y sociales de Yucatán, a la vez con los nacionales, Armando hace, precisamente sobre esto último, una contribución mayor dentro de la contribución general: destaca la interacción de lo regional con lo nacional y de Felipe Carrillo con ambas realidades.

Esta interacción la anuncia el autor desde el capítulo uno, cuando narra el encuentro de Carrillo con Zapata. Conocedor de Zapata, estudioso de Carrillo, Armando habla con conocimiento de causa, o de causas, de los dos personajes, de sus lugares en la historia y de sus aspiraciones sociales. Queda reflejada la influencia de la Revolución del Sur y de su líder en el pensamiento y en elementos para la acción del líder yucateco; es razonable hacerse la pregunta sobre la existencia de alguna aportación de Felipe durante esos dos años de su presencia en las filas zapatistas, porque cuando llegó ahí ya tenía cosas para decir, así fuera sobre cómo se estaban agitando las aguas en Yucatán. Armando habla sobre ese acercamiento de los dos dirigentes cuando Felipe le ofrece a Emiliano que conozca el mar peninsular.

En la relación de Carrillo Puerto con Salvador Alvarado, el autor destaca aspectos relevantes: a pesar de la cercanía de Carillo con Zapata y de la pertenencia de Alvarado al Constitucionalismo, cuando Felipe regresa a Yucatán el General constitucionalista enviado por Carranza lo acerca a su movimiento, de alguna manera a su gobierno, en principio incorporándolo a la Comisión Agraria en una posición similar a la que había tenido en el territorio zapatista. Alvarado en Yucatán es un militar que desde el gobierno inicia reformas importantes, aunque acotadas por su visión política y económica y por el mismo ejercicio gubernamental en el que tiene que convivir con los propietarios de la riqueza henequenera. La creación de la estructura política social que fue el Partido Obrero, después Partido Obrero Socialista, a partir de sectores de trabajadores urbanos más que de campesinos o de trabajadores agrícolas del henequén, tendría un giro importante bajo la conducción de Carrillo Puerto: sin perder su carácter obrero de origen, su fuerza de masas se lo darán las ligas agrarias, la participación campesina. No será del centro a la periferia sino de la periferia al centro.

El Partido Socialista del Sureste será la gran organización regional, la que llevará a Felipe al gobierno del estado, la que estará en la base de las reformas en el gobierno de Carrillo Puerto, en el avance del reparto agrario; pero que será insuficiente (¿o inoperante?) a la hora del golpe.

Cuando la pluma de Armando toca la actuación de Alvarado y profundiza en la de Carrillo Puerto con toda su amplitud en lo agrario, en lo educativo, en lo civil, en lo feminista, con todos sus alcances … y después nos narra el desenlace, nos recuerda, por un lado, las dificultades de los cambios revolucionarios cuando se instrumentan desde un partido o un movimiento sin que  se cuente con el aparato gubernamental; y desde el otro lado, las  complicaciones cuando la plataforma  para los cambios está en el andamio del gobierno. Si en el primer caso no contar con la fuerza estatal (incluida la armada) implica siempre vivir ante el riesgo de la represión, en el segundo caso, si el gobierno que emprende los cambios no cuenta con la estructura partidista que sostenga sus iniciativas y que lo sostenga a él mismo, estará permanentemente bajo el riesgo del golpismo, sobre todo si el movimiento partidista social que debiera sostenerlo no tiene la suficiente fuerza organizativa, de movilización y actuación frente a la crisis, e inclusive de contención ante alguna intentona militar.

Con esas mismas características, siempre con la riqueza informativa, el autor nos hace transitar por las medidas alvaradistas, por las movilizaciones, por congresos como el pedagógico y el feminista, por el Primer Congreso Socialista, por la Constitución del Partido Obrero Socialista que se  transformaría en el Partido Socialista de Yucatán y después en el partido Socialista del Sureste.

Turbulencia tras turbulencia, el tramo entre 1918 y 1922 es narrado como el de una crisis henequenera, a la vez que de la radicalización social, de agudización de las contradicciones, el del abordaje de la cuestión alimentaria a la par de las reivindicaciones agrarias y laborales de los peones. Son años de definición de rumbos.

Después, ante una ausencia del gobernador Castro Morales, Felipe ocuparía temporalmente la gubernatura. Es la época de las demandas por la tierra y también de las reivindicaciones salariales, de las pugnas con Carranza que se opone al reparto, de la llegada del coronel Zamarripa, enviado por el de Cuatro Ciénegas para combatir socialismo y reparto. La acción de Zamarripa en 1919 anunciaba el comportamiento que pocos años más tarde tendrían los militares golpistas contra el gobierno de Carrillo Puerto. 1920 sería año de represión y de preparación para el regreso, como ampliamente cuenta Armando.

De 1918 a 1920 son los años que Armando llama del Nuevo Rumbo. Los del acercamiento con Obregón y Calles, y también con el no muy fuerte comunismo mexicano y con el internacionalismo socialista; los del avance en Yucatán y del equilibrio precario con las fuerzas nacionales (de manera destacada con los generales sonorenses), tanto fuera como dentro del estado. Las amenazas a ese equilibrio se manifiestan en las fuerzas de la antigua oligarquía y de sus representantes, y también entre las guarniciones federales que constantemente chocan y reprimen a militantes del Partido Socialista, sobre todo a campesinos de las ligas de resistencia.  Es el período del avance en el reparto, durante la gubernatura de Manuel Berzunza, que culmina con el amplio triunfo de Felipe para la gubernatura de Yucatán en noviembre de 1921.

Cuando Armando narra lo que se hizo en el gobierno de Carrillo Puerto, subraya la orientación hacia el rescate de lo maya. Sobre todo, claro, de lo maya avasallado por los dueños de la producción y de la riqueza henequenera. Se acerca a otros mayas, a los cruzob atrincherados en el oriente, como puede verse de sus encuentros con el general May. Sin embargo, si las reformas favorables a los mayas de las haciendas henequeneras o cercanas a ellas son muy importantes durante su gobierno, el tiempo de duración de este no alcanza para entendimientos plenos y acuerdos mayores con los cruzob o sus herederos. Tal vez por ese principio de acercamiento, o por lo que faltó, la antigua capital maya Santa Cruz Xbáalam Naj, o Chan Santa Cruz, fue nombrada posteriormente Felipe Carrillo Puerto; hoy es centro de la zona maya del estado de Quintana Roo.

El gobierno socialista es el del impulso a la educación racionalista, a las artes, a la participación de la mujer. Es también el de la búsqueda de la autosuficiencia alimentaria, del aprovechamiento del maíz, desde luego de la procuración de mejores condiciones para la producción henequenera que no pasaba por un buen momento, de los intentos de diversificación de mercados, del mejoramiento de la economía. Había que hacerlo cuidando la agroindustria a la vez que impulsando la justicia social a través del reparto y mejorando las condiciones de vida. Es el tiempo del radicalismo a la vez que del hostigamiento militar que prácticamente nunca cesa. Es el tiempo de una confianza mediana entre Carrillo Puerto y el Presidente Obregón y el secretario de Gobernación (Calles).

Armando ilustra mucho sobre todos esos factores que son parte de una situación delicada, difícil. Una idea de los cambios y de los ajustes entre los momentos anteriores y los del socialismo en el gobierno, lo refiere el autor cuando relata cómo Roberto Haberman, el duro comunista que había dado cátedra de marxismo en el Congreso de Motul y que había acompañado a Felipe en sus acercamientos con comunistas y con el laboralismo, se convierte en destacado gestor de los intereses económicos de Yucatán ante los lobos de Wall Street, como le escribió a Calles.

El reparto de tierras es muy importante. Se dota a ejidos de diversas poblaciones y el dato del reparto es de 500,000 hectáreas que se suman a las casi 140,000 dotadas durante el gobierno previo de Manuel Berzunza. Armando expone el acceso campesino como la principal vía revolucionaria y emancipadora.

El autor hace referencia a la Ley de Incautación y Expropiación de Haciendas Abandonadas de noviembre de 1923, calificada por la oligarquía como la Ley del Despojo, y subraya que coincide en el tiempo con el alzamiento de un gran número de generales identificados con Adolfo de la Huerta que se lanzan contra Obregón.

II

En el capítulo titulado Gobernar con el Pueblo, que va de 1922 a 1923, el autor hace referencia a varios momentos en los que Carrillo había hablado de la pertinencia, léase necesidad, de armar a los indios. Sin que esto pudiera hacerse, llegó el golpe.

Eso, la necesidad de armar al pueblo que para Felipe era clara, Armando lo recalca en la parte correspondiente a finales de 1923. Ya advertida desde tiempo atrás, Carrillo Puerto insiste en ella (en esa necesidad) cuando le hace las peticiones de armas a Calles como Secretario de Gobernación, con seguro conocimiento del presidente Obregón. En diciembre de 1923 el gobernador de Yucatán hace la petición en al menos 2 ocasiones. En el mismo mes también encargó a Manuel Cirerol la compra de armas en Estados Unidos, lo que se hubiera debido de hacer con la anuencia del gobierno de Obregón. Pero el tiempo y el golpe ya estaban encima; y es que no se consigue en un santiamén pertrechos, se arma y se entrena a una organización como las ligas de resistencia para enfrentar un golpe instrumentado por militares de línea, que habían estado esperando la coyuntura para asestar el zarpazo, igual como lo habían estado esperando los grandes hacendados yucatecos. Imposible lograr una organización armada-popular en esas circunstancias, con esos cortos espacios de tiempo.

Y menos aún con un Presidente de la República y un Secretario de Gobernación que dicen entender la necesidad de las armas, pero que podemos razonablemente suponer que más bien se sientan a ver que pasara lo que pasó. Razones no les faltaban: Felipe no era carrancista, y si bien había apoyado a Obregón igual que los zapatistas posteriores al asesinato de Zapata, su acercamiento con el dirigente morelense, con los comunistas y sus postulados socialistas, no eran una buena carta de recomendación para el obregonismo. Tampoco lo era el acercamiento su acercamiento con movimientos sociales y políticos radicales en la región sureste y del Golfo, que podían incluso delinear una tendencia nacional distinta a la de Obregón y Calles. Además… ¿qué interés podrían tener ellos en que se organizara un ejército popular a partir de las ligas de resistencia en Yucatán y en el sureste? Pueden ser conjeturas, preguntas tal vez de difícilrespuesta, pero que caben.

El caso es que esto fue parte central para el desenlace que Armando narra. La convocatoria del 1 de septiembre de 1923 que la Liga Central hace a las ligas locales para movilizarse y entrenarse militarmente no contó ni con tiempo ni con los recursos. Por eso cuando el golpe se echó a andar ya todo dependía de que los militares que pudieran ser leales controlaran la situación, lo que no ocurrió.

Las muestras de apoyo que Felipe y acompañantes recibieron en su huida, como las que se dieron en Motul, eran difícil de ser aceptadas por lo que  hubiera significado como sacrificio de los socialistas pobremente armados frente a un ejército bien pertrechado. Por eso los soldados enviados por Ricárdez Broca, más que a una batalla, fueron de cacería.

Si el gesto de Felipe de no exponer al sacrificio a quienes se ofrecieron a resistir en la zona henequenera es más que entendible, resulta menos clara la razón por la que no aceptó el apoyo y el cobijo de los mayas que estaban al oriente, más cerca de la selva que probablemente habría dado un escenario natural para la resistencia armada. Otra vez incurrimos en la especulación: quizá, aún con posibilidades de resistir en una guerra irregular mientras la correlación de fuerzas cambiaba, no le atraía por la pérdida de vidas que eso hubiera significado; o no era aquél su elemento político natural, ya que los mayas del oriente del estado, aunque pertenecieran o fueran cercanos a las ligas socialistas, tenían condiciones, percepciones y modos distintos a los del centro y del occidente del estado, aquellos del entorno donde había nacido y crecido natural y políticamente Felipe y donde estaba su base principal.

Todos esos factores que Armando narra y explica, junto con otros como la dinamitación fallida de las vías del ferrocarril por donde pasarían los soldados persecutores, llevaron al refugio en los manglares de Río Turbio, a entregarse, a la farsa del juicio y al fusilamiento. Armando cuenta que Felipe pensaba dejar Yucatán para volver a Yucatán, retroceder para avanzar, ceder la plaza para después recuperar la plaza. Pero aquello no fue así; no fue dejar Yunán para conservar Yunán.

 El dramatismo de este capítulo es sobrecogedor. A veces uno lee una novela  o ve una película y, aunque sepa en qué va a terminar, en algún momento fantasea con que el resultado sea diferente. La maestría en el relato de Armando, particularmente en la parte de la huida del gobernador de Yucatán, produce por momentos algo similar; sabemos el final, pero por momentos esperamos que pueda ser distinto. Tal vez eso sea el resultado de abordar la obra cono Armando lo propone: leerla como si la historia transcurriera mientras la va narrando. Otra vez la combinación de historia y literatura en la que ninguna pierde y como en los juegos de la pirinola todos ganan… en el texto y en la lectura claro, porque en los hechos no fue así.

III

El Felipe Carrillo Puerto de Armando Bartra ofrece muchas certezas y nuevos panoramas como el ya mencionado de la ubicación de lo regional y lo biográfico en el contexto nacional; y venturosamente, en medio de lo exhaustivo, la obra deja algunas interrogantes.

1.- El tiempo que Felipe estuvo en las filas del zapatismo sin duda influyó en su pensamiento y en pautas para su acción en Yucatán. Pero tanto él como los gérmenes de lo que sería el Partido Socialista y las ligas de resistencia, tenían una historia (individual y social) previa; y la tuvieron posterior, en la orientación política, en la concepción del socialismo, en las formas organizativas y en el ejercicio de gobierno. Quizá suene a ganas de resaltar lo generado en Yucatán, pero son elementos que, junto con los de la influencia zapatista, están presentes en la obra de Armando y que vale la pena apuntar.

2.- Aunque lo menciona antes, en el capítulo “Gobernar con el Pueblo” Armando hace referencia a lo que en el socialismo yucateco, y en particular en Carrillo Puerto, fue la búsqueda de la autosuficiencia alimentaria, “el regreso al maíz” la diversificación agrícola no reñida con la producción henequenera. La idea de las ventajas comparativas, sostenida con esa denominación o no en distintos momentos, desde la época del gobierno socialista hasta prácticamente la actualidad, se ha opuesto a aquella visión de la autosuficiencia. Lamentablemente no parece haber ahora ninguna preocupación por esa búsqueda, ya no digamos por la vía a la que se orientó el gobierno socialista.

3.- A propósito de eso, la organización popular que se dio en y en torno al Partido Socialista, fue declinando para pasar a ser parte del PNR primero y después del PRI. En una utilización engañosa del nombre, aproximadamente desde los años treinta del siglo pasado, la Liga de Comunidades Agrarias, perteneciente desde finales de los treinta o principio de los cuarenta a la CNC, se llamó Partido Socialista del Sureste. Pero no es que el partido fuera la organización, sino que su nombre se usó para denominar a las entidades corporativas. Fue una expresión de cómo los campesinos, o los campesinos proletarizados, pasaron de una forma organizativa que existió procurando servir a sus intereses, a formas que los corporativizaron y los instrumentaron de acuerdo a proyectos en los que ellos no han sido los sujetos. Hasta ahora, no ha habido alguna organización que se pueda acercar a la de la época del socialismo en Yucatán; tal vez, si acaso, en algunos momentos, transitoriamente, a pequeña escala. No hay en el horizonte movimientos amplios desde abajo equivalentes a los del socialismo en Yucatán, ni parece haber intenciones de impulsar algo así desde arriba.

El empleo de mano de obra barata en la industria, particularmente en las maquiladoras o en algunas empresas agroindustriales, la pérdida de tierra ejidal para proyectos inmobiliarios o de otra índole, en fin, la proletarización en una de sus peores expresiones y la precarización campesina, hacen que cuando leemos las características de la organización socialista que narra Armando, tengamos que lamentar, pensando en los sectores populares, la manera en la que las cosas evolucionaron. Pero la obra que comentamos no llama a la nostalgia ni al lamento. Obliga a mirar lo actual a manera de imaginar nuevos rumbos, aunque ahora no estén a la vista.

4.- Como mencionamos antes, y como Armando narra, en su huida Felipe Carrillo recibió en el oriente del estado el ofrecimiento de militantes y campesinos de aquella zona para refugiarse en la selva oriental, resistir y preparar la contraofensiva. La negativa a hacerlo pudo haber sido, como dice Armando y lo hemos reiterado, para evitar el derramamiento de sangre. ¿Pero hasta dónde influyó que aquél era un territorio que albergaba comportamiento social, político, e incluso militar, de mayas distintos a aquellos con los que se había desarrollado, menos familiares, y de miras menos previsibles?

A propósito, como todos sabemos, hubo una larga guerra que inició en 1847 y que tuvo sus últimos acontecimientos bélicos hasta principio del siglo XX. Fue una guerra de los mayas, iniciada y sostenida por ellos. El hecho lleva a una pregunta quizá de respuesta tan difícil como la anterior: ¿Hasta dónde lo mayas de las distintas regiones de las Península se apropiaron, hicieron suyo, el proyecto socialista?

5.- Tanto el movimiento, como la creación y crecimiento del partido, como el gobierno socialista, se dieron en un período nacional que le fue favorable solamente en momentos coyunturales. Ninguna de las corrientes en disputa por el Estado Mexicano de los años del socialismo yucateco, coincidía con éste en el fondo de sus aspiraciones. En ese escenario, ciertamente estaba cuesta arriba la consolidación del proyecto y la perduración de sus reformas. Hay que insistir en que esa interrelación de Carrillo Puerto con los vaivenes políticos nacionales y con sus actores destaca en una obra de por sí destacada, que es la de Armando.

Pensando en el personaje, o en la persona, en la imagen que Armando nos deja de Carrillo Puerto, cabe recordar unas palabras de Hemingway recordadas recientemente con motivo del aniversario de su fallecimiento: 

Las mejores personas poseen sensibilidad para la belleza, valor para enfrentar riesgos, disciplina para decir la verdad, capacidad para sacrificarse. Irónicamente, estas virtudes los hacen vulnerables; frecuentemente se les lastima, a veces se les destruye.”

Finalmente Armando escribe desde su muy completa investigación, pero no solamente desde ahí. Cuando usa terminología yucateca, cuando crea o recrea diálogos, cita lugares, personajes, apodos, a la historia yucateca le agrega lo yucateco. Se lo agrega literariamente y, otra vez, por eso en esta obra suya lo histórico y lo literario van de la mano. Además, no lo hace desde afuera. La relación de Armando con Yucatán no empezó con esta investigación ni con este texto. Hace años contribuyó a una obra sobre el henequén, a fínales de los ochenta, y colaboró en publicaciones y trabajos universitarios yucatecos. Eso, sin dejar de lado su presencia en el movimiento popular-estudiantil de 1974, a raíz del asesinato de Charras, en el que parte de su colaboración fue la elaboración de un texto sobre aquella expresión social, al que se acompañaron volantes, textos de canciones, escritos diversos y dibujos como voces que fueron del propio movimiento, aunque nunca fue presentado como de su autoría.

La yucatequez de Armando tiene así varias fuentes. La social, la política, la académica, la de la amistad y de los afectos. Es pues una yucatequez que no empieza con esta obra, pero que se amplía con ella al recibir esta aportación que es ya imprescindible para profundizar en el conocimiento de Yucatán, de su socialismo y de Felipe Carrillo Puerto.  

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Desarrollan sistema de reconocimiento de tortugas marinas para su conservación

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Mediante el uso de Inteligencia Artificial investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) desarrollaron un sistema de reconocimiento y clasificación de tortugas marinas, única en su tipo, que busca proporcionar un mejor control para el reconocimiento y la conservación de esta especie, cuya caza y explotación la han colocado en una posición de alta vulnerabilidad.

El desarrollo de la herramienta digital estuvo a cargo de Jorge Luis Compean Aguirre, egresado del Centro de Investigación y Desarrollo de Tecnología Digital (CITEDI), quien retomó la experiencia de los investigadores, cuidadores y gente relacionada con los campos tortugueros, quienes, por experiencia, conocen muchos rasgos biométricos, como el color, el tamaño, la forma del caparazón y de sus escudos, las marcas faciales y las escamas de la cabeza, con lo que conformó una base de datos con las diferentes especies que anidan en México.

“La técnica clásica para identificar a la especie se basa en el reconocimiento visual de ciertos rasgos biométricos, y en el caso de los individuos, se les coloca una placa numerada en la aleta, pero es un método invasivo, ya que es necesario perforar la extremidad de la tortuga, la cual puede desgarrarse y lesionar al animal si se cae o se atora”, destacó el Maestro en Ciencias en Sistemas Digitales

Con la asesoría de los profesores Ciro Andrés Martínez García Moreno y Alejandro Álvaro Ramírez Acosta, del CITEDI, Jorge Compean desarrolló un algoritmo de Inteligencia Artificial para extraer características relacionadas directamente con la forma, la textura y el color, con la finalidad de concatenarla a una imagen y entrenar a una red neuronal convolucional desarrollada por él mismo, la cual funciona como las neuronas de la corteza visual primaria del cerebro.

El equipo politécnico, en el que también participó la doctora Mireya Saraí García Vázquez, del CITEDI y el doctor Miguel Ángel Reyes López, del Centro de Biotecnología Genómica (CBG), también elaboró otra base de datos con fotografías de 30 individuos, adquiridas en Colola, Michoacán, de quienes se obtuvieron 15 fotografías de cada uno (cinco del lado izquierdo, cinco del lado derecho y cinco con vista superior de la cabeza), para desarrollar un algoritmo de reconocimiento y entrenar a otra red neuronal artificial.

“Este segundo algoritmo puede identificar las marcas faciales del rostro de las tortugas, y otros puntos de interés como la forma y la textura, que serían como su huella digital, para saber de qué individuo se trata. Es el mismo principio del algoritmo utilizado por la red social que sugiere etiquetar a una persona que ya ha sido reconocida por el rostro, pero aplicado a esta especie”, señaló el también Ingeniero en Electrónica.

De acuerdo a Compean Aguirre, el sistema desarrollado es capaz de identificar y clasificar correctamente tanto al individuo, como a la especie a la que pertenece, con 96 por ciento de exactitud, por lo que la siguiente etapa sería la implementación de estas arquitecturas y algoritmos, en un dispositivo móvil, para utilizarlo en las playas que están destinadas para la preservación y conservación de la especie.

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Prevenir y tratar la hepatitis, reduce riesgo de cirrosis hepática y cáncer de hígado

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 Alerta a jóvenes prevenir contagios por relaciones sexuales no protegidas, tatuajes o perforaciones con instrumental no esterilizado o mediante utensilios para drogas.

Las enfermedades del hígado son la cuarta causa de daños a la salud en México y entre ellas el combate de la hepatitis es fundamental, ya que pueden pasar décadas sin dar síntomas y desencadenar casos de cirrosis hepática y cáncer, por lo que el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) se suma a la estrategia global para lograr su eliminación, con diagnóstico y tratamiento de fácil acceso, afirmó el Director Normativo de Salud, Ramiro López Elizalde.

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En el marco del Día Mundial contra la Hepatitis, que se conmemoró el 28 de julio, destacó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que esta enfermedad causa al menos 1.1 millones de muertes por año en el planeta y al menos 50 por ciento de las personas con hepatitis virales no están identificadas.

La instrucción del director general, Luis Antonio Ramírez Pineda, es incrementar en el ISSSTE  la detección en pacientes asintomáticos y con factores de riesgo, con el objetivo de brindarles oportunamente tratamientos disponibles de alta efectividad, indicó López Elizalde.

Aseguró que “la estrategia sectorial para eliminar la hepatitis en 2030 incluye vacunar a los recién nacidos contra la tipo B; detener la transmisión vertical haciendo pruebas de detección y tratando a embarazadas; así como promover acciones de prevención, detección y tratamiento de manera equitativa a toda la población con la consigna de no dejar a nadie atrás”.

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Para  eliminar la hepatitis C, que hasta en 90 por ciento de los casos se vuelve crónica y peligrosa,  y para la cual no hay vacuna, contamos con tratamiento gratuito y efectivo consistente en dos esquemas de antivirales de acción directa, dirigido a mayores de 18 años sin evidencia de cirrosis y con algunas restricciones médicas por contraindicación.

Además, señaló, tenemos acceso universal a pruebas de detección y los módulos colocados en unidades médicas del ISSSTE están abiertos derechohabientes y población abierta.  

Por su parte, la gastroenteróloga del Centro Médico Nacional “20 de Noviembre”, Laura Ladrón de Guevara, refirió que cualquier persona puede estar expuesta al contagio de hepatitis virales, por lo que es muy importante conocer los medios de contagio para podernos cuidar y prevenir.

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Recomendó a los jóvenes cuidarse, ya que esta enfermedad se puede trasmitir por tener relaciones sexuales sin protección, uso de elementos contaminados en aplicación de drogas intravenosas o de aspiración nasal; también al someterse a tatuajes y perforaciones sin equipo esterilizado o por compartir rastrillos, corta uñas o tijeras de manicure, en los que se queden residuos de sangre que tengan contacto con alguna herida inadvertida.

Otro grupo vulnerable son las personas que durante la infancia fueron inyectados con jeringas no desechables que solo se hervían en agua y se utilizaban en varias ocasiones para distintas personas, al igual que quienes se sometieron a tratamientos dentales antes de 1994 cuando se emitieron normas oficiales de esterilización especial del instrumental para estos procedimientos y el uso de jeringas desechables.

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También es importante realizar pruebas diagnósticas a todas las mujeres embarazadas, para darles tratamiento y tomar medidas pertinentes en el parto; además, debe hacerse una prueba diagnóstica a pacientes con enzimas hepáticas elevadas, aún en aquellos con obesidad o diabetes donde el aumento de estas enzimas puede asociarse a la enfermedad del hígado graso.

Recomendó a las personas que han tenido algún evento o conducta considerada de riesgo realizarse una prueba de detección de hepatitis cuatro semanas posteriores a la fecha en que sospeche pudo adquirir la enfermedad, porque antes de ese periodo pueden no ser detectables las hepatitis B ó C.

Aunque la hepatitis C puede pasar desapercibida y no dar síntomas durante mucho tiempo,  entre 15 y 20 años puede causar cirrosis y, de 20 a 30 años de evolución llega a provocar algunos tipos de cáncer como el carcinoma hepatocelular, por lo que es muy importante que las personas se hagan periódicamente pruebas de detección aunque estén aparentemente sanas, concluyó la especialista.

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