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Madre América

Chile y la independencia de Cuba

Sergio Guerra Vilaboy

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Uno de los países latinoamericanos que con mayor fuerza reaccionó ante los atropellos de España en la década del sesenta del siglo XIX, que comentamos en otra  nota de Madre América, fue Chile, que desde el 24 de septiembre de 1865 estaba en guerra con su antigua metrópoli por la agresión de que había sido víctima por una flota militar hispana. En represalia, el ministro chileno de Relaciones Exteriores Álvaro Covarrubias dio a conocer un documento donde prometía contribuir a la independencia de Cuba. Con esa finalidad, el presidente chileno Joaquín Pérez nombró el 30 de septiembre de 1865 a Benjamín Vicuña Mackenna como agente confidencial de Chile en Estados Unidos, encargado de conseguir apoyo para la guerra contra España y favorecer la emancipación de Cuba y Puerto Rico.

En cumplimiento de su misión, Vicuña Mackenna viajó a Estados Unidos dispuesto a apoyar a su patria en el conflicto con España favoreciendo la independencia antillana con buques corsarios, recursos, propaganda e incluso la organización de una expedición militar. Como parte de esos proyectos, fundó el periódico Voz de América, Órgano político de las Repúblicas Hispanoamericanas y de las Antillas Españolas, publicado desde fines de 1865 y que llegó a circular en Cuba. En su primer número dio a conocer un texto titulado “La señal está dada” y en su edición del primero de mayo de 1866 contenía un editorial que sentenciaba: “¡A las armas, cubanos! La hora de la redención ha llegado para vosotros“, lo que estimularía a los emigrados de la mayor de las Antillas a difundir un dibujo de un cóndor descendiendo sobre Cuba con la bandera chilena en sus garras.

Como parte de estos esfuerzos, el 21 de diciembre de 1865 quedó constituida en New York la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, vinculada a Vicuña Mackenna y presidida por Juan Manuel Macías, un cubano que había promovido la anexión de Cuba a Estados Unidos. El propio enviado chileno consideraba a esta organización la única “que se prestaría a cooperar a nuestras miras y a nuestros intereses promoviendo un trastorno en las posesiones españolas”. Incluso, el 10 de enero de 1866, Vicuña Mackenna escribió a Macías, en referencia a una posible incursión armada a Cuba, que “ésa no sólo sería una empresa militar que ofrecería perspectiva de buen éxito, sino que como una combinación política daría gloria y prestigio a las naciones que en ella tomaran parte, trayendo por consecuencia la independencia de un país que aspira a ella.”

En esta misiva, el agente diplomático de Chile en Estados Unidos aludía a su objetivo de enviar una expedición libertadora a Cuba ese mismo año, con el respaldo de los gobiernos de Perú y Venezuela, liderados respectivamente por los liberales Mariano Ignacio Prado y Juan Crisóstomo Falcón, con quienes estaba en contacto. Vicuña Mackenna anotó de manera confidencial desde New York al primero de esos mandatarios: “La idea por consiguiente que me permito sugerir muy a la ligera a VS, es el de una expedición chileno-peruana de dos mil hombres, que desembarcase al Sur de la isla y la levantase”.

Uno de los factores que llevó al fracaso de estos planes estuvo relacionado con la abierta oposición del gobierno de Estados Unidos a que la expedición militar saliera de su territorio y que conllevó el arresto y enjuiciamiento de Vicuña Mackenna, acusado de violar las leyes norteamericanas de neutralidad. Además, el gobierno de Washington apresó el barco chileno Meteoro, cargado de pertrechos. El 9 de abril de 1866 el gobierno chileno puso fin de manera oficial a la encomienda dada a Vicuña Mackenna, quien regresó a su país, no sin antes entregar el armamento que había logrado preservar a la junta de cubanos encabezada por Macías.

El singular papel jugado por Chile a favor de la independencia de Cuba, apenas dos años antes del estallido de la Guerra de los Diez Años, el 10 de octubre de1868, puede explicar que la bandera enarbolada entonces por Carlos Manuel de Céspedes, al iniciar en Demajagua la guerra de independencia cubana, reprodujera la enseña nacional chilena con la sola modificación de sus colores.

Madre América

Eusebio Leal Spengler

Eric Villanueva Mukul

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Sergio Acosta Salazar, Eric Villanueva Mukul, Eusebio Leal y Miguel Hernández en la Casa Benito Juárez en La Habana, Cuba. Septiembre de 2002.

Tuve la dicha y el honor de conocer a Eusebio Leal Spengler en el verano del 2001, cuando la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados de México, encabezados por su Presidente el Diputado Ricardo García Cervantes y un servidor como Vicepresidente, realizamos una visita a La Habana para entrevistarnos con la Asamblea del Poder Popular de Cuba.

La agenda incluía una serie de encuentros con nuestros homólogos cubanos, con el gobierno cubano, con su Presidente Fidel Castro Ruz y entre otros una visita a La Habana Vieja.

En la visita a La Habana Vieja fuimos recibidos por Eusebio Leal en el Palacio de los Capitanes Generales, en ese entonces, si la memoria no me traiciona, sede de la Casa del Historiador y de su Director. Después de una breve recepción y de mostrarnos los logros en la restauración de dicho Palacio, procedimos a realizar una visita por La Habana Vieja para constatar los avances en el rescate de los antiguos edificios, muchos de ellos deteriorados por el tiempo y la falta de mantenimiento, que en ese entonces se venía realizando con el apoyo de la UNESCO y el gobierno cubano, para salvar dichos edificios devolverles su belleza y muchos de ellos rescatarlos para su uso público y como vivienda popular. La  perseverancia y dedicación terminó transformando y dándole nueva vida a La Habana Vieja para disfrute de los habitantes de esa ciudad y como Patrimonio de la Humanidad. La restauración de La Habana Vieja sirvió como ejemplo de lo que se podía hacer en varias ciudades de América Latina y el Caribe.

De ese primer encuentro me habían impresionado varias cosas de Eusebio: su dominio del tema y la entrega en la realización de su labor, pero sobre todo la sencillez y la calidez de su trato.

El 16 de septiembre de 2002 en la Ofrenda Floral frente al Monumento de Miguel Hidalgo y Costilla en La Habana. Eusebio Leal, el Diputado cubano Ramón Pez Ferro y Eric Villanueva Mukul.
 

Un año después, en septiembre del 2002, durante el gobierno de Vicente Fox con motivo de las tensas relaciones existentes entre México y  La Habana, y ante la amenaza del rompimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, en mi carácter de Vicepresidente y Presidente electo de la Cámara de Diputados, encabecé una delegación de diputados mexicanos que, como parte de la diplomacia parlamentaria, ayudara a mejorar dichas relaciones[i].

Dicha delegación asistió a las festividades que, con motivo de la independencia de México, nuestra Embajada realizaba cada año en la Isla. Ese año se había suprimido cualquier festividad, no obstante el gobierno cubano organizó una Gala en el Teatro Carlos Marx, con la asistencia de distinguidas personalidades de la cultura y el gobierno cubano encabezados por el propio Fidel Castro.

La agenda incluyó también la entrega de una Ofrenda Floral ante el monumento de Miguel Hidalgo y Costilla, así como una visita a la Casa Benito Juárez; en ambas actividades nuestro anfitrión fue Eusebio Leal, quien además de ser el Historiador de La Habana, era Diputado a la Asamblea del Poder Popular. Nuevamente Eusebio nos obsequió su gran conocimiento de la historia de México y de las relaciones históricas entre México y Cuba a través de los siglos. Nos mostró el gran rescate realizado en el edificio de la Casa Benito Juárez y la consagración de dicho espacio para fomentar la amistad y el intercambio cultural entre Cuba y México.

En julio del 2003 tuve el gusto de saludarlo durante la VI Interparlamentaria México-Cuba realizada en Morelia, Michoacán en la que ambos formábamos parte de nuestras respectivas delegaciones parlamentarias. Más allá de los resultados positivos que tuvo dicha reunión para mantener firmes las relaciones entre ambos países, Eusebio nos dejó un buen sabor de boca por su capacidad oratoria, su gran cultura y sobre todo su gran habilidad argumentativa.

Cuba y la humanidad han perdido al historiador, al asambleísta, al hombre culto, al polemista; pero su obra escrita y material plasmada en sus libros y sobre todo en el rescate histórico, arquitectónico y urbanístico de La Habana Vieja como Patrimonio de la Humanidad, lo va a trascender.


[i]

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Migrar: un pecado latino

Raciel Guanche Ledesma

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La libertad del hombre por conocer, viajar y hasta migrar en busca de mejores condiciones económicas o laborales es tan antigua como la propia existencia humana. En la antigüedad, y permítanme ser reiterativo en términos, los habitantes se movían con independencia y sin barreras estructurales de un lado a otro en busca de asentarse en lugares donde las condiciones naturales para el desarrollo agrícola o individual fueran propicias.

En América se registra como teoría más aceptada que sus primero pobladores llegaron luego de cruzar el Estrecho de Bering, un punto que distancia con un breve mar el extremo oriente de Siberia con el noroccidental de Alaska. Así fue entonces como la migración tocó por primera vez nuestras tierras y colocó los primeros asentamientos al norte. Luego progresivamente se extendió al sur y comenzaron a formarse las nacientes civilizaciones.

Después con el devenir histórico, el flujo migratorio se fue estrechando bajo las dolorosas riendas coloniales que, sobre todo en América, nos marcó por la injusta trata esclavista. Así llegaron a nuestro continente, por ejemplo, las tradiciones africanas, la transculturación y el tan rico mestizaje entre blancos y negros, algo que don Fernando Ortiz denominó muy acertadamente como “ajiaco”, haciendo referencia a la variedad de los componentes étnicos presentes en nuestra raza.

A este paso podríamos extendernos con incontables ejemplos de tránsito de un continente a otro, incluso, de japoneses e italianos que hasta nuestros días tienen descendencia en comunidades de Suramérica. Sin embargo, el objetivo no es continuar hablando de lo que fuimos, que es realmente meritorio, sino llegar a lo que somos tantos siglos después en plena modernidad y cargados de barreras estereotípicas.

Decir hoy que la migración ocurre como un proceso tan natural como el deseo del hombre por el elegir su futuro donde estime conveniente, es cuando menos dudoso. Pareciera que conceptos como los de “libertad migratoria” o “migración justa” se han retrotraído en el tiempo y divagan entre decisiones políticas y de orden discriminatorias en distintas partes del mundo.

Los nuevos preceptos han anticipado una crisis que se viene construyendo sobre una base de poder desde hace siglos. Muchas fronteras al norte, por lo general infranqueables, hacen funcional una filosofía selectiva de tránsito hacia esas naciones poderosas.

Y es que la migración ordenada entre los países desarrollados sucede por lo general sin inconvenientes, pero cuando ciudadanos de países empobrecidos o subdesarrollados desean emigrar por cualquier índole hacia ese primer mundo, no poseen el privilegio legal para hacerlo y es ahí donde comienza la irregularidad en el flujo migratorio.

De transgresor se pudiera calificar este desigual tratamiento que intentan justificar con una “carencias de valores sociales o violencia” que proviene del sur, algo que incluso, se ha llegado a estereotipar en distintos países. Es doloroso que el migrante latino en su empeño por llegar a los Estados Unidos o a Norteamérica que es generalmente el centro meta, tenga que arriesgar su vida entre acantilados de la selva, en trenes cargados de mercancía o drogas y entre mafias sanguinarias.

Si tienen éxito en su travesía quizás pueda alcanzar ese “sueño americano”, pero quien duda que de no ser así, el niño, el joven o los padres que lucharon durante meses para llegar a una frontera dividida por potentes aceros, jamás regresen a sus hogares.

Suena escalofriante de sólo pensar los riesgos a los que se exponen ahora mismo cientos y cientos de latinos, mientras la indolencia de quienes se aferran a muros y barreras cada vez más divisorias vuelve a tomar la palabra como en el más ridículo mitin electoral norteamericano.

Sin dudas, el saldo de la migración en Centroamérica es el que pagan miles de latinos con sus vidas. El desprecio a la fuerza laborar del capitalismo demoledor, que no es más que la sangre extranjera, esa a la que exprimen como a un despiadado animal, hace que las rutas de tránsito de un lugar a otro sean cada vez más hostiles e inseguras.

Nadie pensaría, ni los antepasados más conservadores, que el poder y la ambición hicieran de nuestro único planeta, un lugar donde el hombre no acepte al hombre sólo por no haber nacido en un pedazo de tierra común. Claro que no podemos ser absolutos y mucho menos hacer catarsis de los pueblos dignísimos con que contamos. Y es que los límites migratorios no son definidos en la mayoría de los casos por las sociedades, sino por los gobiernos y estados que interponen su voz por encima del sentido común.

Se entiende que para determinados países la sobresaturación en la densidad migratoria sea, incluso, un tema complicado. Pero entonces, ¿por qué no ordenar ese tránsito sin infundirle un carácter aberrante a la situación y sin proponer barreras millonarias que avergüenzan nuestros días? La respuesta a esta interrogante sigue divagando entre dos aguas, entre partidos políticos y en sectores poderosos, obviando así la voz de quienes sufren dentro y fuera del primer mundo.

Si bien hoy la migración debiera ser un derecho inalienable del ser humano, se ha convertido a fuerza de muros en una práctica riesgosa para miles de personas. Lo que no imaginarían nuestros antepasados cuando caminaban sin restricciones desde Alaska hasta la Patagonia es que con el tiempo, la “libertad” cobraría otro sentido y con ella las rutas hacia el río Bravo llevarían el distintivo sello de la frustración.

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Madre América

EUSEBIO LEAL, UN CUBANO UNIVERSAL

Ariel Avilés Marín

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El Dr. Eusebio Leal con el pintor yucateco Jorge Roy Sobrino, una de sus últimas fotografías en vida. Foto de Salvador Peña L.

“Qué sucede cuando se resquebraja y se derrumba
la vieja sociedad, y emerge con toda potencia y fuerza
la figura hechizante de Fidel a la cabeza”
Eusebio Leal.

Al calor del triunfo de la Revolución Cubana, surgen figuras que van tomando talla universal en el concierto de la cultura. Nicolás Guillén, el poeta nacional de Cuba, gesta una revolución cultural a partir de la publicación de “Motivos del Son”. Miguel Barnet, en el campo de la novela, que ya se consideraba totalmente cubierto, asombra al mundo al lanzar un género nuevo, la novela testimonial, con “Biografía de un Cimarrón”. Raúl Roa García, en el plano de la diplomacia, cimbró a organismos como la OEA y la ONU con sus vibrantes disertaciones: “Me voy con mi pueblo, y con mi pueblo se van también los pueblos de Nuestra América”. Roberto Fernández Retamar, quien concibe una nueva teoría literaria para las letras de Nuestra América. Eusebio Leal Spengler, quien revoluciona el concepto y funciones del cronista de una ciudad, e impulsa el rescate de los patrimonios históricos y arquitectónicos, de las ciudades a cargo de personajes como él. Estos ilustres cubanos, tienen por derecho propio, la distinción innegable de ser llamados ciudadanos universales del mundo.

Eusebio Leal, nace el 11 de septiembre de 1942 en La Habana, Cuba. Viene al mundo en el seno de una familia muy pobre, por lo que estudia con profundas dificultades la educación básica. Muy pronto empieza a trabajar, pero por su propia voluntad, va adquiriendo una amplia y profunda formación autodidacta. Es coyuntural en su vida, la cercanía e influencia de Emilio Roig, quien lo hace tocar con la punta de los dedos la fascinante labor de Historiador de la Ciudad, que marcará en forma definitiva el rumbo de su vida y la trascendencia de su obra. Es apenas un adolescente de diecisiete años al triunfo de la revolución, que le sorprende en las calles de La Habana. “Un día, iba caminando por la calle, y sentí de repente, un movimiento telúrico. Era el 1 de enero de 1959. La Revolución Cubana había triunfado y entraba en La Habana”. Años después, definiría su posición revolucionaria, en una conferencia sobre sus crónicas, en el local del periódico “Granma”, en la que dijo con toda certeza: “Así, es cómo miraba el mundo un niño de mi generación”.

En medio de opiniones encontradas, por no contar con el sustento de una formación académica normada, es nombrado Historiador de la Ciudad, al fallecer su maestro Roig y quedar vacante el cargo. Muy pronto, con sus formidables labores de rescate y restauración, dará un mentís a las voces descalificadoras. En 1979, logra el rescate y rehabilitación total del Palacio de los Capitanes Generales, antigua casa de gobierno de Cuba. Eusebio Leal, recorre el mundo con la mano extendida para buscar el apoyo de agrupaciones de la sociedad civil, que son solidarias con el rescate de patrimonio y monumentos de gran importancia histórica, como es el caso de La Habana Vieja. Su incansable peregrinar, ha rendido frutos brillantes; ahí están como mudos testigos, la soberbia fuente de mármol de la Plaza Vieja, en La Habana Vieja, el Palacio de los Tres Reyes y las fortificaciones del Morro, el Gran Teatro Nacional “Alicia Alonso” y, desde luego, la larga y titánica obra de restauración total del Capitolio. La fiebre de rescate y restauración de edificios valiosos de La Habana, es obra de Eusebio Leal, y es su pase innegable a la posteridad; y la ciudad le debe la conquista de la calificación por la que fue declarada en 1982, “Patrimonio Cultural de la Humanidad” por la UNESCO. El estipendio que acompañaba a varios premios y reconocimientos que recibió, lo destinó todo al rescate de edificios de su ciudad.

Estudioso incansable, retoma su formación académica en 1975, y se matricula en la Licenciatura en Historia en la Universidad de la Habana, después de haber acreditado a suficiencia sus conocimientos adquiridos de manera informal. Pero sus estudios no quedan ahí. Es Doctor en Ciencias Históricas por la Universidad de la Habana. Becado por un ministerio del gobierno de Italia, estudia el Post Grado sobre Restauración de Centros Históricos en 1980. En su patria se desempeñó como Historiador de la Ciudad y director del Museo de la Ciudad, desde 1967, hasta su muerte en días pasados. Fue Embajador de Buena Voluntad de la ONU en 1996. Funda la Academia de Historia de Cuba en 2010 y  también la Unión Nacional de Historiadores de Cuba. Su brillante labor fue reconocida dentro y fuera de Cuba, le fueron otorgados veintidós Doctorados Honoris Causa, en las más diversas universidades del orbe. Escribió importantes libros como: Regresar en el Tiempo, Detén el paso Caminante, Verbo Volante, Carlos Manuel de Céspedes, El Diario Perdido, La Luz Sobre el Espejo, Poesía y Palabra (tomos I y II), Para no Olvidar, en tres tomos; Fundada Esperanza, Patria Amada, Hijo de mi Tiempo y Aeterna Sapiencia.

Su desaparición física, me causa un profundo dolor, y también una profunda frustración. Deseaba intensamente hacerle una entrevista. En agosto de 2015, fui tres veces a la oficina del Historiador de la Ciudad, en el Palacio de los Capitanes Generales; no lo encontré. Repetí esto en 2016 y 2017, con el mismo resultado. Le platiqué mi intención a Miguel Barnet, y me dijo: “Está muy delicado; no recibe a nadie. Pero voy a hablar con él para que haga contigo una excepción”. Nunca se concretó el encuentro, la entrevista queda pendiente ya para otro plano. Nuestra península, tiene también una deuda de honor con Eusebio Leal; pocos saben que, al ser declarada en 2006, la ciudad de Campeche, como Patrimonio Arquitectónico de la Humanidad por la UNESCO, esto fue posible merced a un plan de rescate de la ciudad amurallada, que Eusebio elaboró y que fue aplicado puntualmente por el gobierno del Estado de Campeche. Su benéfica labor, llegó también a nuestros lares. ¡Qué bueno hubiera sido hacer algo semejante con Mérida!

Una de las últimas actividades de la fértil vida de Eusebio, fue la organización en el mes de febrero de este año, de dos exposiciones de artes plásticas del pintor yucateco Jorge Roy Sobrino. Estos importantes eventos culturales, se llevaron a cabo en La Habana Vieja. Una exposición fue montada en la Casa Benito Juárez, y la otra en el Museo de África; ambas tuvieron un éxito muy significativo y tuvieron también una resonancia internacional. La última vez que vi su imagen, fue en el documental por los funerales de Rosita Fornés, al cual asistió apoyado en un bastón y muy delgado ya. Al verlo así, me impresioné y pensé: Ya le queda poco tiempo a Eusebio. No sabía que tan cercano estaba el fin de este gran hombre.

Eusebio se fue el día de ayer, con él se va una época de grandes cambios en Cuba y en la humanidad. Revolucionario convencido y convincente, mantuvo una voluntad inquebrantable y una lealtad, como su nombre, a su amada Revolución Cubana. ¡Descansa en paz Eusebio! ¡ERES UN CUBANO UNIVERSAL!

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