Crónica cubana
Miguel Pérez y Guillermón Moncada en famoso duelo a machetazos
Publicado
hace 5 añosen
La historia de Cuba en su aval recoge cientos de miles de hechos, ya sean singulares o famosos, algunos conocidos y otros un tanto en el anonimato, como los narrados a continuación, aunque no por esto dejen de ser llamativos e importantes.
Se registran batallas, combates, asesinatos, pero como si del lejano oeste se tratase también existieron duelos, pero muy pocos con el componente dramático que enfrentó el 26 de mayo de 1871 al comandante mambí José Guillermo Moncada con el teniente coronel español Miguel Ignacio Pérez Céspedes.
Todo inició en el preludio de la invasión a Guantánamo, durante la Guerra de los Diez Años (1868-1898). El general Máximo Gómez, decidido a invadir esa oriental provincia, única que no se había incorporado a la contienda, por lo que ordena a Guillermón ir a la vanguardia de las tropas y aniquilar a Miguel Pérez, tratándose como un asunto vital. La región señalada era un bastión del que los españoles presumían y alardeaban por la calma que imperaba en ella. Allá el clan de los Pérez Céspedes campeaba a sus anchas, teniendo bajo su mando tropas de guerrilleros implacables, en su mayoría descendientes de los indios de Caujerí, aunque había individuos y malhechores de toda laya.
Al frente de las partidas se hallaban los hijos y sobrinos del sanguinario rancheador, que, a la edad de 71 años era toda una leyenda de valor y decisión traducida en 54 años al servicio de España. Iniciada la invasión, era completamente inevitable que se produjesen choques sangrientos entre ambos grupos. La experiencia combativa de las cuadrillas, así como el conocimiento del terreno y el apoyo de la población local le permitieron una ventaja inicial sobre los mambises.
Dos titanes en legendario duelo
Según las crónicas de la época, Miguel Pérez tenía fama de ser muy temido entre la población negra. Lo que ha trascendido es que, en la creencia obtusa del jefe militar ibérico, Guillermón era uno de los tantos cimarrones que había mutilado y asesinado, por lo que intentó amedrentarlo con amenazas.
Pero su oponente había nacido libre en Santiago de Cuba el 25 de junio de 1841. Hombre joven de 30 años de edad, su complexión física, de 1,80 metros de altura y robusta, semejaba un coloso de ébano esculpido por los dioses mismos, por lo que no le temía a bravuconería o guapería alguna. Durante el trayecto de los mambises, hallaron una nota escita y firmada por el peninsular, dirigida al héroe antillano, y cuyo texto bastante feroz rezaba así:
“Mambí: No está lejos el día en que pueda sobre el campo de lucha, bañado por tu sangre, izar la bandera española sobre las trizas de la bandera cubana”
La respuesta fue casi de manera inmediata y la dejó escrita al dorso del mismo papel:
“A Miguel Pérez y Céspedes, en donde se hallare. Enemigo: por dicha mía se aproxima la hora en que mediremos nuestras armas. No me jacto de nada, pero te prometo que mi brazo negro y mi corazón de cubano tienen fe en la victoria…”
Para provocar y sacar de su cuartel en Tiguabos al alardoso militar, Moncada incendió los cafetales de la zona de Ojo de Agua. De esta manera el humo de los incendios sería divisado y se provocaría el tan ansiado enfrentamiento.
Mordieron el cebo y lo pagaron caro
En la tarde del 26 de mayo, Miguel, bastante insultado y enfadado ante semejante ofensa, salió al frente de sus hombres prestos a aniquilar toda insurgencia en el área. En su camino caen en la emboscada hábilmente tendida en la zona de Yateras. Así empezaba el duelo. Ya era de noche y habían pasado cinco horas de intensa pelea, muchas veces cuerpo a cuerpo. Viéndose rodeados, el jefe de las tropas españolas da la orden de retirarse lentamente por lo más espeso de la maleza. Guillermón, al percatarse de la hábil maniobra, da la orden, retumbante como un trueno “Al machete, adelante mambises”
Las escenas a continuación narradas pudieron ser motivo de censura. Y es que fue tal la violencia desatada por el comandante mambí que del colonialista sólo quedaron unos pocos pedazos de su cuerpo recogidos en una yagua. A decir del periodista español, José Emilio Triay, en un artículo necrológico publicado a la memoria de Miguel Pérez el 15 de julio de 1871 en el diario La Ilustración Española y Americana donde cita una nota atribuida a un corresponsal en Santiago de Cuba:
“Los caribes (mambises) se ensañaron horriblemente con su cadáver, desfigurándolo completamente” Y concluye: “Recuperados sus restos, fueron conducidos a Guantánamo donde se le hizo un funeral solemne”
Lo cierto es que la Escuadra que salió al campo aquel día fue aniquilada completamente. No hubo más sobreviviente que un mulo malherido, encargado de trasladar la pieza de artillería usada en la contienda.
Al día siguiente de la acción, Gómez recibía el sable del derrotado y sus grados. Todos los cubanos participantes en la decisiva gesta fueron ascendidos. Por otra parte, Guillermón Moncada recibía el cargo de teniente coronel. La tan ansiada invasión se podría efectuar. Sin duda alguna, toda una página dorada en la historia, que, sin ser un hecho muy difundido, se considera uno de los más relevantes de la Guerra Grande.
