El coronavirus cobró vidas en todos los estratos y sectores, desde bebés hasta personas de la tercera edad. Se reportaron decesos en las prisiones, en el sector artístico y en el ámbito político. Yucatán también es el estado con mayor número de defunciones en población indígena.
Mérida, Yucatán, 31 de diciembre del 2020.- El peculiar 2020 cerrará con desafortunadas cifras de Covid-19 en Yucatán. Desde abril, dos mil 903 personas fallecieron a causa de la enfermedad, informó la Secretaría de Salud local (SSY).
El padecimiento cobró la vida de hombres y mujeres de todas las edades. Por ejemplo, en septiembre, se reportó la defunción de un bebé meridano de un mes de nacido. Otras víctimas fueron un infante de dos meses, de Peto; uno de seis meses, de Campeche; otro de once meses, de Tixméhuac; y una niña de un año, de Chankom. Sin embargo, ha sido más frecuente el deceso de personas adultas y de la tercera edad, en su mayoría con comorbilidades como diabetes o hipertensión.
Yucatán actualmente ocupa el primer lugar de fallecimientos por Covid-19 en población que se reconoce como indígena, con 265 hasta inicios del mes de diciembre.
De igual forma, perdieron la vida personas privadas de la libertad. Aunque el Gobierno del Estado solo brindó información sobre un caso y se mantuvo hermético sobre la situación de la pandemia en los recintos penitenciarios, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), precisó que cinco personas de prisiones yucatecas fallecieron a causa de la enfermedad.
En otros sectores también se contaron víctimas. Hace apenas unos días murió el cantautor Armando Manzanero. En julio, se reportaron los decesos de Rigoberto Javier Tun Salas, quien era alcalde de Samahil; y de Reyna Marlene Catzín Cih, quien era alcaldesa de Maxcanú; así como el de Federico Alberto Cuesy Adrián, ex director de la otrora Secretaría de Protección y Vialidad (SPV). Por cierto, hasta ese mes, al menos diez policías habían perdido la vida por la enfermedad.
Como se recordará, precisamente durante julio y agosto repuntaron las estadísticas del padecimiento, pues en algunas jornadas se llegaron a reportar hasta 35 fallecimientos y más de 100 personas contagiadas.
Desde marzo, se han detectado 26 mil 492 casos positivos en la entidad. 228 eran de otro país o estado. Sin embargo, 22 mil 802 se lograron recuperar, es decir, 86 por ciento de todas las personas que se enfermaron. Hay al menos 67 mil 791 casos sospechosos, 7 mil 231 son de vigilancia centinela.
A la fecha, los municipios con mayor incidencia del padecimiento son Mérida, con 15 mil 988 casos; Valladolid, con mil 967; Tizimín, con 937; Ticul con 787; Kanasín, con 643; Umán, con 641; Progreso, con 571; Tekax, con 446; Motul, con 238; y Temozón, con 232.
El estado yucateco también es la entidad con más casos confirmados de Covid-19 en población que se reconoce como indígena. Hasta principios de este mes, se tenía registro de dos mil 207. Le siguen Oaxaca, con mil 145 casos; y Ciudad de México, con 956.
En el último día del año, la SSY indicó en su comunicado diario que Yucatán sigue en semáforo naranja, pues están ocupadas 38.7 por ciento de las camas de hospitales y 24 por ciento de los espacios de cuidados intensivos. Además, el ritmo de contagio se encuentra en ascenso.
Cabe recordar que desde noviembre, se dio a conocer que el estado participa en los estudios de las vacunas CanSino y Janssen contra el coronavirus.
Jóvenes, niñas y niños podrán ser reclutados a prácticas deportivas de alto rendimiento.
Mérida, Yucatán, 24 de agosto del 2021.- Jóvenes, niñas y niños yucatecos con habilidades para incorporarse a la práctica deportiva de alto rendimiento tendrán la oportunidad de mostrar sus capacidades y ser reclutados a través de la Semana de Detección de Talentos Deportivos, que se llevará a cabo del 25 al 27 de agosto en los Paseos Verde y Henequenes.
Los Institutos del Deporte (IDEY) y de Movilidad y Desarrollo Urbano Territorial (Imdut) del estado informaron que durante esos días las actividades comenzarán con una sesión de activación física para los participantes, así como su distribución en diferentes grupos para la realización de pruebas.
Posteriormente, habrá una exhibición de disciplinas como esgrima, tenis de mesa, tiro con arco, levantamiento de pesas, taekwondo, luchas asociadas, judo y karate, entre otras, para captar el interés de quienes asistan.
El programa se llevará a cabo simultáneamente en las dos sedes desde las 8 horas del miércoles 25, por lo que los interesados deben llegar desde las 7:30 horas para su registro. En esa jornada se convoca a los niños entre ocho y 13 años, mientras que el 26, a jóvenes de 14 y 15.
Y como parte de la inclusión deportiva que impulsa el Gobierno del Estado, el viernes 27 se efectuará en Paseo Henequenes la detección de talentos en personas con discapacidad de todas las edades, en las ramas femenil y varonil.
El punto de encuentro en el Paseo Henequenes será en la calle 48 por 15 de Paseos de Chenkú II. En el Paseo Verde, la ubicación es en la calle 28 por 17 del fraccionamiento Juan Pablo II.
Para la estrategia se conformó a un equipo técnico de medición y evaluación, el cual está integrado por profesoras y profesores de educación física, entrenadores y estudiantes de la Licenciatura en Entrenamiento Deportivo del Instituto Patria, con el que se firmó un convenio para el desarrollo profesional de su alumnado.
A los interesados se les invita acudir con ropa y calzado que les permita realizar las pruebas físicas, así como con cubrebocas y respetar en todo momento las medidas de higiene y sana distancia recomendadas por las autoridades de salud.
A principios de 2022 arrancaría la etapa clínica para
evaluarlo con pacientes.
De la mano de expertos y
universitarios, México continúa sumándose a los esfuerzos contra el Covid-19.
Ahora, la científica del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Paola Castillo
Juárez, se encuentra desarrollando un biofármaco a partir del diseño de cuatro
péptidos (pequeños fragmentos de proteínas), los cuales una vez sintetizados demostraron
tener una eficacia por encima del 90% contra la replicación del coronavirus
SARS-CoV-2.
Los péptidos se diseñaron
mediante herramientas bioinformáticas en el Instituto Nacional de Enfermedades
Respiratorias (INER), describió la experta en virología e inmunología de la
Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB).
“Los resultados son
sorprendentes debido a que las moléculas desarrolladas se enfocan en secuencias
conservadas de las partes de la proteína del SARS-CoV-2, las cuales no cambian
aun cuando el virus mute y dé origen a nuevas variantes”, afirmó.
Castillo Juárez detalló que
el péptido dirigido a la proteína S del SARS-CoV-2 evita los cambios
conformacionales que se necesitan para que el virus entre a las células,
mientras que la molécula enfocada al receptor celular de la enzima convertidora
de la angiotensina 2 (ACE2) bloquea la unión de la proteína viral con este
receptor.
Los otros dos péptidos,
añadió, se unen para impedir que las proteínas M y E (de envoltura) del
coronavirus se unan con otros blancos y de esa forma se evita la producción de
las interleucinas proinflamatorias 6 y 1 beta, que interfieren en exacerbar la
inflamación a causa de la respuesta inmunológica desregulada.
“Comprobamos que un beneficio
más de los péptidos es que no son citotóxicos para la célula e inhiben la
replicación viral; de acuerdo con resultados al contar las unidades formadoras
de placa lítica (virulenta) observamos que disminuyen el título viral, además
de impedir el desarrollo de inflamación, la cual está relacionada con el daño
multisistémico”, explicó.
Como parte de la
investigación, se realizarán evaluaciones con la variante Delta, en las cuales
esperan obtener resultados efectivos. “Por estar dirigidos los péptidos a
secuencias de las proteínas del virus que no cambian (conservadas) estamos
completamente seguros que también van a ser muy efectivos contra esta
variante”, sostuvo.
La experta precisó que en la
siguiente etapa del proyecto —que esperan concluir al término de este año— probarán
los péptidos in vivo (modelo animal) y a principios de 2022 prevén comenzar la
etapa clínica para evaluarlo con pacientes.
Actualmente, al mismo tiempo que se
desarrolla la patente, se encuentra en proceso la elaboración del artículo
científico. Una vez finalizado el proyecto planean transferir la tecnología a
alguna industria para elaborar un fármaco que coadyuve al tratamiento del Covid-19.
La
tortura es una práctica habitual en México. Así lo revela el Informe Mundial
2020 de Human Rights Watch. Entre 2012 y 2018, la Fiscalía General de la
República investigó más de 9,000 casos de tortura, la gran mayoría, impunes al
día de hoy. Según el mismo Informe son prácticas comunes las descargas
eléctricas, el estrangulamiento y la asfixia. Esta realidad estremecedora que vivimos
en México nos la ha recordado el homicidio de José Eduardo Ravelo, quien falleció
después de una larga agonía causada, según su declaración, por la brutalidad de
agentes policiacos.
Sin
embargo, nadie mostró extrañeza, ni siquiera la población de Yucatán, donde
existe cierta sensación de seguridad. Hubo indignación, cuestionamientos y
exigencias, pero no extrañeza. Los habitantes de Yucatán sabemos que hay
policías capaces de intimidar, torturar, violar y desaparecer a los detenidos.
Lo han vivido en carne propia, lo han vivido amistades y/o familiares, vecinos
de la colonia, compañeros de trabajo. Pocas personas se sentirían seguras
rodeadas de policías. Y si fueran víctimas de un delito, de un crimen, saben
que poco se puede esperar de la Fiscalía General del Estado de Yucatán.
Gobiernos anteriores y actuales se han valido del aparato que vigila, pero no
hace justicia.
La
tortura se ha normalizado no sólo por su frecuencia, sino también porque se ha
vuelto norma. Existen policías y militares que consideran parte de sus
atributos dar una “calentadita” a los
detenidos, que incomunicar, golpear, amenazar, torturar y desaparecer es parte
de su trabajo al amparo de las instituciones. Se ha vuelto norma tácita, sobre
todo, porque quienes están arriba y no se manchan las manos, consideran válido ordenar
acciones para intimidar a ciudadanos, resolver expeditamente (y sin investigación
de por medio) cualquier delito que pueda ser imputado a algún transeúnte
vulnerable y con facha de culpable, obtener confesiones (así sean falsas) o
llenar las estadísticas con determinado número de detenidos.
Igual
se ha normalizado un sentir colectivo, animado por el hartazgo, que celebra los
malos tratos, las violaciones y las torturas en los reclusorios. Una parte de
la ciudadanía espera que, como parte de la pena, las personas procesadas sean
víctimas de toda clase de sufrimientos físicos y psicológicos porque “se lo merecen”. Acusan a los derechos
humanos de “proteger delincuentes”. No
fueron pocos quienes, respecto al caso de José Eduardo, esperaban que los
culpables sufrieran el mismo destino en la cárcel.
No,
la tortura no se erradicará pensando que debe prohibirse en ocasiones y, en
otras, es válida. La tortura tiene que ser prohibida en todas sus formas y
contextos. México ha suscrito la Convención contra la tortura y otros tratos
o penas crueles, inhumanas o degradantes (1984), así como su protocolo
facultativo (2006); asimismo, la Convención interamericana para prevenir y
sancionar la tortura (1985). En 2010 la Corte Interamericana de Derechos
Humanos determinó que la violencia sexual es un tipo de tortura, después de
fallar a favor de dos mujeres indígenas violadas por militares mexicanos. En
2017 el Congreso aprobó la Ley general para prevenir, investigar y sancionar
la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Pero
este marco de derechos humanos ha sido, usualmente, letra muerta.
Todos
los días un policía aplica el procedimiento ya conocido de someter a alguien,
sin importar leyes ni protocolos. Posiblemente esté sucediendo mientras lee
estas líneas. Todo lo anterior se corona con la cereza de la impunidad, que
cubre un pastel envenenado de omisiones, manipulaciones, extorsiones y
discriminación en las investigaciones judiciales. Por lo anterior, tampoco se
puede reprochar a la ciudadanía la desconfianza que despierta el hecho de que
el Juez de Control en el caso de José Eduardo, haya decidido liberar a los
policías por considerar que no existía evidencia suficiente para vincularlos a
proceso.
Las
preguntas son varias. Entonces, ¿quiénes torturaron, violaron y asesinaron a
José Eduardo? ¿Cuál es la evidencia que sí permite identificar a sus agresores?
Si la Fiscalía ordenó detener a cuatro policías sin evidencia suficiente, ¿fue
para calmar los ánimos? Si la Fiscalía tiene evidencia contundente, ¿se liberó
a los agresores?, ¿a cambio de qué? Si los policías liberados eran chivos
expiatorios, ¿son víctimas del mismo sistema que mató a José Eduardo? Si no
fueron policías municipales, ¿de qué corporación eran? ¿O tal vez no eran
policías? ¿A quiénes están encubriendo? ¿Será otro caso más que perpetúe el uso
impune de la tortura con consecuencias fatales?