APUNTES DESDE MI CASA
De Batiseñales y paz…
Publicado
hace 7 añosen
Por
Paloma Bello
El 21 de septiembre pasado, a escasos ocho días de la fecha que conmemora la gesta de los Niños Héroes de Chapultepec, la ciudad de México fue protagonista de un inusual evento. Sobre un edificio de la avenida Reforma se proyectó, aproximadamente a las veinte horas, la Batiseñal que podemos reconocer como lectores de cómics:
Un reflector proyecta un haz de luz redondo con el emblema de un murciélago fijado en medio. Es la señal de socorro en la Ciudad Gótica de ficción, para convocar la presencia de Batman como defensor de la ley, ya que su verdadera identidad es la del filántropo Bruno Díaz.
A esta historia, a esta historieta, la empresa DC Cómics rindió homenaje con motivo de los 80 años de la creación del famoso personaje. Las ciudades que se unieron a tan singular celebración, fueron Tokio, Johannesburgo, Berlín, París, Barcelona, Londres, Sao Paulo, Nueva York, Montreal, Los Ángeles y Ciudad de México.
La conmoción que causó la aparición de la Batiseñal fue apoteósica. La incógnita del motivo permaneció latente en los teléfonos móviles y desató todo tipo de especulaciones hasta que comenzó a circular la explicación del asunto. Las fotografías de prensa demostraron que en la capital del país sí se tenía conocimiento del suceso por la cantidad de personas ataviadas con capa y antifaz que deambularon en las calles.
El poder de comunicación de las redes sociales es impresionante. En cuestión de minutos el propósito de la Batiseñal había cumplido su cometido en todo el mundo: rendir tributo a Batman por sus 80 años.
Los que fuimos niños a finales de la Segunda Guerra Mundial, recibíamos de Estados Unidos los medios de entretenimiento gráfico, desde una sola tira cómica diaria difundida a los periódicos por la agencia King Features Syndicate, hasta una página completa los domingos, de los llamados entonces, monitos. O los cuentos e historietas en forma de cuadernillo, entre ellos, Batman. No había llegado la televisión a los hogares, y en cierto modo, estas publicaciones fueron entrenamiento en la lectura para después adquirir permanencia en el gusto por la literatura.
Conforme al paso del tiempo, los editores, coloristas, grabadores, dibujantes, impresores, fueron puliendo sus trabajos hasta llegar a convertirlos en obras de arte contemporáneo. Los cuadernillos del hombre murciélago se han transformado en tomos de colección, encuadernados con papel de excelente calidad, que presumen firmas de su creador Bob Kane, así como de los grandes artistas del dibujo Jim Aparo, Neal Adams, Simon Bisley, Mike Mignola, Frank Miller y Greg Capullo, cuya presencia es muy solicitada en las convenciones mundiales de Cómics.
Los súper héroes inventados por el cerebro creativo de Stan Lee, como Spider-Man, Hulk, Iron Man, Los 4 Fantásticos, Thor, Daredevil, Doctor Strange, X-Men, Pantera Negra, Hombre Hormiga y Bruja Escarlata, obedecen también a la necesidad de la sociedad norteamericana de creer en algún modelo de heroicidad.
Héroes auténticos en libro de texto
Quienes realizamos nuestros estudios primarios alrededor de los años cincuenta, tenemos totalmente arraigada en la memoria la gesta de los cadetes martirizados en Chapultepec, porque la afirmamos no sólo en la materia de Historia Nacional, sino con algún poema de Amado Nervo y un himno cantado semanalmente en la clase de Instrucción Musical.
A partir de 1970 la Secretaría de Educación Pública desapareció de los libros de texto gratuito las materias individuales de Historia y Civismo, y creó un área llamada Ciencias Sociales, en la que dichos temas comenzaron a ser abordados con mínima atención, hasta que en 1992, El Pípila y los Niños Héroes se convirtieron en un par de renglones someramente tratados.
Desapareció, pues, el respeto por el ejemplo más próximo en edad a los niños de primaria. Se volatilizaron igualmente el sentimiento, el pensamiento y el concepto de dar la vida por la Patria. Así que, aunque poseyendo héroes verdaderos, la sociedad conformada por las nuevas generaciones en México, probablemente optará por la búsqueda de patrones ficticios.
Héroes reales en publicaciones populares
En cuanta oportunidad he tenido de asistir a la Feria Internacional del Libro en La Habana, Cuba, no ha dejado de admirarme la formación histórica que reciben los niños de la isla a través del cómic, al margen de su ejemplar instrucción pública.
Alineados en fila con sus cajas de cartón a la cabeza o a la cadera, las criaturas avanzan hasta llegar al estanquillo donde están expuestos los cuadernitos editados por entregas, para disfrutar las hazañas de Antonio Maceo, general del Ejército Libertador de Cuba, o de Simón Bolívar, Libertador de América, o para imbuirse en el pensamiento de José Martí, por citar nada más tres ejemplos.
El precio de las historietas se cotiza en centavos cubanos, para beneficio colectivo, y es sumamente estimulante escucharlos intercambiar impresiones durante la espera, en la que comunican su interés por el avance de los capítulos. Cabe mencionar que las cajas de cartón regresan a casa con carga completa.
Daos fraternalmente la paz
Al día siguiente de la proyección de la Batiseñal en la ciudad de México, concluyó en Mérida el programa organizado por la Secretaría Permanente de la Cumbre Mundial de los Premios Nobel de la Paz.
Dicha reunión congregó a 27 premiados y otro número de personalidades y organizaciones relacionadas con el tema de la paz mundial. Los actos fueron diversos y la prensa nacional y extranjera dieron cobertura con mayor amplitud que la local.
Las plataformas sobre Desarrollo Social y Económico, Prioridades para el Desarme Nuclear y Demografía Global, entre otros, fueron superadas en difusión e interés, en nuestra ciudad, por la de la Ley de matrimonio igualitario. Poco se ha sabido, finalmente, de los resultados generales que hayan trascendido como producto del encuentro.
Adecuada a la mentalidad que prevalece en estos tiempos, se invitó también –y aquí pido francas disculpas por no saber quiénes son Yuriria Sierra, Paola Rojas, Martha Debayle-, a figuras de la talla del actor Diego Luna, el cantante Ricky Martin y la súper estrella Miguel Bosé, personas comprometidas con causas del bienestar común. Se ha sabido que los primeros mencionados utilizaron el twitter y el Facebook como contactos primordiales para su brevedad informativa, y que los segundos ofrecieron charlas de concientización respecto de importantes temas.
Al final de cuentas, se ignora el monto total de la inversión ocasionada por la Cumbre. No se han registrado las conclusiones ni los efectos de la amplia publicidad propagada para el acontecimiento. Al momento de hoy, me pregunto si en vez de reunir a tantos chefs, modelos, artistas, futbolistas, como atractivo adyacente a la intención fundamental ¿hubiera sido más efectivo, quizá, proyectar una Paciseñal que traspasara idiomas, fronteras, dogmas, ideologías, preferencias? ¿Algo emblemático y universal, por ejemplo, La Paloma de Picasso? A lo mejor el mundo entero habría asimilado el mensaje y reaccionado con él, inmediatamente.
APUNTES DESDE MI CASA
Ya son 145 las personas fallecidas por COVID-19 en Yucatán
Publicado
hace 6 añosen
mayo 23, 2020
Esta tarde la Secretaría de Salud local reportó seis decesos en Mérida, Tinum, Kanasín y Tixkokob.
A la fecha, 145 personas han fallecido a causa del COVID-19 (coronavirus), en Yucatán. Tan solo en las últimas 24 horas, se reportaron seis decesos en Mérida, Tinum, Kanasín y Tixkokob.
De acuerdo con la Secretaría de Salud de Yucatán (SSY), perdieron la vida dos mujeres, una meridana de 65 años, con antecedentes de hipertensión y enfermedad cardiaca; y una de 66 años de Kanasín, con diabetes y obesidad.
También dos hombres de la capital yucateca, uno de 33 años, con antecedentes de insuficiencia renal crónica; y uno de 66 años con antecedentes de tabaquismo, quien convivía con dos contactos, uno de los cuales presenta síntomas leves; un varón de 69 años de Tinum, con antecedentes de tabaquismo, quien vivía con 11 personas, de las cuales siete ha manifestado sintomatología leve; y un hombre de 79 años, de Tixkokob.
Hasta el día de ayer, en Yucatán había una tasa de 47.4 defunciones por cada millón de habitantes, cifra que le hacía ocupar el lugar número 11 en el mencionado rubro.
De igual forma, esta tarde la SSY registró 54 nuevos contagios del COVID-19: 27 en Mérida; siete en Valladolid; cuatro en Umán; dos en Kanasín, Kaua, Ticul; uno en Dzitás, Espita, Hocabá, Hunucmá, Seyé, Tekax, Temax, Tizimín y Tzucacab; y uno foráneo.
En total, se han confirmado mil 432 diagnósticos de la enfermedad, trece de otro país o estado. 123 personas se encuentran hospitalizadas y en aislamiento total. Actualmente 19 por ciento de las camas de hospitalización para pacientes con el virus están ocupadas, mientras que 29 por ciento de los lugares de áreas de cuidados intensivos se encuentran en uso. 242 tienen síntomas leves y 923 personas ya se recuperaron.
La SSY solicitó a la población mantenerse en su casa y seguir al pie de la letra las medidas de salud e higiene establecidas por las autoridades sanitarias.
Cabe recordar que actualmente se puede consultar información sobre el COVID-19 en la página http://www.coronavirus.yucatan.gob.mx. También se puede emplear la línea telefónica (800 982 2826), y los chats de Whatsapp en español (999 200 8489) y en maya (9991 40 6622), para obtener diagnóstico automatizado; y se encuentra disponible la aplicación “Meditoc”, disponible para su descarga en Apple Store y en Play Store.
Durante más de medio siglo he conservado en mi memoria la imagen de quien para mis ojos púberes, fue el niño más bonito del mundo, el adolescente más guapo del mundo. Cuantas veces he tenido oportunidad, he referido aquel distante recuerdo en que, antes de comenzar la matinée, los catorce años de Antonio Herrero Fabra se paseaban con su camisa celeste dominguera, por los largos pasillos de los cines Apolo, Novedades, Cantarell, de Mérida.
Él recibía con naturalidad la admiración de las niñas. A veces se me quedaba viendo, serio, pero no sostenía mucho rato mi mirada. Eran esos tiempos en que si no habíamos sido presentados, era atrevimiento hablar o saludar. Ligeramente más alto que sus compañeros de la escuela Orlando Cortés, de piel semejante al alabastro, facciones delicadas, cabello negro, ojos con acento de abstracción.
Le precedía una interesante aureola. Hijo de dos artistas españoles, Antonio Herrero Saus y María Fabra Camdepadros, había nacido en altamar. Su padre, maestro de educación física y danza en mi colegio María González Palma, disfrutaba narrar las circunstancias de su nacimiento:
“Cuando Antonio cumpla su mayoría de edad, a los 21 años, podrá elegir su nacionalidad: española, por sus padres; francesa, por el origen del barco; británica, por el nombre del barco “Jamaica”; brasileña, por las aguas donde nació; venezolana, por el primer país que pisó, o mexicana, ya que fue registrado en Kanasín, Yucatán”.
Diez años después, y divorciados sus padres, Antonio y su abuelita doña Adela Saus Cano llegaron a vivir a Mérida. Su papá recién había contraído matrimonio con la maestra de danza clásica Alma Rosa Cerón. La juventud de Alma Rosa y el inmediato cariño del pequeño, propiciaron una relación de amigos y cómplices. No resintió su vida anterior en México, ni extrañó su colegio Anglo-español. Fue feliz, travieso, estudioso.
Por su naturaleza adaptable y su sangre artística, participó como “Cascanueces” en las funciones que ofreció el ballet de Bellas Artes, dirigido por su tía Socorrito Cerón de Herrera. Su juvenil gallardía envuelta en uniforme militar, iba acorde con la marcha de Tchaikovski.
En 1961, su madre lo reclamó para vivir con ella en la ciudad de México. Enseguida, Antonio se integró al grupo musical “Los Teddy Boys” en el que era el vocalista en inglés.
En diciembre de ese año, María salió de gira con otras bailarinas que vivían en el mismo edificio. Antonio y los hijos de ellas quedaron solos en sus departamentos al cuidado de una sirvienta. Una tarde, mientras jugaban a policías y ladrones, uno de los chicos descubrió la pistola que guardaba su madre. La descargó y continuaron jugando.
En determinado momento, accidentalmente, la pistola se disparó sobre el pecho de Antonio, quien cayó fulminado por el impacto de una bala que había quedado atorada al descargar. El niño responsable huyó atemorizado, en tanto la sirvienta dio parte a la policía. La tragedia, acaecida el 6 de diciembre, cubrió de dolor a toda su familia y amigos. A quince días de cumplidos sus 15 años, Antonio había dejado de vivir.
Hace unas semanas estuve en casa de los Herrero-Cerón. José Luis, primogénito de esta familia, y su madre, Alma Rosa, conservan ordenadamente y con devoción, toda clase de documentos y fotografías de sus seres queridos. Pusieron a mi disposición varias cajas con papelería, que fuimos revisando con asombro y afecto.
Me resulta difícil describir la sensación de esos momentos, el efecto de pulsaciones en las venas cuando tuve entre mis manos el acta original donde se asienta:
“Ego pater Modestus Lieffring, presbiter congregationes Mariae Assumptae ablui, natum in navi Jamaique… Antonium… die 20 novembris, 1946” y cuatro firmas de hermosa caligrafía, y
su pasaporte de 32 páginas, emitido por el Estado Español
fotos de su primera infancia,
calificaciones escolares,
el recorte a ocho columnas del periódico Excélsior dando la fatal noticia el 7 de diciembre de 1961;
la fotografía de su mausoleo en la ciudad de México: un edificio que custodia en la vitrina una foto con marco grande, y en la fachada, suscrita como se pronuncia, la palabra francesa “Coquette”, su apodo de cariño.
Yo tenía la garganta seca. Mis amables anfitriones me brindaban toda clase de atenciones, pero yo leía y releía una carta dirigida a su familia de Mérida, meses antes de su fallecimiento. Es una hoja rayada de cuaderno escolar, ligeramente amarilla, escrita con tinta y no muy buena letra. En ella desea a Alma Rosa que “estéis bien” y narra las experiencias de su nuevo colegio, el Cristóbal Colón. Menciona una alergia en su estado de salud y envía saludos a una extensa lista de parientes y amigos.
La carta del niño que no llegó a decidir su nacionalidad. La carta del niño que aceptaba con llaneza los cambios en su vida. La carta de ese niño que me miraba sin sonreír en aquellas mañanas de cine.
José Luis y su madre demostraban inquietud por llevarme a una habitación que reservaban como colofón a mi visita. Es el santuario dedicado a los dos hermanos fallecidos: Nicte-Há, maestra y bailarina, y Tony, como prefieren llamarle. Sus altares y fotos. Ahí vino el impacto final: el último retrato de Antonio mirando más allá de la cámara, con su uniforme de gala blanco, estilo naval, con charreteras y botones dorados y su quepí de la Orlando Cortés.
Tal cual lo recordaba: no era imaginación, no lo había idealizado, todo era cierto: su juventud y belleza como ofrenda a los dioses de la eternidad.
Hoy, día 20, Antonio cumpliría 73 años. Lo he recordado siempre. Sé que siempre lo recordaré: cada año, en diciembre, se escucha en todo el mundo la marcha de El Cascanueces.

Ahora que amainó la lluvia informativa en torno al cantante José José, me permito narrar una vieja anécdota personal relacionada con él. Me apena admitir que nunca fui admiradora suya, pues, aunque aprecio sus cualidades interpretativas, sus canciones me parecen confeccionadas con esquemas bastante comerciales. Como no fui seguidora de sus discos, me he limitado a escuchar en la radio o la televisión lo que estuviese en boga, y por esa razón desconozco su discografía.
Excepto una canción muy fina, que conocí de cerca, porque los creadores fueron dos tamaulipecos distinguidos, ambos neolaredenses, a quienes tuve el honor de conocer: el escritor Mauricio González de la Garza y el virtuoso pianista Sergio Peña. A Mauricio se acercó el ingeniero Jorge Díaz Serrano a solicitar un homenaje especial para su esposa, a quien amaba profundamente, la señora Helvia Martínez Verdayes (misma que en su juventud fue la modelo en vivo de la escultura Diana Cazadora).
Entusiasmado, Mauricio escribió la letra y Sergio compuso la música, dando por resultado el tema “Polvo Enamorado” y, ante el legítimo éxito del autor, del compositor y del intérprete, en Nuevo Laredo fue inaugurado con el nombre de la canción, un acogedor espacio para solaz de sus habitantes.
Sin más preámbulos, referiré ahora mi anécdota. En plena vorágine del Festival de la Canción donde compitió “El Triste”, José requirió alejarse unos días de la ciudad de México, para descansar y reflexionar sobre su inusitado triunfo y vino a Mérida de incógnito. En esos años yo reporteaba para Novedades de Yucatán y su vespertino.
El director de Novedades de la Tarde, Alberto Cervera Espejo, fue a mi escritorio un mediodía, y con la autoridad que lo caracterizaba, me ordenó que en ese instante fuera al Club Libanés y a como diera lugar, consiguiera una exclusiva con el cantante. Cervera Espejo se había enterado que José José estaba en el bar del Libanés tomando unos rones con Coqui Navarro, quien quizá podría ser un intermediario para facilitar el contacto.
De acuerdo a la época, tuve que conseguir un directorio telefónico para llamar al Club, solicitar a un mesero que localizase al maestro Navarro y pedirle a éste que por favor en cuestión de media hora, con cualquier pretexto sacara a la puerta de la calle a José, y del resto yo me encargaría. Divertidísimo, Coqui dijo que sí.
Yo no tenía coche. El Libanés estaba situado muy céntrico en ese entonces, sobre la calle 60. Me fui a pie desde el periódico hasta la Plaza Grande y abordé un taxi. Le expliqué al chofer lo que pretendía hacer y estuvo de acuerdo.
Al pasar, Coqui y José estaban conversando en la mera puerta. El taxista y yo nos bajamos del carro, me acerqué a los artistas y rápidamente fui presentada. En breve expliqué a José de la orden estricta para conseguir una entrevista y juré que no lo entretendría mucho tiempo. Sin darle tiempo de responder, entre Coqui y el taxista lo metieron al carro y justo en el tiempo que dura una vuelta a la manzana, de la calle 60 vuelta a la 55, vuelta a la 58, vuelta a la 57 y regreso a la 60, obtuve exactamente lo que necesitaba, incluyendo fotos con mi cámara Yashika 500.
(La verdad es que el Príncipe era un chamaco apenas, ingenuote, cargado de bondad y confianza hacia el ser humano. Tal vez por eso, como se comenta, sus ex esposas y una de sus hijas, profanaron su magnánima forma de ser).
Regresando a la Redacción, me puse a teclear, en tanto López Nájera revelaba e imprimía las fotos, porque el diario salía a la calle a las 4 de la tarde. La amplia sonrisa de mi director fue la recompensa. Además, me regaló un titular precioso en la primera plana: “José José secuestrado en Mérida por una reportera”. Me concedió también las dos páginas del centro con las fotos y el reportaje.
Recuerdo que cuando salieron las primeras pacas de los talleres, fui con los niños voceadores a la Plaza Grande, indicándoles que gritaran así: ¡José José fue secuestrado hoy! (pausa) en Mérida! (otra pausa) por una reporteraaa! Hasta se me olvidó ir a comer esa tarde, por lo satisfecha que estuve. Siempre agradeceré la mano férrea de Alberto Cervera Espejo como director, y su generosidad también.
¿Y José y Coqui? Siguieron en la bohemia hasta el día siguiente. Eso supimos.
