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Voz de la Península

Cartas a Fernando

Paloma Bello

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Del Joven Segundo…

Querido Fernando: Apenas hace unos días me enteré del fallecimiento del doctor Pedro Hernández Herrera, querido amigo y compañero de teatro. El deceso ocurrió hace unas tres semanas, pero he de confesarte que en los últimos meses me he resistido a leer periódicos y ver noticieros, con el ánimo de obtener una especie de saneamiento emocional, pues el hartazgo de información alarmante y alarmista sobre los sucesos locales, nacionales y mundiales, suelen provocar malestar. Debido a ello, no pude dar mis condolencias en tiempo y forma, a su esposa Lucía de Lourdes y a sus hijos.

El Joven Segundo lo llamábamos Gualberto Trejo y yo, en honor del personaje escénico que más satisfacciones le brindó y que fue su pase para ser integrante del Grupo La Casona dirigido por Alberto Cervera Espejo. Pedro había estrenado el mencionado monólogo de Salvador Novo en el Teatro de la Universidad, en 1959, bajo la dirección de Luis Armando Trejo Cardòs.

Es probable que no sea exacta la mención de su trayectoria teatral, sin embargo podemos apuntar sus actuaciones en: Después, nada, de Carlos Ancira; Todos eran mis hijos, de Arthur Miller; Felicidad, de Emilio Carballido; Henequén, de Leopoldo Peniche Vallado; La muerte de un viajante, de Arthur Miller; Celos del Aire, de José López Rubio y Proceso a cuatro monjas, de Vladimiro Cajoli.

Durante unos años se ausentó del terruño para estudiar la especialidad en Neumología, en la ciudad de México. De su estancia como interno conservaba una anécdota sobre Salvador Novo que escuché por primera vez de propia voz, en aquel centro de reunión de La Casona, llamado El Tirol, de la calle 62 con 65.

Pasados muchos años, yo dirigía la revista de arte y literatura Cariátides, en Nuevo Laredo, y en el número 29 dediqué un suplemento especial al grupo Los Contemporáneos. Solicité la colaboración de Pedro para que narrase su relación médico-paciente con maese Novo y tuvo la gentileza de enviármela junto con el texto original de interesante caligrafía, que le entregase el Cronista de la Ciudad de México, y que fotocopiamos para su publicación.

Líneas abajo, reproduzco el trabajo que mucho honró mi revista:

SALVADOR NOVO: TARDÍA VOCACIÓN DE PACIENTE

Por Pedro Hernández Herrera

La mañana del 14 de marzo de 1968, se llevó a cabo, en Coyoacán, una elegante ceremonia para honrar en vida a un mexicano insigne: Salvador Novo. La calle en la cual vivía el maestro se llamó a partir de esa fecha, como él mismo.

La noticia me llenó de emoción ya que iniciaba mis estudios de post-grado en el D.F., en el Instituto Nacional de Neumología, en Tlalpan, donde viviría y estudiaría durante dos años para egresar como especialista en Neumología y Cirugía de Tórax.

Quedaban atrás las reuniones de teatro en Mérida, año de 1959, cuando el maestro llegó de visita con motivo de unas muestras de teatro y nosotros, imberbes actores, rodeamos al gran autor que visitaba la Península, y devorábamos las palabras que en el restaurante Tulipanes derramaba sobre los principiantes teatreros experimentales de esa época.

El destino hizo que lo tratara como médico cuando a consecuencia de su irrefrenable vicio de fumar se convirtió en mi paciente en el año de 1969.

El hábito del tabaco lo esclavizó toda la vida; fue un exagerado fumador, lo cual al final de cuentas le produjo entre otras cosas: hipertensión arterial, bronquitis crónica, enfisema pulmonar, etc., etc.

Como médico fue muy triste para mí seguir su sufrimiento pulmonar que poco a poco le fue asfixiando, le fue obstruyendo sus arterias y finalmente lo mató en medio de horribles sufrimientos. Un día que junto a su cama de hospital le decía era importante que él escribiera algo sobre el mortal hábito del tabaquismo, me sorprendió cuando rápidamente tomó una pluma y plasmó lo que a continuación sigue:

(Transcripción de lo que de su puño y letra escribió Salvador Novo)

“Lo que arriba dice mi muy querido amigo el Dr. Pedro Hernández, es dolorosamente cierto. Y si a alguien debo culpar de solicitud, cariño y cuidados profesionales que apresuren mi resurrección, es a este viejo (y joven II), amigo hecho en Mérida y reencontrado en Tlalpan, o sea sobre la tierra, cuando ya me sentía yo a punto de habitar debajo de ella, enmudecido.

Pedro me había visitado, aparentemente sano yo, en La Capilla. Me traía deliciosos dulces y recados de la tierra. Pero a sus ojos profesionales no escapaban mi conformación torácica enfisematosa, ni mi disnea. Con suave discreción, Pedro me anunció que en el Instituto Nacional de Neumología en que trabajaba, podrían darme inhalo terapia que consiste en impregnar de oxígeno al paciente.

No hice mucho caso. Prometí ir. Y de pronto, como ocurre en todas las calamidades, me sobrevino un doble infarto pulmonar que obligó a mi internación en Cardiología por un mes.

Tres semanas de aparente salud y un nuevo infarto, leve, pero acompañado por la hinchazón (los médicos dicen “edematizaciòn”, pero es lo mismo) de la pierna izquierda.

De vuelta a Cardiología, pero ya, entre una y otra internación, había yo alcanzado a visitar el Instituto en que trabajaba Pedro. Y probado la inhalo terapia. Del Director en fuera, todos los médicos han sido conmigo de lo más generoso y amable y eficaz. Ahora mismo –cuando escribo estas líneas me descanso de la inhalo terapia que me infunde el Dr. Víctor M. San Román-, acabo de tomar media hora de fisioterapia en el sexto piso. Y ello bastó para enseñarme a respirar, corregir defectos y restaurar mi capacidad muscular de mover la pierna operada.

Me siento a gusto en Neumología. Una tardía vocación de paciente culmina aquí, y agradezco a Pedro Hernández que me haya abierto los ojos hacia el Instituto en que él trabaja y las puertas al contacto afable, humano, generoso y sabio de los médicos compañeros suyos.- Salvador Novo, 12 de Noviembre de 1969”.

Quien en el año de 1965 fue designado Cronista de la ciudad de México, sustituyendo a don Artemio del Valle Arizpe, prodigando su talento, su erudición y su estilo único a todo el país y fuera de él, muere tiempo después de escribir la anterior diatriba contra el tabaco, su amigo, que al final lo traicionó. (P.H.H.)

Hasta aquí la colaboraciòn de quien además de profesionista de prestigio, también fue un buen actor, un buen cuentista, un buen amigo. Lo recordaremos con afecto del grande, como compañero de los desayunos en la cafetería Pop. También cuando escuchemos el tema musical de la película Laura, de Gene Tierney, melodía que mucho le gustaba en los años 60, tiempo de su apogeo escénico como El Joven Segundo.

Crónicas de Ixil

LA GENTE: MI AMIGO BALSAMO

Miguel Ángel Orilla

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Aquí le presento a Bernabé Pech, en una escena cotidiana de Ixil. Tras la ruda y calurosa jornada de trabajo, este campesino retorna con su cargamento de leña cortada en lejanos montes del pueblo, acompañado de su fiel perro malix. “Bálsamo “, como le apodamos en la comunidad, es un hombre trabajador y frente a los tiempos difíciles que viven, no se raja. Con su actitud parece decir: “al mal tiempo buena cara”.

También es tricitaxista y albañil con lo que se ayuda para sostener a su familia. Desde estas líneas de Informe Fracto, saludo a “Bálsamo” y le deseo salud, por su ejemplo de trabajo y buena persona.

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Voz de la Península

La CODHEY supervisa hospitales públicos

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A fin de documentar las condiciones de servicios públicos y proponer mejoras en beneficio de los ciudadanos, del 11 al 20 de noviembre, personal del Departamento de Supervisión Permanente a Organismos Públicos de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (CODHEY) visitará ocho hospitales públicos de la entidad.

En busca de posibles necesidades y áreas de oportunidad

En un comunicado, el presidente de la CODHEY, Miguel Óscar Sabido Santana, aseguró que la información recabada por el personal será procesada y, tras su análisis, se entregará a la Secretaría de Salud a manera de diagnóstico de las principales necesidades y áreas de oportunidad encontradas, a fin de que sean mejoradas las  condiciones de esos hospitales y ofrezcan un mejor servicio a los ciudadanos.

Sabido Santana ha pedido al personal de los hospitales brindar las facilidades a los Visitadores de la CODHEY, quienes están debidamente identificados, para así obtener información lo más apegada a la realidad.

La supervisión se realizará en los hospitales: General de Valladolid, Comunitario de Peto, General de Ticul, General de Tekax, San Carlos de Tizimín, Psiquiátrico de Yucatán, Materno Infantil y Agustín O’Horán en Mérida.

A propósito, en los últimos años las entidades públicas de salud han sido denunciadas por presuntos casos de negligencia y malos tratos, por lo que se ha pedido reiteradamente la intervención de las autoridades correspondientes.

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Voz de la Península

Henequén

Carlos Bojórquez Urzaiz

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Hace alrededor de un mes las autoridades yucatecas hicieron saber que el henequén, la ancestral fibra dura que durante más de un siglo fijó los destinos económicos y políticos del estado, está en la mira de China, por el interés que el gigante asiático tiene en desarrollar productos amigables con el medio ambiente, y desde luego para trazar una estrategia que lo aleje del consumo de fibras sintéticas, sujetas a las oscilaciones del precio internacional del petróleo. Inclusive el titular de la Secretaria Fomento Económico y Trabajo, Ernesto Herrera Novelo, declaró en octubre pasado que han visitado Yucatán personas de China y aun de países europeos, interesadas en comprar nuestra fibra en cantidades considerables.

 El nicho de mercado se antoja sugestivo, aunque debe señalarse que la prospección se ve seriamente limitada por la capacidad productiva de henequén registrada en 2019, en cuatro mil pequeños productores, cultivando igual número de hectáreas. Estas cifras son muy similares a las que se ofrecieron en 2013, cuando la anterior administración estatal dio a conocer su programa Peso por peso, presentado en Motul. Con esperanzas de ver renacer si quiera un grano del antiguo Oro Verde, señalamos que posiblemente ese programa no hiciera resurgir los paisajes de henequén con pencas clavadas en el horizonte, ni los campesinos que se ocupan de este ramo serían redimidos por completo, después de una larga historia de explotación. En aquel año, como en este, se pensó asentar el centro de acopio de fibra dura en Motul, corazón de la ex zona henequenera desde los tiempos fieros de la dictadura de Porfirio Díaz y sus personeros yucatecos.

 Y es que el tema del henequén ofrece muchas aristas para su análisis y proyección, que no debe perder de vista el prolongado intervalo de tiempo existente entre el cultivo de un vástago y los cortes de las primeras pecas, que demora alrededor de siete años, lo que implica el pago de salarios a campesinos y demás operarios, durante más de un lustro, sin obtener ganancias. Seguramente Herrera Novelo está diseñado algún esquema económico que permita salvar este escollo, previo a la exportación de henequén a China.

De cualquier modo vale la pena recordar que la industria henequenera organizada, con antecedentes prehispánicos en cultivos y manufacturas, inició en 1830 con la formación de la Compañía para el Cultivo y Beneficio del Henequén, fundada con un capital de 7,500 pesos, dividido en 30 acciones de 250 pesos cada una y suscritas por 28 personas acaudaladas de Mérida, siendo presidente Benito Aznar y secretario Joaquín G. Rejón. Esta compañía adquirió y fomentó la primera hacienda henequenera denominada Chacsinkín, a pocas leguas de Mérida, pagando por ella la suma de 838 pesos: dos y medio reales. La primera siembra fue de 800 “mecates” (32 hectáreas). El objeto de la Compañía era “promover, aumentar y perfeccionar el plantío, cultivo y manufactura del henequén, y facilitar su expendio”, según rezaba el artículo primero de su reglamento.

A partir de aquel año la industria henequenera inició su vida organizada, nació la primera hacienda y se marcó la decisiva significación que tendría en la vida peninsular el agave yucateco. El auge henequenero, bajo el régimen de servidumbre en las haciendas,  produjo tanta riqueza como pronosticó el Obispo Leandro Rodríguez de la Gala en 1870, quien en un arranque de entusiasmo, de cara a los primeros repuntes de la fibra, llegó a aseverar que se ganaría suficiente para comprar en el exterior los alimentos que hicieran falta. Y se cumplió a pie juntillas el vaticinio del religioso, exactamente durante los estertores del porfiriato, produciendo índices que colocaron a Yucatán como el Estado con mayores exportaciones agrícolas a través del agave. Como se sabe, los frutos y el beneficio de este jugoso negocio, no tocaron a los mayas productores, ni la Revolución o la Reforma Agraria impidieron que manos sin escrúpulos acapararan las fortunas que el henequén produjo.

El actual capítulo del henequén, iniciado en el sexenio pasado y traído a de nuevo a cuento por el secretario Ernesto Herrera Novelo, tendrá que considerar que “la historia es la maestra de la vida”, para no tropezar con las mismas piedras.    

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