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Crónicas de Ixil

El chino Camilo

Miguel Ángel Orilla

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Eran los tiempos aquellos en que las burras, propiedad de doña Cinta y las chivas de doña Andrea pastaban libremente por la plaza sin que nada ni nadie las molestara.

Él era un chino, como cualquier otro, porque dicen que todos los chinos se parecen. Sus ojos de rayita eran vivaces, vendía ropa por abonos y era un comerciante muy abusado, tan abusado que hasta hablaba maya: “Man a nok’, malchante, man a nok” (compra tu ropa), por las angostas calles del pueblo se oía este pregonar del Chino Camilo, de quien jamás se supo su apellido. Había vivido cierto tiempo en Chicxulub, la población más cercana de Ixil, tenía harta lana, y era como de 60 años.

En esos tiempos, viajar a Mérida era toda una hazaña, así que ustedes comprenderán que ése comerciante vino a llenar una gran necesidad en la comunidad. Tela “lica”, rebozos, tiras de hipiles, zapatos, de todo había en sus bien provistos tenates que colgaba de un madero sobre su hombro a la manera tradicional de su natal puerto de Cantón.

En poco tiempo se supo ganar el cariño de los moradores aunque quizá no de los pequeños porque dicen que cuando éstos se portaban mal, los asustaban diciéndoles “ahí viene el Chino Camilo, te va a llevar”. Los buenos tiempos de la bonanza henequenera lo favorecieron, así que para llevar mercancía a las haciendas del municipio, San José, Kansacopó, San Juan y Too, adquirió un caballo canelo, a quien la primera vez que lo montó, dicen que puso al revés la montura.

Fue tanto el cariño por el pueblo, que por seguir las costumbres tradicionales del mismo, fue su deseo que los bautizaran cristianamente y fueran sus padrinos, el respetable matrimonio formado por don Anatolio Aguilar y doña María Rodríguez. Para entrar al templo su saludo era postrarse de rodillas y pegar la cara al suelo, quizás imitando las costumbres de sus lejanos dioses.

Mucho tiempo vivió solo en su casa que ocupa ahora Don Fernando Pech. Un día despareció del pueblo, no se supo más de él, pero la gente -sobre todo sus deudores- siempre recuerdan con gratitud y cariño al chino-maya “Mananok”.

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Crónicas de Ixil

Pancho Orilla

Miguel Ángel Orilla

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A su viuda Guadalupe Moguel

Tengo frente a mí una foto que en lo personal, y para los antiguos aficionados al beisbol, dice mucho. Allá por la década de 1950 en Ixil como en muchos otros pueblos, jugar pelota en domingo, era lo más importante que sucedía. Entonces los juegos se efectuaban en la plaza principal.

Mi hermano Francisco Javier Orilla Canche, tendría 17 años y estrenaba uniforme con el equipo del Ayuntamiento. Debía estar nervioso, era su debut como pelotero. Jugaba de shortstop y no dejaba pasar ni el aire; también cubría los jardines.

Chocaba bien la pelota y era ágil corredor. Una vez que alcanzaba la primera base, seguro que llegaba a la segunda. En su larga trayectoria siempre fue primer bate. Un jugador completo.

Sus hazañas beisbolísticas con los “Cebolleros“, aún se recuerdan. Cuando dejó de jugar, continuó activo como asesor del equipo y consejero de sus hijos Oli Fili, Chino, a quienes cuando niños, los enseñó a jugar beis todas las tardes.

Como persona fue mejor. Hasta luego Pancho, algún día nos reuniremos en otra dimensión para continuar comentando tu legado deportivo.

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Crónicas de Ixil

El Charro Aguilar

Miguel Ángel Orilla

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A “Nani” Aguilar

Orlando Aguilar Gómez, hermano de Narciso, nuestro anterior biografiado, desde pequeño fue muy aficionado a la charrería y lo siguió siendo toda su vida. Claro, había nacido en la pequeña hacienda San Antonio, donde se cultivaba y desfibraba henequén y en la que desempeñó labores campiranas.

Allá por el año 1960, cuando se encargó de la administración de la heredad se ganó la amistad de todos los trabadores, dado que Orlando era muy amiguero.

En su juventud lucía con orgullo el traje de charro, y en la tradicional fiesta de Ixil, con un grupo de amigos, de seguro participaba ejecutando el floreo del lazo, el paso de la muerte e infinidad de suertes propias de la charrería.

También fue beisbolista: jugó con las “Estrellas”, fue cácher y tuvo de compañeros de equipo a Eligio Moguel, Silvio Sánchez, Juan Orilla y Paulino Escobedo, quien fuera su vaquero de toda la vida.

Orlando casó con Mirza Farfán y tuvo cinco hijos: Aurora, William, Alejandro, Fernando e Iván.

Fue también caballerango en el Rancho del Charro, en la ciudad de Mérida. A causa de un padecimiento viajó a California en busca de salud, pero no regresó con vida. Aún nos parece verlo ejecutar con destreza y gracia las diversas suertes de la charrería. Hoy traemos el recuerdo de nuestro amigo el “Charro” Aguilar.

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Crónicas de Ixil

Don Narciso Aguilar Gómez

Miguel Ángel Orilla

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Hoy traemos el recuerdo de este popular personaje que fue conocido también como Nachito o Chiquillo y fue por allá por el año de 1940, administrador o encargado de la finca henequenera San Antonio Chunchucum, ubicada en las cercanías de este Municipio de Ixil.

Aún se recuerda que durante su vida fue el eterno gobernador de los carnavales, porque ponía todo su entusiasmo, recursos y todas sus carretas para que la gente paseara durante la lectura del bando y en la batalla de flores durante las fiestas a Momo. Su inseparable compañero fue el  Flaco Ávila.

Finalizado el carnaval se la pasaba en su finca trabajando pues sólo en esa época solía divertirse. Falleció en Mérida a donde había trasladado su residencia. Aquí le proporcionamos una imagen en los años juveniles de Nachito, un personaje imborrable de nuestro querido Ixil.

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