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Crónicas de Ixil

El TURCO JACOBO

Miguel Ángel Orilla

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Lo conocimos allá por allá de 1940. Vendía desde un pan francés chuchul hasta el traje más fino y de buena calidad. El turco Jacobo era un viejo flaco, de pelo blanco, vivía en Chicxulub Pueblo pero a cada rato estaba vendiendo cositas por abonos. Por su forma de vestir y su manera de ser, la gente pensaba que estaba jodido o pobre. Era relajista y se llevaba con la muchachada; vestía un flus que le quedaba grande, sombrero de ala grande, tenía una barba que parecía de chivo.

Cuando venía a vender, sus mochilas estaban llenas de chucherías pero al poco tiempo ya no le quedaba nada. A veces no había dinero pero él aceptaba a cambio patos, gallinas, cochinos que a su vez vendía en otros lugares, en fin comerciaba con todo.

Una vez le dije: ” Oye Jacobo tú no eres turco eres judío.” –“No sé qué soy, lo que sé es que estamos revueltos”- respondió.

Los domingos traía un sabroso pibi-chivo; mi papá Catin era su mejor cliente, ya que por estos rumbos no había costumbre consumirlo. Pasaron los años y Jacobo se fue a otros lugares pero su recuerdo permanece en los que lo conocieron, que ahora somos pocos. (Fuente: Juan Fco. Orilla Canché)

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Crónicas de Ixil

Pancho Orilla

Miguel Ángel Orilla

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A su viuda Guadalupe Moguel

Tengo frente a mí una foto que en lo personal, y para los antiguos aficionados al beisbol, dice mucho. Allá por la década de 1950 en Ixil como en muchos otros pueblos, jugar pelota en domingo, era lo más importante que sucedía. Entonces los juegos se efectuaban en la plaza principal.

Mi hermano Francisco Javier Orilla Canche, tendría 17 años y estrenaba uniforme con el equipo del Ayuntamiento. Debía estar nervioso, era su debut como pelotero. Jugaba de shortstop y no dejaba pasar ni el aire; también cubría los jardines.

Chocaba bien la pelota y era ágil corredor. Una vez que alcanzaba la primera base, seguro que llegaba a la segunda. En su larga trayectoria siempre fue primer bate. Un jugador completo.

Sus hazañas beisbolísticas con los “Cebolleros“, aún se recuerdan. Cuando dejó de jugar, continuó activo como asesor del equipo y consejero de sus hijos Oli Fili, Chino, a quienes cuando niños, los enseñó a jugar beis todas las tardes.

Como persona fue mejor. Hasta luego Pancho, algún día nos reuniremos en otra dimensión para continuar comentando tu legado deportivo.

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Crónicas de Ixil

El Charro Aguilar

Miguel Ángel Orilla

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A “Nani” Aguilar

Orlando Aguilar Gómez, hermano de Narciso, nuestro anterior biografiado, desde pequeño fue muy aficionado a la charrería y lo siguió siendo toda su vida. Claro, había nacido en la pequeña hacienda San Antonio, donde se cultivaba y desfibraba henequén y en la que desempeñó labores campiranas.

Allá por el año 1960, cuando se encargó de la administración de la heredad se ganó la amistad de todos los trabadores, dado que Orlando era muy amiguero.

En su juventud lucía con orgullo el traje de charro, y en la tradicional fiesta de Ixil, con un grupo de amigos, de seguro participaba ejecutando el floreo del lazo, el paso de la muerte e infinidad de suertes propias de la charrería.

También fue beisbolista: jugó con las “Estrellas”, fue cácher y tuvo de compañeros de equipo a Eligio Moguel, Silvio Sánchez, Juan Orilla y Paulino Escobedo, quien fuera su vaquero de toda la vida.

Orlando casó con Mirza Farfán y tuvo cinco hijos: Aurora, William, Alejandro, Fernando e Iván.

Fue también caballerango en el Rancho del Charro, en la ciudad de Mérida. A causa de un padecimiento viajó a California en busca de salud, pero no regresó con vida. Aún nos parece verlo ejecutar con destreza y gracia las diversas suertes de la charrería. Hoy traemos el recuerdo de nuestro amigo el “Charro” Aguilar.

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Crónicas de Ixil

Don Narciso Aguilar Gómez

Miguel Ángel Orilla

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Hoy traemos el recuerdo de este popular personaje que fue conocido también como Nachito o Chiquillo y fue por allá por el año de 1940, administrador o encargado de la finca henequenera San Antonio Chunchucum, ubicada en las cercanías de este Municipio de Ixil.

Aún se recuerda que durante su vida fue el eterno gobernador de los carnavales, porque ponía todo su entusiasmo, recursos y todas sus carretas para que la gente paseara durante la lectura del bando y en la batalla de flores durante las fiestas a Momo. Su inseparable compañero fue el  Flaco Ávila.

Finalizado el carnaval se la pasaba en su finca trabajando pues sólo en esa época solía divertirse. Falleció en Mérida a donde había trasladado su residencia. Aquí le proporcionamos una imagen en los años juveniles de Nachito, un personaje imborrable de nuestro querido Ixil.

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