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Crónicas de Ixil

El cinema Encanto

Miguel Ángel Orilla

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A David y Arturo Baquedano.

La época del cine llegó en 1945. Inicialmente los propietarios fueron los hermanos Arturo y Primitivo Baquedano, prósperos comerciantes. Al poco tiempo quedó a cargo del primero la sala cinematográfica.

El Cinema fue el centro de reunión social de la comunidad, acudían familias enteras a divertirse, así como la gente que habitaba en las haciendas cercanas que se trasladaba en truks. En esos tiempos la única diversión que había en Ixil era el béisbol.

Frente al local del Cinema existían tres puestos de los señores Carlos Dzul, Juan Cocom y Emilio Chan quienes con sus esposas cocinan ricos salbutes y panuchos acompañados de horchata y sidra Pino. Desde las 6 de la tarde don Arturo calentaba el ambiente por medio de un equipo de sonido con música y advertía a los cinéfilos: ” no deje que se la cuenten”. Y la gente acudía a ver la película que se exhibia.

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Crónicas de Ixil

El camino del P´uus

Miguel Ángel Orilla

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Donde no existía camino bueno, pretendía pasar. Donde divisaba un pequeño hueco en las albarradas, precisamente ahí quería meterse, con el resultado que, las más de las veces quedaba atrapado y pegando de gritos para que sus compañeros vinieran en su auxilio.

Por ese motivo cuando el campesino maya ve una brecha intransitable, comenta que es un camino de P´uus, o cuando divisa un hueco en las albarradas, dice que es una trampa para aquellos osados y traviesos hombrecillos.

Antiguamente para soportar el sofocante calor del Mayab, a los corcovados- los P´uus– les bastaba silbar melancólicamente al viento, para que una suave brisa viniera a refrescar el ambiente. Hoy, siguiendo esa ancestral costumbre, cuando los niños mayas van al campo a elevar sus papagayos, también suelen silbar para llamar a Yum Ik (viento) a la manera del Pús, y sus coloridos juguetes se eleven gallardamente por los cielos.

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Crónicas de Ixil

Chonito, el express

Miguel Ángel Orilla

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Todos lo conocían como Chonito. Su nombre fue José Encarnación Argáez Lizama, nació en Temax pero muy joven llegó a Ixil para trabajar en la hacienda Kansacopó, de este municipio. Y como aquí tomó agua de pozo, casó con la señorita Elidé Trejo y tuvieron varios hijos.

Era muy aficionado a las corridas de toros, no se perdía una. Incluso en la Plaza de Toros Mérida siempre estaba en primera fila. Entonces Chono olvidaba todo. Durante la fiesta anual, como promesa al santo patrono, entrada a torear, a pesar de su avanzada edad.

Cuando empezaba la década de los 50, la llegada del primer camión San Bernabé, con don Felipe Nery al frente del volante, hizo que Chonito se convirtiera en express. Le hacían toda clase de encargos que debía de traer de Mérida: mercancía para los comerciantes, globulitos para los enfermos, el Diario, cartas y el acumulador para los radioescuchas, etc. Cuando arribaba el autobús frente al palacio todo mundo lo esperaba por sus encargos.

Durante 27 años ejerció su oficio y fue muy popular entre los pasajeros; cuando el camión se quedaba a medio camino, este personaje era el primero en empujarlo. En 1977, emprendió el viaje definitivo al otro mundo este servicial personaje.

Al recordar a “Chonito”, los niños de ayer, que lo conocimos, queremos hacerle un encargo especial: que nos separe un pedazo de cielo…!claro, siempre y cuando que allá no haya corridas de toros!

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Crónicas de Ixil

El primer camión de pasaje

Miguel Ángel Orilla

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El Sacristán y varios campesinos, desde lo alto del campanario de la Iglesia gritaron ¡Ya viene!… ¡Ya viene!

Sorteando hoyancos y dando tumbos hizo su entrada triunfal el “San Bernabé”, como le llamaron al camión, en honor al Santo patrono de Ixil. Aquella noche, el pueblo todo se reunió en la plaza, para ser testigo de este acontecimiento que nunca imaginaron y mucho menos olvidaron. Se trataba del arribo del primer autobús que durante la década de los 50 marcó un hito en la historia de la comunidad, ya que en atención a las necesidades de transporte, don Felipe Nery Aguilar Rodríguez, un dinámico empresario del transporte, hizo realidad un sueño largamente acariciado por los ixileños al poner a su servicio un vehículo colectivo capaz de transportar a numerosos pasajeros por los pedregoso caminos que conducían a este hermoso lugar.    

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