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Crónicas de Ixil

Recordando a mis difuntos

Miguel Ángel Orilla

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Tengo presente días infantiles con mi hermano Juan (1928-2006). Compartimos la mesa, humilde sí, pero llena de alegría; donde las tortillas hechas a mano por mamá Docha, el huevo chuk, y el frijol kabax, nos parecía el mejor platillo del mundo.

Juan, toda su vida fue panadero. Sus manos mágicas elaboraron exquisitos panes: hojaldras kastakanes, roscas de agua, conchas, galletas de pico, etc. Durante los días de muertos su panadería lucía siempre llena de clientes; su venta de iniciaba desde las 5 de la mañana.

En la década de 1940, el béisbol era el deporte favorito de la comunidad y él fue un magnífico pelotero zurdo. Los aficionados de esa época aún recuerdan que dio el jonrón más espectacular: el batazo cruzó toda la plaza principal y la pelota se perdió en el monte. Formó parte de los equipos, Los Treces de Ixil y Estrellas. Le apodaban “El Chueco”.

También fue trovador; su canción favorita fue “Anillo de compromiso”. Empedernido lector que era, estoy seguro que le gustará leer esta mini crónica y me reclamara: ” Bachiller, te quedaste corto; aún hay más”.

Bienvenido querido “Chueco”…

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Crónicas de Ixil

Chonito, el express

Miguel Ángel Orilla

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Todos lo conocían como Chonito. Su nombre fue José Encarnación Argáez Lizama, nació en Temax pero muy joven llegó a Ixil para trabajar en la hacienda Kansacopó, de este municipio. Y como aquí tomó agua de pozo, casó con la señorita Elidé Trejo y tuvieron varios hijos.

Era muy aficionado a las corridas de toros, no se perdía una. Incluso en la Plaza de Toros Mérida siempre estaba en primera fila. Entonces Chono olvidaba todo. Durante la fiesta anual, como promesa al santo patrono, entrada a torear, a pesar de su avanzada edad.

Cuando empezaba la década de los 50, la llegada del primer camión San Bernabé, con don Felipe Nery al frente del volante, hizo que Chonito se convirtiera en express. Le hacían toda clase de encargos que debía de traer de Mérida: mercancía para los comerciantes, globulitos para los enfermos, el Diario, cartas y el acumulador para los radioescuchas, etc. Cuando arribaba el autobús frente al palacio todo mundo lo esperaba por sus encargos.

Durante 27 años ejerció su oficio y fue muy popular entre los pasajeros; cuando el camión se quedaba a medio camino, este personaje era el primero en empujarlo. En 1977, emprendió el viaje definitivo al otro mundo este servicial personaje.

Al recordar a “Chonito”, los niños de ayer, que lo conocimos, queremos hacerle un encargo especial: que nos separe un pedazo de cielo…!claro, siempre y cuando que allá no haya corridas de toros!

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Crónicas de Ixil

El primer camión de pasaje

Miguel Ángel Orilla

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El Sacristán y varios campesinos, desde lo alto del campanario de la Iglesia gritaron ¡Ya viene!… ¡Ya viene!

Sorteando hoyancos y dando tumbos hizo su entrada triunfal el “San Bernabé”, como le llamaron al camión, en honor al Santo patrono de Ixil. Aquella noche, el pueblo todo se reunió en la plaza, para ser testigo de este acontecimiento que nunca imaginaron y mucho menos olvidaron. Se trataba del arribo del primer autobús que durante la década de los 50 marcó un hito en la historia de la comunidad, ya que en atención a las necesidades de transporte, don Felipe Nery Aguilar Rodríguez, un dinámico empresario del transporte, hizo realidad un sueño largamente acariciado por los ixileños al poner a su servicio un vehículo colectivo capaz de transportar a numerosos pasajeros por los pedregoso caminos que conducían a este hermoso lugar.    

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Crónicas de Ixil

Pancho Orilla

Miguel Ángel Orilla

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A su viuda Guadalupe Moguel

Tengo frente a mí una foto que en lo personal, y para los antiguos aficionados al beisbol, dice mucho. Allá por la década de 1950 en Ixil como en muchos otros pueblos, jugar pelota en domingo, era lo más importante que sucedía. Entonces los juegos se efectuaban en la plaza principal.

Mi hermano Francisco Javier Orilla Canche, tendría 17 años y estrenaba uniforme con el equipo del Ayuntamiento. Debía estar nervioso, era su debut como pelotero. Jugaba de shortstop y no dejaba pasar ni el aire; también cubría los jardines.

Chocaba bien la pelota y era ágil corredor. Una vez que alcanzaba la primera base, seguro que llegaba a la segunda. En su larga trayectoria siempre fue primer bate. Un jugador completo.

Sus hazañas beisbolísticas con los “Cebolleros“, aún se recuerdan. Cuando dejó de jugar, continuó activo como asesor del equipo y consejero de sus hijos Oli Fili, Chino, a quienes cuando niños, los enseñó a jugar beis todas las tardes.

Como persona fue mejor. Hasta luego Pancho, algún día nos reuniremos en otra dimensión para continuar comentando tu legado deportivo.

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