Crónicas de La Colonia Yucatán
Donald R. Drury, personaje clave en la producción de triplay en las industrias madereras de Colonia Yucatán.
Publicado
hace 6 añosen
El ingeniero Donald R. Drury, fue un norteamericano nacido en Oregón en la década de los años veinte, y consagró sus estudios a la carrera de ingeniería forestal en la Universidad de Washington. Al egresar de la Universidad prestó sus servicios durante un tiempo en la empresa U.S. Plywood, y posteriormente fue contratado para trabajar en una fábrica de chapa establecida en la ciudad de Tlalnepantla, en el estado de México, lo que marca el inicio de su vida en nuestro país.
En esa empresa mexiquense es donde conoce al ingeniero Alfredo Medina Vidiella, que procede a contratarlo para instalar en la lejana Colonia Yucatán una nueva fábrica de triplay, un sueño empresarial que pronto se convertiría en realidad.
Para ello el ingeniero Drury tuvo que trasladarse y establecerse con su esposa Eleonore a ese apartado lugar frente a la selva, para iniciar, junto con otros ingenieros norteamericanos y mexicanos, y un enorme equipo de trabajadores, el gran proyecto de la industrialización de la madera en el estado de Yucatán.
Nos cuenta el ingeniero Felipe Rodríguez, cercano colaborador de Drury en sus memorias no publicadas, lo siguiente:
“Al tiempo que Rice, de común acuerdo con Drury y con Medina, hacían cambios importantes en las instalaciones, Drury hacía lo propio en el modo de producir el triplay, y en el aserradero, en la producción de tablas, únicos productos que entonces salían de esa fábrica. Cambios muy importantes y fundamentales deben haber sido, pues muy pronto se notó la diferencia, dicen, entre lo que salía antes de Drury y lo que salía después. Aunque acostumbrado a trabajar con mucha maquinaria, todo mecanizado y automatizado, con gente conocedora; aquí se adaptó a lo que se tenía, que no era poco y convenció a Medina de la necesidad de adquirir alguna maquinaria, no solo para aumentar los volúmenes de producción, sino para mejorar la calidad del producto.
“Enseñó pues a trabajar a gente que jamás había visto no sólo las máquinas y (sino) mucho menos el triplay. Gran parte del personal hablaba sólo la lengua maya y creo que el resto era bilingües. Durante los primeros tiempos, sin que nunca se suspendieran las cosas nuevas, se agrandó la fábrica para alojar nuevas máquinas. Un serrote, ensambladoras, lijadora, sierras para dimensionar, tableros, en fin, muchos equipos que a veces sustituyeron vejestorios y a veces eran innovaciones. “
“Drury, no sólo organizó la fábrica para producir más y mejor, muy modestamente al principio, hicieron mejoras en su casa que fueron imitadas por los demás y que, aunque no eran cosa del otro mundo, en ese lugar no se acostumbraban. Por principio de cuentas mandaron cubrir puertas y ventanas con tela de alambre (miriñaques), para evitar la entrada de toda clase de bichos a la casa, mandaron construir o instalar cielos rasos en los cuartos al nivel de la parte superior de las paredes, bajo el techo de palma; el corredor de su casa lo forraron también con tela de alambre y con triplay al interior todas las paredes de la casa, con lo cual resultaba más confortable y de mejor aspecto. Ni que decir que instalaron tuberías para el agua y un calentador para poder disfrutar de los baños con agua caliente.”
“El Ing. Drury, era un hombre culto, y su inglés muy refinado, calmado, de nervios de acero, de pensar sereno, abstemio, sin vicios; junto con Merwing Rice tenían muy grandes deseos de comunicar a cuantos estaban a su lado sus consejos, enseñanzas y trucos que habían acumulado desde que empezaron a desempeñarse en sus respectivas carreras. “
El ingeniero Donald R .Drury lamentablemente falleció en un accidente de aviación en Filipinas, hacia el año de 1972, donde desarrollaba su carrera en ingeniería forestal. Creemos que, por sus importantes aportaciones realizadas en muchos aspectos, sobre todo el industrial, el ingeniero Drury ocupa un lugar destacado en la historia de la industria maderera de La Sierra, la Colonia Yucatán y Zoh Laguna.
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Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.
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Crónicas de La Colonia Yucatán
El restaurante “Erick” de Carlos Medina
Publicado
hace 5 añosen
marzo 25, 2021
Una larga conversación con el amigo Carlos Medina, quien no recuerda quien le puso el sobrenombre de “Paleta”, pero que sin duda es un personaje que goza de mucha estima en la Colonia Yucatàn y en el rumbo oriente de Mèrida, su ciudad natal a la que regresó muchos años despuès de salir con rumbo a la Colonia industrial donde vivió y trabajó a gusto. Muchos lo recordarán como uno de los empleados del gran Departamento de Costos que cumplió funciones muy importantes durante la época de auge de las industrias madereras en el oriente del Estado. Carlos llega antes de los años 60 a la Colonia Yucatàn en compañía de sus hermanos Ramón, Raúl , Agustín y Marcos, quienes tambien trabajaron desde muy jóvenes en las fàbricas, a excepciòn de Ramón, el mayor de ellos, quien no permaneciò en el poblado.
Su ingreso al departamento de Costos se da cuando era jefe el señor Enrique Geyne, un colaborado experto en en los ramos de administraciòn y finanzas, y hombre de confianza del entonces Director General, quien lo invitó por su experiencia a estructurar tan importante área administrativa. Del tema del departamento de Costos, nos ocuparemos en subsiguientes escritos.

Nos cuenta el amigo Carlo Medina “A espaldas de lo que fue la tienda de abarrotes de don Arturo Orozco, frente al parque, existe hasta ahora un edificio de madera conocido como el restaurante. Recuerdo que bajo ese giro comercial funcionó, primeramente baja la administraciòn del señor José Medina y su esposa Carmen Arjona, posteriormente con Felipe “Pilón” Leal y luego por algun motivo fue cerrado, permaneciendo asì durante algunos años. En esa época, muy jòven me fui a Mèrida a estudiar una carrera comercial y a mi regreso me casé con la señorita Concepción Ravell y fue cuando entré a trabajar al Departamento de Costos, lugar donde platicando con los choferes de los trailers que venían por los productos de madera, me di cuenta que no tenían un lugar donde comer y a veces se quedaban hasta 2 días esperando turno para cargar sus camiones, y me nació la idea de rescatar el antiguo restaurante. Para ello le dije al entonces encargado de las fábricas el Ing. Rafael Villamil, pues el edificio pertenecia a la empresa, que yo podrìa hacerme cargo y levantarlo con una nueva imagen. Después de la restauración y la consabida inauguración, contraté a 2 cocineras de Valladolid que hacían deliciosos guisos, entre ellos el Escabeche oriental, Relleno negro y diferentes comidas corridas que degustaban las maestras, los visitantes y la principal clientela que eran los traileros con los cuales hicimos una muy buena amistad. Recuerdo entre otros por sus apodos a “Cabillo”, “Camote”, “Carote”, “La hormiga”, “El bruto” y los hermanos Basulto, casi todos de la empresa de transporte de carga Saeta. El platillo especial era la carne de venado en bistec, dzic o pipian, manjares regionales que a todos encantaban. Debido a las necesidades de los parroquianos, tambien dábamos servicio por las tardes con la venta de antojitos regionales como panuchos, salbutes, tortas y por primera vez en la Colonia comenzamos la venta de hot-dog y hamburguesas, que resultó una grata novedad. En esta misma época, y para ambientar el lugar que se llenaba constantemente a toda hora, introdujimos la primera rock-ola en el pueblo para deleite de la juventud de esa época. Por cierto, como dato curioso yo adquirí el restaurante para cumplir un deseo personal, porque en mis años de estudio fui asiduo cliente del restaurante “Erick” situado a un costado del cine Mérida y me dije- algún día voy a tener uno asì en mi Colonia y gracias a Dios se me cumplió. Con el paso de los años y al cerrar las fábricas en 1975, trabajé algunos años más atendiendo a funcionarios y técnicos, que contrataron los nuevos dueños y que eran sus empleados de confianza. Ya un poco cansado de trabajar en este tipo de negocio que absorve todo nuestro tiempo y por estudios de mis hijos Erik, Karla y David , todos ellos nacidos en la bella Colonia Yucatàn, nos trasladamos a vivir a la ciudad de Mérida en el Fraccionamiento Brisas , lugar donde actualmente resido. Antes de salir de la Colonia Yucatán, cedí los derechos del restaurante a Leopoldo “Polo” Concha, mismo que lo atendió durante varios años.
Asociaciòn de Cronistas e Historiadores de Yucatàn A.C.
Crónicas de La Colonia Yucatán
Don Ramiro Carrillo Medina prohijado por sus virtudes
Publicado
hace 5 añosen
marzo 18, 2021
¡Cuántas personas y cuántos trabajadores llegaron de diferentes partes de Yucatán y de otros estados del país a la Colonia Yucatán¡ Al principio fueron hombres casados y solteros jóvenes rondando los 22 y 25 años, que al ver las buenas condiciones del trabajo y algunas comodidades que muchos no conocían, trajeron a sus esposas e hijos.
Es así como del poblado de Teabo, colindante en la zona henequenera y la ahora zona citrícola de nuestro estado, llega en una de esas oleadas migratorias un personaje que por su don de gentes y su talento muchos de nosotros acudíamos hasta su taller, localizado en su casa de la calle Paasak, para la reparación de nuestros relojes de mesa. Se trata de don Ramiro Carrillo Medina, quien habiendo prestado sus servicios en el ejército mexicano como sargento segundo, aprendió diversos oficios que para fortuna de él y su familia logra desempeñar como medio complementario a sus ingresos como obrero en la Colonia Yucatán. Era común que lo viéramos trabajando por las tardes después de la jornada laboral en la fábrica maderera, dedicado a la reparación de relojes e incluso de algunos electrodomésticos, amén de desempeñarse en la venta de cloro, como electricista, plomero y rotulista, siendo este último oficio el que le proporcionó muchas satisfacciones, puesto que durante muchos años se desempeñó como anotador de los carrerajes que se plasmaban en la enorme pizarra de madera que se encontraba entre los jardines izquierdo y central del entonces moderno campo de beisbol de la Colonia Yucatán. Este campo deportivo, en su momento se consideró como uno de los mejores de la región, al contar con su superficie debidamente nivelada, casetas para jugadores de ambos bandos, gradas de madera y al fondo los jardines que remataban en unas frondosas plantas de tulipanes rojos. En este campo jugaba como equipo anfitrion su adorado favorito “Maderera del Tròpico”, integrado por grandes y buenos amigos de la localidad. Seguramente le tocó presenciar el largo e inolvidable juego de pelota entre Maderera del Trópico y el Ayuntamiento de Tizimín, quienes se enfrascaron en un largo partido de 19 entradas en la década de los 60, en una justa deportiva que no parecía tener fin. Su habilidad la demostró al llenar la pizarra casi dos veces al anotar las pocas carreras, y colocando cero tras cero con la mano derecha hasta el final del épico partido. Le habrá dolido el corazón dibujar la carrera que en la parte alta de ese fatìdico final, dio la victoria a los tizimileños. La afición al deporte del bate y la pelota la trajo desde su pueblo natal donde se desempeñaba con el equipo local en la difícil posición de catcher.

Don Ramiro encontró en la Colonia Yucatán durante los años que permaneció en ella, un lugar de sosiego, respeto y un sitio para educar a sus hijos Jorge, Raúl, Felipe, Nitza y Lourdes. A los varones les inculcó el gusto por la práctica del beisbol, donde han destacado en diferentes lugares, demostrando lo bien aprendido en la Colonia Yucatán.
A su vez se debe recordad que don Ramiro trabajó durante 42 años en las fábricas en el mantenimiento preventivo y correctivo de las antiguas y modernas maquinarias, teniendo como compañeros de trabajo a Fausto Corona, Edemar Zapata, Víctor Rodríguez y Leonarod Poot, entre otros. Entrando los años 90, don Ramiro, a petición de sus hijos, se trasladó a vivir a la ciudad de Mérida para estar cerca de ellos, cargando sobre sí con una afección cardíaca y dejando con tristeza a su amada Colonia Yucatán, donde hasta el último de sus días soñó con volver. El 8 de mayo de 1998, a la edad de 81 años, y después de una corta enfermedad fallece en Mérida, siendo depositadas sus cenizas en la Iglesia de la Colonia Alemán. De esta forma y con descriptible nostalgia, según nos escribió su hijo Raúl Carrillo Pineda en el reciente mes de enero del 2021.
¿Cómo no recordar a este personaje maravilloso de nuestro pueblo mágico? Su talento y pasión por servir al prójimo lo llevaron a formar parte de los personajes más representativos y seguirán siendo orgullo para la Colonia Yucatán. Sin duda un digno hijo adoptivo de este lugar , como muchos que se precian de serlo entre los verdes campos del oriente.
Asociaciòn de Cronistas e Historiadores de Yucatàn A.C.
Crónicas de La Colonia Yucatán
El Cuyo, clave para el desarrollo de las empresas madereras (V y final)
Publicado
hace 5 añosen
marzo 11, 2021
Antiguo muelle de madera.
Durante la década de los años 40, las empresas madereras se encontraban en pleno asentamiento y vertiginoso auge, y en ese entorno ven la oportunidad de utilizar la salida al mar de El Cuyo para enviar también porductos a puertos del Golfo de México como Progreso y Veracruz, primeramente rolos de madera que eran transportados en plataformas de truck, inicialmente tirados por mulas, y luego por modernos tractores de motor de gasolina, que partían del Campamento La Sierra. Posteriormente se despacharon productos terminados que salían de las fábricas asentadas en la Colonia Yucatán.
Pero años antes, sin contar aún con un embarcadero que sirviera para incrementar el volumen de envío de madera no procesada y luego madera industrializada, las compañías madereras se dieron a la tarea de construir un moderno y funcional muelle con maderas de la región, que estuvo en funcionamiento durante muchos años y con el tiempo se convirtió en un importante referente de ese bello puerto.
Ya con los permisos correspondientes se dieron a la tarea de contratar a don Florentino Rivera, que se encargó de reclutar al personal que realizaría los trabajos, así como señalar a los directivos de las empresas los tipos de madera que se requerirían para tan importante obra. Para ello, en los montes de los alrededores de la Colonia Yucatán se buscaron, y se extrajeron árboles de madera dura cuyas especies tuvieran las características de ser de alta resistencia a la humedad y la salinidad como son el sacyab (Gliricidia spium), chimay (Acacia millenaria), kalatox (Schwartzia sp), granadillo (Platimiscium yucatanum), mora (Maclurao Chlorophora), Chacté (Caesaalpinia platyloba) Yaxnic (Vitex), el jabín y el zapote.

Cuando ya se hubo concluido el moderno muelle, las fábricas madereras lograron la estabilización de su producción de triplay, y entonces en lugar de rolos de madera, enviaban flitches de triplay, habiéndose logrado con esto un gran paso en la industrialización de la madera como una de las metas iniciales marcadas por el ingeniero Alfredo Medina Vidiella. Con el paso del tiempo y la modernidad, la apertura de mejores caminos que conectaban a la Colonia Yucatán con Tizimín y posteriormente con Mérida, provocaron que la utilización del truck que transportaba la producción industrial a El Cuyo, cayera en desuso y con ello el posterior levantamiento de las líneas decauiville. Quedaron entonces únicamente algunas pequeñas líneas que servían para trasladar desde el antiguo y nuevo aserradero, los preciados desperdicios de aserrín que salían como desecho del aserrío de los troncos de árboles y que serviría durante mucho tiempo como material de combustión para las calderas que alimentaban las plantas para la producción de energía eléctrica.
El puerto de El Cuyo, entonces pasó a convertirse paulatinamente en un importante sitio de pesca, cada vez en mayor escala, llegando a ocupar un destacado lugar en la producción pesquera en nuestro estado. Durante esos años y con la construcción de un refugio pesquero al poniente del puerto, ocasionó que se dejara de utilizar el muelle y aunado a la falta de mantenimiento, debido posiblemente a lo caro que resultaría, aceleró su deterioro, hasta que para la construcción del moderno muelle en el mismo sitio, fue necesario desmantelar por completo toda la estructura de madera, quedando únicamente un viejo poste de madera de zapote , que aún se puede observar bajo el muelle nuevo, como fiel testigo de su historia, poste que dio pie a esta serie de escritos sobre la importancia del puerto de El Cuyo para el desarrollo de las empresas madereras asentadas en la Colonia Yucatán y en La Sierra.
Seguramente el señor Florentino Rivera, quien participó en su diseño y construcción, habrá estado orgulloso del gran servicio que prestó a la industria maderera, el antiguo muelle de madera. Él estuvo al frente de un gran equipo de fuertes trabajadores y carpinteros de la Colonia Yucatán y La Sierra que en largas, agotadoras y peligrosas jornadas lograron ese gran trabajo. Se recuerda entro otros muchos afanosos trabajadores que participaron a Antonio Castillo, quien desde muy joven laboró en ese proyecto.
Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.
