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Crónicas de La Colonia Yucatán

Frutos silvestres en el oriente de Yucatán

José Antonio Ruiz Silva

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El ingeniero Emilio Zamudio, responsable de los estudios dasonómicos para las empresas madereras asentadas en La Sierra y en la Colonia Yucatán, menciona en su biografía que en los montes cercanos a estos poblados, durante la década de los cuarenta, destacaban las siguientes especies forestales: cedro rojo, ramón, chacáh, pich o guanacastle, yaxnic, ceiba, kalatox, roble o bec, xpasac, jobo o Jujuy, tzalam, balché, bojóm, ciricote, granadillo o subinchén y el palo de tinte, entre otras especies con características similares.

Seguramente también desde tiempos ancestrales han existido en la zona oriente y sur de Yucatán, y sobre todo en el estado de Quintana Roo, una serie de árboles que los niños de entonces recordamos con singular alegría, pues eran parte de nuestra degustación en sus épocas de producción. Entre otros: el Polbox, Chiqué, Sacpáh y Kilim.

Hace algunos pocos años, durante nuestros recorridos habituales para el registro de cenotes y grutas del estado de Yucatán, nos correspondió trabajar durante algunas semanas en la zona oriente del estado, particularmente alrededor de la Colonia Yucatán, donde se encuentra una importante cantidad de ejidos y ranchos particulares. En estos recorridos logramos identificar, con ayuda de biólogos e informante locales, la existencia de árboles frutales que para muchos de nosotros representó fuentes de abastecimiento y el aprendizaje para conocer sabores diferentes y extraños a través de sus frutos.

Es así como en un mes de mayo, estuvimos en Moctezuma, un poblado muy antiguo, distante 13 kilómetros del puerto de El Cuyo, pero antes de salir a un recorrido encontramos a don Milton  Gómez, entonces un hombre de  75 años, en su parcela chapeando entre los diversos árboles de lima, limón, naranja, mango, ciruela, caimito,  plantas de chaya, achiote  y otras más. Estando allá, un árbol  llamó nuestra  atención por ser diferente a los demás. Era un árbol de Polbox, que era común encontrar en los montes de la esa zona durante la explotación maderera, y que ahora ya es un tanto difícil encontrar en su medio silvestre. Este joven árbol medía más de 3 metros de altura y comentaba don Milton que dos años antes produjo durante los meses de julio a septiembre más de 20 frutos que algunos jóvenes del poblado degustaron. En otra visita a un cenote cercano, ubicado a escasos dos kilómetros al noreste de la Colonia Yucatán, saliendo por la calle Chechén rumbo a “Maderas Blancas”, al estar reconociendo la flora circundante, nos llevamos la agradable sorpresa de ver un árbol de kilim cuyo fruto es parecido a la ciruela, pero que crece de manera silvestre en los montes. Otro árbol encontrado fue el de Sac’pá  o Nance Silvestre. Este tipo de Nance, es común encontrarlo en la región, en varios ejidos y hasta en los patios de las casas del ejido Santa Rosa Concepción, localizado a unos 10 kilómetros al norte de la Colonia.

Durante nuestra niñez, se acostumbraba ir al monte a buscar bajo los árboles los frutos caídos para curtirlos con sal, chile y algo de vinagre, para que en un tiempo aproximado de 20 a 30 días pudiera ser paladeado. Tiene un sabor agridulce al madurar y sabor amargo e imposible de comer en estado verde o recién bajado del árbol. Otro árbol que llamó nuestra atención en otra salida  y el cual creíamos más difícil de localizar fue el árbol de Chiqué, que tiene el color de sus hojas, su tronco y su altura son parecidos al árbol del Caimito, pero cuyos frutos son  pequeños, normalmente del tamaño de una aceituna y cuyo sabor se disfruta mejor en estado semiseco. Este árbol de Chiqué, también lo encontramos en los montes del ejido Dzonot Aké, cuando de repente vimos bajo un extenso follaje, una planta muy delgada de no más de 60 centímetros de altura, que no pudimos extraer con las herramientas de que disponíamos debido a sus profundas raíces, lo que habla de que estaba en su hábitat y bajo condiciones óptimas de desarrollo. Quizás sea por eso que sobreviven a los fuertes vientos que provocan los ciclones tropicales.

En general, este es un breve recuento frutos silvestres que rodearon los años felices de la infancia en la Colonia Yucatán.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Tipos de vivienda en los poblados madereros

José Antonio Ruiz Silva

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El ingeniero Alfredo Medina Vidiella, fundador de los poblados madereros de La Sierra, Colonia Yucatán y Zoh Laguna, en varios sentidos fu un empresario adelantado a su tiempo, un visionario que en la década de los años cuarenta hizo suyo  el concepto de que el acceso a la vivienda era un derecho humano inalienable, ya que las casas proporcionan en forma directa salud física y mental a las personas que las habitan, al convertirse en un lugar más apropiado para la convivencia familiar. De esta manera, protegía a los trabajadores de las condiciones climáticas adversas, además de que proporcionaba intimidad y espacio para la salvaguarda de sus pertenencias y desarrollar sus actividades cotidianas. Si a ello aunamos la inclusión de agua potable y electricidad, entonces estamos hablando del acceso a una vivienda digna, situación que se dio en los poblados señalados, como un medio seguro para enfrentar los desafíos de la selva.

Por estas razones, la edificación de viviendas en estos sitios ocupa un lugar importante en la memoria colectiva de la comunidad, en el entendido de que la casa, al igual que una madre, nos brinda un abrazo cálido, protector y placentero, y nos recibe después de un fatigado día trabajo o estudio, convirtiéndose con el paso del tiempo y a la lejanía, en un arca de recuerdos y vivencias de nuestra infancia.

De esta manera, desde la década de los años cuarenta, cuando detonó las construcciones de viviendas en amplios terrenos y con medidas homegéneas, fue notorio el avance de la infraestructura urbana que maravilló a más de un visitante que llegaba a trabajar o simplemente conocer los poblados en cierne. De esta manera, en la avenida Cedros y en la calle Selva que corrian paralelas de norte a sur y cruzaban los costados del parque de la Colonia Yucatán, se construyeron amplias casas de huano y costaneras, con piso de cemento, bajo la dirección del experto “palapero” de Temozón don Jesús “Chucho” Góngora, quien también construyó el primer hospital, y la primera escuela ubicada en el costado lado norte del parque. De todas estas casas de huano, sólo una ha resistido el paso del tiempo y es la que vivió durante muchos años la familia Arce, casi al final de la avenida Cedros. Posteriormente se fueron construyendo casas de diversos materiales, muchas de madera, tejas y láminas de cartón; más tarde casas de bloques y mampostería, principalmente en la calle Selva y casi al final del auge de las empresas, casas de madera con techos de láminas de asbesto. Pero el inexorable paso del tiempo no perdona y así se han ido destruyendo  esas  antiguas viviendas surgiendo otras distintas en aras de la modernidad y posiblemente de la seguridad.

Una emotiva  descripción de las casas de antaño lo proporciona  la señora Miriam Luz Hurtado Prego, nacida en la Colonia Yucatán en 1961, quien dice: “ La Colonia Yucatán es un lugar hermoso y pintoresco muy lejos de Mérida, la ciudad capital de Yucatán. Sus casas están construidas de madera, con las clásicas rejas blancas alrededor de ellas. Se ven como esos dibujos infantiles de un niño de 4 años de edad, donde con palitos forman las paredes, sus dos ventanas cuadradas, el caminito que sale desde la puerta hasta la calle, el techo piramidal, y a un costado un arbolito. ¡ Genial, muy frescas y apaciguadoras¡ . Los grandes patios colindaban con la selva tropical , desde donde en el silencio de la noche se escuchaba a los habitantes del reino animal. Los lugareños disfrutaban de esa paz.”

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A. C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Roberto Serrato Rubio, una vida ejemplar

José Antonio Ruiz Silva

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¿Quién no conoce el apellido Serrato en el puerto de Progreso, la Colonia Yucatán, Zoh Laguna y  posteriormente en Mérida? Los Serrato tienen una larga historia de éxitos relacionados con el deporte, llámese futbol, beisbol e incluso el softbol. Y ese prestigió inició cuando don Rafael Serrato Gutiérrez llegó a jugar futbol al puerto de Progreso con un equipo de las fuerzas básicas del Atlante, entonces un conjunto de primer orden en el escenario nacional, y debido a su talento y habilidades, Serrato es invitado por el equipo progreseño Maniobras Marítimas de gran tradición y alcurnia en el balompié estatal.

Su hijo Luis Roberto nos cuenta en su biografía que, después de vivir algunos años en el puerto de Progreso, y de defender los colores de esa ciudad, buscando mayor seguridad laboral, más tranquilidad y atención a su familia, decide trasladarse a la Colonia Yucatán, lugar donde se estaba gestando un emporio maderero. Entonces en el año de 1950, don Rafael se asienta en ese lejano lugar, localizado entre la selva oriental, en compañía de su esposa Socorro Rubio y sus hijos Enrique, Roberto y Rafael todos ellos nacidos en Progreso. Sus demás hijos, Linda, Rodolfo, Miguel, María Teresa y Lucely, nacieron en la Colonia Yucatán. Un problema de salud, provoca el doloroso fallecimiento de  doña Socorro a la temprana edad de 33 años, quedando don Rafael al frente de todo lo concerniente al hogar y al cuidado de su numerosa prole.

Recuerda Roberto “que los empresarios de Maderera del Trópico en esos cruciales momentos dieron muestras del afecto que le tenían a todos sus trabajadores, y por consiguiente a mi padre, quienes al darse cuenta del problema en que estaba metido don Rafael, le ofrecieron la administración del Casino, para que pudiera trabajar y al mismo tiempo estar al pendiente de sus hijos. Así es que era muy común, encontrarlo en el mercado entre las 5 y 6 de la mañana, comprando algo para que los niños desayunaran y preparar la comida del mediodía, antes de abrir el billar; por la noche, normalmente se las arreglaba con pan dulce o bolillos. No volvió a casarse y enfrentó solo a su destino.

A muy corta edad Rafael estudió en la nueva escuela Manuel Alcalá Martín, donde “cada día por la mañana antes de entrar a las clases nos esperaban con un sabroso chocolate frío y un emparedado de queso. La empresa se aseguraba de que los niños tuvieran alimento antes de entrar a clases”. Posteriormente las empresas madereras lo becan para estudiar la Secundaria en la Villa de Tizimín, hasta donde tenían que trasladarse de forma semanal. Para no perder la beca había que estudiar muy duro, entregando reportes anuales a los ejecutivos de la empresa Enrique Geyne y Felipe Rodríguez. Nuestros viajes los hacíamos encaramados en sacos de maíz y rodeados de pavos, pollos y gallinas señala.

Roberto, hizo carrera junto con su inolvidable amigo Manuel Mena Díaz (+) en la Universidad de Yucatán, graduándose ambos de Ingenieros Químicos. En la alta casa de estudios tuvieron destacada participación deportiva al formar parte del equipo universitario, representando a nuestro Estado en la Selección Yucatán de Futbol. Posteriormente Roberto se dedicó al ejercicio de su carrera, en el ramo de empaques corrugados,  donde alcanzó importantes puestos directivos. Roberto vive en la actualidad en la ciudad de San Juan del Río en el Estado de Querétaro, con su esposa Emma Susuki, de ascendencia japonesa. De su primer matrimonio nacieron sus hijos: Luis Roberto, Rafael Fernando y Delsy. Como varios vecinos de la Colonia Yucatán, Roberto Serrato es muestra clara de que cuando se quiere se puede.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Casa Hurtado, la primera tienda de electrodomésticos

José Antonio Ruiz Silva

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No tenemos el gusto de conocer en persona a la señora Gladys Prego Galera que firma sus escritos con el original nombre de Abejita, como recordatorio hacia  su esposo Rubén Hurtado, quien desempeñó diversos cargos administrativos en la década de los años 40 en las fábricas madereras de la Colonia Yucatán. Ella señala que ahí vivieron felices en la calle Selva Norte durante más de 20 años, hasta que las necesidades de educación de sus hijas los obligaron a migrar a Zoh Laguna donde se asentaba la empresa Caobas Mexicanas, otra de las empresas madereras que dirigía el ingeniero Alfredo Medina Vidiella.

Abejita vivía en la ciudad de Mérida y menciona que “siendo novia de Rubén, éste,  buscando un empleo supo que en las oficinas de Maderera del Trópico ubicadas en la calle 56 por el rumbo del Barrio de Santa Ana, solicitaban un contador, hacia donde se dirigió y  consiguió el trabajo pero ¡a la Colonia Yucatán,¡  un lejano poblado del municipio de Tizimín. Rubén aceptó el trabajo, aunque estaba muy lejos ese lugar porque lo necesitábamos, pues teníamos planeado casarnos. Estando él ahí, cartitas iban y venían y poco a poco fue superándose en el trabajo hasta que llegó la fecha de la boda en septiembre de 1946 y luego…rumbo a la Colonia Yucatán.

Recuerdo que la carretera en ese entonces ¡era muy cerrada, pedregosa y tupida de monte y muy poco transitada, sin embargo,- continúa diciendo Abejita– al llegar ahí se podía apreciar la manera en que los americanos hicieron el poblado muy bien trazado. Pero para llegar, primero tomamos el tren a Tizimín, luego nos subimos a un camión de carga que nos llevó hasta La Sierra y de ahí nos trasladamos en una plataforma llamada truck. Esta plataforma  era conducido por un señor y lo jalaba un caballo que le decían “Relámpago”, pero para que el pobre animal avanzara le reventaban con un chicote.

En ese viaje yo, como venía de la ciudad de Mérida, estaba bien vestida y calzada  con zapatos de tacón, mismos que con la fuerza que traía el truck, volaron entre los matorrales. Así llegue a la Colonia Yucatán, en donde las casitas eran de madera, con costaneras, los techos y paredes hechos de triplay, y recuerdo que la nuestra contaba con jardín al frente y unas rejas de varillas de madera. Esta casita estaba muy bien arreglada, pues había sido ocupada antes por un profesor de la escuela. Afortunadamente, antes de entrar nos avisaron que adentro habitaba  una víbora Oxcan, dizque  para atrapar  ratones!! Ya se podrán imaginar la sorpresa y mis miedos.

 La Colonia Yucatán tenía en ese entonces una escuela grande, una bonita iglesia, una cancha de juego, un parque con sus gansos, un cine al aire libre, juego de boliche y una nevería.

Pasados algunos años y debido a que los gastos de educación de mis otras hijas que entonces ya se habían trasladado a Campeche y a Mérida, mi esposo Rubén inició un pequeño comercio en un anexo de la casa que habitábamos donde vendíamos: radios, relojes, bicicletas y refacciones entre otros artículos del hogar. Fue la primera tienda de su tipo en la Colonia Yucatán.

En este lugar vivimos momentos muy felices durante 20 años, con muchas comodidades a pesar de ser un lugar retirado en medio de la selva.

Posteriormente nos trasladamos a Zoh Laguna en el Estado de Campeche, atendiendo la empresa un cambio que solicitó mi esposo, mismo que cuando se dio, tuvimos que trasladarnos en avioneta con mis hijas más chicas y me dije ¡no puede ser ! otra vez al monte ¡ ¡ de aquí tenemos que salir !  Allá  sólo estuvimos un corto tiempo y apenas se pudo, salimos en noviembre de 1963, pues a mi esposo le dieron un trabajo en las oficinas que la maderera tenía en la ciudad de Campeche, lugar  donde echamos raíces y donde vivimos muchos años juntos, hasta su fallecimiento. “

El contacto con la familia Hurtado y las hermanas María Elena, Betty, Gladys, Miriam, Elsa y Emma, se dio a través de Monseñor Pedro Mena Díaz originario de la Colonia Yucatán, quien realizó hace unos pocos meses una visita relacionada con su encargo Pastoral a la hermosa ciudad de Campeche. Doña Gladys Prego, cuenta actualmente con 95 años de edad y goza de una buena salud y excelente memoria.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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