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Crónicas de La Colonia Yucatán

Trabajo forestal de las Compañías Madereras de Yucatán (II)

José Antonio Ruiz Silva

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Señalamos en el artículo precedente que las Compañías Madereras contrataron para hacerse cargo del asunto forestal al ingeniero Emilio Zamudio Sánchez, un guanajuatense egresado de la Escuela Nacional de Agricultura ubicada en Chapingo. Zamudio en su libro de memorias inéditas- a las que hemos tenido acceso-  apunta lo siguiente en relación al estado de las selvas orientales de Yucatán en 1944, apenas 3 años después de su arribo y de recibir la encomienda de realizar los estudios dasonómicos de la explotación forestal.

En esa época la vegetación forestal se caracterizaba porque, conforme se avanzaba hacia el oriente, iba aumentando la proporción de selva mediana y alta del tipo subcaducifolia, que daba la apariencia de una selva original en la que , en las zonas de suelos mas drenados, dominaban especies como el cedro rojo (cedrela sp.), ramón (brosimun alicastrum), chacáh (bursera o elaphrium simarouba), Yaxnic (vitex sp.), Ceiba (Ceiba pentandra), pich o guancaste (enterolobium cyclocarpum), katalox (schwartzia cubensis), roble o bec ( ehretia sp.), xpasac (simarouba glauca),jobo o Jujuy (spondias bombin), tzalam (lysiloma sabicu), balché (lonchocarpus sp.), bojóm (cordia alliodora), ciricote (cordia sp.), granadillo o subinché (achras o manilkara sp.), el palo de tinte ( haematoxilon campechanium) y otras especies con características ecológicas similares. De hecho las especies que se desarrollan en suelos bien drenados son divididas frecuentemente en varios grupos dependiendo de las especies dominantes y de la etapa de sucesión en que se encuentren. En las zonas que recientemente habían estado sujetas a cambios de uso del suelo, era frecuente encontrar especies maderables como el Jabín (piscidia piscípula o Ichthiomeia communis), el Pixoy (Gazuma ulmifoli) y una gran variedad de leguminosas, sobre todo del género Acacia, como el Citamché, Belsinicché etc. En general este tipo de formación se encontraba en zonas que habían sido sujetas a incendios. Conforme se acercaba uno a las zonas mas pobladas, los terrenos no sujetos a la agricultura de temporal, presentaban con mayor frecuencia el tipo “acahual”. Por otra parte las zonas cercanas a la costa, donde el nivel freático no era profundo, eran zonas de selva baja o del tipo pradera, hasta llegar a la costa, donde crecían los manglares.

Ese era el panorama de las selvas que explotaban las empresas madereras Y en ingeniero Zamudio igual señala que existían en los montes  una especie de  lianas gruesas o bejucos que al cortarse dejaban escurrir agua que resultaba muy oportuna para aliviar la sed. Seguramente muchos de los entonces niños o jóvenes las conocimos y las usamos en nuestras correrías por los montes aledaños a la Colonia Yucatán. Afortunadamente aun existen en la zona.

Aunque no era su especialidad, el ingeniero Felipe Rodríguez, destacado colaborador y pieza importante para el éxito de las madereras, nos señala en su biografía  respecto al manejo forestal lo siguiente:

“La explotación de los montes, a pesar del aparente desorden era regida por un sistema implantado y sancionado directamente por el Ing. Medina Vidiella. Se hacía por temporadas, durante la época de secas en teoría, pero en realidad se trabajaba todo el año, aunque a ritmos diferentes. Para iniciar la temporada de tumbeo, generalmente en enero, la empresa entregaba sumas de dinero a cada contratista, con lo que se suponía que se engancharía la gente de cada grupo y ese dinero se repartía como anticipo entre los cortadores bajo la responsabilidad de cada contratista”

De este modo, después de la fiesta de los Reyes Magos de Tizimín, empezaba a llegar gente y más gente al Campamento La Sierra para ir al tumbeo a realizar el duro y peligroso trabajo en el monte, donde previa selección de  los árboles se procedía a su derribamiento por los monteros.  En este momento, entraba uno de los trabajos más pesados en el proceso de la explotación forestal,  que consistía en llevar  los troncos por la vía del arrastre hasta los caminos de acceso y el “tumbo” para lo cual entraba en acción el uso de carretas  de dos ruedas con llantas de acero , jaladas por varias   mulas   que entre las brechas abiertas , llenas de piedras y hoyancos, arrastraban los troncos hasta alcanzar un camino blanco donde se dejaban a la espera de ser subidos a antiguos y viejos camiones de los mismos contratistas , quienes penosamente debido a las dificultades de los caminos, muchos de ellos recién construidos  por las empresas madereras los llevaban para aserrar hasta La Sierra.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

Crónicas de La Colonia Yucatán

La arraigada práctica del Voleibol

José Antonio Ruiz Silva

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Una larga entrevista telefónica a la profesora  Addy Díaz Sánchez, debido a las restricciones que ha impuesto la pandemia del Covid 19, nos permite  atisbar la importancia  que representó la práctica del deporte en la Colonia Yucatán como una forma de vida entre los habitantes de ese hermoso poblado. De hecho era difícil concebir la actividad social ese pueblo maderero sin asistir a la práctica de algún deporte a modo de competencia a través de los campeonatos que inicialmente convocaba el Comité Social y Deportivo y que posteriormente entusiastas personas de la localidad se encargaron de tomar la estafeta de la organización con fines de recreación.

Durante las décadas de los años 50 y 60 era común y satisfactorio observar cómo se organizaban los campeonatos de boliche, softbol, volibol en sus ramas varonil y femenil y el campeonato regional de béisbol, a cargo de la empresa maderera con la participación de equipos donde ésta tenia injerencia como lo fueron diversos poblados del estado de Quintana Roo entre ellos: Kantunilkin, Solferino y Chiquilá, colindantes y cercanos al centro maderero.

Nos cuentan de reuniones de trabajo tanto en la Casa Principal como en la escuela primaria y en la Nevería del Casino, donde asistían Jaime Contreras, el “ Chango”  Serrato, Luis Ricalde, Eusebio Díaz, Ramón Vidal y  Emilio Zamudio, entre otros, con el fin  de  organizar el campeonato siguiente. No había finalizado uno cuando ya se estaba pensando en el siguiente.

A manera de entretenimiento se organizaban las siguientes actividades recreativas, según palabras de la profesora  Addy Díaz: los lunes eran de volibol,  los martes de audición con la Orquesta Medval, los miércoles, transmisión de películas de corte americano en el cinema Trópico, los jueves se realizaban funciones de box, y los el viernes de nuevo el campeonato de voleibol en la cancha principal. Estas eran las actividades que se desarrollaban por las noches, al mismo tiempo que los campeonatos de Boliches en el Casino.

Con el fin de fomentar el deporte se construyó a las puertas de la fábricas un campo deportivo para la práctica del softbol, mismo que se llevaba a cabo inicialmente durante las tardes y posteriormente, cuando ya se contó con luz artificial mediante grandes luminarias, los juegos se practicaban por las noches, contando entonces con la participación de algunos equipos de mujeres.

Por otra parte, la cancha principal ha sido desde siempre un lugar icónico de la Colonia Yucatán cuyas pequeñas gradas se distinguen enfrente de la Iglesia, en el gran parque ubicado al centro de la población. En este lugar se recuerda la realización de emotivos  encuentros deportivos entre equipos locales y de La Sierra, tanto de volibol femenil y varonil, como de basquetbol varonil,  contando con importantes visitas a manera de intercambio de competencias entre equipos de la región como lo fueron equipos de Valladolid, Tizimín y  Espita.

También se guardan recuerdos gratos del campo deportivo donde se practica el béisbol y el futbol. Ese campo deportivo ha sido escenario de juegos legendarios como aquel que en la década de los 60 escenificaran los equipos representativos de Tizimín y la Colonia Yucatán en la llamada Liga Oriental de Béisbol, cuando en un juego del rol regular, se enfrascaron en un duelo de picheo los grandes peloteros Armando Díaz, espiteño de origen y Arnaldo “Fantasma” Rosado. El resultado final, después de 17 entradas, favoreció al equipo de Tizimín. De este gran juego hablaremos con amplitud en otra oportunidad, así como de las diferentes disciplinas deportivas señaladas en este artículo.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Don Ramón Vidal Álvarez o la gloria del transporte

José Antonio Ruiz Silva

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Don Ramón Vidal nació en el poblado de Temozón en el año de 1921, de donde se traslada siendo un niño a la ciudad de Valladolid, y  donde muchos años más tarde contrajo nupcias y procreó a sus primeros hijos. Enterado de las oportunidades de empleo que se existían en el Campamento La Sierra y en la Colonia Yucatán, debido al vertiginoso desarrollo de las industrias madereras, se traslada con su familia y pronto consigue un empleo derivado de la necesidad de enlazar a estas dos cercanas poblaciones. Se le presenta así la oportunidad de prestar el servicio semiurbano de transporte a través de un camión de pasajeros que adquirió en su natal Valladolid.

Era evidente la necesidad del continuo traslado de pasajeros de un poblado a otro, pues a diario realizaba sus primeros llevando a los trabajadores que acudían a las fábricas. Un poco después  don Ramón atendía a los niños que estudiaban en la escuela primaria Manuel Alcalá Martín y posteriormente a las amas de casa que acudían a realizar sus compras a la Colonia Yucatán. Los viajes de retorno, hasta el último viaje que hacía cerca de las 10 de la noche, eran un verdadero trajín.  Los sábados y domingos eran un tanto diferentes, pues eran días de ir al cine y había que esperar el término de la función para efectuar el último viaje.   Cuenta su hija la maestra “Loli” Vidal, que gracias a su papá  los niños de la Sierra siempre recibían buenas calificaciones por su puntualidad. Y agrega lo siguiente:“ Todos los lunes, día de los honores a la Bandera, mi papá después de bajar al último niño, se quedaba al pie del camión , para dar seguimiento a la ceremonia que se hacía en la explanada ubicada al frente de la escuela y ante el público. Ahí estaba él honrando a nuestro Lábaro Patrio y entonando desde afuera de la escuela nuestro Himno Nacional”

Loli también se refiere a una anécdota que ocurrió cuando en cierta ocasión su hermanito “Moncho,” -por cierto el único varón de la familia, pues los demás fueron 5 eran mujeres- no logra alcanzar el camión urbano lleno de niños en su rutina diaria. “Moncho” se había atrasado tal vez en su arreglo personal  o concluyendo alguna tarea importante y por más que corrió  detrás del camión, este no le hizo parada.  Ese mismo día, al retornar a su  casa le reclamó a su papá que porqué lo había dejado, si era hijo del chofer y dueño del camión, a lo que don Ramón respondió: “precisamente porque eres mi hijo, deberías dar ejemplo de puntualidad. Yo estoy en este caso para servir por parejo a todos. Así que ya sabes que la siguiente vez será igual.”  ¡Nunca más volvió a ocurrir ¡

Don Ramón Vidal, en su querida Sierra donde residió muchos años, se destacó por la promoción del deporte entre las mujeres. Es así como bajo su patrocinio logró formar un aguerrido equipo de softbol y otro de volibol que tuvieron destacada participación en los campeonatos de la Colonia Yucatán. También se distinguió como un digno porrista a favor del equipo Cardenales de La Sierra. Eran épicos los encontronazos amigables con otro porrista, pero de Maderera del Trópico, equipo que representaba a la Colonia Yucatan en voz y pasión de don  “Pancho” González.

Como premio y reconocimiento a esta labor la entonces Fundación Amigos de Colonia Yucatán (FACY) le hizo un merecido reconocimiento durante una kermés realizada en la ciudad de Mérida en el 2016.  Este reconocimiento fue para motivo de orgullo e iniciación de incontables conversaciones con sus nietos y bisnietos que siempre le preguntaban al “abuelito consentido” sobre su trabajo en esos pueblos de oriente.

Don Ramón Vidal falleció en la ciudad de Mérida el pasado martes 5 de enero a la edad de 92 años, acompañado de su esposa Marlene Rivero y de sus hijos Loli, Ramón, Conchi, Susi, Marita y Enita.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

La cacería, casos y cosas de un aficionado

José Antonio Ruiz Silva

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La cacería de animales era una afición arraigada entre algunos  trabajadores de las empresas madereras, tanto del Campamento La Sierra como de la Colonia Yucatán, ya que en los montes aledaños abundaban las especies y existían pocas restricciones de parte de las autoridades o quizás se respetaban poco las normas en esta parte de nuestro estado. A la distancia vemos esa afición como algo que a lo mejor no  debió realizarse, pero posiblemente las condiciones de esa época lo permitían.

Era común ver por las calles en motocicletas, bicicletas o a pie a diversos conocidos que por las tardes se adentraban a los montes en busca de alguna pieza para cazar, llámese paloma de monte, codorniz, pavo de monte, chachalaca, o en su caso alguna pieza mayor como jaleb, cochino de monte o hasta algún venado. Muchos regresaban ya entrada la noche, otros no tanto, dependiendo de la habilidad y el conocimiento de los senderos por donde se adentraban. Entre los nombres que se recuerdan  por su afición a la caza se encuentran el Dr. Duarte, Manzanero, Santiago López, José Pat, Miguel Medrano, Carlos Rodríguez y algunos otros que seguramente tomaban otros rumbos y no precisamente el del rumbo al puerto de  El Cuyo, donde más abundaban los animales, según los expertos en el tema.

Un caso que nos puede ilustrar sobre la actividad es lo que deja escrito en un artículo publicado en la Revista  Frente a la Selva en el  mes de enero de 1951, don Rubén Hurtado , personal administrativo de Maderera del Trópico y en ese entonces propietario de la primera tienda de electrodomésticos de la Colonia Yucatán. Don Rubén refiere:

“Un domingo en la mañana, me  fui de caza con mi amigo Solís, veterano y magnífico cazador que, sea dicho de paso, ultuimamente ha tenido una suerte negra, pues no ha cazado nada bueno.

Ya en el bosque, nos separamos para seguir las huellas de  un venado. A poco de andar y de no ver nada, traté de reunirme con mi amigo Solís y  aquí comenzó mi mala estrella, pues no encontraba a donde ir. Todo el monte me parecía igual. Estaba perdido. Durante mucho tiempo estuve gritando y pitando con el cañon de mi escopeta y nadie contestaba mi angustioso llamada, mi compañero , se había esfumado. En mi desesperación, me acordé del sol y resolví guiarme por el Astro Rey. Así caminé y caminé mucho, bajo el monte, soportando los rasguños de los garranchos y de los espinos, tan abundantes en la selva yucateca.En mi triste recorrido vi gran cantidad de pavos de monte, jabalíes y hasta 7 hermosos cochinos cinchados, que desfilaban en orden de estatura, rarísimo verlos de cerca , pues siempre andan muy remontados. Me hubiera gustado tirar uno o dos de ellos, pero en medio de mi angustia, pensé en guardar los tres cartuchos que me quedaban para alguna contingencia y además nada hubiera hecho por tirarlos, porque solo como estaba, no los hubiera podido recoger.Llevaba como unas 8 horas de caminar perdido, me encontraba desfallecido, muerto de sed, pensando que nunca saldría de mi atolladero, cuando de pronto, como por milagro, salí a un camino viejo que me llevó al camino principal y de ahí, directo a casita.

Cuando llegué a la Colonia, ya se sabía que estaba yo perdido y vi a muchos cazadores y amigos que se preparaban para salir a buscarme. Juré y juré no volver a la cacería, pero a pesar de todo, he vuelto a las andadas. Ahora uso una brújula que en muchas ocasiones me ha ayudado a salir del paso.”

En la Colonia Yucatán las emergencias tales como incendios, gente perdida en los montes como fue el caso de don Rubén Hurtado eran comunes,  y tal vez por obligación o solidaridad a la convocatoria del sonido  de las fábricas a través de su silbato de vapor aprendimos a diferenciar los sonidos de los que marcaban las entradas, salidas y cambios de turnos de los trabajadores.  El sonido ronco, era un sonido que jamás nos acostumbramos a escuchar, pues presagiaba algún problema. Era común escuchar de nuestros mayores ¡Dios mío algo está pasando¡   Y es en los recuerdos se alojan muchos casos de emergencia aunque por fortuna la gran mayoría sin nada que lamentar mas que la angustia de las familias.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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