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Crónicas de La Colonia Yucatán

Trabajo forestal de las Compañías Madereras de Yucatán (I)

José Antonio Ruiz Silva

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A manera de antecedentes sobre este tema, es importante recordar que cuando referimos al Día del Árbol y a los trabajos de reforestación que realizaban las empresas madereras bajo la dirección del ingeniero Alfredo Medina Vidiella, resulta difícil hablar de esos temas debido a lo delicado que puede resultar. Por tal motivo, este artículo y otros posteriores sólo pretenden evocar la época de bonanza, los personajes y los trabajos que se realizaban al respecto, aunque sabemos y nos constan los trabajos que se realizaron con la pretensión de devolver algo de lo que se extraía de la selva. Nuestras fuentes son los artículos y reportajes de la Revista Frente a la Selva, órgano de difusión de las compañías madereras, que fueron publicados en la década de los años 50, así como de testimonios del personal que llevaba a cabo estos trabajos, entre los que se cuentan ingenieros forestales, encargados de los viveros, así como encargados de los trabajos de reforestación y sus descendientes, como testigos de la época.

Debido a la importancia que representa para muchos de nosotros el tema de la reforestación y a la amplitud que esto conlleva, hemos seccionado la información en 3 y posiblemente hasta 4 artículos que serán publicados de manera consecutiva en nuestras Crónicas de la Colonia Yucatán que cada jueves se publica en Informe Fracto.

Todo inicia en 1936 cuando Alfredo Medina Vidiella supo de la existencia de las selvas del oriente de Yucatán y de la parte norte de Quintana Roo, colindante con Yucatán, que poseían enormes cantidades de metros cúbicos de maderas preciosas de cedro, así como de maderas corrientes en igual proporción. Para constatarlo, Medina Vidiella procedió a contratar a guías locales que lo llevaron a recorrer los montes que en ese entonces correspondían a una finca denominada Santa María, propiedad del Banco Nacional de Crédito Agrícola. Al conocer de primera mano las posibilidades de explotación forestal, firmó con el Banco un contrato de renta de los terrenos, y enseguida con un grupo de trabajadores especializados en montería , iniciaron el aprovechamiento forestal en un lugar conocido como  Chapas, donde con un rudimentario equipo de aserrío se sacaban las trozas de los árboles que luego eran llevados por un angosto y maltrecho camino blanco a Tizimín para poder ser transportados  por  ferrocarril a la ciudad de Mérida, donde se entregaba a los comerciantes de madera, quienes procedía a hacer cortes para diversos fines.  Posteriormente se utilizaría también el puerto de El Cuyo como salida del producto.

En 1938 la empresa maderera en ciernes, instaló un mejor aserradero en la Colonia Vales, hoy Campamento La Sierra, y pocos años después, debido al éxito que tenía con la venta de madera aserrada da un importante paso para la industrialización de madera enchapada a través de la instalación de la fábrica de triplay en la Colonia Yucatán a finales del año de 1941.

Con estos antecedentes era necesario que la explotación forestal fuera lo mas tecnificada y profesional posible y fue cuando se contratan los servicios del ingeniero Emilio Zamudio , un joven egresado de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, que arribó a la Colonia Yucatán a principios de 1941. Para Zamudio aquello significó enfrentar la experiencia de trabajar en la selva tropical del noreste de la península de Yucatán y hacerse cargo desde el punto de vista forestal de la elaboración de los estudios dasonómicos que son un  conjunto de disciplinas que estudian los bosques respecto de su formación, manejo, reproducción y aprovechamiento, buscando la máxima renta del capital forestal en calidad y cantidad.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Trabajadores de la Unidad Industrial de Explotación Forestal en la Colonia Yucatán. (V)

José Antonio Ruiz Silva

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Varias fueron las áreas que conformaron la Unidad Industrial de Explotación Forestal en la Colonia Yucatán. En esa oficina estuvieron en diferentes etapas como directores, los ingenieros forestales Manuel Barriguete, Barajas, Marino Sánchez, Ignacio Uranga Loya, Jaimes, José María Zapata y Guillermo Dávalos. Como oficinistas se recuerda a don Agustín Marfil, a Landy Rodríguez, Arsenio Cetina, Modesto Abraham, “Polo” Massa y don Faustino Carbonell. Para los trabajos de campo, se crearon tres importantes áreas: de reforestación que estaba a cargo de don Miguel Gómez Uc, cuya casa se encontraba en la calle Selva norte. Su rutina de trabajo como capataz consistía en levantarse diariamente a las 4 o 5 de la mañana, para esperar a don Jesús (Chibacán) Rodríguez , para después dirigirse al vivero donde estaba su grupo de trabajo, entre los que figuraban Juan Chi, Víctor Canul, “El Tigre”, Sérvulo Chí, Velio, Gregorio Martínez, “Chucho” y  Mario Castro, entre otros . Al llegar al vivero les entregaban los arbolitos de cedro y caoba que se sembrarían esa jornada y se dirigían a los espacios de siembra que se ubicaban por diversos rumbos, partiendo de la Colonia Yucatán. Ya en lo sitios de siembra donde previamente se habían abierto grandes líneas de brechas de hasta dos kilómetros de longitud por 2 metros de ancho, se procedía a plantar los arbolitos.

Otra importante área era el vivero donde se producían las plantas cultivadas desde la cosecha de las semillas de los mejores árboles, la siembra de éstas en almácigos, su cuidado, el riego y el combate de plagas hasta que las plántulas alcanzaran el tamaño adecuado para su trasplante. Este enorme vivero que contaba con instalación hidráulica para el riego en toda su superficie  y los mejores adelantos de la época en la materia, se encontraba ubicado en la salida de la carretera que se dirige a  El Cuyo y estaba  bajo la responsabilidad de don José Luis Pat Gutiérrez, originario de la hacienda Yaxcopoil de Umán. Don “Lupe” antes de establecerse en la Colonia Yucatán trabajó como chiclero en la zona de Valladolid, donde se enteró de la existencia de las posibilidades de trabajo que existían en las empresas madereras. Fue así que procedió a trasladarse a ese lugar en el lejano año 1947. En las instalaciones del mismo vivero existió, en la parte posterior, un cobertizo que servía como bodega, como gimnasio y como sala de reuniones de trabajo y sociales  de los empleados de la Unidad Industrial Forestal. Entre sus empleados se encontraban Juan Arjona, Leopoldo Cetina, Felipe Marfil, Gaudencio Marfil, Renán Zapata, Concepción Leal Jr.  y don Santiago López Padilla, este último originario de la Villa de Espita quien trabajó antes, durante un tiempo, como chiclero en el cercano poblado de Moctezuma.

Otra área por demás importante, cuando ya se establece la Unidad Industrial de Explotación Forestal, fue la de los guardias forestales. Esta área de suma importancia, también estaba la bajo la responsabilidad de los directores de la Unidad y tenía como fin principal el control de todo el material forestal que entraba y salía de las fábricas. Para ello se contaba con varias casetas de vigilancia de madera, que durante muchos años funcionaron como filtro de estricto control forestal. Estas casetas se encontraban en varios puntos: una en la fábrica, otra en el aserradero, otra a medio camino de la carretera Colonia Yucatán-Tizimín; y una más en los límites de Yucatán, por la carretera Xcan-La Sierra.

Los guardias forestales conformaban un grupo de aproximadamente 10 personas, y entre los trabajos que desempeñaban destacaba el  ir detrás de los brecheros para marcar los árboles de diversas especies que encontraban en condiciones de cosecha, y si éstos eran en cantidad suficiente, procedían posteriormente a establecer los llamados “tumbos” En este departamento figuraron don Arsenio Cetina, Javier Cetina, Modesto Andrade, Leopoldo Maza, Carlos Escalante y Faustino Carbonell. A esta área pertenecían también los guardabosques que se movían a caballo, y eran los encargados de la vigilancia de las siembras realizadas, así como del combate a la tala clandestina en el área concesionada a las compañías madereras. Entre estos guardabosques estuvieron Miguel Medrano y Juan Arjona,  portando siempre sus elegantes uniformes color caqui.

Como colofón de esta serie de artículos en materia forestal, en esta V y última entrega, deseo expresar mi sincero agradecimiento para la elaboración de estos escritos a los amigos José Pat Mejía, hijo de don José Guadalupe  Pat Gutiérrez, encargado del vivero; a María Tomasa García, hija de don Miguel Gómez Uc, encargado de la plantación de árboles y combate de incendios; y por último a Arsenio Cetina, Guarda Forestal, quien desde su adolescencia formó parte de la Unidad Industrial de Explotación Forestal con sede en la Colonia Yucatán.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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Crónicas de La Colonia Yucatán

Trabajos de reforestación de las compañías madereras en Yucatán. (IV)

José Antonio Ruiz Silva

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Comentábamos en nuestra anterior publicación la presencia en la Colonia Yucatán del General Nazario Ortiz Rodríguez, titular de la Secretaría de Agricultura, quien asistió en representación del Presidente de la República para inaugurar la escuela primaria Manuel Alcalá Martín, en noviembre de 1950. Seguramente esa semana fue muy productiva, pero quizás alteró las rutinas la presencia de tan importante personaje quien fue objeto de una gran cena en su honor, servida para más de doscientas personas en el extenso y elegante salón de actos de la nueva escuela edificada con bellas maderas. En uno de sus descansos, el enviado presidencial habló ante la prensa nacional y local que lo acompañó, de lo que observó en materia de reforestación y del desarrollo alcanzado de la pequeña ciudad industrial que Alfredo Medina Vidiella pretendía fuera la Colonia Yucatán. Al respecto el General señaló : “Aquí en Yucatán ésta Unidad Industrial de Explotación Forestal y en Campeche la de Zoh laguna, vienen realizando una obra de reforestación que el Gobierno Federal estima adecuada. Nuestros técnicos y los de las empresas madereras han venido realizando cuidadosos experimentos en la materia, con la mira de determinar los procedimientos más racionales, más efectivos, para el desarrollo de las plantitas de renuevo, trátese de la caoba o el cedro. Tengo la seguridad que estos estudios, estos ensayos incesantes, darán por resultado que la obra de reforestación llegue con el menor costo y los mejores rendimientos. La actual administración federal ha exigido a las empresas cortadoras de maderas que planten 10 árboles por cada metro cúbico de explotación. No todas lasempresas han cumplido con esta disposición en el país; pero cuando ocurre, el Gobierno procede inflexiblemente a quitarles las concesiones de explotación a las compañías infractoras. En el caso de las madereras del sureste he observado con satisfacción que han sabido cumplir, inclusive con exceso, con ese precepto. Así tenemos que en la Colonia Yucatán, donde se han cortado aproximadamente 30 mil árboles en lo últimos tres años, se han plantado en el mismo lapso alrededor de un millón veintidós mil cedros. Muchos de esos árboles de seis meses, un año y  año y medio los vimos en esta gira a la vera de los caminos o adentrados- en líneas perpendiculares a las vías de comunicación- en las zonas ya explotadas…Por otra parte, ustedes han visto en esta gira los viveros de Zoh Laguna y esta Colonia, en los cuales, hay respectivamente 363 mil caobas y 100 mil cedros, listos para ser llevados a las regiones explotadas.

En cuanto al poblado y a la disposición de sus casas, y la organización de sus servicios sociales,señaló el entrevistado: “Creo que es un ejemplo que debe seguirse en todo el país. Yo no conozco la totalidad de los centros de población anexos a las grandes factorías que existen en la Nación, pero puedo decirles que todo lo que conozco en colonias industriales, esto es lo mejor. Lo considero un verdadero esfuerzo. Se ve que los organizadores no han escatimado nada”.

A este respecto Manuel Arsenio Cetina Marín, originario del poblado de Tinum Yucatán, quien fue contratado como empleado desde muy joven, formando parte de la oficina de la Unidad Industrial de Explotación Forestal ,narra que los trabajos de reforestación eran un trabajo delicado y cansado, ya que se empleaban largas horas para realizarlo. Estas labores iban desde recoger las plantas en el vivero durante la madrugada, con el fin de evitar el estrés de las plantas por el fuerte sol,  hasta llegar a los sitios de plantación donde previamente se habían abierto líneas de hasta dos kilómetros de largo por dos metros de ancho, donde después de excavar las pocetas con la profundidad adecuada, eran sembrados los arbolitos. Posteriormente correría a  cargo de un grupo de guardias forestales de a caballo, la vigilancia del desarrollo de las plantas, recomendar los chapeos necesarios y sobre todo evitar los daños que pudieran tener las plantas, así como prevenir los incendios forestales, muchos de ellos provocados por la imperiosa necesidad que tenían los integrantes de los nuevos centros de población de realizar sus milpas para su sobrevivencia y que lamentablemente se asentaron en las áreas concesionadas a las empresas madereras, y que con el tiempo fueron parte, junto con otras múltiples causas, del inicio del fin de la industria maderera del oriente de Yucatán. Estas áreas reforestadas se encontraban por las rutas de Xcan al  sur de la Colonia Yucatán, al norte por el rumbo del puerto El Cuyo, al noreste en la zona del ejido Maderas Blancas, al oriente por el rumbo de Kantunilkin,  así como las zonas circundantes muy cercanas  la misma Colonia Yucatán y La Sierra.

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Trabajos de reforestación de las compañías madereras en Yucatán (III)

José Antonio Ruiz Silva

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Mientras se consolidaban las empresas madereras, y ante la creciente demanda de madera industrializada en el país, el Gobierno Federal creó en marzo de 1943 las Unidades Industriales de Explotación Forestal (UIEF) que daba derecho a que compañías privadas tuvieran concesiones sobre grandes extensiones de bosques y selvas de propiedad tanto ejidal como terrenos nacionales, de los que había importantes cantidades en todo el país. Una de las condiciones de la  Ley, era  que el estado siguiera   teniendo los derechos sobre los recursos en el área concesionada. Otra de las condiciones era que las compañías proporcionaran beneficios sociales para las comunidades, tales como infraestructura pública,  como en efecto ocurrió en los poblados de La Sierra, Zoh Laguna y la Colonia Yucatán como casos excepcionales, no así en la mayoría de las áreas concesionadas a otros particulares, tanto en el sureste como en el centro y norte del país.

Bajo esta premisa, en  julio de 1949, se dio  una concesión a  Maderera del Trópico, S.A., Maderas de Yucatán, S.A. y Maderas Laminadas, S. A., aun cuando éstas habían empezado  la actividad desde 1936 en esta zona del oriente de Yucatán. En el caso de Colonia Yucatán, la concesión incluyó los años comprendidos entre 1949 y 1975, es decir, 26 años de los 40 que  por ley correspondía.

Este tipo de concesión permitía explotar los bosques con mayor racionalidad bajo la supervisión directa de la entonces Secretaría de Agricultura , pero con cargo a las empresas madereras. Es cuando se crea en la Colonia Yucatán la Oficina de la  Unidad Industrial de Explotación Forestal pasando a ocupar un pequeño edificio en la calle Selva Norte, que se encontraba a un costado  de la Casa Principal, casi frente al parque. En esta pequeña oficina, se dirigían  los trabajos de producción de planta del vivero forestal, la guardia forestal, los guardabosques, los que hacían la reforestación, los que combatían los incendios y  los oficinistas, todo ello bajo la administración de ingenieros forestales debidamente acreditados .

Durante esta década, las empresas madereras tuvieron su mayor auge, aparejado con el desarrollo de todos los servicios que un pueblo trabajador necesita para satisfacer sus apremios en un lugar tan lejano de las comodidades urbanas.

Un ejemplo de lo que las compañías madereras ya habían logrado en materia de reforestación, incluso antes de la existencia de la Unidad Industrial de Explotación Forestal, se puso de manifiesto cuando el General Nazario Ortiz Rodríguez, titular de la Secretaría de Agricultura asistió en 1950 a la Colonia Yucatán en representación del Presidente de la República para inaugurar la escuela primaria Manuel Alcalá Martín, producto  de  un reto que el ingeniero Medina hizo con las autoridades de educación, cuando le dijeron:  “ hágame la mejor escuela de Yucatán y yo le enviaré al mejor director y maestros- “  Y tal cosa ocurrió, pues se construyó un magnifico edificio de madera con todos los adelantos educativos de la época y se trajo como director al distinguido profesor Maximiliano Molina Fuente, quien puso los cimientos de lo que se consideró una escuela modelo en el estado.

Durante la visita del General Nazario Ortiz Rodríguez, éste pudo constar , junto con su comitiva integrada por altos funcionarios de los gobiernos de Yucatán y Campeche, diputados, el alcalde de Tizimín, técnicos de la Secretaría de Agricultura, prensa nacional y local, la existencia de  extensas zonas reforestadas. Para constatar estos trabajos y lo que observa, se describe detalladamente en una entrevista que le hace el periodista del Diario del Sureste Conrado Menéndez Díaz, el 6 de noviembre de 1950, reproducida en la revista Frente a la Selva en su número 7, misma que de manera resumida presentaremos en la siguiente entrega de esta serie de notas.

Asociación de Cronistas e Historiadores de Yucatán A.C.

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