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Voz de la Península

En el barrio de Santiago

Carlos Bojórquez Urzaiz

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Es casi glorioso despertar con el rumor de los loros que emigraron de algún monte para quedarse a vivir en el barrio de Santiago, seguidos de diferentes aves que aletean entre los árboles que en esta temporada de lluvias e intenso calor, llegan a sentirse como las mismas pausas que obsequia el viento. Hay arboledas en los patios que pueden considerarse las huellas vegetales de este suburbio, solares tupidos de ramones, mangos, tamarindos, mameyes, palmares y las solemnes ceibas, cuyos cuidados, a cargo de los vecinos, les ha permitido sobrevivir y refrescar sin regateo, ante el exceso del asfalto y las aceras de cemento mal atendidas.

        Pero si los vecinos de Santiago parecen negarse a liquidar su entorno ambiental, sus quehaceres relacionados con tradiciones que pueden observarse a través de los gremios religiosos que recorren sus calles reventando voladores, durante los días que antaño suscribía la popular feria de este barrio, del 28 de julio al 6 de agosto, el patrimonio se ha visto severamente degradado debido al avasallador crecimiento urbano. El mercado, agitado y vivaz al amanecer, alma antigua de este barrio, junto con la iglesia y el parque, decae después de vivir sus mejores épocas hace apenas quince o veinte años, más o menos. Los antiguos tablajeros apellidados Molina o Monje, por mencionar algunos con los que traté, abandonaron sus mesas de azulejos en plena quiebra, y quienes intentan reanimar la venta de carnes, aves y demás marchantes, enfrentan la competencia desleal de los supermercados que con sus baratijas atraen a los clientes que desde temprano recorren el rumbo, sabucán en mano, en busca de alguna oferta asequible a su bolsillo.

Tratando de compensar estos contrastes, al despertar corté la cáscara de un mamey de Santo Domingo, refinado y apetitoso como pocos, y de un mordisco derroché la alegría de haber cuidado todo el año los árboles de mi solar, para no depender sino de mi gusto por la fruticultura. De todas maneras, el tema principal no parece residir en los árboles vigilados por los vecinos de Santiago, que suministran fresco a gran parte de la ciudad, sino entre estas tupidas arboledas de inspiración familiar y la falta de interés del Ayuntamiento por preservar uno de los rincones más acogedores de Mérida. Alguien que deseaba abrir un centro cultural en este barrio, explicó que es más fácil obtener permisos para fundar una cantina que concluir la restauración de una antigua casona para los nobles fines del arte. Entre tanto, un pujante mercado de bienes raíces atrae a los extranjeros retirados que van restaurando casas realmente bellas, frente a la ausencia de una política de conservación destinada a los yucatecos. En cuanto a mí, mirando tal desidia municipal, no me resta más que despertar con el rumor de los loros que emigraron a Santiago y escribir estas líneas que acaso llamen la atención de algún organismo o persona que tome cartas en el asunto.

Voz de la Península

Los mayas, su conquista y dominio

Indalecio Cardeña Vázquez

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La conquista total de los mayas por parte de los españoles, fue un largo proceso que duró más de siglo y medio, 170 años, no obstante que el apogeo y esplendor de los antiguos mayas ya había terminado, y se encontraban en un período de decadencia.

Este extenso período comenzó en 1527 cuando Francisco de Montejo el Adelantado, arribó a la costa oriental de la península yucateca, y concluyó en 1697 al caer Tayasal la última ciudad maya, localizada en una isla en medio del lago Petén Itzá en Guatemala. La conquista del área maya resultó totalmente diferente al asedio del imperio azteca, que sucumbió en tan sólo dos años, de 1519, año en que Hernán Cortés llega a la península de Yucatán y de inmediato se dirige en busca de los tesoros de los aztecas, hasta 1521 cuando Tenochtitlán cae bajo el dominio de los europeos.

La civilización maya se desarrolló en una amplia zona de América Central y de México. Ocupó una extensa región que en México abarca los tres estados de la península yucateca: Campeche, Quintana Roo y Yucatán, y las mitades orientales de Chiapas y Tabasco; la totalidad de Belice y Guatemala, y las mitades occidentales de Honduras y El Salvador.

Los mayas antiguos supieron de la existencia de los europeos desde 1502, diez años después de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano, cuando Bartolomé Colón, hermano del Almirante Cristóbal Colón se encontró en el Golfo de Honduras, que en ese entonces era una región desconocida para los españoles, con unas canoas de mercaderes mayas.

Posteriormente en diversos años, varios exploradores españoles pasaron frente a las costas de Yucatán pero no se internaron en estas tierras. En 1511 arribaron los primeros ibéricos, pero en calidad de náufragos, cuando el militar Gonzalo Guerrero, el ex religioso Gerónimo de Aguilar y otros compañeros suyos, alcanzaron las costas mayas luego de sobrevivir al naufragio de su galeón en mitad del Mar Caribe. Sin embargo, los únicos sobrevivientes realmente fueron Guerrero y Aguilar, quienes quedaron en calidad de eslavos de dos gobernantes mayas,  ya que los demás fueron sacrificados por los sacerdotes indígenas.

Muchos fueron los motivos que hicieron que la conquista española de los mayas prehispánicos tardara tanto tiempo. Algunos de ellos, son: El conocimiento parcial de la región por parte de Francisco de Montejo el Adelantado. La organización política de los mayas en provincias autónomas, esto es, la ausencia de un poder central, un reino o un imperio, como en el caso de los aztecas. La actuación de Gonzalo Guerrero, el náufrago soldado español que se convirtió en maya al casarse con la hija del cacique al cual servía como esclavo, y entonces fue capitán de los ejércitos de ese gobernante y asesoró militarmente a los demás dirigentes indígenas para la defensa de su territorio, en contra de sus ex compatriotas españoles.

El establecimiento definitivo del primer asentamiento español político importante, como capital del territorio por conquistar, fue la ciudad de Mérida, en 1542, a cargo de Francisco de Montejo “El Mozo”, hijo del Adelantado, quince años después del arribo de los conquistadores europeos al área maya.

En este largo proceso de la instauración del dominio español, el Adelantado fundó y mandó fundar, en diversos lugares de la península yucateca ocho ciudades con el nombre de Salamanca, probablemente en honor a la ciudad donde aparentemente nació.

Sin embargo, hoy en día tan sólo algunos de esos sitios mantienen la categoría de ciudad, pero ninguno conserva tal título de Salamanca. Esos lugares fueron: 1) Xelhá, en Quintana Roo, 1527; 2) Xamanhá, la actual ciudad de Playa del Carmen, 1528; 3) Xicalango, en Tabasco, 1529; 4) Itzankanac, en Campeche, 1529; 5) el sitio donde hoy se encuentra la ciudad de Campeche,1531; 6) Champotón, en Campeche, 1537; 7) el lugar donde hoy está la ciudad de Chetumal, Quintana Roo, 1542; y, 8) Bacalar, en Quintana Roo, 1545.

A partir de la década de 1540 comenzó una nueva etapa en la historia del pueblo maya, una historia marcada por el dominio y la opresión de los conquistadores y colonizadores europeos, así como por la resistencia indígena la cual tuvo manifestaciones silenciosas y violentas, con estos hechos los mayas coloniales buscaban la defensa y recuperación, tanto de su territorio como de su identidad.

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Voz de la Península

Honran a Fátima y exigen justicia para las víctimas de violencia de género en Yucatán

Lilia Balam

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Un centenar de mujeres realizaron una velada en honor a Fátima, la menor de siete años víctima de feminicidio, y alzaron la voz por la violencia contra de las mujeres de México.

Con peluches, flores y poemas, un centenar de mujeres realizaron una velada en la Plaza Grande para honrar la memoria de Fátima, la menor de siete años que fue víctima de feminicidio en la Ciudad de México, además de exigir justicia para todas las víctimas de delitos de violencia de género perpetrados a nivel nacional y local.

Las manifestantes externaron su dolor e indignación ante el crimen cometido contra Fátima, y recordaron que todos los días matan a diez mujeres en el país: el 75% cometidos por hombres, de los cuales, el 25% por cercanos a las víctimas. De igual forma, rememoraron casos como el de Ingrid Escamilla y Jaqueline Ramírez, quienes también fueron víctimas de feminicidio recientemente.

Urgieron a las autoridades a emprender acciones para sancionar a los responsables de la violencia de género y reprocharon la falta de seguridad para las mujeres y la revictimización a la que son sometidas.

También condenaron las omisiones en la impartición de justicia para los casos de abuso sexual infantil. “Las niñas no se tocan, no se matan. En Mérida no se castigan los casos de violencia sexual infantil. Es la tragedia más silenciosa que, a falta de  acciones jurídicas, deja indefensas a las víctimas yucatecas, las cuales desde el 2012 suman casi 600 por violación y casi mil 500 por abuso sexual”, sostuvo una de las manifestantes.

Por ello exigieron reformas legislativas orientadas a combatir los delitos de violencia sexual contra las niñas, así como apoyo, atención y acompañamiento para las víctimas.

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Crónicas de Ixil

PERSONAS PERDURABLES

Miguel Ángel Orilla

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La postal yucateca que acompaña estas breves palabras, fue tomada allá por el año de 1930, y corresponde a la boda de don Anastasio Matú y doña Eulogia Chin. El primero fue durante muchos años Oficial del Registro Civil, y doña Eulogia respetable rezadora del pueblo que a varias generaciones de muchachas les enseñó el arte del xocbichuy y el bordado.

Aparte del afecto que repartieron en abundancia, no dejaron descendencia consanguínea pero adoptaron al entonces niño Henry Zaldivar a quien supieron brindar amor sin condiciones. Heredaron gratos recuerdos por su labor comunitaria en la forja de esta esta población que -los recuerda con especial cariño en estos días de febrero-.

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