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Voz de la Península

La verdadera historia de la Esquina del Elefante

Carlos Bojórquez Urzaiz

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Esquina del Elefante

La esquina de El Elefante, en la ciudad de Mérida, ubicada en el cruce de las calles 65 con 46, sobrevivió los diferentes cambios de nomenclatura que ha tenido la capital yucateca a través de los años, situando el origen de su nombre en 1802 aproximadamente, año en que la ciudad de poco menos de media legua de diámetro, sin contar sus barrios, crecía y se avivaba a causa del incremento comercial que concentró la distribución de frutos y productos de la Península.

En agosto de 1984 publicamos un artículo en el Diario de Yucatán, donde dimos a conocer que uno de los primeros comerciantes que se añadió a la costumbre de poner a los establecimientos mercantiles algún nombre que le hiciese más conocido entre sus habitantes, fue don Pedro Gamboa, padre del destacadísimo pintor Juan Gamboa Guzmán. De manera que en aquellos primeros años del siglo XIX, ya se le conocía como El Elefante al negocio fundado por el Sr. Pedro Gamboa., comerciante notable de la época, que estableció en ese lugar varios ramos de la industria, siendo una de ellas la fábrica de extracción de palo de tinte, que funcionaba con varias máquinas impulsadas por vapor. Esta circunstancia, y el hecho de haberse preparado en esa empresa los dos primeros tercios de henequén que se llevaron al extranjero, son realidades dignas de ser consignadas en esta nota, puesto que resultan hechos que debe registrar la historia.

Poco  antes de septiembre de 1832, mes y año en que el señor Gamboa se deshizo de aquella casa comercial, había decaído considerablemente del auge inicial que tuvo. La adquirió don Julián Molina, quien gastó una importante suma de dinero en la reconstrucción del inmueble, dividiéndolo en hermosos departamentos, como quedó reconstruido con esa hechura desde 1831 hasta 1874.

Vale la pena acordarse que para asegurar la tradición de darle un nombre singular a los establecimientos, que a su vez se aplicaba a la esquina donde se localizaba,  se colocaban figuras alusivas sobre las azoteas o en  el ángulo esquinado de las paredes, que también servían para orientar a los viandantes. De manera que El Elefante, erguido en el techo del edificio situado en el crucero referido, hacia el año de 1835 el viajero Jean Frédéric Maximilien de Waldeck lo describió como un distintivo confeccionado de una gruesa barrica rodeada de tablas.

En 1861 pasó a ser propietario el señor Pedro Leal y Gamboa, que dotado de juventud y confianza,  y después de 13 años de trabajo constante  y favorecido por sus éxitos mercantiles logró contar con los siguientes ramos industriales en El Elefante:

-Una tienda de pulpería que se despachaba al por mayor y por menor los efectos del país y el extranjero.

– En uno de los departamentos interiores de mayor tamaño se alojaba una destilería de aguardiente, considerada una de las mejores del estado, con moderno alambique construido por don José M. Romano.

.- En otro departamento, separado convenientemente del anterior, se encontraba un tren que servía para elaborar jabón común, un artículo de mucho consumo en la época,  y que se exportaba a algunos puntos del país.

-En la siguiente parte existía una prensa para empacar henequén en rama que se compraba en este establecimiento a los que llegaban de las poblaciones del interior de Yucatán a venderlo. Después de empacarlo, don Pedro Leal  lo vendía en su casa o en el puerto a los que se ocupan en exportar henequén al extranjero.

En el poniente del edificio principal, sobre la 65, rumbo a las 46, había un establecimiento de distinta clase, que era un terreno muy extenso bien amurallado con tres piezas construidas por el señor Leal que servía de alojamiento a los que llegaban de los pueblos a sus negocios, y contaba  con corrales para poner caballos, ganado vacuno, y cerdos. Aquel local  se llamaba Petón. Y hubo otro mesón ahí situado que era de mucha utilidad  para toda clase de personas que quisieran hospedarse y no tuvieran donde quedarse a dormir, como antes ocurría en las antiguas casas públicas de barrios, a las que se llamaba audiencias  o casas municipales. Este último sitio de hospedaje fue bautizado como El Mesón del Elefante, y por lo regular se encontraba  lleno diariamente por pasajeros  y visitantes que llegaban del interior a comprar y vender efectos. El propietario tenía 20 sirvientes, con buenos sueldos, que se ocupan de atender y dar servicios de todas las dependencias.

La importancia de esta esquina y su nombre original, se puso de manifiesto en el año de 1886, cuando el señor José María Leal, hijo del propietario del antiquísimo edificio, solicitó un permiso para construir una casa de dos plantas “…en la esquina opuesta a la denominada El Elefante”, sin proporcionar otra dirección en un documento oficial sellado y con el timbre correspondiente.  

Todos esos años hasta el amanecer del siglo XX, El Elefante permaneció erguido en el techo de su cruzamiento, modificando los giros comerciales que albergaba, cambiando de propietarios y cambiando también el paquidermo original fabricado de madera, descrito por Waldeck en 1835, por el que existe en la actualidad elaborado en metal.

En 1949 el doctor Eduardo Urzaiz  aseguraba que superviviente de los muchos monifatos y animales de bulto que antaño señalaban las esquinas de Mérida, aún se mantenía incólume El Elefante. “Sólidamente construido de lámina de lata y pintado de aceite-señalaba el médico cubano– ha desafiado por muchos años la lluvia y los soles y todavía es motivo de interés para los turistas gringos que suelen sacar de él muy típicas instantáneas”.

Claudio Meex

Con el paso de los años el predio paso a manos de don Javier Gutiérrez, y según los apuntes de don José Enrique Palma Burgos, el local  funcionó como una tienda de reposteros, hasta hace tres o cuatro décadas, cuando el señor Gutiérrez vendía harina y demás ingredientes para el ramo de panadería. Añade que los clientes desde muy temprano llegaban de varias partes del interior del Estado para comprar, ya que don Javier Gutiérrez tenía los mejores precios del mercado. En vísperas de la Navidad vendía frutas de la época. En la actualidad, el edificio de El Elefante permanece en el mismo sitio, abandonado a su suerte, sin preocupación de sus propietarios y las autoridades. La inmortalidad de este emblema urbano, es impresionante, pues precisamente enfrente de El Elefante original, existe una refaccionaria que adoptó con dignidad el nombre para su negocio ante el imaginario colectivo que no deja morir este antiquísimo paquidermo. 

      

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Es oficial: hasta cinco años de cárcel a quien agreda o discrimine a personal médico

Lilia Balam

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Durante la contingencia, han ocurrido al menos cinco ataques a trabajadores y trabajadoras del sector salud en la entidad. Hace dos semanas se aprobó en el Congreso del Estado una reforma al Código Penal para sancionar dichas acciones, y el decreto fue publicado el pasado viernes en el Diario Oficial del Estado.

Desde pequeña, Ligia Kantún Mis supo que su destino era ser enfermera. Cuando cursaba la primaria, formaba parte de un pequeño comité de cuidados, encargado de vigilar a quienes tuvieran pequeños accidentes y de estar pendiente del botiquín de primeros auxilios.

Conforme crecía, su gusto por atender a quienes padecían alguna enfermedad o dolencia también lo hacía. Aunque su madre era de orígenes humildes, la apoyó cuando tomó la decisión de estudiar enfermería.

“Me dijo que ojalá no saliera cara la carrera, pero la universidad era gratis, entonces solo le pedía dinero para la inscripción. Algunas amigas formamos un grupo y si teníamos que comprar un libro lo adquiríamos y lo compartíamos para poder estudiar: pasábamos dos días en casa de una, luego en casa de otra para poder estudiar”, relató en entrevista para Informe Fracto.

En 1986 Ligia alcanzó la meta: se graduó en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Pero eso no fue todo, pues en 1993 comenzó a estudiar la especialidad en enfermería quirúrgica en el Hospital General “Agustín O’Horán”. Concluyó el curso en 1994 y pronto encontró trabajo en hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

Como profesionista ha vivido episodios significativos de la historia del país, tal es el caso de las epidemias del cólera y la influenza. Sin embargo, nada la había preparado para combatir el mal de la discriminación durante la pandemia de COVID-19 (coronavirus).

Y es que el pasado mes de abril, fue agredida mientras portaba su uniforme clínico. “Estaba saliendo del trabajo. Eran las nueve de la mañana y me detuve en una tienda de autoservicio. Cuando me volteé a ponerle seguro a mi auto, me tiraron café por la espalda y una voz de hombre me gritó ‘¡Infectada!'”, contó.

Aturdida, intentó proteger su piel de la quemadura. Por la conmoción no pudo identificar más que el vehículo en el cual se encontraba la persona que le hizo daño. Tras el ataque, se apresuró a subir de nueva cuenta a su coche y asustada, llamó por teléfono a su hija menor. Entre lágrimas le contó a grandes rasgos lo que ocurrió y procedió a dirigirse a su casa, donde la joven la estaba esperando.

“En cuanto llegué mi hija me abrazó, le conté lo que pasó. Jamás me había pasado algo así en los años que tengo ejerciendo la carrera. Yo viví dos epidemias, y la gente era muy agradecida. Ahora no sé si por el grado de mortalidad o por la forma en que se propaga el virus, las personas han caído en una psicosis. Creo que estoy justificando al agresor, pero no tiene justificación su acción”, apuntó.

Aunque constató que los daños físicos fueron mínimos, las repercusiones emocionales fueron grandes, tanto para ella como el resto del gremio del sector salud, pues con el pasar de los días ocurrieron otras agresiones a personal médico en Yucatán.

De acuerdo con datos recabados en medios de comunicación locales y redes sociales, en Yucatán han ocurrido al menos cinco ataques a personal médico durante la contingencia por COVID-19: en el mismo mes de abril, a un enfermero le arrojaron huevos en un paradero de autobús. Otro denunció a través de un vídeo que personas desconocidas le aventaron café cuando estaba bajando equipo de su vehículo.

Un tercer enfermero publicó un texto en redes sociales en el cual narraba cómo le habían tirado refresco mientras esperaba el transporte público. De igual forma, otro joven dedicado a la enfermería denunció en el mismo medio que un sujeto a bordo de una motocicleta le arrojó basura.

En particular, el ataque contra Ligia se hizo viral. Personal de la Fiscalía General del Estado (FGE), acudió a su hogar a tomar su declaración y levantar una denuncia, pero la enfermera decidió no ponerla, pues no identificó al responsable. El caso detonó la implementación de medidas de seguridad para las y los trabajadores del rubro sanitario en los hospitales, detalló, pues pronto comenzaron a circular más patrullas en las zonas de los nosocomios.

Ante las cifras de agresiones al personal médico, el Ayuntamiento de Mérida acordó con los seis jueces calificadores de la capital yucateca imponer la sanción de 36 horas de arresto a quien agrediera física o verbalmente a quienes laboran en el sector salud. 

Las y los legisladores locales no se quedaron atrás y presentaron una reforma al Código Penal del Estado para castigar a quienes discriminen o ataquen al personal médico. El pasado 14 de mayo la LXII Legislatura aprobó la propuesta por unanimidad.

Durante la sesión, el diputado priísta Luis Borjas Romero indicó que hay personas que agreden a trabajadoras y trabajadores de la salud solo por llevar un uniforme identificable, por lo cual era necesario promover medidas para disuadir esos comportamientos en esta época de pandemia, cuando ese sector se encuentra en el primer frente de batalla contra el virus.

El pasado viernes la reforma fue publicada en el Diario Oficial del Estado, es decir, ya entró en vigor. De acuerdo con el decreto, se aplicará sanción de dos a cinco años de prisión o hasta 300 días multa a quien realice o incite a llevar a cabo actos discriminatorios contra el personal médico.

El castigo para quien cometa agresiones cuyas lesiones no pongan en peligro la vida de la víctima, es de uno a tres años de cárcel o de 50 a 200 días multa y cincuenta a 100 días de trabajo comunitario. Si las heridas tardan más de quince días en sanar, la sanción sube de tres a cinco años de prisión y de 50 a 500 días multa. Las penas aumentan hasta la mitad si la agresión o el acto de discriminación ocurren durante una emergencia sanitaria.

Al respecto, Ligia opinó que se debe sancionar a quienes cometen agresiones en especial, pero en esta época es particularmente importante proteger a quienes atienden los casos de COVID-19.

Pese al duro episodio que vivió y a que pertenece a un grupo de alto riesgo ante el virus por padecer artritis reumatoide, la especialista sigue laborando. “Me gusta mi trabajo, me siento bien aportando algo a mis pacientes. Ahora  más que nunca me pongo la camiseta”, reiteró.

Exhortó a la ciudadanía a respetar y no temer a quienes laboran en el sector salud, pues son trabajadores y trabajadoras conscientes, que toman los cuidados pertinentes para no esparcir el virus.

“Nosotros estamos para cuidarles, no nos tengan miedo. Y una recomendación: quédense en su casa y hagan todo lo que las autoridades les dicen. Ojalá nuestro estado no rebase o no colapse en el tema de salud, porque si no, no nos vamos a dar abasto”, concluyó.

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COVID-19 no detiene la violencia de género: asesinan a mujer en Umán

Lilia Balam

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Se trataría del segundo feminicidio ocurrido durante la contingencia sanitaria del COVID-19. La Fiscalía General del Estado está integrando la carpeta de investigación sin detenido.

La pandemia de COVID-19 (coronavirus), ha detenido muchas cosas en el estado, menos la violencia de género: el pasado fin de semana una joven de  Umán fue asesinada. Se trataría del segundo feminicidio ocurrido en Yucatán durante la contingencia  sanitaria y el tercero en lo que va del año.

De acuerdo con la Fiscalía General del Estado (FGE), la madrugada del domingo la joven Y.C., de 22 años de edad, fue privada de la vida en un predio del Fraccionamiento Los Colorines, en el mencionado municipio. La autopsia indicó que la causa de la muerte fue asfixia mecánica por estrangulamiento.

Al tratarse de un presunto hecho de violencia contra una mujer, se activó el protocolo de actuación ministerial, pericial y policial en el delito de feminicidio. La FGE ya está integrando la carpeta de investigación y realiza diversas diligencias sin detenido.

Desde que se dio a conocer el crimen, trascendieron distintas versiones extraoficiales del hecho, entre ellas que el ilícito supuestamente está relacionado con quien era su pareja sentimental.

Este caso sería el segundo feminicidio reportado desde que se implementaron las medidas de aislamiento social para prevenir contagios de COVID-19.  El primero ocurrió a finales de marzo, cuando Suemi Yam Canché falleció a causa de los golpes propinados por quién era su pareja.

En lo que va del año han ocurrido cinco asesinatos violentos de mujeres, sin embargo solo dos más han sido investigados como feminicidios, es decir, este sería el tercer caso de ese ilícito en la entidad durante el 2020. 

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Reconocimiento a los grandes pedagogos yucatecos

Carlos E. Gómez Sosa

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El pasado 15 de mayo, que se festejó a los maestros, nos pareció justo reflexionar y reconocer a los grandes pedagogos Yucatecos que han contribuido al desarrollo educativo de nuestro país, ya que aportaron valiosos conocimientos a la educación y consagraron su vida a la causa noble de la enseñanza, en dos periodos de la historia de Yucatán: a finales del siglo XIX,  y  durante la primera mitad del siglo XX.

Los aportes de ilustres pensadores e intelectuales yucatecos como: Rodolfo Menéndez de la Peña, figura señera y apasionada de la enseñanza pública peninsular; Manuel Sales Cepeda, maestro, filosofo y literato; José Inés Novelo, educador, historiador y poeta; Eduardo Urzaiz Rodríguez, mente enciclopédica de su época, historiador e impulsor decidido de la enseñanza mixta y de la Universidad; José de la Luz Mena Alcocer, indiscutible pilar de la Escuela Racionalista en Yucatán y el sureste mexicano, y Agustín Franco Villanueva, prominente ideólogo del racionalismo, por mencionar algunos de los más destacados.

Este reconocimiento de los grandes pedagogos yucatecos, nos permite conocer, en un primer acercamiento, la honda preocupación que tuvieron por el desarrollo de la enseñanza, a la luz de los avances que ya se habían alcanzado en la Pedagogía y en otras ciencias vinculadas estrechamente a ésta, como la Biología, la Sociología y la Psicología.  Es importante señalar, que para entender el pensamiento y el que hacer de cinco pedagogos yucatecos, mucho tuvo que ver el haber nacido a partir de la segunda mitad del siglo XlX y de haber desplegado su intensa actuación práctica e intelectual en una buena parte de la primera mitad del siglo XX.

Yucatán durante estos periodos se caracterizaba por tener una economía basada en el cultivo y la industrialización del henequén, el surgimiento de la hacienda henequenera, y con ello, el monopolio de las fibras duras ligado al capital extranjero, un enriquecimiento de los terratenientes henequeneros, con la explotación de los peones de las haciendas y un gobierno centralizado y dictatorial cuyo representante más características fue Olegario Molina Solís. Posteriormente se experimentó  el contagio de la chispa de revolución detonada el 4 de junio en Valladolid, Yucatán, y el 20 de noviembre de 1910 a escala nacional,

Otros elementos que ayudaron a la reflexión e impulso de la educación fue la llegada de Salvador Alvarado en marzo de 1915 y su honda preocupación por el ramo educativo, que conformaron un escenario de oportunidades para promover con mayor fuerza el debate sobre el desarrollo de la enseñanza en Yucatán. Los congresos pedagógicos celebrados en Mérida en 1915 y 1916, los congresos obreros de Motul en 1918 e Izamal en 1921 fueron espacios de primordial importancia en los que se debatieron y enfrentaron los proyectos educativos sustentados por los diferentes grupos que pugnaban por influir en el contenido de la política educativa de los  gobiernos yucatecos.

Por otra parte, la influencia pedagógica que más se sintió en Yucatán desde finales del siglo XlX hasta principios del XX fue la que irradió la llamada Escuela por el trabajo o por la acción, propuesta por Dewey en Estado Unidos, y por los pedagogos europeos y cubanos, aunque esta influencia estuvo perneada por las diversas expresiones del naturalismo roussoriano y de las corrientes libertarias y anarquistas.  Estas condiciones fueron los elementos para que los grandes pedagogos Yucatecos impulsaran una reflexión profunda que permitieron hacer propuesta avanzadas para una mejor formación del individuo. Todo esto se puede reflejar a la crítica severa a la que los pedagogos yucatecos llamaban “vieja escuela”- por ser verbalista, libresca, paralizante, intelectualista y magiscentrista.

Entre los pensadores Yucatecos destacó, como anticipamos,  Rodolfo Menéndez de la Peña, un firme defensor e instructor de la escuela primaria, quien señaló que la “escuela que con toda urgencia necesitamos, es la escuela primaria; apéndice de la familia, esencialmente higienizadora y moralizadora; aquella en que se incuben, desarrollen y florezcan las divinas enseñanzas de todas las virtudes domésticas y cívicas”. Por su parte José Inés Novelo señalaba en 1909 que el viejo sistema de enseñanza desarrollaba únicamente la memoria, pues consideraba a los niños como “sacos sin fondo de erudición inconsciente”, a los cuales sólo se les hacia retener palabras y frases, así como las tablas de aritmética. Manuel Sales Cepeda, planteaba que la educación “es la institución del hombre; su perfección sería la instrucción vinculada con la ética, la ciencia unida a la virtud; la cultura provechosa del espíritu asociada a la recta orientación del sentimiento y del carácter”.Agustín Franco Villanueva, decía que la educación debía “cultivar la sensibilidad, la inteligencia, la voluntad y las facultades físicas” del educando, lo que implica impulsar su desarrollo armonioso mediante la educación física, intelectual, moral y estético, y finalmente el profesor José de la Luz Mena Alcocer, educador entusiasta, quien mejor sustentó, impulso, divulgó y defendió los principios y métodos de la Escuela Racionalista, señalaba “que la enseñanza debe abandonar su carácter netamente abstracta y  convertirse en experimental y práctica, y por ende en amena e interesante, puesto que se debe de tener en cuenta los intereses y necesidades del niño”.

Es importante señalar que los pensadores pedagogos yucatecos, contribuyeron al análisis y reflexión en las escuelas formadoras de docente, ya que permitieron reflexionar y valorar las diversas visiones que aportaron los pedagógicos Yucatecos al trabajo educativo al país y nuestro estado.

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