En
el marco de la celebración de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, del 1
al 7 de agosto de 2021, quiero contarles una anécdota observada durante un
viaje en el transporte público de nuestra ciudad capital, Mérida.
Un
día, después de salir del trabajo, abordé el transporte público de la ruta
Chenkú-Lindavista, todo el trayecto parecía normal, viendo las calles, las
avenidas, el tráfico y escuchando la plática de la gente. Eso era posible antes
de que los pasajeros hicieran el trayecto sin estar consultando sus teléfonos
celulares. De pronto, un niño de aproximadamente 2 años, con su vestimenta
humilde y un raspón en la nariz, tal vez resultado de sus primeros pasos,
empezó a buscar entre la blusa de su mamá.
La joven señora, un poco apenada, trataba de distraer al niño y le hablaba
en voz baja, pero se podía intuir lo que le decía; que en el transporte no le
podía dar su chuchu’, es decir, el
pecho. Era tanta la insistencia del niño que al fin la mamá alzó un poco la voz
y le dijo: –ya te dije que es sólo para
dormir, cálmate.
El
niño, con su carita inocente, observó a los viajeros y con una expresión
infantil le respondió diciendo: –Tengo
chuenio.
La
joven madre se empezó a reír y no habiendo más razones para no atender aquella
necesidad natural, le dio el pecho y en menos de cinco minutos el niño ya
estaba dormido.
Lo
acontecido es una estampa muy propia de la gente del pueblo, amamantar a los
hijos en público es algo normal y una muestra de amor maternal. Muchas cosas
suceden en esta vida, pero no todas se llegan a saber. JMT. 5 de agosto de
2021.