LA VISIÓN DE CARONTE
La Mérida que se va…
Publicado
hace 5 añosen
Yucatán tiene en ascenso los índices de violencia e inseguridad, cosa curiosa si tomamos en consideración el intenso patrullaje de la policía estatal, municipal y ahora hasta con la Guardia Nacional y las limitaciones de movilidad. No es tan seguro como nos quieren hacer creer, ni es “inmaculado”.
Con casi una treintena de suicidios en mes y medio de 2021, así como hechos de sangre (reportados), el encanto se ha roto. ¿Cuántas mujeres han sido golpeadas por sus parejas o familiares? ¿Qué tan eficaz es el Ministerio Público para atenderlas?, pero no sólo es recibir la denuncia, sino darle curso y brindarles la asesoría y apoyo que requieren, pero lamentablemente ese es un tema del que poco se quiere hablar.
Quizá se quiera aplicar el dicho “si no lo digo, no pasó”, pero es una realidad frente a la que no basta cerrar los ojos y de manera oficial presumir la “tranquilidad de Yucatán” y vender su imagen como la entidad más segura. Hay asaltos, hay hechos de sangre, hay violencia y, no pocas veces, impunidad.
Mantener la idea del “aquí no pasa nada” no es lo más adecuado, porque sucede que sí pasan cosas y los ciudadanos no saben ni a quién recurrir pues igual se está expuesto a sufrir arbitrariedades por sujetos que portan un uniforme, pero que no lo dignifican, ni mucho menos lo respetan, aunque afortunadamente, hay también integrantes de los cuerpos de seguridad pública quienes están por vocación.
Pero en el caso de la inseguridad que aumenta en Yucatán, curiosamente los casos son minimizados para no entorpecer las investigaciones o para que la opinión pública no se alarme. Pero negarlo no es darle solución. Frente a los problemas lo primero que se debe hacer es reconocerlos, identificar a los sectores afectados y actuar, en vez de encerrarse a preparar declaraciones bonitas que no solucionan y que ya poca gente cree.
En estos últimos días una joven madre fue acuchillada, los suicidios no paran…, la tragedia camina en Yucatán, sumando las muertes por el COVID-19 y cuando se piensa que cuando menos se tienen cuerpos de seguridad confiables y que Yucatán está al margen del narcotráfico resulta que en dos días se detectaron tres cuartos de toneladas de droga en nuestras carreteras; lo más triste es que el primero de los embarques, quienes pretendían introducirlo al estado, eran miembros de la Guardia Nacional.
Mérida ya no es la ciudad tranquila, inmaculada, de ensueño. Su belleza es incuestionable, pero ha cambiado, sin que debamos culpar a los “fuereños”, como muchos se apresuran a dejar salir sus prejuicios. Mérida y Yucatán han cambiado por nosotros mismos, quienes hemos dejado que la seguridad se nos vaya de las manos al no exigir y simplemente aplaudir a quienes no hacen más que preparar discursos y repartir sonrisas sin darle solución a las demandas sociales con programas públicos que atiendan de fondo las necesidades detectadas.
Y así como el año inició con una racha de suicidios, en febrero hemos tenido varias muertes violentas. La espiral crece, sin que parezca tener freno, ojalá no estemos despidiendo esa tranquilidad que conocimos y que no podremos dejar como legado a las generaciones que vienen. Que nuestras sonrisas juveniles de antaño no se transformen en un lamento por aquella paz que se nos va de las manos.
Hasta la próxima…
LA VISIÓN DE CARONTE
Los gritos callados de una realidad incómoda…
Publicado
hace 5 añosen
marzo 9, 2021
El 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer y en Yucatán, como en muchas partes de México, fue tema de discursos, buenos deseos, abrazos y felicitaciones, no tan extendido como en años anteriores, pero sí efusivo y efímero, pues después del momento nadie más se acordará del tema.
Y mientras políticos aprovecharon la efeméride, en gran parte del país las mujeres salieron a la calle a protestar e incluso se atrevieron a derribar una parte del “muro de la paz”, instalada frente a Palacio Nacional.
No perdamos de vista que en un mundo donde se habla de equidad de género, publicitando grandes conquistas de espacios por las mujeres, hay realidades que carcomen las entrañas mismas de la sociedad.
La mujer lo mismo es empresaria que obrera, es estudiante, profesionista y ama de casa, no importa cuál sea su trinchera frente a la vida, pero llega un momento cuando la mayoría de ellas estarán dispuestas a pasar hambre y enfrentarse al destino, sacrificándose por los suyos, desde las sombras, en silencio, pero con una voluntad de hierro.
En Yucatán por ejemplo cada vez son más los hogares sostenidos por mujeres, no únicamente como madres solas, sino que también se da el caso de mujeres solteras que se hacen cargo de sus padres o hermanos menores, limitando en gran medida sus propias posibilidades de crecimiento personal. En el desarrollo de las mujeres radica el futuro de las sociedades, como bien señaló en su momento Mahatma Gandhi “quien educa a un hombre educa a un individuo, quien educa a una mujer educa a un pueblo”.
Pese a ello, las mujeres a lo largo de la historia han sufrido violencia de todo tipo. Han sido discriminadas, vejadas, anuladas emocional y psicológicamente, vistas como ajenas a la sociedad que ellas mismas han formado a través de sus hijos. Ser mujer, en muchas sociedades sigue siendo un estigma.
La violencia es una realidad cotidiana para muchas mujeres de todo tipo de origen, condición y edad. Lamentarnos por ello muestra la calidad humana de toda persona, pero hacer algo para frenar esto, muestra la grandeza humana de los individuos de una sociedad. No es algo que se deba someter a debate. No es un tema, es una penosa situación que debe ser atendida de inmediato. Existen las leyes, las mujeres tienen derechos como ciudadanas, como seres humanos y nadie debe permitir que se les nieguen. Pensemos que la violencia contra una mujer agrede a todas y demerita a la sociedad que lo permite o lo normaliza.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la violencia contra la mujer es un problema de salud pública y como tal debe ser erradicado, porque en ello se juega la solidez de la sociedad, sin embargo, lo peor de todo es la aceptación de la víctima, pues esto implica la pérdida de su propia identidad como persona y condena a repetir el ciclo con las siguientes generaciones.
El costo social y económico de esto es inmenso. Repercute en toda la sociedad, pues las mujeres pueden quedar aisladas, alejadas de la vida productiva y con dificultades para cuidar y educar a sus hijos y a sí mismas.
Es necesario actuar para erradicar este problema, pues todos seguiremos siendo atacados mientras haya una sola mujer sufriendo las agresiones que la llevan a mirar desesperadamente en derredor, esperando el milagro de que alguien escuche sus gritos en el silencio.
Hasta la próxima…
Históricamente ha sido reconocido el papel de la mujer como semilla que da paso a la vida, sin embargo, también ha sido relegada en diversas sociedades y su lucha ha sido incansable por alcanzar el reconocimiento y tener los mismos derechos que el hombre.
Hoy en día las mujeres está en sitios que hasta hace unas cuantas generaciones sólo eran considerados como terreno exclusivo de los hombres. La Mujer no ha ganado gratuitamente esos lugares que hoy ocupa y por los que sigue luchando, desde su hogar, desde el trabajo, desde la escuela. Celebrar el Día Internacional de la Mujer es reivindicar y reconocer sus derechos en todas las posiciones que desempeñan en la sociedad y en la vida.
La mujer es estadista, empresaria, académica, trabajadora o ama de casa…, todas esas facetas tienen algo en común: son sinónimo de lucha, fortaleza, abnegación, compañerismo y apoyo. Son guerreras sin miedo a enfrentarse a la sociedad y a la vida. Dispuestas al sacrificio y a pasar hambre con tal de sacar adelante a los suyos.
Todo hombre sabe que una mujer es esperanza, es luz en la oscuridad, es soporte frente a las adversidades y además es el refugio brindado con amor, cariño, respeto y comprensión. Su fortaleza está ahí, a cada paso y aunque una vez al año se conmemora el Día de la Mujer, en realidad todos los días son de ellas.
Pero la realidad en México va más allá del discurso bonito, pues cada año son más los feminicidios, la violencia de género y la discriminación laboral, social y en otros sentidos. No se puede hablar de igualdad y equidad cuando un sector tiende a ser invisibilizado o, se pretende compensarles dando un empoderamiento excesivo, para ejercer una discriminación inversa.
Y no es cuestión de lenguaje. Es más, de actitudes. Existen personas que públicamente usan ese “lenguaje inclusivo”, que rechaza la RAE, pero que en su vida personal discriminan o violentan a la mujer y a los niños. No es lenguaje, reitero, es consciencia, es identidad.
Lo ideal es una sociedad justa, con igualdad de oportunidades y acceso a una vida digna. No se trata de una guerra de sexos, sino reconocernos como iguales, pero para ello es necesario trabajar mucho, desde la mentalidad de hombres y mujeres, formando a las nuevas generaciones y sin caer en discursos de odio, ni en la burla o la revictimización. Eduquemos y crezcamos como sociedad y como seres humanos. Sin discursos, con acciones y resultados.
Hasta la próxima…
En Yucatán se vive una extensión del viejo estilo de gobernar consistente en publicitar acciones de impacto a corto plazo, pero que en realidad no repercuten en la solución de los problemas sociales. Esto no es malo, pues se atiende la demanda urgente, pero sin pensar en cómo erradicar la necesidad.
Dicho de otro modo; se regalan pescados, pero no se dan el cordel y los anzuelos para poder pescar. Mucho menos se enseña a manejar la red.
Eso es una falla en las políticas públicas o bien, una muestra de que quienes están al frente de la Administración Estatal, desconocen el tema. Solamente cultivan la retórica y el esquema asistencialista.
Pero vayamos por partes. Desde los años ochenta el manejo de las políticas públicas ha tenido una serie de transformaciones, tanto en su generación como en su aplicación, para determinar los esquemas de presupuestación y sus mecanismos de acción.
México es uno de los países que estructuró reformas de este tipo sustentando la actuación gubernamental con los resultados obtenidos en la aplicación de programas; esto hasta antes de la actual Administración Federal. La tendencia fue reformas a esquemas de la Administración Pública para lograr Gobiernos modestos, pero capaces para afrontar con éxito las políticas públicas que atiendan exitosamente las necesidades sociales y los problemas públicos.
Esto es en vez de actuar por mera prospección o expectativas, que no pueden sostenerse a largo plazo. Es claro que no se trata solamente de control de recursos y gastos, porque esto sería mantenerse pasivos y a la expectativa pero sin resolver absolutamente nada, por el contrario el objetivo es lograr resultados a través de la acción.
Con la crisis actual, los cambios rebasan ese control de gastos para enfocarse a la búsqueda sistemática de resultados específicos, medibles y a la vista de los ciudadanos, definiendo a la vez reglas de control y desempeño de las dependencias del Gobierno. En otras palabras, se necesitan resultados y no bonitas palabras o buenas intenciones.
En Yucatán en vez de buscar resultados se está trabajando por objetivos: “vamos a dar tantas cosas a tantas personas”, la razón de ese actuar es porque resolver las carencias es un trabajo a largo o mediano plazo, que se tendría en la siguiente administración.
Enfocarse a la obtención de resultados medibles, generaría beneficios con impacto social, en vez de solamente trabajar programas con objetivos definidos que no tendrían continuidad por la siguiente administración. Se jugaba a cumplir con números en vez de solucionar las necesidades reales y atender los derechos que todo individuo tiene a una vida digna y con oportunidades de desarrollo.
Pero para ello es necesario que se deje a un lado el oportunismo, la falta de compromiso, el desinterés y la ineficiencia. Yucatán espera que se le responda con algo más que sonrisas, halagos, discursos bonitos y artículos de oropel.
Estamos de tiempos de “precampañas”, que los aspirantes de diversos partidos han convertido en abiertas campañas proselitistas violando la legislación electoral. En medio del desempleo, pobreza en aumento, inflación, COVID 19 y sus variantes, es insultante que al ciudadano se le pida el voto con promesas vacías, discursas repetitivos y candidatos ajenos o arribistas. Se requiere liderazgo y una visión a futuro, pero en eso, parece que a los ciudadanos nos están quedando a deber.
Hasta la próxima…
