El 8 de marzo fue el Día Internacional de la
Mujer y en Yucatán, como en muchas partes de México, fue tema de discursos,
buenos deseos, abrazos y felicitaciones, no tan extendido como en años
anteriores, pero sí efusivo y efímero, pues después del momento nadie más se
acordará del tema.
Y mientras
políticos aprovecharon la efeméride, en gran parte del país las mujeres
salieron a la calle a protestar e incluso se atrevieron a derribar una parte
del “muro de la paz”, instalada
frente a Palacio Nacional.
No perdamos de
vista que en un mundo donde se habla de equidad de género, publicitando grandes
conquistas de espacios por las mujeres, hay realidades que carcomen las
entrañas mismas de la sociedad.
La mujer lo
mismo es empresaria que obrera, es estudiante, profesionista y ama de casa, no
importa cuál sea su trinchera frente a la vida, pero llega un momento cuando la
mayoría de ellas estarán dispuestas a pasar hambre y enfrentarse al destino,
sacrificándose por los suyos, desde las sombras, en silencio, pero con una
voluntad de hierro.
En Yucatán por
ejemplo cada vez son más los hogares sostenidos por mujeres, no únicamente como
madres solas, sino que también se da el caso de mujeres solteras que se hacen
cargo de sus padres o hermanos menores, limitando en gran medida sus propias
posibilidades de crecimiento personal. En el desarrollo de las mujeres radica
el futuro de las sociedades, como bien señaló en su momento Mahatma Gandhi “quien educa a un hombre educa a un
individuo, quien educa a una mujer educa a un pueblo”.
Pese a ello, las
mujeres a lo largo de la historia han sufrido violencia de todo tipo. Han sido
discriminadas, vejadas, anuladas emocional y psicológicamente, vistas como
ajenas a la sociedad que ellas mismas han formado a través de sus hijos. Ser
mujer, en muchas sociedades sigue siendo un estigma.
La violencia es
una realidad cotidiana para muchas mujeres de todo tipo de origen, condición y
edad. Lamentarnos por ello muestra la calidad humana de toda persona, pero
hacer algo para frenar esto, muestra la grandeza humana de los individuos de
una sociedad. No es algo que se deba someter a debate. No es un tema, es una
penosa situación que debe ser atendida de inmediato. Existen las leyes, las
mujeres tienen derechos como ciudadanas, como seres humanos y nadie debe
permitir que se les nieguen. Pensemos que la violencia contra una mujer agrede
a todas y demerita a la sociedad que lo permite o lo normaliza.
De acuerdo con
la Organización Mundial de la Salud, la violencia contra la mujer es un
problema de salud pública y como tal debe ser erradicado, porque en ello se
juega la solidez de la sociedad, sin embargo, lo peor de todo es la aceptación
de la víctima, pues esto implica la pérdida de su propia identidad como persona
y condena a repetir el ciclo con las siguientes generaciones.
El costo social
y económico de esto es inmenso. Repercute en toda la sociedad, pues las mujeres
pueden quedar aisladas, alejadas de la vida productiva y con dificultades para cuidar y educar a sus
hijos y a sí mismas.
Es necesario
actuar para erradicar este problema, pues todos seguiremos siendo atacados
mientras haya una sola mujer sufriendo las agresiones que la llevan a mirar
desesperadamente en derredor, esperando el milagro de que alguien escuche sus
gritos en el silencio.
Hasta la
próxima…