Arte y ciencia
Las otras caras de la pandemia
Publicado
hace 6 añosen
Conocí a Memo en mi último año de bachillerato en el CCH Vallejo. Tuve la suerte de compartir con él aquellos cursos pensados para alumnos que trabajaban y que por ende tenían horarios poco “funcionales”. Una hora de Historia seguida de una hora de Matemáticas diarias a lo largo de un semestre. La mayoría de los alumnos eran “recursadores”, trabajadores de tiempo completo y por lo mismo tanto Memo como yo, éramos de los más jóvenes del grupo.
En la época Memo era un joven con cara de niño que lucía un bigote incipiente con gran orgullo, era delgado pero fuerte, de alguien que ejercita su físico, en realidad Memo lo ejercitaba por el trabajo que desempeñaba. Vivía en la colonia “La Perla” de ciudad Neza y trabajaba como ayudante de marchante en la Central de Abasto del DF con horario de 4:00 a 7:00 u 8:00 de la mañana. Memo comenzó a trabajar desde niño prácticamente, un tío lo había introducido en el mundo de los mercados públicos; había pasado de diablero a descargador de camión y de ahí a ayudante de marchante; su trabajo consistía ahora en recibir el producto y contabilizarlo, aunque continuaba ayudando a descargarlo.
Memo era franco en su hablar, alburero, gandalla, gañan, pero un buen tipo, podría decirse que incluso inocente. Física y psicológicamente se había forjado en el barrio, sabía de solidaridad y de esfuerzo, su vestimenta lo delataba y pasaba más por un chavo banda que por un alumno de CCH de la UNAM. Memo creía ciegamente en el discurso meritocrático y de la escalera social, por ello se esforzaba tanto en el trabajo como en los estudios.
Salimos del CCH y nos perdimos el rastro. Lo volví a encontrar durante el movimiento del CGH en una asamblea en CU. Se encontraba por terminar la licenciatura en Derecho en la entonces ENEP-Aragón. Su militantismo en el movimiento estudiantil era sincero y coherente si observábamos su historia de vida. Memo era el primer universitario de la familia y estaba a un paso de ser licenciado, todo ello gracias al esfuerzo familiar que había aprovechado la oportunidad que la UNAM le brindaba al hijo mediante una educación gratuita. Intercambiamos teléfonos para no perdernos de nuevo.
En 2004 Memo estaba por concluir sus estudios de maestría y me invitó a su examen. Nada quedaba de aquel joven de CCH que había conocido 10 años atrás. Ahora vestía traje, el bigote incipiente que lo caracterizaba había desaparecido y un corte de cabello en casquete regular suplía la cabellera tipo “lira and roll” que acostumbraba. Me comentó que se había casado y que ahora tenía una niña pequeña. Tanto la familia nuclear como extensa estuvo presente en el examen. Esposa, hija, madre, padre, hermanos, hermana, tíos, sobrinos, etc. Un rasgo muy visible fue que Memo había ganado peso, mucho peso.
En octubre de 2018 tuve la oportunidad de acudir a un coloquio a la FES-Aragón. Al terminar mi mesa y durante el receso apareció frente a mi como un fantasma del pasado. Memo además de colaborar en un gabinete de abogados mercantiles que trabajaba para empresas en el aeropuerto de la CDMX, aseguraba dos cursos de Derecho en la FES-Aragón. Me dijo: “Cuando vi el cartel con tu nombre anunciado, no sabía si en realidad eras tú, me vine a dar la vuelta y mira”. Memo se había transformado radicalmente aunque conservaba ese rostro de niño. Sin embargo de aquel joven espigado y fuerte del CCH no quedaba nada, su peso corporal debería estar arriba de los 120 kilogramos para su escasos 1.65 metros de estatura.
Memo me comentó que ahora tenía dos hijos, ambos ya en la adolescencia. Había comprado hace más de 10 años un departamento en la zona de Tlalnepantla, “De allá es la familia de mi mujer y nos quedaba más fácil con los niños chiquitos, ahora yo quisiera volver por acá, cerca del aeropuerto y de la FES, podría volver a Neza gustoso porque son dos horas de ida y dos de vuelta… ¡sin trafico!”. No se quejaba, en el trabajo le iba bien “bastante bien pero si son unas friegas. Las clases en la FES son como un aliviane, me desestresan, por eso no las dejo, son un espacio muy mío”. Al terminar su maestría realizó otra especialización y fue ahí que un profesor le propuso dar alguna clase. Para Memo que se consideraba un producto químicamente puro de la educación pública, eso fue más que un halago y la mejor forma de retribuirle a la sociedad y a la UNAM por todo lo que le habían dado.
Memo me habló de su cotidianidad “Salgo de la casa como a eso de las 5:00, aún es madrugada, llego acá antes de las 7:00, pero si salgo más tarde ya no llego a tiempo. Ya desde las 6:30 hay muchos estudiantes en los puestos de tamales, yo es lo que desayuno, hay una promoción de torta de tamal y atole por 15 pesos, o dos tamales y un atole por 20. Ya con eso aguanto hasta medio día. Termino aquí a las 9:00 y voy llegando a la oficina a eso de las 10:00. Esto es de lunes a jueves, los viernes no doy clase. En la oficina siempre estamos al borde del trabajo, me he jalado ya a dos alumnos y siempre tenemos algún pasante haciendo servicio social o práctica. Mi trabajo ya es mucho más de oficina, son los chavos los que se encargan de toda la tramitología y los juzgados cuando hay que ir, yo soy de los que arma los expedientes, me he vuelto experto en eso. Pero si es muy absorbente, a veces salgo a las 10:00 u 11:00 de la noche, ni tiempo de salir a comer…”.
“¿Cómo le haces?,” pregunto de manera muy general pero Memo se concentra en su alimentación.
“Hacia medio día me como un pan o alguna botana, estoy tratando de comer más sano, una fruta o un yogurt, hace como 2 años me diagnosticaron obesidad mórbida, estaba más gordo, ya baje un poco, como 13 kilos desde entonces,” me dice mientras da un sorbo a su Coca-Cola light. “Para la comida pedimos algo ahí mismo en los puestos que hay en el aeropuerto, tacos, tortas, sándwiches, pizza, trato de pedir ensalada más seguido pero sale peor porque a las dos o tres horas ya tengo hambre de nuevo… ¿te acuerdas cómo estaba en el CCH? Hasta americano jugué cuando llegue a la ENEP, era porque comía bien y sudaba mucho, todo lo quemaba, fruta y legumbres eran cotidianos, pero bueno eso ya fue, ya llovió… a eso de las 6 o 7 de la noche si me salgo a comer-cenar algo, pasando el puente del aeropuerto hay varios puestos de garnachas y hamburguesas, sé que no es lo mejor pero es lo que hay”. Esta última frase es demoledora para la realidad de millones de mexicanos: “Es lo que hay”.
En plena pandemia Memo me manda un mensaje: “Wey, tengo miedo, mucho miedo”. Entiendo a mi ex compañero de bachillerato. Se trata de un individuo que debe estar en el grupo de los más vulnerables ante el COVID-19. ¿Su éxito en el sistema meritocrático que tanto reivindica podría condenarlo? La respuesta debe ser parcial. Memo comió sano durante años debido a su situación de precariedad, ignoro si su madre tenía algún tipo de formación alimentaria pero lo dudo. Esa misma precariedad lo obligó a trabajar temprano y forjarse un físico fuerte. Como a millones de jóvenes de la llamada Generación X, la globalización nos alcanzó en pleno momento de crecimiento personal, educativo y profesional. La diversidad y el acceso a la misma nos tomó por sorpresa y nos cautivó, no voy a renegar ni a regatear todo lo que ello trajo de benéfico para nuestras vidas, pero cierto es también que no estábamos preparados del todo para entrar de lleno a esta nueva modalidad de “pleno y libre mercado”, incluido el mercado de la alimentación.
Lo anterior se ve hoy en día sumamente reflejado en la crisis de salud que vive la humanidad, y específicamente nuestro país. Ni a Memo, ni a mí, ni a muchos de nuestra generación se nos explicaron los peligros de consumir alimentos procesados y chatarras a manos llenas. No recuerdo una política pública para prevenir o contra la obesidad, la diabetes o la hipertensión hasta bien entrado el gobierno de Calderón. Paralelamente el ritmo de vida se desbordó, nos enfocamos en generar riqueza para consumir todo lo que ahora el mercado ofrecía, olvidándonos de cuidar ese aspecto tan crucial de nuestra existencia como es “el bien comer”. Bell ya lo había señalado en los años 70 del siglo pasado, en su excelente ensayo sobre la sociedad postindustrial. Tuvieron que venir iniciativas desde sectores con valores postmaterialistas (slowfood, mercado orgánico, huerto en casa, etc.) para recordarnos que el comer es ante todo un ritual social, es algo que nos hace humanos, que permite crear vínculos sociales; y no sólo una acción mecánica realizada en soledad o frente a un monitor y que pareciese enfocada exclusivamente a satisfacer una necesidad básica.
En días pasados el subsecretario Hugo López Gatell puso el dedo en la llaga, no se limitó a acusar al individuo que se deja “engordar,” sino a todo ese sistema que orilla a millones de mexicanos a comer “lo que hay”; a comer de manera desordenada pero sobre todo desinformada. Por ello no es de extrañar que ahora que el doctor López Gatell sea objetivo de todo tipo de ataques y críticas. Aquellas compañías del sector alimentario que en meses pasados se ampararon para no etiquetar sus productos indicando la ingesta de calorías, azucares, grasas saturadas, minerales, etc. Son también responsables, quizás las principales, del problema de salud que se nos viene encima ante la pandemia del COVID-19.
Se calcula que serán miles los muertos que dejara el COVID-19 detrás de si en su paso por el país. Se pronostica que no se irá y que tendremos que adaptarnos a vivir con él, que las futuras generaciones tendrán que convivir con él, incluso si se logra una vacuna en el corto o mediano plazo. Cierto es que los momentos de crisis son también momentos de oportunidad. Quizás estemos ante una oportunidad extraordinaria para cambiar nuestros hábitos alimentarios, para exigir transparencia e información en lo que consumimos y que repercute directamente no sólo en nuestra salud individual sino en la salud a nivel social. El reto no es minúsculo pero nos toca a nosotros asumirlo.
Zoom anatómico: Ante la crisis de pandemia mundial por el COVID-19, posturas como las de los gobernadores de Puebla, Miguel Barbosa, y de Jalisco, Enrique Alfaro, desnudan a la clase política que dirige este país, cada uno jalando agua para su propio molino.
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
