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¿Y ahora qué sigue?

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito del paso del semáforo rojo al anaranjado por la que algunas entidades están transitando, como sucedió en Yucatán hace dos semanas, y en la Ciudad de México a partir de este lunes, tengo la impresión de que la consigna es básicamente que cada quien se rasque con sus uñas o, en otras palabras, ¡sálvese quien pueda!

Al presentar su “decálogo” hacia la nueva normalidad, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo: “Sigamos acatando las recomendaciones para cuidarnos y minimizar el riesgo de contagio, pero hagámoslo con independencia, criterio y responsabilidad

Lo anterior implica que el paso a la llamada nueva normalidad se dará como un acto puramente individual, en tanto que el Ejecutivo expone una serie de recomendaciones morales, como cuando señala que se siga cuidando a los ancianos en casa, porque en ningún asilo, por lujoso que sea, estarán mejor que con su familia, confirmando así su visión poco realista de las relaciones humanas.

Si analizamos con detenimiento la forma en que hemos convivido con el COVID 19 en México, excepto las primeras dos o tres semanas en que la mayoría de las personas acataron las recomendaciones de confinamiento, en general, cada uno de nosotros ha hecho lo que puede, de acuerdo con su manera de pensar y sus condiciones económicas, sociales y personales.

A diferencia de otros países en los que el nivel de ingresos les permitió sobrevivir a un estricto confinamiento, con las incomodidades propias del encierro, siempre es pertinente recordar que en el nuestro 61 millones de personas (48.8 por ciento de la población) viven en situación de pobreza, mientras más de 16 millones viven en pobreza extrema.

Desde el primer momento de la epidemia, las autoridades federales establecieron como prioridad el respeto a los derechos humanos, frente a innumerables críticas por parte de quienes deseaban la mano dura contra aquellos que se atrevieran a salir de casa, sin tomar en cuenta que 56 de cada 100 mexicanos viven de la economía informal, dependen de su propio esfuerzo y sus ingresos difícilmente son suficientes para cubrir las necesidades esenciales, así que el ahorro les es imposible, casi nadie cuenta con recursos para vivir sin trabajar.

Pero, además, porque no hay instituciones con estatura para hacer cumplir las restricciones. En estados, como Jalisco, donde se quiso imponer el confinamiento y, a últimas fechas, el uso de cubrebocas, quedó en evidencia que no es posible dejar en manos de policías mal preparados, resentidos y, en muchos casos, corruptos, ese tipo de controles. Lo sucedido en Ixtlahuacán de los Membrillos, donde agentes policiacos asesinaron al ciudadano Giovanni López, por negarse a usar la protección facial, es evidencia clara de lo anterior.

Por otro lado, diversos hechos han demostrado que existen amplios grupos de población que se niegan a acatar las disposiciones como  el confinamiento, el uso de dispositivos de protección o la sana distancia, ya sea por ignorancia, porque no existe una cultura de respeto al estado de derecho o, simplemente, porque no les da la gana y realizan actividades como fiestas o compras masivas de determinados productos.

Este rechazo a las medidas aceptadas internacionalmente para la protección de las personas frente a la pandemia, se ha traducido en enfrentamientos con la policía que se presenta para terminar con alguna fiesta con decenas de jóvenes en espacios reducidos, o en casos de una falta de razón extrema, cuando familiares de algún paciente enfermo o fallecido han golpeado a trabajadores de la salud que aplican los protocolos de cuidado hospitalario.

Pero, la falta de acatamiento de las medidas de protección no solamente se ha dado por necesidad económica, por ignorancia o por comportamientos irracionales. Me enteré recientemente de la realización de servicios religiosos clandestinos en capillas de escuelas confesionales privadas, al estilo de aquellas que se realizaban durante la guerra cristera. En este caso, quienes acuden pertenecen a las élites.

Así que el señalamiento de que el criterio a seguir en la “nueva normalidad” será el de cada, implica continuar como hasta ahora. Y no puedo evitar repetir aquí una broma que circula en las redes sociales a propósito del semáforo COVID: ¡Usan un semáforo para saber cuándo es seguro salir del aislamiento, en un país donde los conductores aceleran cuando ven el color amarillo!

Luego, una serie de obviedades como no consumir productos chatarra, beber agua suficiente, alimentarse bien y preferir los productos frescos y naturales, bajar de peso, vivir en calma y sin angustias, eliminar adicciones, hacer ejercicio, “párate, camina, corre, estírate, medita y aplica todo lo que consideres que le hace bien a tu cuerpo

También dio recomendaciones espirituales, más propias de un lama budista: alejarse del materialismo, no acumular, compartir los bienes, ser generoso y fraternal, eliminar el consumismo porque “la felicidad no se consigue con la acumulación de bienes materiales, ni se consigue con lujos, extravagancias ni frivolidades

En suma, el paso a la llamada nueva normalidad se dará como un acto estrictamente individual con pocas precisiones.

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El negocio de las redes sociales o morir por un like

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de los peligros de las, cada día más populares redes sociales, encontramos la amplia tendencia, por parte de los llamados influencers, de realizar actividades riesgosas con la finalidad de conseguir más seguidores, más aceptación, más pulgares arriba, al punto de que más de 250 personas murieron desde 2011 mientras se tomaban una selfie para publicar en alguna plataforma digital.

Hace algunos días, el nombre de Sofía Cheung se viralizó a nivel mundial: la joven de 32 años de Hong Kong que tenía la costumbre de fotografiarse en situaciones de peligro, con el fondo de bellos paisajes naturales para publicar las imágenes en Instagram. Hace algunos días, intentó hacerlo desde lo alto de una cascada en un parque de ese país de nombre Ha Pak Lai, en la localidad de Yuen, pero resbaló, cayó desde gran altura y murió. A pesar de que la acompañaban algunos amigos y llamaron a urgencias, nada pudo hacerse para salvarla.

No ha sido la única persona que fallece buscando multiplicar el número de seguidores o el nivel de aprobación de sus contenidos. La competencia de popularidad virtual es cruenta y, al parecer, no da tregua.

Aunque la batalla no radica exclusivamente en el deseo de aprobación, sino en la ganancia económica y la obtención de patrocinios. Sé de una instragramer que acudía a múltiples eventos culturales en Los Ángeles, California, pero no para disfrutar del concierto o de la exposición, sino para fotografiarse bebiendo una marca de agua que le pagaba en función de los “me gusta” obtenidos.

El de las redes sociales se ha convertido en un gran negocio. La generalización de su uso las convierte en un medio de comercialización más efectivo que, en otro tiempo, la televisión, cuya audiencia disminuye constantemente, mientras que los youtubers, twiteros, instangramers, tiktokeros, etcétera, etcétera suman popularidad y ganancias económicas. 

El mayor influencer del mundo, con 300 millones de seguidores en Instagram es el futbolista portugués Cristiano Ronaldo, jugador del equipo italiano Juventus, lo cual es explicable por su participación en un deporte con tantos aficionados en el mundo. Hace poco tiempo, un desdén suyo hacia una botella de refresco provocó una pérdida de 4 mil millones de dólares a la empresa fabricante, entre otras cosas, porque sus seguidores compartieron y compartieron y volvieron a compartir la acción de su ídolo.

Es decir, los riesgos a, los que se exponen quienes difunden contenidos o imágenes en las plataformas digitales, en espera de multiplicar las reacciones favorables,  no siempre tienen que ver con carencias emocionales, deseos de aprobación, vocación aventurera, o lo que se ha dado en llamar adicción a la adrenalina, sino con intereses económicos.

En Instagram, por ejemplo, los anunciantes clasifican en 5 niveles a los influencers, el más bajo corresponde a quienes cuentan con entre mil y 5 mil seguidores y pueden ganar entre 10 y 100 dólares por publicación patrocinada. El peldaño más alto lo ocupan quienes cuentan con más de un millón de seguidores y pueden obtener hasta 10 mil dólares por contenido publicitario. En You Tube, con los mismos parámetros de popularidad, las tarifas van de 20 a más de 20 mil dólares.

 En un apartado especial se encuentran los famosos, personalidades del espectáculo, socialités internacionales o deportistas profesionales quienes pueden recibir más de 500 mil dólares por mención de un producto.

La política no está exenta del mercado de las redes sociales. Hace un par de días el Instituto Federal Electoral acordó multar y sancionar a la agrupación llamada Partido Verde Ecologista de México, por la violación a la veda electoral en los pasados comicios, cuando distribuyó un millón de dólares entre 98 influencers para que transmitieran mensajes a su favor en tiempos no permitidos.

En el mismo tenor, el INE notificó al gobernador electo de Nuevo León, Samuel García acerca de una multa por 55 millones de pesos por no reportar como gastos  la campaña en plataformas digitales que realizó su esposa, Mariana Rodríguez Cantú.

En junio de 2017 Pedro Ruiz, residente de Minnesota, Estados Unidos, murió mientras grababa un vídeo. Trataba de demostrar que un libro de muchas páginas colocado en su pecho, como escudo, era suficiente para detener la bala de una pistola disparada por su esposa. Su intención, según informó la mujer, era multiplicar el número de suscriptores en su sitio de You Tube. Ignoro si de todas formas lo compartió.

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Luego de 30 años como narradora oral, Gina Rubio da testimonio de la fuerza transformadora del cuento, que puede llegar a lo más profundo del alma

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la importancia de transmitir historias verbalmente, como el medio más antiguo para conservar identidad, tradiciones, costumbres, mitos, leyendas y valores; la narradora Gina Rubio sostiene que esta disciplina artística provoca la reflexión, permite múltiples lecturas e interpretaciones e invita al público a echar a volar la imaginación.

Socióloga egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México, Gina Rubio se sentía llamada a la actividad artística, por lo que incursionó en la pintura, el teatro y la danza. Formó parte del grupo de teatro independiente Contigo América, luego se incorporó al Living Theater New York cuyas presentaciones tenían lugar en plazas públicas de la Ciudad de México.

Fue a finales de la década de los ochenta, cuando se encontró con el que ha sido su quehacer artístico preponderante, la narración oral, guiada por el cubano Francisco Garzón Céspedes, maestro de muchas generaciones de narradores en diversos países. A partir de ese aprendizaje, montó su primer espectáculo en 1991.

En 2004, con una carrera consolidada, debió hacer una pausa como consecuencia de una enfermedad, el Síndrome de Guillain Barré, que le produjo una discapacidad motora y requirió de rehabilitación, en un proceso durante el cual contó con el apoyo de su familia, especialmente sus hijas, entonces niñas, con cuya solidaridad y afecto cuenta en todo momento.

En cuanto pude volverme a sentar retomé la narración oral –refiere. Considera que continuar con su actividad artística fue uno de los elementos que la impulsó a recuperarse. “Me motivaba buscar un cambio en la conciencia a partir de los cuentos

Expone su convicción en torno a la capacidad transformadora de esta disciplina. “Un cuento te puede transformar porque llega a lo más profundo de la mente humana, al alma” No se trata de un discurso ni un sermón, sino una historia que lleva a reflexionar y en ese proceso se pueden construir valores humanos. Los grandes líderes de la humanidad, políticos, religiosos, terapeutas, han utilizado este recurso, cuentos, metáforas, relatos para impulsar cambio.

El proceso de la narración oral empieza con encontrar la historia adecuada. Implica todo un trabajo de investigación; “yo leo mucho y selecciono poco”, lo primero es que me guste a mí. Es importante dejarte impresionar por la historia y entregar la esencia de lo que tomaste, tener claro a dónde quieres llegar, explica.

Luego viene la apropiación, hacerlo atractivo con la voz, con los tonos, con los movimientos, aunque diez personas cuenten la misma historia, cada vez será diferente–expresa–la narración oral consiste en invitar a la gente a que eche a volar la imaginación y extraer la esencia de cada cuento, porque cada uno tiene su ritmo y su manera de ser contado.

Aunque inició su carrera artística con funciones con público adulto, ha desarrollado una amplia experiencia en el trabajo con niños, de ahí su convicción de que una buena historia es para todas las edades. Participó en el programa “Juglares y jugares para todos los lugares”  

Recuerda que su regreso, luego de la enfermedad, fue paulatino: “empecé con grupos muy pequeños, hice una gira por bibliotecas; primero notaban que la artista era una señora en silla de ruedas, aunque después del primer cuento ya nadie se acordaba de la silla de ruedas

Reflexiona en que esta condición no resta la capacidad de hacer: “Las personas con discapacidad no sólo tenemos derecho a ser espectadores, sino también creadores y hacedores de la cultura”

Se ha presentado en residencias para adultos mayores, en hospitales, en centros de rehabilitación, ante muy diversos públicos. Pondera las funciones que ha ofrecido a otras personas con discapacidad. En el caso de grupos de personas sordas, ha tenido una magnífica respuesta, debido a que cuenta con una intérprete en el lenguaje de señas con gran capacidad expresiva. En ese sentido, Gina Rubio sostiene que no hay diferencia entre uno y otro público, “yo cuento para el ser humano”, enfatiza.

 Acerca del tema de la limitación de actividades públicas como consecuencia de la pandemia, encuentra que la virtualidad también tiene sus ventajas, como la posibilidad de participar internacionalmente. “Esta situación me abrió más puertas en México y en el mundo”

Gina imparte talleres y cursos de narración oral. En 2016 recibió el Premio Storytelling en San Miguel de Allende, Guanajuato, por la mejor historia en español. En 2019, en Querétaro, donde radica, obtuvo el Premio de Paz Mil Mentes por México, para crear una cultura de paz. Forma parte del Programa Alas y Raíces y del Festival Otros Territorios.

El próximo 8 de agosto se presentará dentro del Festival Escénico Infantil “Apaga el televisor y enciende tu imaginación” a través del canal de You Tube del Centro Cultural España. Es posible tener acceso a muestras de su quehacer artístico en las plataformas de Facebook y YouTube.

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Laureana Wright escritora y periodista mexicana precursora del feminismo en el siglo XIX

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de mujeres sorprendentes, me encuentro con la figura de Laureana Wright, quien nació un 4 de julio de 1846, hace 175 años, en Taxco Guerrero, y que se sumergió hasta los inicios del pensamiento patriarcal, para explicar cómo textos mitológicos y religiosos, como la Biblia, establecieron las bases de una cultura de preponderancia masculina que sobrevive hasta nuestros días.

Wright, fue hija de estadounidense y mexicana, pasó toda su vida en la Ciudad de México y se dedicó fundamentalmente a la literatura y el periodismo. Participó en  grupos de intelectuales integrados casi exclusivamente por hombres como la Sociedad Nezahualcóyotl, la sociedad científica El Porvenir y del Liceo Hidalgo, al que ingresó a propuesta de Ignacio Ramírez El Nigromante y de Francisco Pimentel, donde coincidió con Ignacio Manuel Altamirano, Guillermo Prieto, Francisco Sosa y Manuel Acuña, entre otros.

Publicó textos en el Monitor Republicano y fundó el semanario Violetas del Anáhuac, – titulado inicialmente Las Hijas del Anáhuac -que, a la manera de Las Siemprevivas de Rita Cetina en Yucatán, era hecho por y para mujeres, en contrapropuesta a las “revistas de señoritas” de fines del Siglo XIX que, paradójicamente, eran escritas por hombres.

 Contaba con la colaboración de Matilde Montoya, la primera médica en nuestro país y de la yucateca Gertrudis Tenorio Zavala, formada en el pensamiento de las feministas de la península. La publicación propugnó por el sufragio femenino y la defensa de los derechos de la mujer.

Wright tenía entre sus objetivos difundir la importancia de la contribución femenina a lo largo de la historia nacional, para lo cual integró 124 semblanzas en su obra Mujeres Notables Mexicanas, algunas de ellas publicadas en Violetas del Anáhuac. Encontramos las biografías de la Época Prehispánica, la Colonia, Heroínas de la Independencia y “Contemporáneas desde 1820 hasta nuestros días” como tituló el último capítulo.

También escribió ensayos. En uno de ellos “La emancipación de la mujer por medio del estudio”, considera dos mitos como punto de partida de lo que hoy conocemos como misoginia: La curiosidad de Pandora que, al abrir, la caja, permitió la salida de todos los males del mundo y el libro del Génesis en la Biblia.

Laureana Wright afirma que en el primer caso se hace recaer la culpa de todos los males a la mujer y en el segundo cuando se señala que Dios creó a la mujer a partir de una costilla de Adán, “un origen más grosero y humillante, negándole hasta la tierra, madre común de todos los productos animados e inanimados del globo, haciéndola surgir del cuerpo del hombre al que ella debía crear, cuya madre debía ser

Refiere que en la narración bíblica se culpa a Eva de la misma curiosidad que Pandora, impulso que agravó su error al “obligar” a Adán comer el fruto prohibido, y al consiguiente destierro de los humanos del paraíso en el que vivían.

La ensayista expone luego que “la dominación del hombre sobre la mujer no tiene motivo de ser, pues no hay diferencia moral ni intelectual entre ambos, ni tiene nombre, porque no puede llamarse superioridad a la usurpación de los derechos naturales, ni ley de la fuerza a la tiranía ejercida

Laureana Wright fue acusada por los grupos conservadores de ejercer un “liberalismo en materia religiosa, especialmente pernicioso por venir de una mujer que puede contaminar a otras”. Aquí su poema “Dios”

¿Quién sabe lo que tú eres?

 ¿Quién ha visto tu faz ni tu presencia?

¿Quién ha podido conocer tu forma ni definir tu primitiva esencia?

 ¿Quién sabe si eres forma o un destello?

 ¿Si eres el Dios-espíritu, el Dios-genio, o el Dios Naturaleza?

 ¡Inútilmente el pensamiento humano a investigar se lanza decidido tu misterioso ser, todo es en vano!

 Tú serás siempre lo que siempre has sido la eterna duda el insondable arcano.

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