Conecta con nosotros

Editorial

ALERTAN SOBRE UNA POSIBLE RECESIÓN ECONÓMICA GLOBAL

Héctor Hernández Pardo

Publicado

en

Numerosos expertos en economía internacional pronostican una recesión económica mundial. Algunos estiman que se producirá en el primer semestre de este año. El anuncio está asociado a la propagación en casi todo el mundo del Coronavirus (CODIV-19), que se combina con la baja en los precios del petróleo, vaivenes en las bolsas, devaluación de las monedas y disminución de la producción industrial. El turismo se ha visto muy afectado y las aerolíneas podrían perder más de cien millones de dólares este año. La UNCTAD alertó que el costo de la crisis en el ingreso global podría llegar a los  2 billones de dólares.

Una voz de alerta ha comenzado a extenderse entre la mayor parte de los economistas y expertos en temas financieros en el mundo, en la misma medida que aumentan rápidamente los casos contagiados por el Coronavirus (COVID-19).Numerosos economistas vienen expresando a diferentes medios de prensa su convicción que “se está muy cerca de una recesión global”, debido a una combinación vinculada al desplome de los precios del petróleo, los vaivenes en las bolsas, devaluación de las monedas, disminución de la producción industrial  y a la rápida propagación del coronavirus (convertido ya en pandemia), que está provocando pánico en los mercados financieros, fuga de capitales, devaluación de las monedas, disminución de la producción industrial, cierre de negocios, caída estrepitosa del turismo y disminución de las operaciones de líneas aéreas.

La epidemia, que en principio parecía estar limitada a la zona asiática,  se ha extendido a más de 100 países, ha contagiado a unas 170 mil personas y ha provocado más de 6 mil muertos, según el mapa publicado por la BBC, y que se basa en datos periódicos de la Universidad Johns Hopkins, de Estados Unidos.

La propagación de la enfermedad a Estados Unidos  y a Europa (en Italia se ha puesto todo el país en cuarentena y en España se ha declarado por segunda vez en su historia Emergencia Nacional), más la caída del Producto Interno Bruto  en China y otros países asiáticos (centros importantes de la economía mundial que obviamente se han visto muy afectados), junto a la baja en los precios del crudo, los problemas que se registran en las bolsas, la devaluación de las monedas y la disminución del producto interno bruto en la mayoría de los países hacen que muchos expertos consideren que se producirá una recesión económica global en el actual primer semestre del año.

En declaraciones a la BBC Mundo, el especialista Jeffrey Alexander Frankel, un destacado macroeconomista internacional, quien trabaja como profesor en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard, dijo que la posibilidad de una contracción económica “parece haber aumentado dramáticamente”. “Estamos muy cerca de una recesión global, advirtió.

Por su parte, Tom Orlik, economista jefe de Bloomberg Economics,  una prestigiosa compañía estadounidense de asesoría financiera, líder en análisis de la economía mundial, ha expresado que “El coronavirus amenaza con paralizar el crecimiento global”.

El experto añadió que “las posibilidades de que se produzca el peor de los escenarios, con las principales economías sufriendo un impacto significativo, aumentan día a día… Y si la economía estadounidense se contrae, la dinámica de las elecciones presidenciales también podría verse afectada“.

Rohan Williamson, profesor de finanzas de la Escuela de Negocios McDonough, de la Universidad de Georgetown, Washington DC, también cree que estamos cerca de una recesión global. “Los efectos del coronavirus y la volatilidad en los mercados bursátiles mundiales son indicadores que preocupan a los inversores. Claramente ha habido un shock en la demanda global que provoca un gran impacto”, comentó.

Para muchos especialistas el costo global podría llegar a los US$2,7 billones, si todos los países se ven expuestos a las consecuencias de la pandemia.

Informaciones procedentes de Nueva York señalan que la semana pasada Wall Street se hundió en un “mercado bajista” (bear market, en inglés), luego de que el índice Dow Jones terminara un 20% más bajo en relación a su récord alcista de febrero, con lo cual concluyó la etapa más prolongada de alzas en los mercados bursátiles en la historia de Estados Unidos.

El temor al contagio y las medidas de aislamiento tomadas en algunos países, han golpeado duramente al sector turístico, con aerolíneas reportando inéditas pérdidas financieras que las han llevado a cerrar rutas aéreas o a operar vuelos “fantasma” casi sin pasajeros. Entre las medidas más drásticas, Estados Unidos anunció  la suspensión de “todos los viajes desde Europa” hacia su país por 30 días. Las aerolíneas podrían perder hasta US$113.000 millones en ingresos este año.

Muchas empresas les han pedido a sus empleados que trabajen desde casa y se están preparando para informar resultados en rojo. Y si el crecimiento económico se estanca -con descenso en las inversiones y menos consumo en los hogares- los efectos económicos de la pandemia podrían generar un aumento en el desempleo y estancamiento en los salarios.

La región de latinoamericana no podrá escapar a esta situación, ha apuntado Marcos Casarin, economista jefe para América Latina de la consultora británica Oxford Economics, y coincide en que la contracción económica generalizada será en el primer semestre actual. “La combinación entre caída del precio del petróleo, desplome de las monedas y coronavirus, es definitivamente negativa para el crecimiento” afirmó.

Organismos internacionales también han hecho proyecciones barajando distintos escenarios. En el peor de los casos, el crecimiento económico mundial podría descender a la mitad de lo que se había proyectado (bajando incluso hasta 1,5%), según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

Por su parte, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) alertó que el costo de la crisis en el ingreso global podría llegar a los 2 billones de dólares, y que la duración y la profundidad de la crisis dependerán de tres cosas: cuán lejos y cuán rápido se propagará el virus, cuánto tiempo pasará antes de que se encuentre una vacuna y qué tan efectivos serán los gobiernos para mitigar el daño.

También te puede interesar: ALGUNAS ESTRATEGIAS ECONÓMICAS IMPLEMENTADAS EN EL MUNDO POR EL CORONAVIRUS

Editorial

La condición viral

Rodrigo E. De los Santos

Publicado

en

Los malestares se agudizan con el paso de los días. Los expertos ofrecieron diferentes remedios para tratar al paciente, pero la enfermedad siguió avanzando. Con sus recetas basadas en métodos probados por la ciencia económica, nos prometieron la pronta mejora, la anhelada salud bursátil del cuerpo y alma. Y seguimos sus indicaciones al pie de la letra, sin objeciones ni cuestionamiento: compramos, vendimos, prestamos, depositamos, acreditamos y privatizamos, todo para sacar adelante al paciente. Pero los breves periodos de bienestar enmascaraban el incesante deterioro generalizado. Algunas voces nos advertían los peligros de los efectos secundarios, pero decidimos tacharles de charlatanes, de pseudocientíficos, de traidores, de revoltosos y blasfemos. Mujeres y hombres de poca fe. Al parecer nos equivocamos. Ahora se nos dice que una mutación, un ‘error’ en el código genético de un viejo conocido es la responsable de la recaída. Nos ofrecen nuevos remedios bañados en subsidios corporativos, rescates financieros, fórmulas mágicas y modelos económicos que garantizan librarnos del coma que viene. Otros, los más ilustrados, nos venden desde sus lujosas bibliotecas privadas la píldora para la transición hacia un cambio de paradigma en la forma de pensar: ‘El cambio está en uno mismo’. Tal vez hemos sido engañados. Tal vez la cura ha sido un veneno. ¿No es posible que los médicos del mercado hayan buscado beneficiarse con la enfermedad crónica? No hay que escandalizarse. Después de todo así opera la ley de la oferta y la demanda, la mano invisible de Adam.

 El actual brote de enfermedad por coronavirus (COVID-19) avanza de manera implacable. En términos de salud pública no tengo mucho que escribir. Lo que vivimos es una crisis sanitaria global que afecta de manera catastrófica los sistemas de salud, revelando la fragilidad de la infraestructura pública. Las condiciones de trabajo del personal médico y el escaso apoyo gubernamental exponen las miserias intelectuales y morales de los líderes políticos, que con sus palabras vacías buscan aplazar la inevitable ira popular. En términos económicos es prematuro estimar la gravedad de la situación, pero las expectativas son sumamente negativas. Solamente en los Estados Unidos, la cuna del Capitalismo Imperial Tardío, se proyecta que la tasa de desempleo alcance hasta un treinta por ciento al final del año. En otros países la situación no es muy diferente. El descontento generalizado podría abrir nuevos canales para la normalización de la represión, el control social y la legitimación del monopolio de la violencia por parte del Estado. La fantasía totalitaria cautiva nuevamente las mentes de las élites y del complejo industrial militar. Y como siempre, el martillo pegará más fuerte sobre los oprimidos: las clases trabajadoras, las poblaciones marginadas, las minorías étnicas, raciales, y sexuales. Ellas serán las víctimas de las atrocidades usuales de los opresores, quienes han hecho de las crisis su pasatiempo favorito.

 Decir que el coronavirus es la enfermedad a vencer es caer de nuevo en el fraude de la homeopatía neoliberal. La enfermedad a tratar es más compleja. Su cura se encuentra lejos de los aparatos de poder, lejos de los médicos del mercado, de los gurús de la academia, de los medios de comunicación, y de las redes sociales. Tampoco se haya en aislamiento comunal y las guías de autoayuda o de supervivencia. El COVID-19 desenmascara la brutalidad de nuestras estructuras sociales, económicas y políticas. Es una suerte de aparato biocultural que nos permite descubrir una vez más los síntomas que en nuestras vidas cotidianas se esconden bajo la ilusión del progreso y la búsqueda de la felicidad. Los privilegiados que tenemos la oportunidad de aislarnos cómodamente en nuestras casas, tenemos el deber mínimo de hacernos la antigua pregunta ¿Cómo llegamos aquí? Nuevamente se nos plantea esta rebuscada reflexión, pero ahora los tiempos demandan atenderla con honestidad y valor.

 Se anuncia que ‘después de la pandemia no podremos ser los mismos’. No seamos inocentes. Si algo hemos aprendido de la historia humana es nuestra tendencia hacia la repetición. No. El cambio no va a ser un error aleatorio como ocurre en los nucleótidos de un virus. Los ensayos elocuentes sobre la condición humana, los tratados de las ciencias políticas y de los intelectuales de nuestros tiempos no materializarán el cambio que requerimos. Las ideas de cambio florecen en todas partes y en todos los periodos históricos, pero suelen disiparse en la atmósfera las tradiciones. De vez en cuando algunas se establecen como fuerzas dominantes, pero sólo después de una violenta oposición. Los opresores siempre buscarán ajustar los nuevos estilos de vida para su beneficio privado. Es por eso que la acción se vuelve ahora una necesidad de supervivencia colectiva.

 Es momento de volver a escuchar a aquellas voces que hace tiempo trataron de ofrecernos respuestas alternativas, aquellos que decían que la cura se encontraba en la acción prolongada de las minorías oprimidas. Ellos presagiaban que sólo así el espíritu de comunidad despertaría. En tiempos de temor e incertidumbre nos recuerdan que ‘el valor, la devoción, y el espíritu de sacrificio son tan contagiosos como la cobardía, la sumisión, y el pánico’. Tal vez la cura se encuentra en este tipo de pandemia.

Continuar Leyendo

El pasado nos alcanzó

Contagio y juicios colectivos

Ricardo Maldonado Arroyo-

Publicado

en

¿Deben ser sancionadas las personas que salen a la calle durante la contingencia por Coronavirus? ¿Avalaría que personas con Covid-19 sean vigiladas y forzadas al confinamiento? ¿Estaría de acuerdo en exhibir nombres y domicilios para alertar del riesgo? ¿Ha pensado que hay quienes están propagando el virus deliberadamente? Estos días la consternación mundial ha orientado el debate público hacia la responsabilidad individual y colectiva sobre la salud, contemplando escenarios que, en otras circunstancias, serían impensables. Las interrogantes no son nuevas, surgen cada vez que una enfermedad desconocida o una epidemia altera la vida cotidiana y tiene elevado costos económicos y sociales.

Tratar de hallar responsables de una epidemia o sus efectos cae en una esfera ética que no debe tomarse a la ligera. Dado la creciente polarización de las opiniones, es pertinente analizar cómo las personas estamos entendiendo el riesgo y a quiénes se les está adjudicando, pues parece que la gran preocupación de hoy es señalar sujetos culpables. La furia de una sociedad atemorizada se vuelca sobre personas “irresponsables”, que “ponen en peligro” a las demás, porque en alguien habrá de recaer “la culpa” del contagio y los decesos. Esto apenas comienza ¿Cómo reaccionaremos cuando las estadísticas nos revelen el saldo de la pandemia en nuestras comunidades? ¿A quiénes lincharemos para calmar nuestro disgusto?

No me malinterprete, sé que hay personas que desestiman las medidas de prevención, pero, en materia de salud, es un error participar de juicios colectivos en torno a decisiones individuales. Hay que comprender que no son decisiones aisladas, sino las que todas y todos tomamos en conjunto, lo que nos expondrá o protegerá del nuevo Coronavirus. De acuerdo, salir de casa, si no es necesario, es una decisión riesgosa, pero ¿no tienen el mismo efecto las acciones que merman nuestra salud y nos vuelven vulnerables al virus o que pueden contribuir a la saturación de los hospitales? ¿No soy irresponsable cuando fumo cinco cigarros al día o me mantengo sedentario, a pesar de que tengo sobrepeso (el confinamiento no es pretexto para la inactividad física)? ¿Fue irresponsable comer el domingo ese delicioso mondongo o mi torta de lechón sabiendo que soy hipertenso(a), beber ese café tentador o la botella de licor que guardaba hace tiempo? ¿Sigo consumiendo pan dulce y refrescos azucarados sabiendo que padezco diabetes? ¿Estoy tomando las pastillas de mi tratamiento que llevo hace años o, extrañamente, se me “olvidan”? ¿Debería confesar que participé del “asalto” a supermercados y farmacias por el que escasean tapabocas y gel antibacterial?

Respecto al confinamiento, ¿debo señalar al vecino por salir a comprar su cerveza o él a mi por hacer una visita “rápida” a un amigo aprovechando que está en casa? ¿O mejor nos unimos para castigar con la mirada a la vecina que sigue distribuyendo productos de su negocio multinivel o que saca tres veces al día a pasear a sus mascotas? ¿Qué tanto es “tantito” fuera de casa y quiénes son las personas irresponsables? ¿Qué sucederá si me diagnostican Covid-19, me quedaré en casa o indagaré quién me contagió para ver si así me curo? Este enfoque de autoexploración invita a pensar los riesgos en primera persona, para contribuir de manera efectiva a la prevención. Pretender controlar a la población mediante sanciones, vigilancia y señalamientos públicos, es un camino lleno de asperezas que fomenta el abuso y la discriminación.

Si todas y todos somos corresponsables de la salud comunitaria, podemos contribuir a reforzar las medidas de prevención con el ejemplo, medidas notablemente sencillas y prácticas. No son necesarias patrullas, armas ni cárceles llenas de gente enferma para combatir el nuevo Coronavirus. El gobierno federal lo tiene muy claro, por lo que se ha comprometido a no militarizar la respuesta y a privilegiar el enfoque de salud pública. De nada servirá tener a un policía en cada esquina o en la puerta de cada vivienda, si en la cola de las tortillas no somos capaces de guardar un metro de distancia.

Continuar Leyendo

Editorial

Mezquindad política, la derecha y el COVID-19

Mario Alejandro Valdez

Publicado

en

Desde que empezó la crisis del coronavirus, Felipe Calderón Hinojosa ha emprendido una tortuosa campaña de desinformación en su afán por atacar al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Otros políticos de derecha, como Marko Cortés, presidente del PAN, y Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, han lanzado también ataques insidiosos y, en la mayoría de los casos, falsos, con tal de desacreditar al tabasqueño. El presidente los ha llamado en reiteradas veces “zopilotes”, en tanto que el líder en el combate al COVID-19, el experto epidemiólogo Hugo López Gatell, ha optado por un elegante desprecio, enviándo irónicos saludos a quienes lo atacan un día sí y el otro también. Podríamos pensar que es normal dentro del combate político utilizar cualquier coyuntura para confrontar al rival, pero un análisis un poco más profundo nos revela ciertas tendencias en este comportamiento.

Y es que en otras latitudes está ocurriendo exactamente lo mismo. En España, en los últimos días, los partidos Popular, de derecha, y Vox, de extrema derecha, han lanzado una incesante cauda de falsedades contra el socialista Pedro Sánchez, presidente del gobierno, y contra Pablo Iglesias, vicepresidente y líder del izquierdista PODEMOS. Sin el menor escrúpulo, miembros de estos partidos han lanzado mentiras, inexactitudes y falsificaciones al por mayor, con la idea de golpear a sus rivales, de irlos “doblegando”, preparando así el terreno para los futuras contiendas electorales. En una de las falsificaciones más escandalosas, los extremistas de Vox acusaron a Iglesias de haber internado a su padre en una habitación individual en el mejor hospital público de Salamanca, aduciendo como prueba una foto del político izquierdista cuando se encontraba en la cafetería del hospital. Pero resulta que, afortunadamente, el padre de Iglesias se encuentra confinado en su casa, en perfecta salud, y que la fotografía en realidad corresponde a una situación de 2016. En otras ocasiones, los populares han utilizado fotografías y videos de los efectos del coronavirus en China, o incluso de otras crisis humanitarias ocurridas en años anteriores, presentándolas como actuales y situadas en España.

La crisis del COVID-19 también ha sido utilizada por el neo-nazi húngaro Viktor Orban para desaparecer el parlamento, en tanto que el dictador filipino Rodrigo Duterte ha ordenado a su ejército disparar a matar a quien viole la cuarentena decretada para contener la pandemia. ¿Asesinar gente con el pretexto de combatir una enfermedad? Adivino Ud.: ambos políticos comulgan con las ideas de los mexicanos Calderón, Cortés, Alfaro y demás.

No nos confundamos, pues. Mentir, falsificar, derogar el estado de derecho o asesinar no es parte de la lucha política convencional. Son usos de la derecha, una visión política que se alimenta del miedo, del pánico y de la ignorancia. Son su caldo de cultivo, son su escenario favorito, su elemento natural. También lo vemos en el derechista Trump, quien después de burlarse irresponsablemente de las consecuencias de la pandemia, cambió su discurso, pero no para emprender un esfuerzo por aminorar el sufrimiento de su pueblo, sino para alentar la compra de armas como medida para enfrentar la crisis, y escalando la campaña de agresiones contra el gobierno y el pueblo venezolano, en momentos en los que Sudamérica, como todo el mundo, resienten los golpes de la cruel enfermedad.

También te puede interesar: FIEBRE DE COMPRAS DE ARMAS POR EL CORONAVIRUS EN ESTADOS UNIDOS

Por otro lado, la bloqueada y calumniada Cuba, nuestra querida Isla de la Dignidad, presta el auxilio de sus hijos en hospitales europeos de primer mundo, lo mismo que en situaciones muy distintas en Venezuela, Nicaragua y en varios países africanos, al tiempo que enfrenta con gran valor y éxito la pandemia en el propio suelo de la patria. ¿Ven como no es lo mismo la izquierda que la derecha? Justo es reconocer que el gobernador de Yucatán, emanado del PAN, está cumpliendo con una responsable y eficiente labor, en perfecta coordinación con el gobierno federal. Por supuesto que su actuar tiene ribetes de estrategia política, pero, sin duda, se ha mantenido en el terreno de la ética y el beneficio popular. ¡Hay también de derechas a derechas!

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS