Conecta con nosotros

Editorial

El capitalismo, la verdadera pandemia

Mario Alejandro Valdez

Publicado

en

Marcos es un joven de poco más de 20 años. Como muchos, al terminar la prepa y no poder ingresar a la universidad pública, se vio obligado a conseguir empleo. Lo obtuvo como promotor de productos de limpieza. Seis días a la semana, por unas diez horas, acude a los supermercados de la ciudad para actualizar los inventarios de sus mercancías. El domingo pasado le aparecieron los síntomas que todos ya conocemos y tememos: fiebre, dolor de garganta, sensación de ahogo y un enorme cansancio. Se lo comunicó a su jefe, quien le respondió: “no me salgas con pendejadas, pinche huevón… bueno, si sigues con fiebre, quédate en tu casa un par de días, pero el miércoles sin falta te espero en la oficina, de lo contrario te olvidas del empleo…”. Así, aún con síntomas, Marcos acudió a diversos supermercados de la ciudad, entrando en contacto con centenares de otros empleados y clientes. ¿Filtros? ¿Pruebas? ¿Cuarentena? Ni soñarlo. Con estudios únicamente de bachillerato y una familia que mantener, a Marcos únicamente le preocupa tener su semana completa, mientras su jefe también está enfocado en llegar a sus metas de venta para lograr los estímulos económicos. Para ellos, el coronavirus no es un tema esencial.

En la lógica del capitalismo, Marcos es una simple pieza en el engranaje, que puede ser repuesta sin el menor problema. El ejército de reserva–los cientos de miles de Marcos que hay tan sólo en Yucatán-convierte a Marcos en un elemento de escaso valor individual. Y si la salud y la vida de Marcos no le importa a su jefe directo, ¿Tendrá algún significado para el jefe de Recursos Humanos de su empresa? ¿Para su Gerente General? ¿Para el responsable nacional de la empresa global? ¿Para los dueños? Si Marcos falta al trabajo, será despedido sin miramientos: hay decenas, cientos de Marcos suspirando por ganar los escasos pesos que devenga.

No hay que llamarse a engaño. Los jefes de Marcos y los dueños de su empresa no son personas diabólicas ni crueles, son simples capitalistas promedio. Se formaron en universidades y tecnológicos en donde les enseñaron que el capital es lo más importante, que para lograr la calidad en una empresa hay que respetar una estricta jerarquía, que todo se supedita al objetivo de obtener las mayores ganancias con la menor inversión posible, que los trabajadores son desechables y, para abaratar costos, es preciso concederles los menores derechos y pagar los menores salarios posibles. Ellos aprendieron, por ejemplo, a obligar al trabajador a firmar su carta de renuncia junto con su primer contrato. Y aplican todo el peso de sus triquiñuelas para evitar que a ellos se las apliquen, porque finalmente jefes y gerentes también son desechables, y ponen en práctica la frasecita de “de que lloren en mi casa a que lloren en la tuya, mejor en la tuya”.

El gobernador Mauricio Vila no puede escapar a esta lógica. Sus estudios de posgrado son en Administración de Negocios, realizados en la Universidad de Phoenix. Y vaya que se convirtió en un gran administrador de negocios, al ser el hombre clave para la expansión en la región de la franquicia de comida rápida “Subway”, líder en el ramo en el Sureste de México. Pero, como todos estamos palpando, las habilidades para administrar una empresa gastronómica tienen muy poca relación con lo que se requiera para gestionar el gobierno de un Estado, especialmente en una de las coyunturas más dramáticas de su historia.

Como buen empresario, Mauricio Vila está privilegiando los intereses del capital por encima del de los ciudadanos y los trabajadores. Todas las medidas hasta ahora implementadas han pretendido proteger a las empresas, sin considerar los requerimientos de quienes realmente con su trabajo generan la riqueza. Desde la lógica capitalista, los empresarios son pocos, y hay que apoyarlos; los trabajadores son muchos, y son reemplazables. No hay maldad en este actuar: es simple visión de mercado

El problema es que la realidad no funciona así. Mientras Marcos, como otros miles de trabajadores en Yucatán, continúe siendo obligado a trabajar pese a la muy alta posibilidad de estar contagiado de COVID-19, los contagios no sólo continuarán, sino se expandirán sin control. Ulteriormente el contagio llegará hasta los jefes directos y gerentes, así como a muchos ciudadanos, incluso a aquellos que sólo van al supermercado para comprar alimentos y productos de limpieza. La expansión de los contagios colapsará–de hecho, ya ocurrió aquí en Yucatán-los hospitales, produciéndose cada día más fallecimientos. Ante lo imparable, decretar el cese de las actividades económicas se volverá inevitable, con los perjuicios para el capital y los empresarios. Tampoco es que sea culpa de Vila ni de los oligarcas, es la simple lógica del capitalismo, la verdadera “mano invisible del mercado”, que tanto daño ha hecho a la humanidad.

La verdadera pandemia es el capitalismo. Probablemente Marcos no lo sepa, como tampoco los cientos y quizás miles de ciudadanos con los que Marcos tendrá contacto en los próximos días, y que se verán expuestos al COVID-19 por las inequidades e iniquidades de nuestro sistema.

También te puede interesar: Tiempos de oscuridad y oscurantismo

Editorial

La vacuna rusa y el nuevo orden mundial

Mario Alejandro Valdez

Publicado

en

Las declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, el pasado 11 de agosto, provocaron un dramático terremoto en la geopolítica de la pandemia. Con el mundo postrado, desarticulado, atemorizado al extremo por la enfermedad global, Putin anunció que su país había logrado la vacuna, un aserto sorprendente, dado que la iniciativa rusa ni siquiera estaba en la lid por el preciado fármaco, en la que punteaban fundamentalmente farmacéuticas privadas de Occidente, y el Estado chino. La respiración universal se contuvo a partir de las asombrosas declaraciones de Putin, que flamearon la bandera de la esperanza. El mandatario europeo fue enfático en establecer que el logro se pondría a disposición de la comunidad internacional en términos de solidaridad y cooperación, un anuncio rápidamente secundado por Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, y funcionarios de salud del Estado cubano.

No fue casual que al día siguiente, el presidente argentino, el izquierdista Alberto Fernández, saliera en cadena nacional para anunciar que, a través de un acuerdo con el multimillonario mexicano Carlos Slim, su país y el nuestro producirían este mismo año la vacuna que están desarrollando la farmacéutica AstraZeneca y la Universidad de Oxford, lo que fue ratificado la mañana de este jueves por el presidente López Obrador, quien vaticinó que en marzo de 2021 ya se estaría aplicando dicha vacuna, de manera gratuita, a todos los mexicanos. Trump, por su parte, se volvió a comprometer tener “su vacuna” –la más adelantada la desarrolla la compañía de biotecnología Moderna, la cual jamás se había involucrado en un proyecto de esta magnitud- antes de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

Entonces, nos queda claro que las declaraciones de Putin fueron un duro puñetazo en el escenario de la carrera de las vacunas. Sólo el tiempo dirá cuál de estos tres proyectos logrará llegar primero a la meta. Ello será importante, pero no definitivo, ya que el requerimiento mundial será de varios miles de millones de dosis, y ninguna de estas iniciativas podrá lograrlo de manera inmediata. Los rusos estiman poder producir unas mil millones de dosis por año, en tanto que Moderna y AstraZeneca basan sus expectativas en unas 500 millones de dosis anuales. Sea como fuere, el inesperado anuncio ruso trastocó contundentemente las expectativas, acelerando sustancialmente los hechos, lo que seguramente será en beneficio de la humanidad.

Putin rebautizó la vacuna rusa como Sputnik, en abierta alusión al impresionante éxito de los soviéticos, en 1957, al colocar el primer satélite artificial, adelantando por escasos meses en la carrera espacial a los Estados Unidos. Pero no debemos dejarnos llevar del todo por los símbolos: Rusia no es la Unión Soviética, ni ondea la bandera del socialismo internacional. Todo lo contrario: Putin es un político extremadamente conservador, que lidera con mano férrea un movimiento nacionalista que reivindica lo soviético únicamente en su faz de liderazgo mundial, pero de ningún modo vinculado a una transformación del modo de producción imperante en la actualidad. Sin embargo, político pragmático al fin y al cabo, ha establecido fuertes vínculos con países izquierdistas latinoamericanos, como la socialista Cuba, la Venezuela bolivariana y la sandinista Nicaragua. La divisa rusa es establecer alianzas mutuamente satisfactorias y, por supuesto, ganar terreno para sus empresas nacionales.

Slim, por su parte, a la cabeza de su fundación, se vinculó a los gobiernos izquierdistas que encabezan dos de las economías más grandes de América Latina, las que, justo por su tamaño, han sido desmesuradamente golpeadas por la pandemia, y en las que el mexicano tiene la mayor parte de sus intereses en la región. Tanto Alberto Fernández como Andrés Manuel López Obrador encabezan gobiernos con un discurso anti-neoliberal y de establecimiento de un orden social más justo. En el caso mexicano, la navegación de la llamada “Cuarta Transformación” apenas comenzaba a aventurarse por esos rumbos cuando la pandemia la inmovilizó; en Argentina la cosa fue mucho más grave: Fernández llevaba unos cuantos días en el cargo cuando se declaró la más grave emergencia sanitaria mundial en un siglo. De cualquier manera, es de llamar la atención que Slim no buscó el apoyo de gobiernos neoliberales, como los de Colombia y Chile, que también hubieran podido involucrarse en la fabricación de la vacuna.

Pareciera, pues, estarse gestando una salida de conveniencia internacional para la terrible crisis sanitaria y económica que está representando la COVID-19. Rusia ofrece su vacuna sin afán de lucro y por medio de sus aliados izquierdistas de América Latina, en tanto que los gobiernos anti-neoliberales, en alianza con el mayor empresario regional, también aseguran un acceso universal y gratuito a la preparación inmunológica. Sólo Trump va por “su vacuna”, con claros objetivos políticos, y garantizando un acceso exclusivo a la población estadounidense, la más golpeada, por cierto, por el flagelo. Pero aún y si el proyecto norteamericano fuese el primero en llegar a la meta, la carrera internacional por la vacuna nos muestra claramente cómo se va construyendo un Nuevo Orden Mundial que, aún en el marco del capitalismo, pareciera caminar por sendas más humanas y progresistas que en el pasado reciente. Y ello, en medio de tantas tragedias que estamos viviendo, es una grata y esperanzadora noticia.

También te puede interesar: En Bolivia la máquina del terror está en movimiento

Continuar Leyendo

A propósito de…

Llegamos tarde a los hospitales

Cristina Martin Urzaiz

Publicado

en

A propósito de la información en el sentido de que una de las causas de la alta mortalidad por COVID en México deriva de la tardanza de los enfermos en llegar a los centros de salud, es inevitable la pregunta: ¿Por qué los mexicanos esperamos hasta el último momento para acercarnos a los hospitales, no solamente en el caso de COVID, sino en la mayoría de los padecimientos que requieren intervención médica?

La respuesta deberá incluir el análisis de diversos factores, desde culturales y sicológicos, hasta la innegable condición de enfermedad preexistente, muchas veces grave, de una buena parte de la población. No debemos olvidar, sin embargo,  la conflictiva relación histórica de los habitantes de este país con las instituciones públicas de salud y las desagradables y dolorosas experiencias de quienes requerimos de su atención.

Nuestra reticencia a acudir al hospital, especialmente si se trata de establecimientos del sector público–aunque los privados tampoco se salvan-tiene que ver con la experiencia previa, con las historias de terror que refieren  amigos y familiares, con los constantes testimonios que nos presentan los medios de información.

En una de mis primeras columnas en Informe Fracto, narré mi experiencia en el sanatorio Darío Fernández del ISSSTE en la Ciudad de México, donde pude observar a personas con una pierna fracturada recorrer a saltos sobre la extremidad “buena” los 50 metros desde la reja hasta la entrada del área de Urgencias, sin ayuda alguna del personal médico, sin que le proporcionaran una silla de ruedas.

Yo misma, ingresada en el hospital de Ginecología y Obstetricia número 4 del IMSS, me vi obligada a utilizar regaderas saturadas de vendajes usados, con una falta de higiene que no se observa ni en los baños de las terminales de camiones.

¿Cómo olvidar el caso del propio director del ISSSTE, Sebastián Lerdo de Tejada, quien falleció de un infarto el 22 de mayo de 2015 en el Hospital Regional Adolfo López Mateos de la dependencia que encabezaba y de cuyo ingreso quedó un vídeo en el que se observa cómo se avería una rueda de la camilla y a la persona encargada de la Resucitación Cardiopulmonar (RCP) desatendiendo al paciente grave para reparar el desperfecto?

Tal vez suene increíble, pero una persona  me refirió que al utilizar  los baños para pacientes del Hospital General de México, a los pocos días de una cirugía extremadamente delicada, se topó con ratas en el baño correspondiente a la sala de recuperación.

Una más: En el 2004, en el Hospital Regional de Zona número 32 del IMSS, al ingresar al quirófano para una cirugía ortopédica, una paciente pudo escuchar, a todo volumen, “Zazaza, la Mesa que más aplauda”, canción muy popular en ese tiempo.

En cuanto a los hospitales privados tampoco se salvan, aunque con un poco más de comodidad y a un precio estratosférico. Viví el caso de una clínica en la que aceptaron a una paciente muy grave por una obstrucción intestinal, a sabiendas de que carecían de los elementos para realizar la operación urgente. Tras varios días de tratamientos paliativos, presentando una cuenta abultada, preguntaron a los familiares si contaban con otra opción, porque ellos ya habían hecho todo lo posible y no contaban con el equipo ni con el personal especializado.

Es cierto que, en muchísimas ocasiones se han salvado vidas y se ha recuperado la salud, en las instituciones públicas y que el gran parte del personal se esfuerza por realizar su trabajo enfrentando las peores circunstancias. No obstante, ésta puede ser una de las respuestas a la pregunta inicial de ¿por qué los mexicanos se dilatan tanto en acudir al hospital?

Continuar Leyendo

La política en Yucatán

Introspección histórica: la prensa moderna en las luchas por el poder

Mario Alejandro Valdez

Publicado

en

En 1895, el Gral. Francisco Cantón Rosado, paladín del conservadurismo yucateco, tomó una decisión fundamental para su historia personal y para la historia de la prensa peninsular: siguiendo los consejos de su sobrino, el abogado y escritor Delio Moreno Cantón, y de su joven secretario, adquirió el periódico La Revista de Mérida, uno de los dos diarios editados en la ciudad de Mérida –el otro era El Eco del Comercio-y que acaparaban la atención de la sociedad ilustrada de la capital yucateca en aquellos últimos años del siglo XIX. El joven secretario del Gral. Cantón era ni más ni menos que Carlos Ricardo Menéndez González, el patriarca de las mayores empresas periodísticas de nuestro Estado, cuyos descendientes aún dominan el mercado de los medios impresos en la actualidad, si bien con las salvedades ya comentadas previamente, y en las que profundizaremos en colaboraciones subsecuentes. La nueva administración de La Revista de Mérida fue encabezada precisamente por Delio como Director y por Carlos Ricardo como Jefe de Redacción.

Eran los tiempos del Porfiriato, una época de supuesta paz, pero en la que los grupos oligárquicos locales luchaban denodadamente–en ocasiones sangrientamente incluso-por el poder. Nadie discutía la autoridad de don Porfirio, por lo que la lucha tenía por objetivo captar el apoyo del dictador y, por ende, descalificar al grupo rival. La Revista de Mérida fue, entonces, el arma principal del Gral. Cantón Rosado, líder de la facción conservadora, contra Carlos Peón, gobernador en funciones, cabeza del grupo liberal y aspirante a la reelección. Carlos Ricardo Menéndez González, un joven con estudios de profesor, pero que nunca ejerció el magisterio educativo, había incursionado en la prensa local desde los 18 años, y así fue como conoció y obtuvo la confianza del viejo general Cantón, quien desde los tiempos del Emperador Maximiliano había pretendido la gubernatura yucateca. Cantón era un hombre valiente, decidido, cruel e inescrupuloso, y había tenido la visión–o tal vez la suerte-de ser el primer partidario de don Porfirio en Yucatán, además de un firme aliado de la Iglesia Católica. Pero algo no terminaba de convencer al mandamás del país, que siempre lo ilusionaba, pero, hasta aquella coyuntura, en cada renovación del poder local lo había dejado “chiflando en la loma”.

Moreno Cantón y Menéndez González hicieron una gran mancuerna, y el periódico se convirtió en el más importante de Yucatán y de toda la región. Vinculado desde su fundación, en 1869, con la Iglesia Católica y las tendencias conservadoras, ahora, de la mano de Cantón Rosado, estrechó lazos con un gran grupo de capitalistas, y en particular con la familia Ponce, que descollaba en la exportación de henequén, en el comercio en general y comenzaba la explotación del ramo que la llevaría al mayor éxito: la fabricación y comercialización de cerveza.

Ya con el liderazgo editorial en la región, La Revista de Mérida descargó brutales golpes contra el gobernador Peón, a la vez que mejoraba la figura del Gral. Cantón. Y muy probablemente fue la dupla Moreno Cantón-Menéndez González la que urdió el atrevido plan para desbarrancar de una vez por todas a don Carlos Peón. El 11 de agosto de 1897, justo hace 123 años, unos doscientos partidarios de Cantón, azuzados por varios agentes políticos, entre los que destacaban los hermanos Pérez Ponce, colaboradores de La Revista de Mérida, agredieron con palos y piedras el cuartel de la Policía de Mérida, en el Palacio del Ayuntamiento. Las fuerzas del orden repelieron el ataque, como era de esperarse, con saldo de varios muertos, decenas de heridos y detenidos. La Revista de Mérida dio amplia difusión al trágico suceso, siendo sus notas periodísticas enviadas de inmediato a don Porfirio por el Comandante de la guarnición federal, sustentando un informe devastador para Peón. De nada le valió al gobernador viajar de inmediato a la Ciudad de México para entrevistarse con el presidente. Cuando el dictador al fin lo recibió, tras obligarlo a hacer antesala por varios días, al líder liberal ya sólo le quedó presentar su renuncia.

El Gral. Cantón fue, por supuesto, candidato único, siendo electo por unanimidad. La Revista de Mérida lo acompañó durante su gestión, hasta 1902, cantando sus glorias y sus logros. La fortuna del general se multiplicó, y ello redundó en que su periódico se convirtió en el más moderno y funcional de todo el país, con avances tecnológicos que no habían llegado ni siquiera a la Ciudad de México. El joven Carlos Ricardo se convirtió en don Carlos R. Menéndez, el zar del periodismo no sólo en la península de Yucatán, sino en uno de los hombres más influyentes de la prensa nacional. En aquellos años de bonanza, y con Cantón convaleciente de un derrame cerebral, los conservadores cedieron sin demasiados problemas el poder al grupo encabezado por Olegario Molina Solís, un hacendado y comerciante de medianos alcances hasta fines del siglo XIX, pero que, a través de una política muy ambiciosa y vínculos con el Gran Capital norteamericano, logró un inmenso poder económico en poco tiempo. En los primeros dos años del gobierno de Molina Solís, La Revista de Mérida mantuvo una cortés cercanía con los nuevos poderosos, aunque los hechos que comenzaron a producirse en 1903 nos indican que los Cantón y Carlos R. Menéndez concibieron desde el principio un maquiavélico plan para desprestigiar al nuevo gobernador, estrategia en la que la prensa fue el ariete principal.

También te puede interesar: Introspección histórica, la prensa y la Guerra de Castas

Continuar Leyendo

BOLETÍN FRACTO

RECOMENDAMOS