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Editorial

Elecciones de América Latina, nuevas legitimidades

José Miguel García Vales

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América Latina ha vivido unos días convulsos. En las últimas semanas, las protestas masivas en Ecuador y Chile, han erosionado la legitimidad de los gobiernos y puesto de nuevo a debate las desigualdades económicas y sociales. En México, la inseguridad que sufren los ciudadanos y la ineficiencia gubernamental para intentar remediarla, también han provocado un aumento del escepticismo.

Los conflictos sociales pueden terminar en estallidos. Si los gobiernos no tienen la capacidad de diálogo, de tomar el pulso de la sociedad, o de encausar institucionalmente las demandas sociales, entonces deriva en un quiebre. Ahora bien, en los sistemas democráticos, las elecciones es uno de los mecanismos más afectivos para la resolución de conflictos.

Elegir un gobierno, entre varias opciones políticas, encausa nuevas soluciones, destraba diferencias y puede fomentar consensos sociales. Ahora mismo, se convocaron elecciones en el Reino Unido, que se llevarán a cabo el 12 de diciembre, como una forma de aclarar el proceso del Brexit. Después de tres años que se realizó el referéndum para mantenerse o salirse de la Unión Europea, han pasado tres primeros ministros conservadores. No hay mayorías en la Cámara de los Comunes. Toca que los ciudadanos se pronuncien, mediante su voto, por un gobierno que, o concluya el proceso del Brexit o convoque a un nuevo referéndum.

De esta manera las elecciones son una de las herramientas con las que contamos para la resolución de los conflictos. Y en América Latina, mientras algunos conflictos se resolvían en la calle, otros se resolvieron en las urnas.

En Argentina venció Alberto Fernández (con Cristina Fernández de Kirchner como fórmula para vicepresidente). El derrotado Mauricio Macri, sólo estuvo en la Casa Rosada un periodo de cuatro años después de 14 años de kirchnerismo. Un consenso entre analistas, es que los malos resultados económicos diluyeron la confianza en Macri. Él perdió la mitad de valor de la moneda  frente al dólar en 2018, se experimentó una inflación de 60% y  el 10% de los argentinos cayeron debajo de la línea de pobreza. Con ese contexto, el nuevo presidente argentino tendrá el reto de contener la inflación, estabilizar la moneda, la deuda externa, detonar la economía y el empleo y revisar el gasto social. Con una clara victoria en primera vuelta, tendrá que actuar de inmediato.

En algunos círculos, esta victoria se ha interpretado como una derrota del neoliberalismo y posiciones conservadoras. Sin embargo, en Uruguay, donde también se celebraron elecciones el fin de semana, el resultado llevará a una segunda vuelta entre Daniel Martínez del Frente Amplio (izquierda) y Luis Lacalle Pou del Partido Nacional (centroderecha). El Frente Amplio ha estado en el poder 15 años con Tabaré Vázquez (en dos ocasiones) y José Mujica. Independientemente de quién gané la segunda vuelta, con algunos reportes que indican que hay posibilidades para Lacalle, lo cierto es se tendrá enfrente aun congreso fragmentado. Entre los problemas uruguayos ha tomado relevancia la inseguridad. Incluso, en paralelo a las elecciones presidenciales, se votó por la propuesta del conservador Partido Nacional de crear una Guardia Nacional con elementos de las fuerzas armadas. Se desechó pues no logró la mayoría, un 46.7% votó por dicha propuesta.

Finalmente, en Colombia los ciudadanos votaron por nuevos alcaldes en las elecciones regionales. Dos resultados destacados. Uno, en Medellín, donde se encuentra la fuerza política del ex presidente Álvaro Uribe y donde ganó un candidato independiente. El segundo resultado importante se dio en la capital Bogotá. Ahí ganó Claudia López, candidata por el partido Alianza Verde. De ella se destaca su ejemplar lucha contra la corrupción y un compromiso por políticas contra el cambio climático. En casa, ha causado felicidad. La cultura ciudadana también gana.

El recuento de estas tres elecciones, la argentina, la uruguaya y las colombianas, no muestra que tengan en común un alineamiento ideológico. Es decir, no predominan ni las victorias de la izquierda, ni de la derecha. Ni siquiera propuestas de solución parecidas. Incluso, propuestas de derecha en un país son de la izquierda en otro. Sino que se reorienta el poder de acuerdo a la necesidad de nuevas opciones para la solución de los problemas públicos. De eso se trata la democracia. De nuevos consensos y nuevas legitimidades.

Un dato

Según el Latinobarómetro de 2018, en promedio para América Latina, la confianza en el gobierno promedió un 22%, en el parlamento, 21%, en los partidos políticos 13%, en el poder judicial 24% en los organismos electorales 28%, en la policía 35%, las fuerzas armadas 44% y la iglesia 63%.

Editorial

Una coalición para España

José Miguel García Vales

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El domingo 10 de noviembre, los españoles acudieron de nuevo a las urnas para intentar aclarar la correlación de fuerzas y desbloquear la situación política que ha mantenido a España con un gobierno provisional desde marzo de este año. Y el resultado estuvo lejos de poner las cosas en orden. La fragmentación del parlamento, el conflicto catalán y el ascenso de la extrema derecha hacen que formar un gobierno estable sea más complicado.

Al igual que las elecciones generales de abril, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fue el vencedor del proceso, alcanzando 120 escaños (tres menos que en abril), equivalente al 28.0% del total de los sufragios. De acuerdo al sistema parlamentario de gobierno español, para formar gobierno se requiere una mayoría absoluta de 176 escaños. Esto obliga a que el partido que obtuvo más votos y más diputados acuerde con otros partidos políticos su apoyo para lograr una mayoría. En el proceso anterior no se lograron acuerdos para formar gobierno, por lo que fue necesario repetir elecciones.

Como adelantamos, ahora formar gobierno es más complicado por la dificultad de articular una mayoría. Si en abril el bloque de la izquierda (PSOE-Unidas Podemos) tenía una base de 165 escaños, después de las elecciones de domingo ese bloque está formado por 158 diputados (120 del PSOE, 35 de Unidas Podemos y 3 de Más País). Por el lado de la derecha, en las elecciones de primavera tuvieron 147 diputados entre el Partido Popular, Ciudadanos y Vox. En otoño, este bloque tiene una representación de 150 diputados. Es decir, los bloques ideológicos y de representación nacional tienen una diferencia de 8 diputados. Para superar la franja de 176 diputados y tener una mayoría, se debe llegar a acuerdos con partidos de diferentes posiciones ideológicas y otros que representan a las distintas regiones españolas.

Así, hay 23 escaños entre independentistas catalanes (anticapitalistas, republicanos y de derecha), 12 entre partidos vascos (PNV y EH Bildu), 2 por las Islas Canarias, 2 por Navarra, 1 por Galicia, 1 por Cantabria y 1 por Teruel. Esta dispersión geográfica, es la más diversa que se ha presentado en el Congreso Español. Sumando a los partidos nacionales, hace un total de 16 partidos, cuando en abril de 2019 fueron 13 y en las elecciones de 2016 habían sido 9 partidos.

A simple vista, la posibilidad de sumar apoyos que permitan formar un gobierno es reducida. Sin embargo, PSOE y Unidas Podemos dieron un primer paso comprometiéndose a un gobierno de coalición. El mismo que intentaron negociar entre abril y septiembre y que se empeñaron en dinamitar. Entonces, el acuerdo se rompió al no ponerse de acuerdo en los ministerios (secretarías de Estado) y las competencias que asumirían Unidas Podemos, así como la postura ante el conflicto catalán. Pero, ante el crecimiento electoral de la derecha y especialmente de Vox -un partido ultraderechista con tesis contarías a la inmigración, los derechos de las mujeres, los servicios públicos o las identidades existentes en España-, el acuerdo que no fue posible en 5 meses se concretó en menos de 48 horas.

PSOE y Unidas Podemos firmaron un documento en el que definen sus prioridades para conformar un gobierno “rotundamente progresista”: 1) creación de empleo digno, estable y de calidad, 2) política social con escuelas de 0-3 años, salud pública, sostenibilidad de las pensiones, derecho a la vivienda, ciencia como motor de la innovación y lucha contra la corrupción, controlar casas de apuestas, 3) lucha contra el cambio climático, 4) fortalecer pequeñas y medianas empresas y autónomos, 5) derecho a la muerte digna y eutanasia, 6) cultura como derecho y fomento al deporte, 7) políticas feministas, 8) revertir la despoblación, 9) garantizar la convivencia en Cataluña dentro de la Constitución y 10) justicia fiscal y equilibrio presupuestario.

De concretase, sería el primer gobierno de coalición desde la Segunda República en los años treinta, previa al golpe de estado franquista. De acuerdo a reportes de prensa, la coalición no es bien vista por el sector empresarial. Sin embargo, la Unión Europea celebra que el cuarto país más importante del continente pueda formar gobierno.

Se prevé que los debates parlamentarios para la formación de gobierno sean entre el 16 y el 20 de diciembre. Para entonces se habrán hecho la consultas con el Rey Felipe IV, con el fin de proponer un candidato. En una primera votación, se debe alcanzar la mayoría de los 176 diputados. En caso de no lograrlo, basta tener más síes que no es, con las respectivas abstenciones que permitan las sumas para formar gobierno.

En caso de que el PSOE y Unidas Podemos logren formar gobierno, sería el segundo país más importantes de Europa con un gobierno de izquierda, pues Alemania está gobernada por la gran coalición de cristiano demócratas de Merkel y socialistas, Francia por los liberales de Macron e Italia con los apoyos del Movimiento 5 Estrellas y el Partido Democrático; todo en espera de que sucede con el Brexit y las elecciones británicas.

España tiene ante sí los retos comunes de crear empleo y prosperidad social para sus habitantes, de contribuir a la construcción de Europa y restablecer la convivencia territorial (Cataluña, falta de infraestructuras en ciertas regiones y evitar que otras zonas pierdan población). No hay otro camino que la coalición. Una coalición que también pare a la extrema derecha.

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Editorial

El caso Isstey, un atentado contra los trabajadores yucatecos

Mario Alejandro Valdez

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Creado en 1976 por el gobernador Francisco Luna Kan –en tiempos del llamado “desarrollo estabilizador”, cuando el Estado aún  no renunciaba a sus obligaciones sociales-, el Instituto de Seguridad Social de los Trabajadores de Estado de Yucatán (ISSTEY) continúa hoy en día siendo un modelo de institución en cuanto al tema por su eficiencia, cobertura y calidad. Pese a ello, las visiones neoliberales que hoy permean en el Gobierno del Estado de Yucatán, han decretado su extinción, para lo que se ha montado una amplia campaña mediática.

Se inició, desde hace meses, la paulatina interrupción de algunos de sus servicios y, recientemente, se afectó de manera significativa los pagos de cientos de jubilados y pensionados. Esto último, probablemente decidido por un burócrata de mediano escalafón, ha sido la gota que derramó el vaso, y que ha generado una serie de protestas que ya impactaron a nivel nacional, prendiendo un foco rojo en la gestión de Mauricio Vila Dosal.

Desde que inició la actual administración, algunos funcionarios, pero sobre todo algunos “escribidores” de esos de “a tanto la línea”, comenzaron a plantear el tema de la quiebra financiera del ISSTEY. De este modo, repitiendo las frases, sin gran sustento ni argumentación, empezó a informarse que el gobierno estaba diseñando un plan para la reestructuración del Instituto, sugiriendo que el modelo era “inviable”, y que ya “todo el país” había abandonado ese esquema de seguridad social. Los “jilgueros” repetían, sin datos, insistimos, que el quebranto del ISSTEY se debía al uso de sus fondos como “caja chica” por gobiernos anteriores, sin aportar la fuente de esta grave información.

Una primera “reestructuración” se pretendió en términos legales, intentando aminorar el monto de las pensiones al calcularlas en UMAS, pero la tentativa, que hubiera afectado a menos del 10 por ciento de las obligaciones del Instituto, en detrimento de los derechos de trabajadores que laboraron por más de 30 años, sobre todo en el ramo educativo, fue parada en seco cuando los “sesudos” asesores jurídicos del Ejecutivo se percataron que ello violaría disposiciones específicas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Retirado el aberrante proyecto, la campaña mediática arreció, y a otro “brillante” se le ocurrió afectar las percepciones de los jubilados, ahora sí de todos los niveles, esferas y condiciones, lo que explotó en una serie de movilizaciones que ya llegaron a oídos del presidente Andrés López Obrador, y están presentes todos los días en el corazón de nuestra Ciudad de Mérida.

Ahora bien ¿qué hay sobre el tema del quebranto financiero? Debemos distinguir varios aspectos en este sentido: primero, efectivamente, sabemos que TODOS los gobiernos estatales han hecho uso discrecional de los recursos del ISSTEY precisamente porque es, en principio, una institución sana y equilibrada, sustentable a partir de las aportaciones de los derechohabientes y la comercialización de sus servicios (Centros Comerciales, guarderías, Centro Vacacional); segundo, este manejo irregular de las finanzas del ISSTEY ha sido aprobado por las distintas Juntas de Gobierno, que en reiteradas ocasiones han aceptado terrenos u otros bienes muy por encima del valor del mercado para el pago de las deudas que ha contraído la Secretaría de Hacienda –bajo cualquier denominación que haya tenido-, al retener las cuotas de los derechohabientes y no transferirlas a la institución; tercero, a pesar de que la estructura del ISSTEY se diseñó de manera sustentable –aún en tiempos en los que ese concepto no era común-, diversos gobiernos estatales han dispuesto de la misma como parte de su organigrama, creando puestos innecesarios, pagando salarios desproporcionados y colocando a parientes, amigos y paniaguados, en detrimento de las finanzas y de la calidad de los servicios de la institución.

Recientemente, y sólo después de que el caso ISSTEY ha cobrado dimensiones políticas, un grupo de diputados afines al Ejecutivo interpuso denuncias por los supuestos malos manejos, pero podemos adelantar que, si esas acusaciones tienen un curso legal adecuado, NO arrojarán mayores resultados, ya que obviamente los manejos se dieron en apego a la normativa y disposiciones administrativas, por lo que los fraudes, de haber existido, estarán perfectamente velados detrás de miles de documentos adecuadamente sustentados. El problema del ISSTEY no está en el robo de sus fondos, sino en la aceptación, como pago de deuda, de bienes ajenos a su interés y funciones, monstruosamente sobrevalorados, en perjuicio de los derechohabientes. Pero todo, seguramente, bajo impecables formas legales.

Entonces, las denuncias sobre malos manejos en el ISSTEY deberían dirigirse contra sus más altos directivos y, sobre todo, contra las Juntas de Gobierno que tomaron decisiones que afectaron y afectan el patrimonio de todos los derechohabientes. El curso de estas denuncias, y su desahogo favorable en algo resarcirá las finanzas de la institución, pero realmente ese no es el punto toral. El problema de fondo, es que el actual gobierno neoliberal de Yucatán pretende cancelar sus responsabilidades legales para con los más de 20 mil burócratas estatales y municipales, activos, pensionados y jubilados, que gozan de los derechos creados por la Ley del ISSTEY, y que aportaron y aportan cotidianamente cuotas más que suficientes para garantizar esos beneficios. Una política de austeridad real, y no la simulación que en la práctica vemos día a día, denuncias bien sustentadas y bien gestionadas, así como un rescate financiero en condiciones favorables, permitirán en el corto plazo al ISSTEY marchar a plenitud. Pero eso sería contrario al “librito” neoliberal que dirige los pasos de nuestro gobernador, pues, al parecer, lo social no es su fuerte. ¿Será que al menos su olfato político lo impulse a rectificar?

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A propósito de…

Shino Watabe

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la resistencia de los seres humanos y su capacidad para superar escollos que parecen insalvables, me encontré con la obra de la artista plástica Shino Watabe, quien perdió parcialmente el sentido de la vista como efecto de una enfermedad en el nervio óptico, no así su talento y creatividad.

Conocí el trabajo de Watabe en la muestra “Territorios Explorados” que tuvo lugar en la galería Arte Binario del Centro Nacional de las Artes, como parte del proyecto Arte y Discapacidad que incluye exposiciones, presentaciones y la entrega de financiamiento para proyectos específicos.

La artista nacida en Tokio, que radica en México desde 1990, ha señalado: “cuando adquirí la discapacidad visual pensé que era el fin de mi vida y de mi carrera, sin embargo, hoy es mi mayor fortaleza” Y, en efecto,  resulta casi una contradicción  entender el quehacer de un artista visual sin el sentido de la vista; no obstante, puede ser.

La discapacidad de Shino Watabe viene desde 2008, cuando requirió de un proceso de aprendizaje y adaptación,  hasta llegar al punto en que se encuentra actualmente. Mediante la experimentación de nuevas formas de hacer, ha producido obras que pueden percibirse con todos los sentidos, a fin de no excluir del disfrute del arte plástico a quienes, como ella, viven con debilidad visual.

De esa forma, ha creado piezas que, además, de verse, pueden tocarse e incluso olerse. Utiliza diversos materiales para privilegiar las texturas. Contrariamente a lo que sucede con la mayoría de las exposiciones, en “Territorios Explorados” (y otras anteriores de la misma Watabe)   no sólo está permitido sino  se invita a recorrer las obras con los dedos, con las manos y hasta acercar la nariz para percibir los aromas.

Es el caso de “Aroma asociado a los recuerdos”, un autorretrato de 2019 en técnica mixta sobre madera, en la parte derecha del cuadro la pintora plasmó un ramo de flores que, además de relieves y texturas huele a perfume. Al acercar la nariz se percibe la fragancia, que también queda en las yemas de los dedos  después de tocarlo.

Watabe se pinta desnuda, pero no es una característica que haya adoptado a raíz de su condición visual: “Requiem para la antigua yo” de 2003, “Amor como de canción antigua” de 2013,  “Entre las flores que me traes” de 2018, en técnica mixta sobre madera, ya con los relieves característicos de la actualidad. En todos se hace acompañar por flores. 

Otro de los elementos recurrentes en la muestra son el agua y sus habitantes: carpas, corales, ranas, renacuajos. En ellos despliega el ingenio de combinar diversos materiales para  dotar de  volúmenes, relieves y tramas a las obras, de tal manera que puedan percibirse los detalles al transitarlas con los dedos.

En “Carpas”, por ejemplo, se aprecian las irregularidades de la piel de los peces. Lo mismo sucede en “Fulgor de esperanza” y “Libertad que resplandece”. Es impresionante la minuciosidad del trabajo en “Coral” de 2013, donde pueden verse y palparse cada uno de los milimétricos filamentos.

Shino Watabe ha dicho que uno de los mayores miedos que enfrentó al conocer el diagnóstico médico fue la advertencia de que paulatinamente perdería la memoria de la apariencia de las cosas. Ella se negó a aceptar el olvido y pintó escenas para obligarse a mantenerlas vivas en el recuerdo. Al recorrer la exposición, es posible advertir que una de ellas es la danza, dado el número de cuadros sobre el tema.

En “Mirarte”, obra que se escogió como imagen de la exposición en el CNA, se observa a una persona abriendo sus ojos con los dedos índice y medio, para “ver mejor” y lleva a reflexionar que la autora, perdió parcialmente la habilidad de ver con los ojos para mirar con todo su ser.

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