Editorial
Privilegiados sean
Publicado
hace 6 añosen
La sucesión al interior de la UNAM se calentó. Una comunidad “académica” que dice ser progresista pero que en los hechos es sumamente conservadora observa con desconfianza cómo un proceso de cambio de rector que debía anunciarse terso y calmado ha tendido a evidenciar muchos de los vicios ocultos al interior de la “máxima casa de estudios”.
Desde aquel lejano año 2000 cuando fuerzas extrañas y ajenas pusieron en jaque a la institución, el control de los médicos sobre la “Universidad de la Nación” ya suma 20 años. Cierto es que el rector Juan Ramón de la Fuente, hoy embajador ante la ONU, logró recuperar y reposicionar a la UNAM como la institución de educación superior más importante del país. Pero no olvidemos que también fue el rector que metió a la Policía Federal al campus universitario. Por su parte el Dr, solo honoris causa por favor, el Dr. José “Pepe” Narro fue un rector muy de la vieja escuela priista del siglo pasado, cercano al poder peñanietista, al rector Narro le bastó nadar de a muertito para mantener lo que su antecesor había logrado y heredar una Universidad en “paz y avanzando”. Es de tal magnitud el priismo del “Dr” Narro que una vez terminado su encargo se fue corriendo al gabinete de Peña Nieto, para desde ahí contender por la presidencia del PRI. Conocedor de la cultura priista, se retiró al ver que la cargada no estaba con él. Hizo bien, lo hizo a tiempo antes de hacer un mayor ridículo y ponerse más en evidencia. Aunque ahora el pésimo chiste político llamada “futuro 21” o sobras del PRD, lo busca con insistencia.
En el proceso pasado, Enrique Graue fue erigido rector por la Junta de Gobierno, el status quo universitario que simula escuchar para dar atole con el dedo a la comunidad universitaria. Graue entró con credenciales suficientes: director de la Facultad de Medicina, pero sobre todo amigo y compadre de De la Fuente y Narro, médico pues. Sin embargo pronto Graue tuvo su primera prueba de fuego y contundente fue su fracaso. La recuperación del mítico auditorio “Justo Sierra” conocido popularmente como “Che Guevara”, le fue puesta en bandeja de plata por los gobiernos federal y de la CDMX en conjunto. Graue no se atrevió a dar el paso definitivo. Desde entonces el poder del narco es evidente en CU y otros planteles de la UNAM. La delincuencia organizada le tomó la medida al rector y desde entonces la inseguridad es cosa común en la mayoría de las instalaciones de esa casa de estudios. Asaltos, extorsiones, violaciones y hasta asesinatos han tenido lugar durante estos últimos años. Investigaciones van y vienen y la comunidad no sabe qué pasa.
La estrategia de Graue es minimizar e ignorar en la medida de lo posible todos los males que existen en la institución. Desde los ya mencionados problemas de seguridad y narcotráfico, hasta la preferencia laboral evidente por los “juniors” de la UNAM, es decir el tráfico de influencias y corrupción en la distribución de plazas. Al cabo Graue mismo es producto de herencia del poder.
La “máxima casa de estudios” se ha ido llenando de “jóvenes académicos” cuyo mayor atributo es ser “hijo de”, mientras que cientos de jóvenes doctores se eternizan como postdoctorantes, profesores de asignatura y perpetuos candidatos fallidos en concursos arreglados de antemano. Basta con ver la lista de concursos que aparecen, trajes hechos a la medida, temas que muy pocos trabajan por el grado de especialización y especificidad que se señalan. Concursos donde se dibuja el perfil perfecto del candidato ya seleccionado de antemano, donde solo faltó poner el nombre y el apellido. Concursos donde el jurado suele estar integrado por amigos, por cercanos al grupo, a la familia, en ocasiones en el descaro del cinismo por la familia misma. Todo ello lo ha propiciado el actual rector. Al interior de la institución abundan hijos, hijas, ahijados, matrimonios, sobrinos, exs, etc.
A lo anterior hay que aunar el crítico problema de una planta académica cada vez más vieja y que se resiste a dejar espacios a jóvenes académicos sin el “pedigrí” necesario. Una planta de viejos que simple y sencillamente ya dan lastima, basta ir a cualquiera de las escuelas, facultades, centros o instituto de la UNAM para ver a académicos que ningún respeto causan ya y si mucha lastima al verlos avanzar con su paso cansado, en ocasiones con andaderas e incluso tanques de oxígeno, se rumora que es el caso del mismo Graue; repitiendo las mismas clases, los mismos contenidos que hace 20, 30, quizás 40 años, acompañados de sus eternos colaboradores quienes sirven a manera de corte y continúan esperanzados en la muerte del cacique para ocupar su plaza. Académicos que muchas ocasiones ni siquiera se reinventan, que tardaron años en obtener un grado, que han tenido el descaro de robar o plagiar alguna idea novedosa de sus alumnos, sin mencionarlos, sin darles el crédito que corresponde. Algunos de ellos evidenciados por el “me-too” pero protegidos por la misma institución. Esos mismos profesores que se indignan profundamente ante cualquier mínima propuesta de cambio, que se oponen a cualquier reforma a plan de estudios, a ceder espacios a nuevos cuadros, que mantienen el monopolio de la “ciencia” y la “academia” en México, que odian profundamente a la actual dirigencia del CONACYT porque ha osado cuestionarlos. Ellos piden becas para sus “súbditos” perdón, estudiantes, pero se niegan a abrirles un espacio en sus proyectos propios. Problema que rebasa a la UNAM, pero que en esta se ha acentuado.
De igual manera las mafias “internacionales” se han ido apoderando poco a poco de la UNAM, sino pregúntenle a John Ackerman. No se trata de xenofobia sino de clara discriminación al local. Miles de académicos emigran hacia otras latitudes para poner sus conocimientos al servicio de otras universidades y otras sociedades. Allá si les valoran, aquí se le sigue dando preferencia al acento extraño que nos cautiva, no importa que su discurso este lleno de obviedades, lugares comunes e incluso prejuicios, si es pronunciado por aquel que se suena a Hernán Cortez o a Henry Ford.
Sin mencionar al sindicato del STUNAM, que daría para dos o tres columnas más. Ahí las plazas se heredan “legalmente” está escrito en su contrato colectivo de trabajo. Y tal es la fuerza de ese sindicato que con la mano en la cintura puede parar la universidad. Ello lo saben y por ello chantajean, sabotean en la medida de lo posible, el quehacer académico de la institución. Se saben protegidos por un sistema que poco a poco les fue abriendo espacios y que hoy no los puede controlar más. Graue ni siquiera los menciona en su discurso. ¿Por qué será?
Todo lo anterior tiene un impacto grande sobre el trabajo académico al cual está destinada la institución, porque nos guste o no, la UNAM es el cerebro del país, un cerebro que corre el riesgo de colapsar sino se hace algo. Un cerebro que cumple aun cabalmente con sus tareas de docencia, investigación y difusión de la ciencia y el conocimiento. Principal creador y emisor de conocimiento en el país, continúa siendo, aunque cada vez menos, una escalera social para los menos aventajados en un país sumamente desigual.
Pero para Graue todo va bien, peor aún, para la mayoría de la comunidad universitaria todo va mal, pero con Graue están bien. No quieren conocer nada nuevo, prefieren la comodidad de lo inamovible. Eso tiene un nombre y es: conservadurismo.
Además de Graue hay otros dos candidatos. Ambos representan un verdadero cambio conservando cierta continuidad. Se trata de dos candidatos con credenciales académicas probadas, reconocidos por sus pares, quizás con mejor presencia y respaldo científico que el mismo Graue. Ambos con conocimientos en la administración universitaria. Por un lado una mujer que podría inyectarle dinamismo e innovación a la UNAM, mujer probada y conocedora también de las entrañas universitarias, lo mismo ha pasado por el infierno que por el purgatorio y el paraíso de la institución. La socióloga si limpió la parte de la casa que se le pidió limpiar, ella si está renovando su planta académica, ha implementado medidas contundentes y eficaces para prevenir la violencia en su facultad; los concursos que se presentan son mucho más abiertos que los que suelen abrirse en otros recintos universitarios. Dos son sus pros que también podrían ser sus contras: ser mujer y su distante cercanía con la 4T. Aquí la pregunta es obvia: ¿Está lista la UNAM y su comunidad para una mujer rectora? El tercer candidato representa la continuidad de un status quo pero profundizando en la mano firme que parece requerir la institución, al menos discursivamente el abogado egresado del ITAM dice querer limpiar la casa. Sus pros y contras al mismo tiempo son su juventud impetuosa y su “pedigrí” itamita. ¿Los universitarios aceptarían a un externo para dirigir la casa?
Suele decirse que la UNAM es un reflejo del país, de su sociedad. Una verdad parcial. México continúa siendo un país de castas, lo mismo pasa en la “máxima casa de estudios”. La sociedad mexicana se bate contra un racismo, clasismo y malinchismo que desarrolló a lo largo de tres siglos. Al interior de la UNAM se dan grandes debates al respecto, pero pocas acciones visibles. México aceptó el reto de un cambio radical en su gobierno. Por su naturaleza misma la UNAM no pasará por un cambio radical sino gradual, la pregunta es si realmente lo hará o continuará anclada en una cultura priista del siglo XX.
Posdata. Los males descritos aquí no son exclusivos de la UNAM sino de todo el universo de instituciones de educación superior en el país, centros CONACYT, Universidades Estatales e incluso Universidades privadas.
Hace justo dos años y un poco más, recibí atenta llamada del entrañable amigo Carlos Bojórquez Urzaiz para invitarme a colaborar en Informe Fracto, un proyecto editorial digital que coordinaba desde hacía algunos meses. Inmerso en el trabajo cotidiano y las mil vicisitudes que conforman nuestro día a día en estos tiempos, no había reparado en esta nueva apuesta mediática. Acepté gustoso la invitación, y, antes de elaborar aquella mi primera colaboración, me permití recorrer virtualmente la propuesta, que me sorprendió gratamente por su frescura, profundidad, diversidad y calidad.
Desde aquel día y hasta hoy, escribir para Informe Fracto se convirtió en un muy grato hábito, que me conducía a la reflexión sobre algún problema o situación de nuestra dinámica realidad. Siendo la discusión histórica una de sus muchas vertientes, acordé con Carlos, desde inicios de 2020, abrir un espacio en este ámbito, proponiendo cada semana un tópico historiográfico de interés, mostrando una perspectiva distinta, una óptica novedosa en pasajes diversos de nuestro devenir. De esta manera, mi relación con Informe Fracto -dos colaboraciones semanales- se volvió un ejercicio habitual, un compromiso y un auténtico deleite para las neuronas.
Conforme el proyecto se desarrollaba, durante 2020 y el actual 2021, lo percibíamos cada vez más fuerte, cada vez más influyente y cada vez más diverso… Muchas voces se fueron sumando, convirtiendo a nuestro medio en un auténtico caleidoscopio de la sociedad yucateca y peninsular, con constantes y enriquecedoras incursiones en el paisaje nacional, el mundo caribeño y la realidad de Nuestra América. NO hubo tema tabú ni una postura única sobre los muchísimos aspectos de la realidad que en este espacio fueron analizados… Informe Fracto se convirtió rápidamente en uno de los mayores y mejores escaparates de nuestro clima social…
Esta impronta llegó, además, en una coyuntura muy especial: el advenimiento al gobierno yucateco de Mauricio Vila se caracterizó, sorprendentemente, en una importante mutación en el actuar de la prensa escrita… tarea para el futuro será analizar a fondo esta situación. Pero lo cierto es que desde fines de 2018 y hasta la actualidad, los medios escritos, y un porcentaje significativo de los electrónicos, han mantenido una actuación más bien complaciente con el Ejecutivo estatal que -se afirma entre bambalinas- dicta agendas, veta temas y matiza editoriales. El arribo de Informe Fracto sin duda quebró esa realidad, y este espacio se convirtió en el más libre, crítico y analítico de la región.
En muy poco tiempo, Informe Fracto se consolidó como líder entre los medios electrónicos, incrementando semana con semana su influencia, y enriqueciéndose a cada paso con nuevas voces, nuevos enfoques, nuevas perspectivas, con ópticas diferentes, muchas de ellas que encontraron en él cauce a su expresión y a su visión de la realidad. El largo camino recorrido en estos pocos meses seguramente llena de orgullo a sus impulsores, al gran amigo Carlos y, por supuesto, a todas y todos quienes aportamos para este exponencial crecimiento en un tiempo sorprendentemente breve.
Hoy hace Informe Fracto un alto en su camino. Confiamos en que esta pausa -que esperamos breve- de paso a un nuevo andar más vigoroso aún. Los tiempos del porvenir demandan estas presencias, estas propuestas, estos debates, estas reflexiones… De cualquier modo, la senda queda, la convocatoria permanece abierta y la respuesta obtenida es, sin duda, acicate para el quehacer. Ante la apuesta conservadora por un pensamiento único y una visión neoliberal, el humanismo progresista respondió con fortaleza. Nuestro compromiso, en el marco de esta pausa, es mantener vigorosa la respuesta y contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.
A propósito de…
Se cierra un ciclo en Informe Fracto, otros se abrirán
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 30, 2021
A propósito de los cierres de ciclo, hoy se publica esta columna por última vez en Informe Fracto, luego de más de dos años y medio en que nos hemos encontrado cada semana. Mi primer sentimiento es de tristeza por tener que dejar un espacio en el que pude escribir con total libertad y me dio la oportunidad de llegar a tantos lectores.
De inmediato, viene la necesidad de agradecer. El agradecimiento a Carlos Bojórquez Urzaiz quien me abrió esta oportunidad. Me dijo: “a tus textos no se les va a cambiar ni una coma” y cumplió ese compromiso a carta cabal. También debo dar las gracias, a Lilia Balam y Rocío Valencia cuya información muchas veces me dio la pauta para elegir el tema, así como a todo el equipo de Informe Fracto. A todos los colaboradores, cuyos escritos enriquecieron mis puntos de vista y contribuyeron a afinar el enfoque.
Pero, principalmente, quiero darle las gracias a cada uno de los lectores, que ocasional o constantemente prestaron atención a mis palabras. Coincidimos en tiempos inimaginables: ¿quién iba a decir que viviríamos la experiencia de encerrarnos en nuestras casas, a piedra y lodo, ante el temor del contagio de un virus desconocido que nos regresaría a la Edad Media?, ¿Quién hubiera previsto que el cubrebocas se convertiría en parte indispensable-casi la más importante-de nuestra indumentaria cotidiana?, ¿Quién que se formarían filas de cientos de personas para recibir el antídoto inyectado?
Esta es una época fecunda en cambios y noticias. Informe Fracto ha consignado con ética, con compromiso social, con honestidad: el movimiento de las mujeres que se han hecho escuchar como nunca en este país y le han arrancado al poder reivindicaciones fundamentales, el reconocimiento del derecho humano del matrimonio igualitario prácticamente en todo el territorio, la visibilización, con respeto, sin condescendencia de las personas con discapacidad como parte imprescindible de una sociedad que se pretende incluyente.
Informe Fracto ha estado siempre atento para darle voz a esas luchas, pero también para denunciar abusos policiales, actos de injusticia, violencia contra las mujeres, hechos de discriminación. Y mantuvo la mira. Siguió los casos, acompañó a las víctimas con un muy claro compromiso social, para prevenir, en la medida de lo posible, la impunidad y el olvido.
A esa visión quise sumarme en todo momento con la mínima contribución de un texto semanal, en el que, lamentablemente, fue escaseando el humor de las primeras fechas, dada la gravedad de muchos de los temas indispensables de abordar.
Para celebrar la libertad que se me ofreció me atreví a escribir de movimientos sociales, de política, de arte, de literatura y de cine. También aproveché para compartir algunas reflexiones y experiencias personales, como mi devenir en este mundo pandémico. Tuve algunas conversaciones con artistas extraordinarias.
Siempre encontré la recepción afectuosa y la aquiescencia de mi querido Carlos Bojórquez Urzaiz y la seguridad de que en algún lugar, en algún momento, A propósito de… hallaría a un lector que le permitiera cumplir con su vocación de encontrarse con otra mente, con otra inteligencia.
A todos muchas gracias y espero que podamos encontrarnos otra vez.
La política en Yucatán
Introspección histórica: en busca de los orígenes locales de la Revolución Mexicana (XV)
Publicado
hace 5 añosen
septiembre 29, 2021
El lunes 6 de noviembre de 1911, Francisco Madero y José María Pino Suárez juraron ante el Congreso de la Unión como Presidente y Vicepresidente Constitucionales de los Estados Unidos Mexicanos para concluir el período 1910-1916, que había iniciado como Jefe del Ejecutivo el Gral. Porfirio Díaz. Ello significaba, de jure, la aceptación de la legalidad de la elección de Díaz y, paradójicamente, colocaba fuera de la ley al propio Madero y su convocatoria del 20 de noviembre. El conservador periódico El Imparcial leyó a la perfección los acontecimientos, y así lo editorializó al día siguiente de la ceremonia:
“La Revolución deja desde ahora de ser una palabra de significación actual en la vida política de la República Mexicana. LA REVOLUCIÓN NO EXISTE YA, [el resalte en mayúsculas es nuestro] acaba de morir, acaba de extinguirse, acaba de transformarse en el gobierno constituido, y de dejar, por lo mismo, inquietudes, para entrar, consciente de sus deberes, y con la serenidad necesaria en su nueva y alta función: la de encaminar honrosa y decorosamente al país hacia un constante y definido progreso”.
El tema había sido furiosamente discutido en las negociaciones de Ciudad Juárez. Carranza y Pino Suárez encabezaron a quienes se negaban a transigir y urgían el pleno reconocimiento del Plan de San Luis; pero Francisco Madero, a través de sus familiares, logró que prevaleciera la idea de mantener el orden constitucional, aceptar la renuncia de Díaz como si hubiera sido un asunto de salud y no consecuencia de una Revolución, y permitir la vigencia de las estructuras del Antiguo Régimen. En ese contexto, uno de los Jefes más importante del Ejército Federal fue el Gral. Victoriano Huerta, sanguinario perseguidor de los mayas de la Guerra de Castas a fines del siglo XIX y principios del XX, y feroz represor de lo que los porfiristas y la gente de bien llamaban las hordas zapatistas.
Durante los quince meses del gobierno maderista, Francisco Madero fue el perene optimista, que siempre veía el lado bueno de las cosas y jamás las amenazas; en tanto que José Maria Pino Suárez fue el puntilloso analista que advertía los peligros que se cernían sobre la nueva administración. Madero era el atrevido, Pino el cauto; Madero el arrojado, Pino el prudente… Al final, como casi siempre, prevalecía la opinión de la máxima autoridad, y así pronto se materializaron las palabras que en Ciudad Juárez pronunció Carranza: “Revolución que transa es Revolución perdida”.
El gobierno de Francisco Madero terminó estrepitosa y trágicamente… El 9 de febrero de 1913, una importante sección del Ejército Federal se sublevó en su contra. Los leales obtuvieron victorias importantes, pero la fatalidad intervino, encarnándose en el Gral. Huerta, quien por herida del Gral. Lauro Villar, quedó accidentalmente al mando de la Ciudad de México. Pronto el llamado chacal consumó la traición, y tanto el Presidente como el Vicepresidente fueron tomados prisioneros. Aún en esas condiciones, Madero continuó haciendo alarde de optimismo, incapaz de reconocer la gravedad de la situación. Angustiado y sin esperanzas, Pino Suárez le escribió a su amigo Serapio Rendón Alcocer la mañana del viernes 21:
“Dispensa que te escriba con lápiz, pero no he logrado que nuestros carceleros me proporcionen una pluma. Como sabes, hemos sido obligados a renunciar a nuestros respectivos cargos de Presidente y Vicepresidente de la República, pero no por eso están a salvo nuestras vidas. Creo que peligran aún más que antes. Nunca estuve de acuerdo en esas renuncias precipitadas, pero el Presidente insistió”.
Sin faltar a la lealtad al entrañable amigo y Jefe, Pino Suárez hizo constar a Rendón, entonces diputado, la ingenua actitud de Madero, y las previsibles consecuencias de la misma:
“… yo no soy tan optimista como el Presidente Madero respecto a que Huerta cumplirá su palabra de respetar nuestras vidas. ¿Por qué ese afán de confiar en alguien como Huerta? Temo lo peor, y en caso de que suceda, te ruego que hables con María, mi esposa, sobre las circunstancias trágicas de mi muerte”.
En la epístola que terminó siendo su testamento sentimental, el poeta romántico se condolió, ante su martirio, de la difícil coyuntura en la que quedaría su compañera de vida:
“La pobre quedará sola, con apenas unos cuantos pesos ahorrados, y seis hijos a los cuales criar y educar”.
Emocionado seguramente hasta las lágrimas, Pino Suárez cerró su carta con una frase lapidaria:
“… la política me endilgó un sueño que en realidad era una pesadilla”.
Unas cuantas horas después, durante la noche del sábado 22, Madero y Pino Suárez fueron ignominiosamente ejecutados a escasos metros de la Penitenciaria de Lecumberri… Serapio Rendón entregaría la emotiva correspondencia a doña María Cámara Vales, esposa de José María, y, a la vuelta de unas cuantas semanas, él mismo sería asesinado en esa horrible danza de sangre en la que se convirtió la feroz dictadura de Victoriano Huerta. Así terminó aquel hermoso proyecto revolucionario, aunque luego otros hombres y mujeres de Yucatán y de toda la Nación lo impulsaron a mejores puertos… Dieciocho meses después de los asesinatos, el revolucionario progreseño Lino Muñoz Nogueira tomaría a sangre y fuego el Puerto de Progreso, ejecutaría al Jefe Político huertista y se acercaría a la residencia de la viuda del poeta en homenaje a su martirio. Luego vendrían los tiempos de Alvarado y Carrillo Puerto, pero esos son otros temas…
Con esta introspección, la número 90 publicada de manera ininterrumpida en Informe Fracto, culminamos la primera etapa de este feliz esfuerzo. Hemos repasado, durante estos casi dos años, muchísimos episodios y procesos de la historia de nuestro querido Yucatán… muchos más se quedan en el tintero, seguramente en próximos tiempos podremos compartirlos con ustedes. Aprovecho las últimas líneas de esta final introspección -repito, final de esta primera etapa- para agradecer al gran amigo Carlos Bojórquez Urzaiz, hermano de luchas ideológicas y pesquisas históricas, por su invitación para incluir un espacio de reflexión historiográfica semanal. ¡Hasta siempre!
