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Editorial

Privilegiados sean

Roque Torrecillas Mena

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La sucesión al interior de la UNAM se calentó. Una comunidad “académica” que dice ser progresista pero que en los hechos es sumamente conservadora observa con desconfianza cómo un proceso de cambio de rector que debía anunciarse terso y calmado ha tendido a evidenciar muchos de los vicios ocultos al interior de la “máxima casa de estudios”.

Desde aquel lejano año 2000 cuando fuerzas extrañas y ajenas pusieron en jaque a la institución, el control de los médicos sobre la “Universidad de la Nación” ya suma 20 años. Cierto es que el rector Juan Ramón de la Fuente, hoy embajador ante la ONU, logró recuperar y reposicionar a la UNAM como la institución de educación superior más importante del país. Pero no olvidemos que también fue el rector que metió a la Policía Federal al campus universitario. Por su parte el Dr, solo honoris causa por favor, el Dr. José “Pepe” Narro fue un rector muy de la vieja escuela priista del siglo pasado, cercano al poder peñanietista, al rector Narro le bastó nadar de a muertito para mantener lo que su antecesor había logrado y heredar una Universidad en “paz y avanzando”. Es de tal magnitud el priismo del “Dr” Narro que una vez terminado su encargo se fue corriendo al gabinete de Peña Nieto, para desde ahí contender por la presidencia del PRI. Conocedor de la cultura priista, se retiró al ver que la cargada no estaba con él. Hizo bien, lo hizo a tiempo antes de hacer un mayor ridículo y ponerse más en evidencia.  Aunque ahora el pésimo chiste político llamada “futuro 21” o sobras del PRD, lo busca con insistencia.

En el proceso pasado, Enrique Graue fue erigido  rector por la Junta de Gobierno, el status quo universitario que simula escuchar para dar atole con el dedo a la comunidad universitaria. Graue entró con credenciales suficientes: director de la Facultad de Medicina, pero sobre todo amigo y compadre de De la Fuente y Narro, médico pues. Sin embargo pronto Graue tuvo su primera prueba de fuego y contundente fue su fracaso.  La recuperación del mítico auditorio “Justo Sierra” conocido popularmente como “Che Guevara”, le fue puesta en bandeja de plata por los gobiernos federal y de la CDMX en conjunto. Graue no se atrevió a dar el paso definitivo. Desde entonces el poder del narco es evidente en CU y otros planteles de la UNAM. La delincuencia organizada le tomó la medida al rector y desde entonces la inseguridad es cosa común en la mayoría de las instalaciones de esa casa de estudios. Asaltos, extorsiones, violaciones y hasta asesinatos han tenido lugar durante estos últimos años. Investigaciones van y vienen y la comunidad no sabe qué pasa.

La estrategia de Graue es minimizar e ignorar en la medida de lo posible todos los males que existen en la institución. Desde los ya mencionados problemas de seguridad y narcotráfico, hasta la preferencia laboral evidente por los “juniors” de la UNAM, es decir el tráfico de influencias y corrupción en la distribución de plazas. Al cabo Graue mismo es producto de herencia del poder.

La “máxima casa de estudios” se ha ido llenando de “jóvenes académicos” cuyo mayor atributo es ser “hijo de”, mientras que cientos de jóvenes doctores se eternizan como postdoctorantes, profesores de asignatura y perpetuos candidatos fallidos en concursos arreglados de antemano. Basta con ver la lista de concursos que aparecen, trajes hechos a la medida, temas que muy pocos trabajan por el grado de especialización y especificidad que se señalan. Concursos donde se dibuja el perfil perfecto del candidato ya seleccionado de antemano, donde solo faltó poner el nombre y el apellido. Concursos donde el jurado suele estar integrado por amigos, por cercanos al grupo, a la familia, en ocasiones en el descaro del cinismo por la familia misma. Todo ello lo ha propiciado el actual rector. Al interior de la institución abundan hijos, hijas, ahijados, matrimonios, sobrinos, exs, etc.  

A lo anterior hay que aunar el crítico problema de una planta académica cada vez más vieja y que se resiste a dejar espacios a jóvenes académicos sin el “pedigrí” necesario. Una planta de viejos que simple y sencillamente ya dan lastima, basta ir a cualquiera de las escuelas, facultades, centros o instituto de la UNAM para ver a académicos que ningún respeto causan ya y si mucha lastima al verlos avanzar con su paso cansado, en ocasiones con andaderas e incluso tanques de oxígeno, se rumora que es el caso del mismo Graue; repitiendo las mismas clases, los mismos contenidos que hace 20, 30, quizás 40 años, acompañados de sus eternos colaboradores quienes sirven a manera de corte y continúan esperanzados en la muerte del cacique para ocupar su plaza. Académicos que muchas ocasiones ni siquiera se reinventan, que tardaron años en obtener un grado, que han tenido el descaro de robar o plagiar alguna idea novedosa de sus alumnos, sin mencionarlos, sin darles el crédito que corresponde.  Algunos de ellos evidenciados por el “me-too” pero protegidos por la misma institución.  Esos mismos profesores que se indignan profundamente ante cualquier mínima propuesta de cambio, que se oponen a cualquier reforma a plan de estudios, a ceder espacios a nuevos cuadros, que mantienen el monopolio de la “ciencia” y la “academia” en México, que odian profundamente a la actual dirigencia del CONACYT porque ha osado cuestionarlos. Ellos piden becas para sus “súbditos” perdón, estudiantes, pero se niegan a abrirles un espacio en sus proyectos propios. Problema que rebasa a la UNAM, pero que en esta se ha acentuado. 

De igual manera las mafias “internacionales” se han ido apoderando poco a poco de la UNAM, sino pregúntenle a John Ackerman. No se trata de xenofobia sino de clara discriminación al local. Miles de académicos emigran hacia otras latitudes para poner sus conocimientos al servicio de otras universidades y otras sociedades. Allá si les valoran, aquí se le sigue dando preferencia al acento extraño que nos cautiva, no importa que su discurso este lleno de obviedades, lugares comunes e incluso prejuicios, si es pronunciado por aquel que se suena a Hernán Cortez o a Henry Ford.  

Sin mencionar al sindicato del STUNAM, que daría para dos o tres columnas más. Ahí las plazas se heredan “legalmente” está escrito en su contrato colectivo de trabajo. Y tal es la fuerza de ese sindicato que con la mano en la cintura puede parar la universidad. Ello lo saben y por ello chantajean, sabotean en la medida de lo posible, el quehacer académico de la institución. Se saben protegidos por un sistema que poco a poco les fue abriendo espacios y que hoy no los puede controlar más. Graue ni siquiera los menciona en su discurso. ¿Por qué será?

Todo lo anterior tiene un impacto grande sobre el trabajo académico al cual está destinada la institución, porque nos guste o no, la UNAM es el cerebro del país, un cerebro que corre el riesgo de colapsar sino se hace algo. Un cerebro que cumple aun cabalmente con sus tareas de docencia, investigación y difusión de la ciencia y el conocimiento. Principal creador y emisor de conocimiento en el país, continúa siendo, aunque cada vez menos, una escalera social para los menos aventajados en un país sumamente desigual.

Pero para Graue todo va bien, peor aún, para la mayoría de la comunidad universitaria todo va mal, pero con Graue están bien. No quieren conocer nada nuevo, prefieren la  comodidad de lo inamovible. Eso tiene un nombre y es: conservadurismo.

Además de Graue hay otros dos candidatos. Ambos representan un verdadero cambio conservando cierta continuidad. Se trata de dos candidatos con credenciales académicas probadas, reconocidos por sus pares, quizás con mejor presencia y respaldo científico que el mismo Graue. Ambos con conocimientos en la administración universitaria. Por un lado una mujer que podría inyectarle dinamismo e innovación a la UNAM, mujer probada y conocedora también de las entrañas universitarias, lo mismo ha pasado por el infierno que por el purgatorio y el paraíso de la institución. La socióloga si limpió la parte de la casa que se le pidió limpiar, ella si está renovando su planta académica, ha implementado medidas contundentes y eficaces para prevenir la violencia en su facultad; los concursos que se presentan son mucho más abiertos que los que suelen abrirse en otros recintos universitarios. Dos son sus pros que también podrían ser sus contras: ser mujer y su distante cercanía con la 4T. Aquí la pregunta es obvia: ¿Está lista la UNAM y su comunidad para una mujer rectora? El tercer candidato representa la continuidad de un status quo pero profundizando en la mano firme que parece requerir la institución, al menos discursivamente el abogado egresado del ITAM dice querer limpiar la casa. Sus pros y contras al mismo tiempo son su juventud impetuosa y su “pedigrí” itamita. ¿Los universitarios aceptarían a un externo para dirigir la casa?     

Suele decirse que la UNAM es un reflejo del país, de su sociedad. Una verdad parcial. México continúa siendo un país de castas, lo mismo pasa en la “máxima casa de estudios”. La sociedad mexicana se bate contra un racismo, clasismo y malinchismo que desarrolló a lo largo de tres siglos. Al interior de la UNAM se dan grandes debates al respecto, pero pocas acciones visibles. México aceptó el reto de un cambio radical en su gobierno. Por su naturaleza misma la UNAM no pasará por un cambio radical sino gradual, la pregunta es si realmente lo hará o continuará anclada en una cultura priista del siglo XX.   

Posdata. Los males descritos aquí no son exclusivos de la UNAM sino de todo el universo de instituciones de educación superior en el país, centros CONACYT, Universidades Estatales e incluso Universidades privadas. 

El pasado nos alcanzó

Un murciélago en la sopa

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Salud y enfermedad son conceptos que no pasan únicamente por las lentes inertes de un microscopio, sino que tienen como marco de referencia percepciones y emociones humanas. No sorprenda, entonces, que el Covid-19 despierte miedos y divida opiniones. Tampoco que, sin importar la solidez del actual conocimiento científico, aspectos culturales determinen la manera de comprender cómo y a quiénes afecta esta enfermedad. Antes de que se expandiera más allá de China, surgieron publicaciones formales e informarles que relacionaban el origen del Sars-CoV-2 con el consumo de sopa de murciélago en la ciudad de Wuhan. Esto desencadenó desde bromas hasta agresiones xenofóbicas y racistas. Si bien en México ha sido más usual lo primero, también se han dado situaciones de rechazo a personas que “parecen” chinas (aunque la mayoría son connacionales).

Desde la diáspora del siglo diecinueve, los inmigrantes chinos se han percibido como una amenaza y, por extensión, sus hábitos alimenticios. Han sido rechazados lo mismo en Estados Unidos que en Australia. En México este rechazo obedeció al proyecto nacionalista que promovió el mestizaje como parámetro racial. Cabe subrayar que en el mestizaje la raíz española tenía preponderancia sobre la indígena. Para la población indígena, volverse mestiza significaba abandonar su lengua, costumbres e instituciones. De igual forma, otras nacionalidades racializadas se volvieron indeseables para este proyecto que aspiraba al blanqueamiento. Entre las décadas de 1920 y 1930, hubo leyes y circulares que impidieron el ingreso al país de afroamericanos, chinos, judíos, inmigrantes de Medio Oriente, África y Europa del Este.

A los inmigrantes chinos se les atribuía cierta degeneración racial por su estatura y pliegues en los ojos que podría derivar en un fenotipo similar al de los pueblos indígenas, precisamente el que el mestizaje trataba de evitar. También fueron y siguen siendo percibidos como mano de obra barata que desbanca a los trabajadores locales. Hubo en Sonora y en la Ciudad de México tal grado de xenofobia que se fundaron organizaciones antichinas. Al respecto, son comparables las imágenes de publicaciones posrevolucionarias que reproducían estereotipos de la población china con los memes que actualmente circulan en redes sociales, en los que se hace mofa de sus rasgos culturales y aspecto físico (v.g. todos los chinos se parecen).

Con la imagen racializada de la población china se gestó igualmente un racismo culinario. Desde los primeros contactos de comerciantes y dignatarios europeos con población china se le estigmatizó por incluir en su dieta caballos, gatos, murciélagos, perros, serpientes, ratas y otros animales calificados de exóticos o aberrantes. Hoy que el Sars-CoV-2 parece provenir de murciélagos estos estereotipos se refuerzan. Debido a que nuestros prejuicios están tan naturalizados, es necesario recalcar que lo extraño depende de nuestra perspectiva cultural: en Ghana y Filipinas también comen murciélagos; en Francia, caballos; en Tailandia, India y Vietnam, ratas; en Corea del Sur, gusanos y pulpos vivos, en Emiratos Árabes Unidos, camellos; en Suiza, perros y gatos. La lista es interminable. Y no se diga México donde se consumen chapulines, cocodrilos, gusanos, iguanas, ranas, ratas de campo, serpientes, tortugas y, en general, todo lo que el ambiente provea. En contraparte, algunas religiones prohíben carne que habitualmente consumismos: los hindúes no deben comer res, judíos y musulmanes no deben comer cerdo.

Una vez aclarado que lo comestible depende, en gran medida, del filtro cultural, también es necesario señalar que los estereotipos sesgan la realidad de un país de población heterogénea y territorio vastísimo. El hecho de que en Wuhan se consuma sopa de murciélago no quiere decir que todos los habitantes de China lo hagan. Mucho menos que comer murciélago (por repugnante que parezca) sea la única manera de exponerse a nuevos patógenos. Los virus de la gripe aviar subtipos H5N1 y H7N9 se han relacionado con aves de corral y la influenza AH1N1 con los cerdos. Sí, pollo y cerdo, lo más habitual en nuestra mesa. Además, hay otras enfermedades transmitidas por comer productos cárnicos y vegetales. En general, todo de lo que el ser humano se alimenta entraña un riesgo potencial, no sólo por comerlo, sino por manipularlo.

Por ejemplo, de ser cierta la hipótesis de que el nuevo Coronavirus pasó del murciélago al ser humano, es probable que esto haya sucedido antes de ingerirlo, es decir, durante su caza y manipulación. ¿Entonces debemos comer todo lo que camine, nade o vuele? No necesariamente, eso dependerá del conocimiento que tengamos de las especies que consumimos (algunas, definitivamente, no son recomendables) y, sobre todo, de la forma en que preparamos los alimentos, donde entra en juego la higiene. El sesgo hacia ciertos platillos chinos radica en no saber diferenciar lo anterior de aquello que nos resulta culturalmente inaceptable. La pandemia que vivimos ha demostrado, una vez más, que el murciélago en la sopa es una metáfora de nuestros temores que nadan en un mar de prejuicios.

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Editorial

¿Ha perdido el toque el gobernador Vila?

Mario Alejandro Valdez

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Pese a que su victoria en julio de 2018 fue muy apretada, y en gran medida impulsada por factores externos, como el “efecto AMLO” y la adhesión de la corriente priísta liderada por Celia Rivas, es indudable que Mauricio Vila asumió el cargo con la aprobación mayoritaria de la población yucateca. Su juventud, agradable presencia y buen desempeño en la alcaldía de Mérida le valieron esa aceptación. Conocedor del sentir popular, incluso el presidente López Obrador lo llenó de elogios y lo puso como modelo nacional de gobernador, pese a pertenecer a la trinchera ideológica opuesta. Vila correspondió evidenciando una cercana relación con el tabasqueño en aquellos primeros tramos de la encomienda de ambos funcionarios.

Pero pronto empezaron a aparecer nubarrones en el horizonte. El gabinete de Vila fue altamente decepcionante, ya que sólo incluyó a un pequeño grupo de especialistas con suficiente perfil, y en cambio está plagado de representantes de los grupos panistas, así como de empresarios sin experiencia en la administración pública ni mucho menos sensibilidad social. Luego vino aquella estúpida campaña para desaparecer el ISSTEY, que lo confrontó con el 90 por ciento de la burocracia estatal, para rematar con los “impuestazos” y el proyectado reemplacamiento, que lastimaron aún más su imagen, e hicieron brotar severas protestas en su contra. También abonaron en su descrédito la represión a las luchas feministas, el desprecio a los derechos de la comunidad de la diversidad sexual y, finalmente, la dura represión a la manifestación del 19 de enero pasado.

La pandemia de COVID-19 pareció relanzar su figura al hacer anuncios impactantes, como adelantar el cierre de escuelas y de trabajos no esenciales, la adquisición de ventiladores y diverso equipo médico, y el ágil establecimiento de hospitales temporales en Mérida y Valladolid. Una primera propuesta de endeudamiento lo volvió a poner brevemente en el ojo del huracán, pero, al ser derrotada en primera instancia con la oposición del PRI, el asunto entró al olvido, en el contexto social monotemático de la amenaza del coronavirus.

Pero como si de una maldición se tratase, las decisiones de Vila volvieron a tornarse en su contra. Una impensada Ley Seca, supuestamente decretada para prevenir la violencia hacia mujeres y niños, provocó el enojo de las mayorías y, más grave aún, el surgimiento de una epidemia de intoxicaciones por consumo de alcohol adulterado, todo ello sin disminuir los hechos de violencia, al decir de las organizaciones independientes. Mientras tanto, el mercado clandestino de alcohol, que había disminuido sensiblemente ante el aumento de horarios y sitios legales de venta, se robusteció rápidamente, algo que, en medio de la tragedia de los fallecidos por intoxicación, sin duda ha enardecido más los ánimos contra el gobernante.

En ese contexto, Vila retomó su plan de deuda de largo plazo, negociándolo con el desaseo que comentamos la semana pasada con la cúpula priísta. Algo salió mal, porque a pesar de las negociaciones, le faltaron tres votos al proyecto para ser aprobado. Aún no se había terminado de conocer esta noticia, cuando el gobernador ya estaba grabando un atronador mensaje, llamando al linchamiento político de quienes impidieron el endeudamiento, que había sido rechazado por una gran parte de la opinión pública.

El combativo mensaje mediático, lanzado justamente en el día de mayor expansión y fatalidad de la pandemia en Yucatán, disgustó incluso a la cúpula panista. Veteranos militantes de Acción Nacional, conocedores de los intríngulis de la política local, no se aguantaron e hicieron un llamado por redes sociales a “dejar de brincar con un suelo tan parejo”, ya que no parece empresa difícil conseguir los tres votos faltantes haciéndole algunas enmiendas al proyecto original. De hecho, el empréstito NO se rechazó propiamente, sino se regresó a comisiones para su “enriquecimiento”.  (Del proyecto, no de los diputados).

El antes sonriente y popular gobernador parece haber perdido el toque. Confrontado con varios sectores, manejando un discurso intolerante y reaccionario, rebasado por la gravedad de la crisis sanitaria y provocando enojos incluso en el interior de su partido, Vila está de nuevo en una posición frágil. ¡Y eso que el sexenio está apenas en su primer tercio! ¿Podrá recuperar su poder seductor?

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A propósito de…

Confinados con el enemigo

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la idea de que el hogar es un lugar seguro en situaciones como la que impone la presencia del coronavirus en el mundo, es necesario considerar que en nuestro país la violencia intrafamiliar es un problema que afecta a una gran cantidad de mujeres, niñas, niños y adolescentes, por lo que lejos de sentirse a salvo en casa, se encuentran atrapados con el enemigo.

En Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) difundió la publicación “Protección de la niñez ante la violencia. Respuestas durante y después del Covid-19”, en la que se plantean varias medidas que el Estado debe implementar, como garantizar el acceso a los servicios de atención y apoyo para los menores así como crear alternativas de alojamiento y mecanismos de alerta para prevenir las agresiones.

El aumento en los niveles de estrés, la inseguridad económica y alimentaria y el confinamiento han elevado radicalmente los niveles de violencia doméstica en México y se requiere de acción inmediata para proteger a la infancia y adolescencia afectada, señaló. Y evidenció que durante la contingencia, se han registrado 115,614 llamadas de emergencia al 911 por abuso sexual, acoso sexual, violación, violencia de pareja y violencia familiar. El número de reportes recibidos en marzo es 28% superior al de enero pasado y 22% mayor al de febrero.

El organismo internacional enfatizó que 6 de cada 10 menores de uno a 14 años sufren maltrato en su hogar, situación que empeora por el confinamiento. Además, en marzo se recibieron 22,628 llamadas por violencia de pareja,  lo cual representa un crecimiento de 23% respecto a  febrero y 33%  más que en enero.

En contraste, al posicionarse al respecto, el presidente Andrés Manuel López Obrador, aseguró el 6 de mayo que “la familia en México es excepcional, es el núcleo humano más fraterno, esto no se da en otras partes, lo digo con todo respeto, o sea, son de las cosas buenas que tenemos”

Aunque el titular del Ejecutivo mantiene una posición que desestima la gravedad  tanto de la violencia de género como de la intrafamiliar, la Red Nacional de Refugios informó que los reportes recibidos han registrado un incremento de más del 80 por ciento y las solicitudes de asilo en estos espacios han aumentado 30 por ciento. Casi la mitad de las llamadas corresponden a la Ciudad de México y el Estado de México

Algunas cifras evidencian que, no obstante las ideas idílicas respecto a la familia mexicana, “el hogar” puede ser terrorífico: UNICEF informa que en México, 63% de niñas, niños y adolescentes ha experimentado al menos una forma de castigo psicológico o físico en casa; cada día 34 niñas son embarazadas en hechos de violencia sexual, ocurrida principalmente en el seno familiar, según datos del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres)

En su sitio oficial, Inmujeres advierte: “Con la puesta en marcha de las medidas destinadas a contener la pandemia del COVID-19, las mujeres nos encontramos más expuestas a vivir actos de violencia doméstica

El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, informó  que la violencia contra mujeres y menores de edad dentro de los hogares aumentó en un 120% desde que se declaró la emergencia y confinamiento, el 23 de marzo.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en el Hogar elaborado por ONU Mujeres México, casi el 80% de ellas han sufrido violencia; en el  52% por ciento de los casos, la agresión proviene de la pareja. Sin embargo, casi el 79% de estas mujeres no buscan apoyo institucional ni presentan una denuncia, por diversas razones.

La representante del organismo, Belén Sanz, urgió a pensar en respuestas rápidas y coordinadas que pongan en el centro los derechos de las mujeres y las niñas, porque las emergencias humanitarias, los desastres y las pandemias las colocan en mayor riesgo de violencia.

La propia secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero  reconoce: “El incremento de la violencia intrafamiliar en esta emergencia sanitaria se relaciona con el confinamiento pero también se debe al estrés económico y posible desempleo de los responsables de los hogares”.

No es que todos los hogares de México sean sucursales de la casa del terror. Hay muchas familias cuyos miembros se relacionan con respeto y armonía, hasta donde es posible. No obstante, subestimar un problema social tan grave y evidente equivale a dejar en la indefensión a millones de seres humanos, sobre todo a los más vulnerables.

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