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Editorial

Las haciendas de Mérida

Indalecio Cardeña Vázquez

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Un tipo de construcciones características de Yucatán, y de Mérida igualmente, lo constituyen las antiguas haciendas henequeneras. Realizadas durante el apogeo del cultivo del henequén a fines del siglo XIX y principios del XX, estas edificaciones meridanas comparten las mismas características de todas las demás de este tipo realizadas en Yucatán: un espacio destinado para la vivienda del dueño, del hacendado, y su familia; otro para la maquinaria indispensable para el proceso de aprovechamiento de la fibra de este agave, con áreas bien determinadas: el llamado “cuarto de máquinas”, donde estaba instalada precisamente la maquinaria, el motor y sus múltiples partes, que ponía en movimiento a su vez, a la desfibradora instalada junto al cuarto de máquinas, en otro espacio donde se ubicaba el equipo que exprimía la hoja del henequén, la penca, hasta que quedaba únicamente la fibra de este agave, o el sosquil, como se denomina en lengua maya, con la que se elaboraban posteriormente diversos productos. Además de estos espacios se crearon otros ambientes con edificios para la vida religiosa, cotidiana y comunitaria de los trabajadores que ahí laboraban.

Las haciendas henequeneras meridanas comparten asimismo la historia de las demás haciendas yucatecas, una historia alejada en su comienzo del cultivo de este agave. Fueron construidas inicialmente a fines del siglo XVI, de una manera muy sencilla, era un inmueble con una o dos habitaciones únicamente, que servían para la vivienda de los encargados de cuidar el ganado en las propiedades llamadas entonces, estancias, estancias ganaderas. A mediados del siglo XVII las estancias ganaderas se orientaron también al cultivo del maíz y otras plantas, como el azúcar en el sur de la entidad, en las inmediaciones de las colinas yucatecas, el puuc, surgiendo así las haciendas maicero–ganaderas, o azucareras en su caso. Las primitivas construcciones fueron entonces ampliadas y adecuadas para que pudiera vivir ahí el hacendado con su familia. Esto sucedió así, hasta que a mediados del siglo XIX, todas esas haciendas fueron destruidas, junto con otras edificaciones que igualmente fueron arrasadas en el fragor de la guerra de castas por los mayas rebeldes, contribuyendo así a la quiebra total de la economía yucateca.

En la segunda mitad de esa centuria decimonónica, los yucatecos implementaron diversas acciones para salir de aquella bancarrota y de este modo comenzó el cultivo y explotación del henequén a gran escala, pues este agave era conocido y aprovechado en forma doméstica, manual, desde los tiempos de la civilización maya, aprovechando para ello los terrenos de las antiguas haciendas maicero–ganaderas y rescatando de las ruinas las otrora viviendas para convertirlas en las nuevas moradas de los dueños de las haciendas ahora henequeneras. Sin embargo estas nuevas residencias eran como lujosas casas de campo en los centros de producción, ya que las familias de los dueños, vivían en Mérida o en las villas cercanas a las plantaciones de henequén, y acudían a ellas únicamente por algún tiempo.

Así, Mérida y sus alrededores participaron vivamente en la producción henequenera, hasta que esta actividad decayó en el siglo XX. A fines de la década de 1950 y principios de la siguiente, 1960, varias de las ya entonces abandonadas haciendas henequeneras en Mérida, habían sido absorbidas por la ciudad que crecía, volviéndose sus amplios terrenos en frescos y olorosos campos hortícolas, otros se convertían en los primeros fraccionamientos de la ciudad, algunos albergaban espacios para espectáculos como pequeñas plazas de toros, mientras las antiguas casas seguían siendo conservadas por sus propietarios, y muchas de las vetustas haciendas se transformaban en parques y colonias meridanas, al ser absorbidas por la mancha urbana que avanzaba sigilosa pero firmemente en la segunda mitad del siglo XX, hasta que a fines de esa centuria desbocó su paso a grandes zancadas, dando lugar así a la nueva Mérida de edificios minimalistas y que comienza a proyectarse a las alturas.

Hoy, Azcorra, Tanlum, Petcanché, Misné, Temozón Norte, Mulsay, Pacabtún, Chichí Suárez, son nombres que podrían estar indicando a la gente, algún fraccionamiento, un hotel, un pequeño rumbo  de Mérida, una colonia, un lugar para conciertos juveniles, o simplemente nada porque le resulta desconocido, pero son nombres de algunas de las muchas haciendas que hubo alrededor de Mérida a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, y que han quedado actualmente dentro de esta ciudad, olvidadas ya, quedando únicamente como un referente, pero poco difundido, poco conocido en su conjunto, de un aspecto del pasado meridano, un aspecto que antes de diluirse en el tiempo contribuyó a darle forma al rostro de Mérida, que ahora adquiere nuevos perfiles.

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Editorial

Una coalición para España

José Miguel García Vales

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El domingo 10 de noviembre, los españoles acudieron de nuevo a las urnas para intentar aclarar la correlación de fuerzas y desbloquear la situación política que ha mantenido a España con un gobierno provisional desde marzo de este año. Y el resultado estuvo lejos de poner las cosas en orden. La fragmentación del parlamento, el conflicto catalán y el ascenso de la extrema derecha hacen que formar un gobierno estable sea más complicado.

Al igual que las elecciones generales de abril, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fue el vencedor del proceso, alcanzando 120 escaños (tres menos que en abril), equivalente al 28.0% del total de los sufragios. De acuerdo al sistema parlamentario de gobierno español, para formar gobierno se requiere una mayoría absoluta de 176 escaños. Esto obliga a que el partido que obtuvo más votos y más diputados acuerde con otros partidos políticos su apoyo para lograr una mayoría. En el proceso anterior no se lograron acuerdos para formar gobierno, por lo que fue necesario repetir elecciones.

Como adelantamos, ahora formar gobierno es más complicado por la dificultad de articular una mayoría. Si en abril el bloque de la izquierda (PSOE-Unidas Podemos) tenía una base de 165 escaños, después de las elecciones de domingo ese bloque está formado por 158 diputados (120 del PSOE, 35 de Unidas Podemos y 3 de Más País). Por el lado de la derecha, en las elecciones de primavera tuvieron 147 diputados entre el Partido Popular, Ciudadanos y Vox. En otoño, este bloque tiene una representación de 150 diputados. Es decir, los bloques ideológicos y de representación nacional tienen una diferencia de 8 diputados. Para superar la franja de 176 diputados y tener una mayoría, se debe llegar a acuerdos con partidos de diferentes posiciones ideológicas y otros que representan a las distintas regiones españolas.

Así, hay 23 escaños entre independentistas catalanes (anticapitalistas, republicanos y de derecha), 12 entre partidos vascos (PNV y EH Bildu), 2 por las Islas Canarias, 2 por Navarra, 1 por Galicia, 1 por Cantabria y 1 por Teruel. Esta dispersión geográfica, es la más diversa que se ha presentado en el Congreso Español. Sumando a los partidos nacionales, hace un total de 16 partidos, cuando en abril de 2019 fueron 13 y en las elecciones de 2016 habían sido 9 partidos.

A simple vista, la posibilidad de sumar apoyos que permitan formar un gobierno es reducida. Sin embargo, PSOE y Unidas Podemos dieron un primer paso comprometiéndose a un gobierno de coalición. El mismo que intentaron negociar entre abril y septiembre y que se empeñaron en dinamitar. Entonces, el acuerdo se rompió al no ponerse de acuerdo en los ministerios (secretarías de Estado) y las competencias que asumirían Unidas Podemos, así como la postura ante el conflicto catalán. Pero, ante el crecimiento electoral de la derecha y especialmente de Vox -un partido ultraderechista con tesis contarías a la inmigración, los derechos de las mujeres, los servicios públicos o las identidades existentes en España-, el acuerdo que no fue posible en 5 meses se concretó en menos de 48 horas.

PSOE y Unidas Podemos firmaron un documento en el que definen sus prioridades para conformar un gobierno “rotundamente progresista”: 1) creación de empleo digno, estable y de calidad, 2) política social con escuelas de 0-3 años, salud pública, sostenibilidad de las pensiones, derecho a la vivienda, ciencia como motor de la innovación y lucha contra la corrupción, controlar casas de apuestas, 3) lucha contra el cambio climático, 4) fortalecer pequeñas y medianas empresas y autónomos, 5) derecho a la muerte digna y eutanasia, 6) cultura como derecho y fomento al deporte, 7) políticas feministas, 8) revertir la despoblación, 9) garantizar la convivencia en Cataluña dentro de la Constitución y 10) justicia fiscal y equilibrio presupuestario.

De concretase, sería el primer gobierno de coalición desde la Segunda República en los años treinta, previa al golpe de estado franquista. De acuerdo a reportes de prensa, la coalición no es bien vista por el sector empresarial. Sin embargo, la Unión Europea celebra que el cuarto país más importante del continente pueda formar gobierno.

Se prevé que los debates parlamentarios para la formación de gobierno sean entre el 16 y el 20 de diciembre. Para entonces se habrán hecho la consultas con el Rey Felipe IV, con el fin de proponer un candidato. En una primera votación, se debe alcanzar la mayoría de los 176 diputados. En caso de no lograrlo, basta tener más síes que no es, con las respectivas abstenciones que permitan las sumas para formar gobierno.

En caso de que el PSOE y Unidas Podemos logren formar gobierno, sería el segundo país más importantes de Europa con un gobierno de izquierda, pues Alemania está gobernada por la gran coalición de cristiano demócratas de Merkel y socialistas, Francia por los liberales de Macron e Italia con los apoyos del Movimiento 5 Estrellas y el Partido Democrático; todo en espera de que sucede con el Brexit y las elecciones británicas.

España tiene ante sí los retos comunes de crear empleo y prosperidad social para sus habitantes, de contribuir a la construcción de Europa y restablecer la convivencia territorial (Cataluña, falta de infraestructuras en ciertas regiones y evitar que otras zonas pierdan población). No hay otro camino que la coalición. Una coalición que también pare a la extrema derecha.

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Editorial

El caso Isstey, un atentado contra los trabajadores yucatecos

Mario Alejandro Valdez

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Creado en 1976 por el gobernador Francisco Luna Kan –en tiempos del llamado “desarrollo estabilizador”, cuando el Estado aún  no renunciaba a sus obligaciones sociales-, el Instituto de Seguridad Social de los Trabajadores de Estado de Yucatán (ISSTEY) continúa hoy en día siendo un modelo de institución en cuanto al tema por su eficiencia, cobertura y calidad. Pese a ello, las visiones neoliberales que hoy permean en el Gobierno del Estado de Yucatán, han decretado su extinción, para lo que se ha montado una amplia campaña mediática.

Se inició, desde hace meses, la paulatina interrupción de algunos de sus servicios y, recientemente, se afectó de manera significativa los pagos de cientos de jubilados y pensionados. Esto último, probablemente decidido por un burócrata de mediano escalafón, ha sido la gota que derramó el vaso, y que ha generado una serie de protestas que ya impactaron a nivel nacional, prendiendo un foco rojo en la gestión de Mauricio Vila Dosal.

Desde que inició la actual administración, algunos funcionarios, pero sobre todo algunos “escribidores” de esos de “a tanto la línea”, comenzaron a plantear el tema de la quiebra financiera del ISSTEY. De este modo, repitiendo las frases, sin gran sustento ni argumentación, empezó a informarse que el gobierno estaba diseñando un plan para la reestructuración del Instituto, sugiriendo que el modelo era “inviable”, y que ya “todo el país” había abandonado ese esquema de seguridad social. Los “jilgueros” repetían, sin datos, insistimos, que el quebranto del ISSTEY se debía al uso de sus fondos como “caja chica” por gobiernos anteriores, sin aportar la fuente de esta grave información.

Una primera “reestructuración” se pretendió en términos legales, intentando aminorar el monto de las pensiones al calcularlas en UMAS, pero la tentativa, que hubiera afectado a menos del 10 por ciento de las obligaciones del Instituto, en detrimento de los derechos de trabajadores que laboraron por más de 30 años, sobre todo en el ramo educativo, fue parada en seco cuando los “sesudos” asesores jurídicos del Ejecutivo se percataron que ello violaría disposiciones específicas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Retirado el aberrante proyecto, la campaña mediática arreció, y a otro “brillante” se le ocurrió afectar las percepciones de los jubilados, ahora sí de todos los niveles, esferas y condiciones, lo que explotó en una serie de movilizaciones que ya llegaron a oídos del presidente Andrés López Obrador, y están presentes todos los días en el corazón de nuestra Ciudad de Mérida.

Ahora bien ¿qué hay sobre el tema del quebranto financiero? Debemos distinguir varios aspectos en este sentido: primero, efectivamente, sabemos que TODOS los gobiernos estatales han hecho uso discrecional de los recursos del ISSTEY precisamente porque es, en principio, una institución sana y equilibrada, sustentable a partir de las aportaciones de los derechohabientes y la comercialización de sus servicios (Centros Comerciales, guarderías, Centro Vacacional); segundo, este manejo irregular de las finanzas del ISSTEY ha sido aprobado por las distintas Juntas de Gobierno, que en reiteradas ocasiones han aceptado terrenos u otros bienes muy por encima del valor del mercado para el pago de las deudas que ha contraído la Secretaría de Hacienda –bajo cualquier denominación que haya tenido-, al retener las cuotas de los derechohabientes y no transferirlas a la institución; tercero, a pesar de que la estructura del ISSTEY se diseñó de manera sustentable –aún en tiempos en los que ese concepto no era común-, diversos gobiernos estatales han dispuesto de la misma como parte de su organigrama, creando puestos innecesarios, pagando salarios desproporcionados y colocando a parientes, amigos y paniaguados, en detrimento de las finanzas y de la calidad de los servicios de la institución.

Recientemente, y sólo después de que el caso ISSTEY ha cobrado dimensiones políticas, un grupo de diputados afines al Ejecutivo interpuso denuncias por los supuestos malos manejos, pero podemos adelantar que, si esas acusaciones tienen un curso legal adecuado, NO arrojarán mayores resultados, ya que obviamente los manejos se dieron en apego a la normativa y disposiciones administrativas, por lo que los fraudes, de haber existido, estarán perfectamente velados detrás de miles de documentos adecuadamente sustentados. El problema del ISSTEY no está en el robo de sus fondos, sino en la aceptación, como pago de deuda, de bienes ajenos a su interés y funciones, monstruosamente sobrevalorados, en perjuicio de los derechohabientes. Pero todo, seguramente, bajo impecables formas legales.

Entonces, las denuncias sobre malos manejos en el ISSTEY deberían dirigirse contra sus más altos directivos y, sobre todo, contra las Juntas de Gobierno que tomaron decisiones que afectaron y afectan el patrimonio de todos los derechohabientes. El curso de estas denuncias, y su desahogo favorable en algo resarcirá las finanzas de la institución, pero realmente ese no es el punto toral. El problema de fondo, es que el actual gobierno neoliberal de Yucatán pretende cancelar sus responsabilidades legales para con los más de 20 mil burócratas estatales y municipales, activos, pensionados y jubilados, que gozan de los derechos creados por la Ley del ISSTEY, y que aportaron y aportan cotidianamente cuotas más que suficientes para garantizar esos beneficios. Una política de austeridad real, y no la simulación que en la práctica vemos día a día, denuncias bien sustentadas y bien gestionadas, así como un rescate financiero en condiciones favorables, permitirán en el corto plazo al ISSTEY marchar a plenitud. Pero eso sería contrario al “librito” neoliberal que dirige los pasos de nuestro gobernador, pues, al parecer, lo social no es su fuerte. ¿Será que al menos su olfato político lo impulse a rectificar?

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A propósito de…

Shino Watabe

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la resistencia de los seres humanos y su capacidad para superar escollos que parecen insalvables, me encontré con la obra de la artista plástica Shino Watabe, quien perdió parcialmente el sentido de la vista como efecto de una enfermedad en el nervio óptico, no así su talento y creatividad.

Conocí el trabajo de Watabe en la muestra “Territorios Explorados” que tuvo lugar en la galería Arte Binario del Centro Nacional de las Artes, como parte del proyecto Arte y Discapacidad que incluye exposiciones, presentaciones y la entrega de financiamiento para proyectos específicos.

La artista nacida en Tokio, que radica en México desde 1990, ha señalado: “cuando adquirí la discapacidad visual pensé que era el fin de mi vida y de mi carrera, sin embargo, hoy es mi mayor fortaleza” Y, en efecto,  resulta casi una contradicción  entender el quehacer de un artista visual sin el sentido de la vista; no obstante, puede ser.

La discapacidad de Shino Watabe viene desde 2008, cuando requirió de un proceso de aprendizaje y adaptación,  hasta llegar al punto en que se encuentra actualmente. Mediante la experimentación de nuevas formas de hacer, ha producido obras que pueden percibirse con todos los sentidos, a fin de no excluir del disfrute del arte plástico a quienes, como ella, viven con debilidad visual.

De esa forma, ha creado piezas que, además, de verse, pueden tocarse e incluso olerse. Utiliza diversos materiales para privilegiar las texturas. Contrariamente a lo que sucede con la mayoría de las exposiciones, en “Territorios Explorados” (y otras anteriores de la misma Watabe)   no sólo está permitido sino  se invita a recorrer las obras con los dedos, con las manos y hasta acercar la nariz para percibir los aromas.

Es el caso de “Aroma asociado a los recuerdos”, un autorretrato de 2019 en técnica mixta sobre madera, en la parte derecha del cuadro la pintora plasmó un ramo de flores que, además de relieves y texturas huele a perfume. Al acercar la nariz se percibe la fragancia, que también queda en las yemas de los dedos  después de tocarlo.

Watabe se pinta desnuda, pero no es una característica que haya adoptado a raíz de su condición visual: “Requiem para la antigua yo” de 2003, “Amor como de canción antigua” de 2013,  “Entre las flores que me traes” de 2018, en técnica mixta sobre madera, ya con los relieves característicos de la actualidad. En todos se hace acompañar por flores. 

Otro de los elementos recurrentes en la muestra son el agua y sus habitantes: carpas, corales, ranas, renacuajos. En ellos despliega el ingenio de combinar diversos materiales para  dotar de  volúmenes, relieves y tramas a las obras, de tal manera que puedan percibirse los detalles al transitarlas con los dedos.

En “Carpas”, por ejemplo, se aprecian las irregularidades de la piel de los peces. Lo mismo sucede en “Fulgor de esperanza” y “Libertad que resplandece”. Es impresionante la minuciosidad del trabajo en “Coral” de 2013, donde pueden verse y palparse cada uno de los milimétricos filamentos.

Shino Watabe ha dicho que uno de los mayores miedos que enfrentó al conocer el diagnóstico médico fue la advertencia de que paulatinamente perdería la memoria de la apariencia de las cosas. Ella se negó a aceptar el olvido y pintó escenas para obligarse a mantenerlas vivas en el recuerdo. Al recorrer la exposición, es posible advertir que una de ellas es la danza, dado el número de cuadros sobre el tema.

En “Mirarte”, obra que se escogió como imagen de la exposición en el CNA, se observa a una persona abriendo sus ojos con los dedos índice y medio, para “ver mejor” y lleva a reflexionar que la autora, perdió parcialmente la habilidad de ver con los ojos para mirar con todo su ser.

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