Los tiempos
electorales han llegado; eso no es noticia, es sólo una expresión de simple
resignación ante el proceso que apenas inicia con la pasarela de aspirantes y
concluirá a mediados del próximo 2021, con descalificaciones, enfrentamientos,
decepción y hartazgo después de un 2020 pleno de desastres naturales y
calamidades políticas.
Y es hablar de
resignación porque la lista de personajes, hechos y estrategias ha caído en lo
absurdo, con ese toque de política a la mexicana donde todo se puede decir y
prometer, para que el pueblo decida en qué va a creer con el mayor riesgo de
que el mayor ganador sea el abstencionismo, pues a todos perjudica el no salir
a votar o hacerlo y que sea un voto nulo, argumentando, como se hizo en 2018,
que no había confianza en las instituciones ni en los partidos políticos.
Es necesario no
olvidar que la situación económica del país va en caída libre. Los recortes
presupuestales son evidencia de una falta de recursos financieros, pese a que
aumentó la base de contribuyentes, o sea más gente está obligada a pagar
impuestos y estos son cada vez mayores.
En Yucatán se
sigue ese mismo patrón. Los gastos de la administración pública se han
disparado y no se han generado empleos, por el contrario, la contingencia
sanitaria ha golpeado fuertemente a una entidad donde los ingresos son de los
más bajos del país.
Pero la solución
no llegará con esos viejos discursos manejados por quienes pretenden ser los
candidatos “líderes de las clases
populares”, porque en realidad no ofrecen soluciones, no exponen planes
concretos, sólo hablan de un futuro promisorio (para ellos), mientras muestran
sus mejores caras, arman sus escenografías para la foto o la pasarela y repiten
frases vacías, pensando que así se “hace
política”, pero no, la política no es eso que están acostumbrados a hacer.
No podemos saber
qué nos depara el futuro para 2021, pero sí podemos anticipar que después de
las elecciones intermedias seguiremos viendo cómo la alta burocracia mantendrá
sus prestaciones e incrementos de salario, y los mexicanos seguiremos pagando
para mantener a tantos partidos y hasta los gastos domésticos de políticos
supuestamente de izquierda o “surgidos
del pueblo”, que se dan sus pequeños lujos.
Definitivamente
el panorama económico en sí para 2021 no será positivo, no entraremos a un
nuevo “Milagro Mexicano”; no habrá
incremento de empleos, ni se generarán mayores recursos públicos, ni habrá paz
pues hay constantes amenazas y provocaciones.
A ese panorama
se suma la violencia e inseguridad en varios estados del país y nos pinta una
situación delicada para la cual serán necesarios hombres y mujeres capaces y
con vocación de servicio. Son tiempos difíciles, pero es en las crisis cuando
surgen los héroes o se genera el
desastre.
De nosotros,
como ciudadanos, dependerá que tipo de representantes tener, si acaso serán
líderes que estén a la altura o nos sumiremos con una lista de nombres sin
sentido, sin vocación, capacidad, ni ideología. Candidatos que en sus discursos
hablan de cosas huecas o melodramáticas, para aprovechar el sufrimiento y
desesperación de a gente, pero no proponen alternativas. Con los mismos rostros
y acciones pretenden obtener oros resultados.
Pero como sea,
esperemos que la noche termine para saber si ha sido un mal sueño, el inicio de
una pesadilla o un verdadero despertar ciudadano.
Hasta la
próxima…